Por Rubén Martínez Pintos

 

El cine de artes marciales ha estado muy a la baja en la ultima década, su mayor productor, Hong Kong, aún produce cintas en el género, pero no con la constancia de otras épocas. La falta de una renovación de estrellas y de directores interesados en el género, han sido factores determinantes en la caída de cintas, tanto en calidad como en cantidad. Sin mencionar el cada vez mayor enfoque por complacer a las autoridades de China con cintas propagandísticas de corte nacionalista. Estrellas del género como Jackie Chan, Jet Li, Sammo Hung y Donnie Yen están cada día mas cerca de un eventual retiro. La industria no pensó a futuro, y ante la falta de auténticos artistas marciales se ha recurrido a estrellas juveniles del pop cantonés, quienes simplemente no cuentan con el carisma, o habilidades, de los ya mencionados.

Por otro lado, Tailandia tuvo un surgimiento notable, encabezado por Tony Jaa y el éxito de Ong Bak. Lamentablemente, no supieron mantener la disciplina debida, y su producción de cintas de calidad dentro de este estilo ha sido errática. Por ahí Corea del Sur ha dado algunos destellos, mientras que Japón simplemente se ha olvidado totalmente del género que en su momento encumbró al legendario Sonny Chiba. Hollywood de vez en cuando lo intenta, con resultados francamente olvidables. Puedo entender pues, como aficionado a este tipo de cine, el furor que ha causado The Raid (presentada en el mercado estadounidense bajo el extraño nombre The Raid: Redemption) en varios círculos de seguidores del género.

Dirigida por un europeo (galés) y contando con puro talento de Indonesia, la película tiene la energía que uno podía encontrar en el Hong Kong en los ochenta. Actores con verdadero conocimiento de cómo conducirse en una secuencia de pelea, The Raid cuenta con una flotilla de gente consumada a desplegar violencia fílmica espectacular y vistosa. Liderados por Iko Uwais en el protagónico, un maestro del pencak silat, estilo de arte marcial oriundo de su natal Indonesia. The Raid es acción sin parar de principio a fin, se siente la intensidad de cada golpe, navajazo y plomazo; pero, ¿eso es todo lo que necesita una cinta de acción para ser memorable?

La premisa es extremadamente simple: un comando táctico de policías realiza una redada a un edificio de departamentos, hogar de una gran banda delictiva. Su líder, un hombre que   vigila todo el lugar con sus cámaras de seguridad, cuenta con un ejército imparable de fieles subordinados, cuya lealtad raya en la locura. Los veremos enfrentar a los policías armados en numerosas ocasiones armados tan sólo con un machete, o con nada. Rama (Iko Uwais) es nuestro héroe a seguir, y lo acompañaremos en su travesía piso tras piso, atravesando oleadas de enemigos. Eso es todo, les acabo de contar toda la historia de la cinta. Por ahí aparecerán algunos clichés del género, incluyendo un miembro corrupto del equipo. Los personajes son todos intercambiables, y apenas si sabemos los nombres de algunos. No sabemos nada de Rama, fuera de que es musulmán y que  su esposa está embarazada. Eventualmente aparece su hermano como otro personaje, pero la cinta hace poco o nada con ellos y su interacción.

Ese es pues el gran fallo de The Raid, no hay seres humanos reales habitando estas dinámicas escenas de acción, sólo máquinas de pelear. La dirección de Gareth Evans es precisa y acertada, cero cámara atolondrada o cortes que no nos permiten ver qué sucede. Tristemente el mismo empeño no fue dirigido hacia el guión –escrito por el mismo Evans–, el cual dudo mucho que pase de las diez páginas. No sólo la falta de personajes, sino también la falta de atención de varios otros detalles en la historia interrumpen el furor y la adrenalina. ¿Por qué el gran jefe tiene problemas para localizar a Rama teniendo cámaras en cada piso? ¿Por qué enviar a un puñado de cómplices a buscarlo, armados sólo con machetes? Contra un único enemigo que ya no cuenta con nada más que su cuchillo, ir con un par de rifles a enfrentarlo resolvería todo el problema. La respuesta a esta interrogante es obvia: no tendríamos más secuencias de pelea si los personajes usaran la lógica. Sólo que hasta una cinta de plomazos y navajazos debe tener al menos un poco de sentido común, de otra forma la creación de tensión y suspenso en las escenas de confrontación se pierde totalmente.

Imaginen si Hans Gruber en Duro de matar mandara a sus matones tras McClaine sin armas de fuego. No es que los villanos estuvieran en un lugar publico, están en su mismo cuartel; por eso, uno esperaría verlos armados hasta los dientes todo el tiempo. Se ha vuelto un cliché decir que cierta película parece un video juego, pero The Raid sin duda que emana un aire similar, pero no de los actuales que tienen media hora de video y cinco minutos de apretar botones en cierto orden. The Raid se siente como uno de esos juegos llamados “beat’em up” de los noventa, donde uno escogía un personaje y avanzaba en línea recta derrotando docenas de enemigos idénticos. Un Double Dragon, Final Fight o Cadillacs & Dinosaurs, por mencionar algunos. Rama recibe cantidad de golpes y heridas, pero nunca se cansa, nunca se duele de nada. Él solo sigue avanzando sin mayor estrategia que seguir golpeando, pateando y cortando a todos los que se le ponen enfrente. Esto termina agregando un aire de repetición a ciertas peleas, en particular la última, que parece nunca va a acabar. Una vez más, si no podemos involucrarnos con los personajes, y sus vidas nunca parecen estar realmente en juego, una secuencia de acción pierde tensión, emoción, y por ende, no funciona como debería. Demasiado de algo, por muy bueno que eso pueda ser, nunca es bueno, y la carencia de ritmo hace que las peleas se terminen volviendo tediosas. El mantra de la cinta de “más es mejor” termina ahogándola en un mar de extras sin rostro siendo golpeados, baleados y acuchillados. Cantidad no es sinónimo de calidad, y una cinta “de acción” no es mejor sólo por tener muchas secuencias “de acción”. El saber dónde, cómo y cuándo colocarlas es lo que diferencia a las cintas que se han vuelto clásicas del género de las que sólo están juntando el polvo en los anaqueles de las tiendas de renta de video.

The Raid es perfectamente aceptable como entretenimiento casual, ideal para ver junto con los cuates y con unas cervezas. Es de rápido consumo, y rápida de olvidar. Los espectadores tendrán toda la acción que otras películas prometen y no cumplen (¿verdad Expendables?), aunque no es el nuevo clásico del género que varios están proclamando a los cuatro vientos. No es el próximo Duro de matar, Police Story 3 o Hard Boiled. Definitivamente querrán ver esto antes del ya anunciado remake hollywoodesco, el cual imagino añadirá un montón de motivaciones huecas y trilladas a los personajes, una cámara hiperactiva que no dejara ver bien una sola secuencia de acción, y tendrá de protagonista algún tabique sin gracia, como el tipo de Battleship, o aquél de Avatar. The Raid es apenas el tercer largometraje de Evans, y sin duda se nota que tiene bastante que pulir en varios sentidos, no todo el esfuerzo se debe ir filmando las escenas de peleas. El potencial para hacer algo mejor esta ahí. Tampoco queda duda de las proezas físicas de Uwais, pero ambos necesitan un mejor guión, una mejor edición y, en general, un mejor sentido del ritmo, Quizás entonces tengamos una cinta  realmente memorable.

THE RAID aka. THE RAID: REDEMPTION

(Serbuan maut)


Dirección, guión y edición
: Gareth Evans; Producción: Gareth Evans, Ario Sagantoro; Fotografía: Matt Flannery; Música: Aria Prayogi, Joseph Trapanese, Fajar Yuskemal; Elenco: Iko Uwais (Rama), Joe Taslim (Jaka), Donny Alamsyah (Andi), Yayan Ruhian (Mad Dog), Pierre Gruno (Wahyu), Ray Sahetapy (Tama).

Indonesia–Estados Unidos,  2011  –  101 min.

Participaciones: Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2011; Festival Internacional de Cine de Estocolmo, Suecia 2011; Festival Internacional de Cine Fantástico de Indonesia, 2011; Festival de Cine de Turín, Italia 2011; Festival de Cine Sundance, Estados Unidos 2012; Festival Internacional de Cine “The Jameson” de Dublín, Irlanda 2012; Festival de Cine Asiático de Deauville, Francia 2012; Festival “Alucinaciones Colectivas” en Lyon, Francia 2012; Festival de Cine de Género de Mauvais, Francia 2012; Festival de Cine “Imagina”, Holanda 2012; Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, República Checa 2012.