Por: Marco González Ambriz

La desconfianza hacia los psiquiatras, y hacia los médicos en general, ha sido una constante en la obra de David Cronenberg desde la época ya lejana en que firmaba modestas películas de terror. Los experimentos de fatales consecuencias en Rabid, Shivers o Crimes of the Future, los ginécologos perversos en Dead Ringers y la terapia ectoplásmica del doctor Heglan en The Brood dan cuenta de su preocupación por desentrañar los motivos no siempre altruistas de los médicos. En Un método peligroso Cronenberg retoma esa antigua obsesión con una manufactura muy distinta a la de aquella primera etapa. Los presupuestos humildes, las actuaciones erráticas y los efectos especiales que eran la manifestación visual de ideas abstractas ahora son reemplazados por un financiamiento adecuado, resultado de la coproducción internacional, un elenco probado y encabezado por un actor en el candelero como es Michael Fassbender, mientras que las ideas vuelven a la abstracción de los diálogos, cual corresponde a un elegante drama de época basado en hechos reales.

La película narra varios años de la relación entre Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y su discípulo Carl Jung (Michael Fassbender) a partir de la llegada de Sabina Spielrein (Keira Knightley) a la clínica de este último en Suiza. A partir de entonces la relación entre los tres personajes se irá complicando hasta enfrentar directamente a Freud con Jung, cuyas ideas se apartan de la ortodoxia del fundador del psicoanálisis, con sus explicaciones siempre ligadas a la sexualidad, para internarse en terrenos metafísicos, como el tarot. Lejos del didacticismo imperante en la mayoría de los biopics, donde se asume que el espectador lo ignora casi todo sobre el protagonista, Un método peligroso pasa de prisa por el origen del psicoanálisis y su recibimiento por parte de la sociedad de su época, aunque en algunas de las discusiones entre Freud y Jung el primero mencione la necesidad de mantener la disciplina dentro de cauces científicos para evitar su desprestigio. No faltará quien sonría al oír ese argumento y es que aunque el psicoanálisis aún tiene sus defensores cada vez es más evidente que esta disciplina está condenada a quedar en el basurero de la ciencia, junto con la frenología o el mesmerismo.

La falta de rigor en sus métodos, junto con sus dudosos beneficios, han provocado que el psicoanálisis y sus conceptos (complejo de Edipo, envidia del pene, superego) no tengan ya el prestigio del que gozaban a mediados del siglo veinte, aunque en otras áreas, por ejemplo la teoría del cine, hay quien no se ha enterado y sigue basando sus especulaciones en las ideas de Freud. La parte más interesante de Un método peligroso es la que retrata a Sigmund Freud como un patriarca que exigía obediencia absoluta de sus seguidores, prefiriendo a mediocres que aceptaban dócilmente sus edictos por encima de terapeutas como Jung, quien no sólo tenía una mayor disposición por examinar vías alternas sino que además disponía de los recursos económicos suficientes para no tener que seguir ciegamente al fundador del psicoanálisis. Dentro de la descripción que hace Cronenberg de ambos personajes sobresale la incomodidad que le producía a Freud tratar con alguien que gozaba de una posición económica mucho mejor, si bien la fortuna de Jung se debía a su matrimonio con la rica heredera Emma Rauschenbach.

La dependencia económica de Jung y la arrogancia de Freud son superados en la película por el triángulo intelectual entre ambos y Sabina Spielrein, quien de ser una paciente en la clínica de Jung llegaría a convertirse en psiquiatra, adelantándose a sus maestros al proponer que el impulso sexual contiene un elemento destructivo. El guión de Un método peligroso fue escrito por Chistopher Hampton a partir de su propia obra de teatro, a su vez inspirada por el libro A Most Dangerous Method de John Kerr. En su investigación Kerr aduce que el rompimiento entre Freud y su discípulo tuvo como catalista la relación ilícita entre Spielrein y Jung. Para ello se basa en tres cajas de documentos, incluyendo los borradores de las cartas que Spielrein envió a Freud y Jung así como sus respuestas. The Talking Cure, la obra de Hampton basada en la investigación de Kerr, no generó demasiado entusiasmo entre la crítica al ser estrenada en 2003. El tema era fascinante, reconocían los criticos, pero el tratamiento de Hampton no era totalmente satisfactorio desde el punto de vista dramático.

Tal vez si la película se basara directamente en el libro de Kerr y no en la obra de Hampton el resultado sería más afortunado. Un método peligroso adolece de los defectos señalados por los críticos de teatro en 2003, mismos que se magnifican al trasladarse a un medio que requiere una narración de otro tipo. Las discusiones que pueden funcionar muy bien sobre el escenario en la pantalla se vuelven repetitivas, sin que las ocasionales escenas rodadas en exteriores, en carruajes o en el bote que Jung recibe como regalo de su esposa, sean suficientes para romper con la monotonía. Algo que contribuye a que la cinta sea un tanto aburrida es que el tema principal, la rivalidad entre Jung y Freud, queda en un segundo plano, perdida entre conflictos secundarios que no llegan a enunciarse de forma clara. Por ejemplo, el componente racial que según algunos diálogos pesa en la decisión de Sabina, entre el ario Jung y el judío Freud, siendo ella misma judía, se reduce a un par de escenas donde Spielrein, ya convertida en psiquiatra, intenta curar a sus pacientes con fragmentos de Wagner.

A pesar de contar con el respaldo de sus colaboradores habituales (el cinefotógrafo Peter Suschitzky, el compositor Howard Shore, el editor Ronald Sanders), David Cronenberg no halla la manera de inyectarle vida al inerte argumento. La puesta en escena llega a su punto más bajo en los intercambios epistolares entre Jung y Freud, en donde vemos a Fassbender inclinado sobre un escritorio con gesto adusto y luego a Mortensen leyendo la misiva sin quitarse jamás el puro de la boca, al tiempo que las voces en off de ambos nos dejan oír el contenido de las cartas. En el plano actoral la película tiene un comienzo incierto gracias a la desproporción de Keira Knightley durante los ataques de histeria de Sabina, para luego mejorar, aunque la relación sadomasoquista entre Spielrein y Jung (de la que por cierto no existe la menor evidencia) nunca llegue a generar la tensión necesaria. Un método peligroso concluye con un letrero informándonos que Jung sufrió una crisis nerviosa durante la Primera Guerra Mundial pero que logró superarla y que en años posteriores escribió la parte más importante de su obra, pese a las dificultades que la relación con su amante Toni Wolff le generaba con su esposa. Uno se queda con ganas de ver una película sobre eso en lugar del árido drama que precede al letrerito.

Trailer de Un método peligroso (A Dangerous Method):

UN MÉTODO PELIGROSO
(A Dangerous Method)
Dirección: David Cronenberg; Guión: Christopher Hampton, basado en su obra de teatro The Talking Cure, basada en el libro A Most Dangerous Method de John Kerr; Producción: Jeremy Thomas; Fotografía: Peter Suschitzky; Música: Howard Shore; Edición: Ronald Sanders; Elenco: Michael Fassbender (Carl Jung), Keira Knightley (Sabina Spielrein), Viggo Mortensen (Sigmund Freud), Vincent Cassel (Otto Gross), Sarah Gadon (Emma Jung)
Reino Unido – Alemania – Canadá – Suiza, 2011, 99 min.