El crimen del cácaro Gumaro

cacaro-gumaro-posterUna de mis hipótesis para revivir el cine nacional reza que se necesita una película de corte fantástico bien hecha, bien distribuida y bien publicitada para que la gente retaque las salas y la convierta en un éxito, dándole el mensaje a los productores de que eso es lo que el público quiere ver. De esta manera se producirían más cintas fantásticas bien hechas, bien distribuidas y bien publicitadas que permitirían tener más dinero para hacer cintas trágicas, costumbristas, históricas y lo que se les ocurra, haciendo renacer la industria.

¿Por qué una película fantástica debe ser la que desencadene todo? Porque al mexicano le gusta soñar, le gusta vivir en un mundo de simulación y porque es incapaz de aceptar su realidad. Eso explica porque en la época de oro las películas más exitosas eran las de Cantinflas, Tin Tán, rancheros y luchadores, todos ellos modelos del personaje luchón, jodido, listillo y aguantador, cuyo ingenio le ayuda a salir avante ante la adversidad, sin importar si se está feo, se es pobre o nomás no tiene lo necesario. A fin de cuentas la providencia recompensará todos los defectos con un final cantor.

Ya el año pasado, Nosotros los Nobles demostró que el público prefiere las comedias sobre el minimalismo, que prefiere reír a contemplar el vacío, que prefiere a Eugenio Derbez sobre el cine de “arte”. Y eso no es malo, a fin de cuentas se vale preferir las risas a ver nuestra jodidez reflejada en el cine de nuevo cuando ya vivimos una vida jodida. Se vale escapar un rato para poner en perspectiva la vida propia y seguir aceptándola o tratar de cambiarla. Es por eso que en países tercermundistas más avanzados, como la India o China, el cine fantástico tiene un lugar preponderante, pues los productores saben que el público tiene derecho a ser “feliz”, aunque sea un rato minúsculo.

El-Crimen-del-Cácaro-Gumaro-01Y todo indica que en México -¡por fin!- ya hay gente que está descubriendo las posibilidades monetarias de hacer cine de y para las masas, dándole al público lo que quiere ver y no lo que cree que quiere ver, y tenía que ser el mejor comediante que ha dado México quien se encargara de hacer una de las mejores películas mexicanas en años. El crimen… no romperá récords de taquilla (ojalá me equivoque) pero sí es un hito por ser una película con propuestas estética, literaria y de montaje, que también rompe paradigmas al tener como personajes principales a dos actores desconocidos (vaya, que no son los Bichir ni algún televiso) que además se notan desenvueltos y desenfadados, marcando el tono de la cinta.

El punto fuerte de esta película es el viaje al absurdo por el que nos lleva. Andrés Bustamante recupera mucho del humor que lo dio a conocer en sus apariciones en el programa Entre amigos, donde las risas provenían de lo inesperado de sus actuaciones. En la película, lo novedoso –para el cine mexicano, al menos- es que la historia cambia de rumbo a la menor provocación, al igual que sucede con el tipo de chistes, que francamente transitan de lo genial a lo estúpido sin ningún aviso previo, pero más que ser un defecto, se convierte en una virtud pues mantiene la atención de manera constante. El cambio de disfraz de la película, que aunque nunca deja de ser una farsa recorre todos los tópicos del cine fantástico, se siente fresco e innovador, recordando a esas películas que vimos de niños y que nos hacían soñar. Resulta irrisorio ver en pantalla homenajes al cine mexicano clásico, el de monstruos gigantes, al de terror y a la ciencia ficción, géneros que, aunque vilipendiados, se mantienen permanentemente en el gusto del respetable.

El-Crimen-del-Cácaro-Gumaro-2En suma, la película es, al mismo tiempo, una carta de amor y una dura crítica al cine y la cultura cinematográfica mexicana. Lo mismo le tira a otras películas que a los críticos o a los sistemas de distribución, sin dejar de meter un comentario sobre la política o la sociedad. Es de esas comedias que también promueven el pensamiento, que aunque la mayor parte de los espectadores no se den cuenta, se agradece que lo hagan para aquellos que sí lo notan. Es una película cómica con carnita, algo inusual en nuestro cine.

Si bien el humor está a la altura de las mejores épocas del Güiri güiri, lo cierto es que, en aras de llegar a un público más joven y/o menos experimentado, aparecen algunos chistes forzados o producto de los memes internáuticos que se sienten fuera de lugar, incluso hay algunos fusilados de series como South Park. Con todo eso la película logra sostenerse, porque sus méritos son mayores a sus pifias. Sin embargo, El crimen… no se convertirá en la película más taquillera porque muchos de sus chistes son demasiado locales o finos como para ser comprendidos por el grueso del público, y muchos no tendrán la cultura cinematográfica necesaria para captar todas las referencias. Quizás ese sea el verdadero crimen de esta película: ser demasiado referencial para su propio bien.

el-crimen-del-cacaro-gumaro-3Pero de seguro estaré equivocado, porque lo cierto es que el público disfrutará de las simplonadas y las gracejadas, a las que hay que estar atento porque se llevan a cabo en todos los planos de la pantalla. Las actuaciones son competentes y, como ya dije, se agradece ver caras nuevas y el punto fuerte de la cinta reside en su guion, que zarandea al espectador llevándolo de arriba abajo con un muy buen humor. No olvidaré mencionar la cantidad de efectos especiales que la película contiene, ignoro si sea la que más tenga en la historia del cine mexicano, pero si no, debe acercársele. Dichos efectos están a la altura del cine de clase B gringo, pero para el tono de la película resultan más que suficientes y ayudan a suspender la incredulidad para poder disfrutar lo buena que resulta ser esta comedia mexicana.

Una película fantástica mexicana que resulta ser buena y amena. Creo que poco más podemos pedirle nuestra sobajada industria cinematográfica. Sinceramente deseo que sirva como punta de lanza para que vengan más y podamos decir con orgullo que nuestro cine nos gusta, no únicamente que gana premios

¿Quieren mostrar su desdén por Eugenio Derbez? Corran a ver El crimen del cácaro Gumaro dos o tres veces, conviértanla en la película más taquillera de la historia del cine mexicano, demuestren que quieren humor inteligente y variopinto. No hay otra forma.

Trailer de El crimen del cácaro Gumaro:

EL CRIMEN DEL CÁCARO GUMARO
Dirección: Emilio Portes; Guión: Andrés Bustamante, Emilio Portes, Armando Vega Gil; Producción: Gabriel Ripstein, Christian Valdelievre; Fotografía: Ramón Orozco; Edición: Rodrigo Ríos Legaspi; Elenco: Andrés Bustamante (Don Cuino), Alejandro Calva (Archimboldo), Ana de la Reguera (Claudianita), Jesús Ochoa (Cochigordo), Karla Souza, Mónica Huarte (Faulina), Mario Zaragoza (Cástulo)
México, 2014, 95 min.

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2 Responses

  1. Luis G. says:

    Como extrañaba ese tipo de humor del buen Bustamante, ese de Sin Tornillos y el Guiri Guiri. Que bueno que se alejo de lo que ha hecho para la televisón en lo ultimos años… especialmente del insufrible Ponchito.

  2. carlos says:

    En general a los comentadores de cine les encantan las películas que hablan sobre el cine, es un divertimento de cualquiera, no sol ode dichos comentadores, cachar las referencias y ésta película es eso, por lo que me tomaría con mucho tiento halagos tan desmedidos y sobre todo que sospechosamente omiten hablar de esas referencias, un ingrediente indispensable en el armado de la película. Además, eso de confundir el cachar las referencias con “humor inteligente” reafirma únicamente que tengo razón al tener precauciones sobre comentarios de esta clase.

    Es un pésimo comentario a la película porque simple y únicamente es una apología hueca de los gustos e intereses del que comenta. El problema es que sea únicamente eso.

    La película es, pues, entrañable (al menos para mí) por muchos otros motivos pero para un público muy reducido (a quien no le guste de seguro la odiará), un público no necesariamente más inteligente (hay chistes bastante estúpidos y el hecho de reconocerlos no significa que uno sea más inteligente), quizás sí “enemigo” de Derbez y agradecido de la novedad que implica una cinta de este tipo.

    Hay que verla para odiarla, hay que verla para amarla, pero por amor de Dios, no porque verla implique una mayor inteligencia, para ejemplo, el comentador de este artículo.

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