Por Rubén Martínez Pintos
Durante la explosión del ítalo-western a finales de los años sesenta, las pantallas europeas se vieron repletas de toda clase de antiheroes, siendo las historias de venganza y de botines de oro las más comunes. Eran cintas que no costaban mucho dinero para producir, y que se filmaban rápidamente. Si bien la mayoría de las cintas se apegaron mucho al templete ya mencionado, algunos directores empezaron a experimentar con el género, llevándolo a lugares nunca antes imaginados. Giulio Questi sería uno de estos, y su cinta Se sei vivo spara (literalmente, “Si estás vivo dispara”) es un claro ejemplo de esto.
Aclaremos primero la disparidad de títulos, luego del éxito de Django prácticamente cualquier western que viniera de Italia era nombrado “Django” por los distribuidores, tratando de capitalizar el éxito que había sido la cinta de Corbucci en toda Europa. Así pues, a la cinta de Questi le tocó ser renombrada Django Kill… If You Live Shoot que si bien puede confundir a más de uno, podríamos decir que terminó siendo una especie de bendición involuntaria. Esto sin duda ayudó a que la cinta pudiera ser más conocida, y no quedara relegada. Ante la naturaleza de una película como esta, no me puedo imaginar cómo reaccionaron los públicos de la época. Sin duda el corte muy “europeo” de la misma le ganó adeptos en su natal continente, así como entre los fans del cine de culto. Pero, entre los entusiastas del ítalo-western más tradicional, la cinta es recibida con cierta ambivalencia. ¿Qué se traía, pues, entre manos el señor Questi cuando decidió hacer un western que, en sus propias palabras, no es un western? La primera imagen que vemos es la de una mano saliendo de la tierra, un hombre tratando de salir de una tumba improvisada. Esta persona es nuestro anónimo protagonista, interpretado por Tomas Milian, uno de los actores insignia del ítalo-western. Poco a poco nos vamos enterando de cómo terminó bajo tierra este desafortunado bandido mexicano.
Durante un asalto a una caravana que transportaba oro, perpetrado por un grupo de bandidos gringos y mexicanos, los primeros traicionaron a estos últimos, ejecutándolos a todos, y enterrándolos. Sólo el anónimo mexicano sobrevivió, y ayudado por dos indígenas de la zona, quienes al parecer han designado a nuestro mestizo protagonista como una especie de figura divina por su aparente inmunidad a la muerte, empieza su búsqueda de quienes lo traicionaron. Todos estos personajes terminarán por encontrarse en el mismo lugar, un pueblo llamado “El lugar infeliz”. Si el inusual manejo de la cámara en las secuencias iniciales –que incluían escenas filmadas de cabeza, sumado a los cortes de edición abruptos– nos introdujeron a un oeste muy diferente, al llegar a “El lugar infeliz” notamos que no estamos en el típico pueblito de western. Vemos violencia en cada esquina y se siente una gran pesadez en el ambiente.
Es en este lugar donde Milian, junto con su revolver y sus balas de oro, cobrará su venganza contra quien lo enterró vivo. Pero, cuando pareciera que ese clímax se ha alcanzado ya, es cuando la historia de Django Kill realmente comienza. A partir de este punto cualquier semejanza con un modelo de narrativa tradicional es totalmente abandonado por Questi. Veremos más escenas de depravación, la avaricia y la crueldad de los habitantes de este pueblo, quienes lejos del típico estereotipo de víctimas indefensas, terminarán siendo las verdaderas alimañas de la historia. Milian no es ni héroe, ni antihéroe ni villano, sino sólo un espectador la mayor parte del tiempo pasivo, y muchas veces traicionando los esquemas mas básicos que se esperan de un protagonista. Su apatía ante la mayor parte de los acontecimientos de la cinta raya en lo perturbante, incluso al conocer a una chica cautiva de uno de los pobladores, su actitud más que la de un “héroe” se acerca más a la de alguien que aprovecha los frutos que se encuentra. El aparente villano de la cinta es un tipo llamado “Zorro”, un cacique vestido de blanco que tiene un loro con quien conversa, y un ejército de vaqueros de negro. Estos últimos no muy tímidos en mostrar su preferencia por el sexo masculino, desplegada en una de las escenas más infames de la película. Involucrados entre toda esta fauna de personajes atípicos tenemos a un perturbado joven (Ray Lovelock) y una fría cantante de cabaret (Marilu Tolo) quien en otra escena absolutamente demente la vemos apenas moviendo los labios, muy fuera de sincronía, al “cantar” para entretener a los clientes de un saloon. ¿Una broma del director? ¿Una parodia del género? ¿Un comentario sobre los, a veces muy mediocres, trabajos de doblaje en estas cintas? ¿Quizás sólo un simple error de audio? Tal vez es un poco de todo.
Es difícil a momentos saber qué está pasando, y cuál es la intención de lo que vemos. Lo cierto es que las inclinaciones políticas de Questi son bastante evidentes. Así como otros directores de la época, Questi se inclinaba por las ideas de izquierda. No es coincidencia que el uniforme de los vaqueros a cargo del villano Zorro tengan un color y tono parecido al de los grupos de “camisas negras” durante la era del fascismo de Benito Mussolini. El capitalismo salvaje se manifiesta como el principal mal en la historia, donde los mismos habitantes del pueblo se entregan a él sin reparo. Codicia desmedida sin importar la vida humana. La influencia surrealista en la cinta se manifiesta en varias ocasiones, y qué decir del gusto de Questi por los animales: desde loros, murciélagos y otros seres que inundan la pantalla en otros tantos momentos de delirio. Todos estos ingredientes sin duda acercan a la cinta más al terreno el horror. El mismo tema musical que oímos de forma constante, una suerte de fanfarria heroica del western, no podría estar más alejado de las crudas y sombrías imágenes que vemos en pantalla.
La visión de Questi sobre el ser humano es desoladora, aún más que la de otros directores de ítalo-western. Con un protagonista que vive en casi total indiferencia, no hay nadie a quien apoyaren esta historia. Tomas Milian, conocido por sus papeles de mexicano extrovertido, da una actuación reservada, totalmente acorde al personaje y el contexto de la historia. Si bien no será nuestro héroe, al menos es la antorcha de sanidad en una historia repleta de seres que se guían por sus impulsos más basicos.
Questi no volvería a dirigir otro western y han tenido que pasar varios años para que su particular visión del género gane los adeptos que se merece. Para el fan del ítalo-western habitual es una cinta que se sale de todo regla narrativa que se espera del género, y para el espectador más casual simplemente es una bestia incomprensible, difícil de domar. Eso es lo que hace de Django Kill una de las cintas más memorables del género y de la época, su naturaleza impredecible, volátil y siempre enigmática la mantienen totalmente fresca. No hay otro western como éste, y difícilmente lo habrá.

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1 comment
business says:
Jun 21, 2012
Sinopsis: Yodlaf Peterson (Franco Nero, Keoma) es un traficante de armas sueco y un amante del dinero rápido. Vasco (Tomas Milian, Traffic) es un bandido mexicano de gatillo fácil que odia a los traficantes de armas. Pero cuando los dos se juntan para secuestrar a un profesor que es dueño de una fortuna en oro, se encuentran perseguidos por el ejército norteamericano, acechados por un sádico loco fumador de marihuana (el ganador del Premio de la Academia® Jack Palance) y atrapados en medio de la revolución mexicana a punto de estallar. ¿Podrán estos dos enemigos cruzar México sin antes matarse el uno al otro? Escrita y dirigida por el legendario Sergio Corbucci (Django), VAMOS A MATAR COMPAÑEROS reunió por única vez en la vida a dos de las más grandes estrellas europeas de la historia del spaghettI western. Fernando Rey (Contacto en Francia) co-protagoniza esta comedia clásica llena de acción, que también presenta la notable música de Ennio Morricone (El bueno, el malo y el feo).