Por Jorge Luis Tercero Alvizo

When there's no more room in hell
then the dead will walk the earth...


Como místicos pedazos de intestino grueso volando por todas partes al ritmo de un hacha afilada y de unos ojos desorbitados, llegó a la televisión, en octubre del 2010, la serie The Walking Dead. Y en este mundo donde la violencia ya no tiene sentido alguno, muchos lo agradecimos infinitamente.

La muerte es un tabú milenario que ha sido banalizado por la realidad, olvidando que también es un suceso religioso y estético; en ocasiones también, una herramienta simbólica de la reflexión. De forma estrepitosa, como un escopetazo sobre la cabeza de un muerto viviente, el gore y el horror resurgen en esta serie, como fieles aliados de la ironía y del juego creativo. “He used to be like us…” nos recuerda solemnemente el protagonista, antes de aplicarle unos certeros hachazos a un cadáver en el capítulo 2 de la primera temporada.

En un mundo post-apocalíptico en el que los muertos se han levantado de sus tumbas para devorar la carne de los vivos, un héroe también regresa a la vida. Un sheriff al mero estilo Clint Eastwood, llamado Rick Grimes, se adentra en el peligro, en pos de salvar a su esposa e hijo, entre ciudades infestadas de zombies. Máximo representante de los valores americanos cabalga (como en un remix posmoderno de western), forrado de armas, hacia una Atlanta podrida hasta las entrañas y llena por completo de muertos vivientes.

Existe tanto que decir sobre esta serie que no cabría en un simple artículo… Para empezar, nos encontramos de regreso en el infernal mundo del rey George Romero y su Night of the Living Dead (1968). De alguna forma The Walking Dead viene a ser otro homenaje apócrifo al genio y maestro oficial de los muertos vivientes y a su universo de putrefactos cadáveres. A momentos, una adaptación más legal que todos los Resident Evil, 28 Days Later (2002) de Danny Boyle o Dawn of the Dead (2004) de Zack Snyder; o incluso que la prodigiosa serie británica sobre zombies, Dead Set (2008). Aparte del aire nuevo que todas estas películas no romerianas (sobre zombies, infectados o muertos vivientes) han aportado a esta faceta tan singular del gore, es hermoso descubrir que en The Walking Dead se presentan todas las reglas sobre muertos vivientes del viejo tío Romero: todas ésas que Simon Pegg, protagonista de Shaun of the Dead (2004), respeta al pie de la letra y algunas otras sorpresas que no conocíamos.

Creada por Frank Darabont a partir del comic de Robert Kirkman y Tony Moore, esta serie es el drama de Rick (Andrew Lincoln), un policía que regresa de la muerte después de un tiroteo con criminales, para volver a enfrentar a la muerte pero transmutada en pandemia voraz. Así, Rick se hallará en un mundo plagado de muertos resurrectos caníbales; “el evento de extinción de la raza humana” como lo llama el científico Jenner, uno de los personajes de la serie. En el transcurso de su viaje se encontrará con otros personajes que han resistido al holocausto, entre ellos su esposa Lori (Sarah Wayne Callies), su hijo Carl (Chandler Riggs) y a su mejor amigo Shane Walsh (Jon Bernthal). También encontrará a más sobrevivientes, como a su salvador Glenn (Steven Yeun), Andrea (Laurie Holden), Dale (Jeffrey DeMunn) y Daryl Dixón (Norman Reedus), entre otros.

A mi parecer, la serie rescata lo mejor del cómic, en cuanto a argumento, y a veces lo potencia de forma ejemplar. La historieta de The Walking Dead tiene un carácter un poco más cándido, a veces algo de actitud kinki y una atmósfera que se centra más en la peripecia de los personajes y, por supuesto, en el gore; con todo tipo de muertes violentas. En ese sentido la serie contrasta directamente con el manejo narrativo que se le ha dado al cómic. La versión televisiva ha sacrificado ciertas situaciones de la historieta con el fin de explorar más algunos personajes, de jugar más con el suspense (más maleable en este formato que en el comicbook), de recrear ciertas situaciones e inclusive de producir nuevas sorpresas.

Muchos personajes del cómic original se vuelven más interesantes en la serie, empezando por el mismo Rick, quien ha tenido más oportunidad para mostrar diferentes facetas de su liderazgo a lo largo de la serie. Desde su primera aparición como una frágil figura, casi quijotesca, al escapar del hospital abandonado –en bata de paciente y sobre una bicicleta femenina–, luego su melancólica expresión al meter una bala al zombie putrefacto que encuentra sobre el jardín del hospital; y posteriormente el desarrollo de su conflicto con Shane y con el resto del grupo.

Otra de las sorpresas de la adaptación televisiva fue la creación de personajes como T-Dog (IronE Singleton); uno de los sobrevivientes más relevantes de la primera temporada, y que por cierto casi no tiene diálogos en la segunda; o como Daryl Dixon, el cual tuvo muy buena acogida por los espectadores y también por los fans del comic. Es importante mencionarlo porque es uno de los personajes más complejos de la serie, un lobo solitario que ha decidido unirse al grupo.

Es interesante ver los contrastes que se han generado entre las dos versiones de The Walking Dead; analizar cómo la adaptación televisiva reacciona ante la versión previa, el comic, y viceversa. Tal vez esa geografía pesadillesca (una ciudad de Atlanta plagada de muertos, el campamento, la granja, la cárcel y otros muchos espacios que ya hemos conocido en el comic) es el único elemento inmutable que vincula el recorrido de los personajes a través de ambas dimensiones. Un delicioso juego de de posibilidades, casi como si se tratara de las diferentes elecciones en un juego de rol: ¿abrir una determinada puerta o mejor otra, vivir o morir? La adaptación de un texto –y más en este caso– siempre será un tablero de posibilidades multiplicadas.

Al revivir las aventuras de Rick en la serie, encontramos que a pesar del desapego que ésta ha mostrado con la historieta, no dejan de aparecer guiños para el público iniciado. Uno de ellos será la mano en la mochila de Glenn. La famosa mano que el hermano de Daryl, Merle Dixon se amputa para liberarse de las esposas de Rick en el capítulo 3 de la serie, será la mano que Rick y Glenn (en el universo del comic) cortan a un zombie inanimado para despistar con el olor a los cadáveres de Atlanta. Sin embargo, ambas manos terminan confluyendo, por jugueteos narrativos, hacia la mochila del personaje asiático. Y como éste, encontraremos un sin fin de señales o símbolos –vasos comunicantes– cargados de ironía, entre ambas versiones.

Así, con buenas dosis de gore, homenajes al maestro de los muertos vivientes, poderosas secuencias de acción, escenas de horror y un gran manejo del suspense, The Walking Dead es por mucho una de las mejores series televisivas de los últimos años, al menos hasta la última temporada. Y claro, las sorpresas no se hacen esperar; un par de personajes del comic se incorporaron en la segunda temporada (con todo y granja llena de zombies), además de un par de poderosas katanas y dos muertos encadenados. Símbolos que no dejarán de cautivar a las nuevas audiencias y tampoco defraudarán a los fieles seguidores del comic, por lo menos no a mí.

THE WALKING DEAD. Temporada 1

Creador: Frank Darabont; Directores: Ernest R. Dickerson (6 capítulos, 2010-2012), Guy Ferland (3 capítulos, 2010-2012), Gwyneth Horder-Payton (2 capítulos, 2010-2011), Michelle MacLaren (2 capítulos, 2010-2011), Bill Gierhart (2 capítulos, 2011-2012); Guionistas: Charlie Adlard (20 capítulos, 2010-2012), Frank Darabont (20 capítulos, 2010-2012), Robert Kirkman (20 capítulos, 2010-2012) Tony Moore (20 capítulos, 2010-2012), Glen Mazzara (5 capítulos, 2010-2012), Scott M. Gimple (3 capítulos, 2011-2012), Evan T. Reilly (3 capítulos, 2011-2012), David Johnson (2 capítulos, 2011-2012), Angela Kang (2 capítulos, 2011-2012); Producción: David Alpert, Frank Darabont, Gale Anne Hurd, Denise M. Huth, Robert Kirkman, Tom Luse, Gregory Nicotero, Paul Gadd, Scott M. Gimple, Glen Mazzara, Evan T. Reilly, Charles H. Eglee, Adam Fierro, Jack LoGiudice, Skip Schoolnik; Fotografía: David Boyd (9 capítulos, 2010-2011) y Rohn Schmidt (9 capítulos 2011-2012); Música: Bear MacCreary; Edición: Julius Ramsay, Hunter M. Via, Nathan Gunn; Elenco: Andrew Lincoln, Sarah Wayne Callies, Laurie Holden, Steven Yeun, Chandler Riggs, Jon Bernthal, Jeffrey DeMunn, Norman Reedus, IronE Singleton, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Scott Wilson, entre otros.

Estados Unidos – 2010 / 2012,  dos temporadas – 45 min. por capítulo.

Premios y nominaciones: Galardonada con un AFI a “Mejor programa del año” (2010, USA); Fue ganadora de un Saturn a “Mejor Serie de Televisión” y, además, obtuvo varias nominaciones de la Academy of Science Fiction, Fantasy and Horror Films (2012, USA); Ganadora de un Emmy por ser la serie con el mejor maquillaje y prostéticos (2011, USA); Nominada al Golden Globe como “Mejor serie de Televisión” (2011, USA)