Por: Marco González Ambriz
No sé en qué momento las películas de explotación se volvieron aptas para exhibirse en salas comerciales para público de clase media. Con los documentales sensacionalistas pasó algo similar. En los 60 y 70 había títulos como Africa Addio, Shocking Asia o The Killing of America que sólo podían verse en los cines más cochambrosos, en los peores barrios de la ciudad, por tratar de forma explícita asuntos como la prostitución, los rituales primitivos o los crímenes de los asesinos seriales. Ahora todo eso lo pasan en Discovery Channel, en horario familiar. Por su temática El doble del diablo me recuerda a Rise and Fall of Idi Amin (1981), humilde coproducción Kenia – Estados Unidos (!) que relataba los crímenes del dictador africano, con grandes dosis de morbo para compensar la falta de presupuesto.
El doble del diablo también es una coproducción, entre Bélgica y Holanda, que cuenta en detalle los abusos de Uday Hussein, sólo que ahora el director es el neozelandés Lee Tamahori, conocido por cintas como Once Were Warriors o Die Another Day (y también esta porquería con Nicholas Cage), el elenco lo encabezan el británico Dominic Cooper (Capitán América, Mamma Mia!) y la francesa Ludivine Sagnier (Swimming Pool, Una dama para dos), por si fuera poco el financiamiento alcanzó para filmar en locaciones en Malta y Jordania. La fotografía, el diseño de audio y de producción, la ambientación y los efectos especiales están a años luz de Rise and Fall of Idi Amin. Y sin embargo El doble del diablo no deja de ser una película de explotación. En primer lugar porque los libros autobiográficos de Latif Yahia que sirvieron de base para el guión del veterano Michael Thomas son tan dudosos como los estrambóticos rumores sobre el canibalismo de Idi Amin, por ejemplo.
Yahia asegura que en 1987, siendo un oficial del ejército iraquí en plena guerra con Irán, fue llevado al palacio presidencial de Saddam Hussein para servir de doble a su hijo Uday. Temeroso de ser asesinado a la vez que obligado a hacer numerosas presentaciones públicas Saddam había reclutado a varios hombres idénticos a él para presentarse en dichas ceremonias y frustrar los posibles atentados. Con la misma finalidad Yahia fue obligado a estudiar los ademanes y el tono de voz de Uday, además de memorizar su biografía, de manera que sólo los oficiales de más alto rango podían distinguir entre uno y otro. Según la película Yahia fue severamente golpeado para convencerlo de colaborar, aunque fue sólo hasta que el régimen amenazó con encerrar a toda su familia en las mazmorras de Abu Ghraib, de donde pocos salían vivos, que él aceptó someterse a varias cirugías plásticas para que la semejanza con Uday fuera total. Los periodistas que han investigado la biografía de Latif Yahia dudan que esto sea cierto, las personas cercanas al régimen de Saddam, incluyendo uno que estaba en la nómina de la CIA, han declarado que Uday Hussein nunca tuvo un doble.
Incluso admitiendo que la historia que narra la cinta sea ficción en un noventa por ciento, el enfocarse en la figura de Latif Yahia presenta algunos problemas que el guionista no siempre sabe resolver. Por un lado está la magnitud de las atrocidades que el relato le atribuye a Uday Hussein y que sobrepasan con mucho al protagonista. Una vez que se ubica la época mediante imágenes de archivo, cuando el espectador apenas se está acostumbrando a los lujos que rodeaban a Uday, aparece un oficial del Comité Olímpico Iraquí para mostrarle a Latif un video de las torturas a las que eran sometidos los atletas que fracasaban en sus competencias y que por ello avergonzaban al gobierno (strappado, descargas eléctricas, dedos aplastados, etc), mismas que Tamahori pone en la pantalla sin tentarse el corazón. Esa es más o menos la secuencia que sigue toda la película. Crestomatía para indicar a qué época corresponden los hechos que se están retratando, algo de drama para indicar el creciente conflicto interno de Latif al tener que presenciar las sádicas diversiones de Uday, para concluir con el plato fuerte: un guardaespaldas eviscerado, adolescentes violadas, derecho de pernada ejercido en plena boda de un soldado condecorado, etc.
La narración es, por lo tanto, bastante episódica. Para corregir esto Michael Thomas introduce una subtrama en la que Latif poco a poco se involucra con Sarrab, la favorita de Uday, hasta que ambos corren peligro mortal. Esta misma subtrama, la del fruto prohibido, ya la había ensayado Kevin Macdonald en El último rey de Escocia. Además de predecible, porque desde el primer momento en que Latif y Sarrab cruzan miradas se sabe lo que va a pasar, esto lo agarra el guionista como pretexto para una rocambolesca media hora final con balaceras y escapatorias que no le piden nada a James Bond, y que por supuesto nunca sucedieron en la realidad. Muy criticada ha sido la escena final de El doble del diablo por la forma como distorsiona el atentado que estuvo a punto de acabar con la vida de Usay en 1996 y que le dejó secuelas que persistirían hasta el 22 de julio de 2003, día en que los soldados norteamericanos finalmente lo rodearon a él y a su hermano Qusay en una residencia de Mosul, en el tiroteo que siguió ambos murieron junto con sus escoltas.
Pese a sus exageraciones y fantasías El doble del diablo es una película bien realizada por Tamahori, con todo y que se le va de las manos al final. Incluso si uno acepta que lo que aparecen en pantalla no son más que los sueños guajiros de un hablador que jamás estuvo ni a dos kilómetros de Saddam Hussein, hay que decir que la actuación de Dominic Cooper en el doble papel de Latif y Uday vale el boleto. La técnica que emplea el inglés para pasar de un personaje a otro, variando el tono de voz o el lenguaje corporal, es suficiente para que el espectador tenga siempre claro a cuál de los dos personajes está viendo sin caer en la caricatura. Cooper se sobrepone incluso a las malas ocurrencias del director, por ejemplo en la escena donde Latif se mira en un espejo antes de que Uday aparezca a cuadro, algo francamente innecesario. La que no sale tan bien librada es Ludivine Sagnier, pero la culpa no es de ella sino del personaje, una femme fatale sin más gracia que la de ser interpretada por esta muy sensual actriz francesa. Al menos su participación en El doble del diablo sirve para confirmar que no ha perdido nada del atractivo que ostentara hace casi diez años en Swimming Pool.
Trailer de El doble del diablo (The Devil’s Double):
EL DOBLE DEL DIABLO
(The Devil’s Double)
Dirección: Lee Tamahori; Guión: Michael Thomas, basado en los libros de Latif Yahia; Producción: Paul Breuls, Michael John Fedun, Emjay Rechsteiner, Catherine Vandeleene; Fotografía: Sam McCurdy; Música: Christian Henson; Edición: Luis Carballar; Elenco: Dominic Cooper (Latif Yahia / Uday Hussein), Ludivine Sagnier (Sarrab), Raad Rawi (Munem), Philip Quast (Saddam Hussein / Faoaz), Mimoun Oaissa (Ali), Khalid Laith (Yassem Al-Helou), Dar Salim (Azzam), Nasser Mermazia (padre de Latif), Mem Herda (Kamel Hannah)
Bélgica – Holanda, 2011, 109 min.

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