Por Rodrigo Vidal Tamayo

 

Permítanme comenzar este texto con un chiste:

Se instaura un juzgado ciudadano donde los traidores al sistema son pasados a sentencia. Entiéndanse por “traidores”, aquellos que no están de acuerdo con someter a Ciudad Gótica al dominio del populacho.

Juez: Ha sido declarado culpable ¿Qué prefiere, moñoñongo o muerte?

Policía X: (Sin comprender el concepto) ¿Moñoñongo?

Acto seguido aparece Bane, un hombretón de 2 metros de altura y 150 kilos de músculo, desnudo y procede a violar al enclenque policía por todos los orificios posibles.

Azorados, el resto de los policías comienzan a meditar su decisión. Un valiente Comisionado Gordon da un paso al frente.

Juez: Comisionado Gordon, que honor ¿moñoñongo o muerte?

Comisionado Gordon: (Digno) ¡Muerte!

Juez: Muy bien, pero primero moñoñongo…

Debo aclarar que ésta escena, de hecho, aparece en la película, lo que nos habla del nivel de narración que mantienen sus guionistas. El resultado, sin embargo, no es tan malo como podría parecer.

Los primeros minutos de la segunda película más esperada del año (siendo Los Vengadores la primera) parecen repetir, una vez más, la incompetencia de Christopher Nolan: escenas de acción torpemente coreografiadas, fotografía confusa, diálogos imposibles y errores de continuidad. Sin embargo, conforme avanza la historia podemos darnos cuenta que Nolan tal vez haya aprendido algo de sus errores pasados, porque la cinta no es tan aburrida como la entrega anterior, ni tan confusa como sus otros experimentos. En pocas palabras, Nolan se ha superado: pasó de hacer dos malas películas de Batman a realizar una mediocre.

Mucho se alabó la entrega anterior, donde pudimos ver como un pusilánime ¿héroe? derrota a un terrorista genérico, en medio de una historia de amor injustificada y la aparición de otro villano que no aporta nada. Para esta entrega, Nolan decidió hacer una película de superhéroes en toda regla y el resultado no es tan malo como se esperaba: El superhéroe se da cuenta de que es un ente ficticio y actúa conforme a las reglas que el cómic ha impuesto; los personajes de apoyo son interesantes y atractivos; las vueltas de tuerca al guión son bastante ingeniosas, aunque tal vez un tanto predecibles si son lectores habituales de cómic; el villano está a la altura del héroe, tanto que casi llega a definirlo; y para ser una película de casi tres horas, el ritmo de narración es competente, aunque tal vez un poco apresurado en la primera mitad.

El gran problema con esta trilogía es que el director pretendió convertir a un superhéroe no en un constructo filosófico o una metáfora social, más bien en un mensajero relevante sobre cuestiones actuales, pero dado que es una obra hollywoodense, el resultado fue poco menos que chocante. O se hace una cinta reflexiva y contemplativa en su totalidad, o se hace una cinta escapista sin pretensiones de profundidad, intentar combinar ambas sólo hará que te consideren un mamón o un farsante. Nolan cumple a la perfección ambos epítetos e intenta redimirse entregando una cinta de superhéroes sin pretensiones culteranas ni analogías insufribles, de ahí que se sienta como su película más sincera y efectiva.

Ignoro si el director decidió disminuir el aporte del guionista David S. Goyer al argumento en esta ocasión, porque a pesar de que tiene las inconsistencias e incongruencias características de su trabajo, el guión no es tan torpe como el de la segunda parte. Ya no tenemos situaciones inconcebibles (como esa de la segunda parte en donde encierran al Guasón junto al policía que tiene la llave del separo) aunque sí soluciones ad hoc (baste decir que los mercenarios del villano son peores tiradores que los stormtroopers), errores de continuidad que realmente no afectan a la historia (Ciudad Gótica pasa de un sol resplandeciente a oscuridad en 8 minutos), y errores conceptuales que pueden tomarse como licencias literarias (en ese universo no existe el principio de incertidumbre, los físicos deben tener una labor realmente sencilla). Todo esto es una prueba más de que Goyer debería ser sometido a una corte ciudadana como la mostrada en la cinta.

Otro punto débil está en la producción. Ciudad Gótica debe ser una ciudad basada en el art déco, no debe ser suplantada por Nueva York, las escenas aéreas de la cinta remiten más al Hombre Araña que al murciélago. Supongo que fue una cuestión de presupuesto que bien pudo haber sido subsanada despidiendo a David Goyer y usando ese dinero en efectos por computadora para alterar los edificios. Habrá quien crea que esto es pecata minuta, pero una de las características del cómic de Batman es la atmósfera que la ciudad fabrica, al punto que puede ser considerada como un personaje más.

Un punto a resaltar es el reparto. Los personajes secundarios son bastante agradables y, de hecho, son más simpáticos que el héroe principal. Anne Hathaway entrega una Gatúbela de la que es fácil enamorarse, dibujada como una mujer inteligente, fuerte y centrada. Sería estupendo poder ver una película basada en ésta interpretación. Bane, el villano, a pesar de no tener una motivación clara –situación bien manejada por la historia– logra el cometido de poner en aprietos al héroe. Aunque la escena climática entre Batman y él está torpemente filmada, quedan claras todas las justificaciones argumentales. Mención aparte requiere John Blake (Joseph Gordon-Levitt) quien es interesante debido a que en su corta aparición resuelve más misterios que Batman en tres películas, lástima de la batea de babas con la que salen al final y que es perfectamente predecible.

Considero que esta película es un cierre decente a una trilogía fallida ¿Por qué fallida? En kilómetros de metraje jamás vemos a un Batman detective, nunca observamos la consolidación del héroe (a pesar de que en esta entrega ya se habla de su leyenda, otro error argumental), no tenemos nunca un Batman haciendo cosas imposibles por su propia cuenta, ni logramos formarnos una idea clara del universo en el que habita. Cada película tiene una identidad propia, sin que exista un hilo conductor que las una. Creo que ahí radica su principal fallo: no consolidar un universo que dé pie a ser explorado.

ATENCIÓN: El siguiente párrafo puede contener algún estropeador.

Una de mis mayores quejas dentro de una historia son los deus ex machina –situaciones en las que aparece Dios para arreglar el problema argumental, ya sea de manera directa o por medio de alguna metáfora-. Pues bien, creo que esta película habría sido maravillosa de haber tenido uno: Al final, cuando todo está perdido y la bomba nuclear está  a punto de explotar, Batman se quema los sesos intentando pensar una solución. De pronto, una mano sostiene la bomba y con una voz gallarda dice “Entre héroes debemos ayudarnos”, aparece la imagen de Superman y manda a la bomba a explotar al espacio.

Con una escena así se hubiera logrado consolidar un universo, además de servir como publicidad para la siguiente película del Hombre de Acero. Al mismo tiempo pondría a la cinta como un producto de imaginación pura, justo como los cómics que ahora inundan nuestras salas de cine. Lástima que Warner Brothers no me tenga entre sus asesores…

BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE

(The Dark Knight Rises)

Dirección: Christopher Nolan; Guión: Jonathan Nolan y Christopher Nolan, basados en una historia original de éste coescrita con David S. Goyer, según los personajes creados por Bob Kane; Producción: Christopher Nolan, Charles Roven, Emma Thomas y Jordan Goldberg; Fotografía: Wally Pfister; Música: Hans Zimmer; Edición: Lee Smith; Elenco: Christian Bale (Bruce Wayne/Batman), Gary Oldman (comisionado Gordon), Tom Hardy (Bane), Joseph Gordon–Levitt (Blake), Anne Hathaway (Selina), Marion Cotillard (Miranda), Morgan Freeman (Fox), Michael Caine (Alfred).

Estados Unidos– Reino Unido,  2012  –  164 min.

…y para terminar, otro buen chiste: