Por José Luis Ortega Torres
Ve a la primera parte de este artículo.
Ken Wiederhorn retoma en 1987 con El regreso de los muertos vivientes II (Return of the Living Dead II), la sátira comenzada dos años antes por Dan O’Bannon, pero, a diferencia de éste, decide llevar al zombie más allá del gag ocasional y transformarlo en una parodia más chusca que terrorífica. Con esta película –estrenada en Estados Unidos en enero de 1988– se abandonaría por completo el terreno del cine de terror para caer en la más grotesca comedia gore, subgénero que alcanzaría su cumbre en 1992 con los delirios neozelandeses de Peter Jackson en Braindead.
A pesar de que parezca lo contrario –debido a su desfachatez– Ken Wiederhorn no era ningún desconocido en los terrenos del cine de terror. En 1977 había dirigido el notable Shock Waves, filme de zombies protagonizado por los emblemáticos actores John Carradine y Peter Cushing. Diez años después de esa cult-movie de serie B y enfocado por completo en la explotación de la vena satírica, se encarga de realizar «…una especie de parodia de la parodia que, de tan grotesca, termina divirtiendo» [1]
Efectivamente, esta segunda parte de la “contratrilogía” de Romero es una nueva vuelta de tuerca en el filón de las comedias gore. Sí bien su antecesora se encargaba de mezclar el género de comedia adolescente con el gore, esta vez toda la anécdota va hilada por gags hasta desembocar en el hilarante final, donde se hace una buena broma parodiando el entonces muy de moda Thriller, con un Michael Jackson zombificado.
La historia por supuesto que no es nada complicada. Parte nuevamente de un descuido del ejército, que pierde unos barriles herméticos donde están contenidos los zombies capturados en la parte anterior, siendo encontrados por el pequeño Jesse y su némesis Billy, el clásico niño abusivo del barrio. Cuando éste abre el barril, es rociado por el gas tóxico, siendo infectado por el virus que lo convertirá paulatinamente en un muerto viviente.
El gas invade un cementerio cercano al lugar del accidente, haciendo que los muertos salgan de sus tumbas en una secuencia muy bien lograda, aterradora y digna del mejor filme de horror clásico. En el cementerio dos ladrones de tumbas son infectados, aunque logran salir del cementerio antes de ser devorados. Uno de ellos es Joey quien es acompañado por su novia Brenda, quien por estar afuera del panteón no es infectada.
Cuando un militar descubre el faltante de los barriles solo atina a exclamar «Oh Dios! Pasó otra vez», y efectivamente, lo que vamos a ver ya lo conocemos de antemano. El colmo de la broma viene de Joey, quien en medio del proceso de zombificación reflexiona «Parece que esto ya lo he vivido antes», lo cual es cierto, ya que el papel es interpretado por Thom Mathews, actor que atraviesa este mismo proceso y por las mismas causas en la anterior parte de Dan O’Bannon. Esto es el colmo.
Pero el hecho de que la película sea una interminable broma no le resta méritos, por el contrario, la factura de realización es correcta, no se advierten errores propios de la serie Z, incluso cuenta con escenas muy logradas, como la ya citada del cementerio, o la final, donde los zombies son electrocutados. Es justo señalar que Wiederhorn logra los siguientes pasos evolutivos del muerto viviente, pues aquí ya hablan, tienen desarrollados el sentido del olfato, la vista y el gusto, pues sólo comen cerebros (a diferencia de los caníbales romerianos que descuartizaban los cuerpos, éstos sólo atacan la cabeza de sus víctimas). Son veloces e incluso inteligentes, como lo demuestra Billy, quien una vez convertido en una de estas criaturas, tiene la capacidad suficiente para saber como activar unos controles eléctricos, además de ejecutar la acción con pleno conocimiento de causa, como bien se deja advertir por una leve sonrisa, mueca de cierto regocijo.
Pero la mejor secuencia viene por parte de la pareja formada por Joey y su novia. Ambos huyen del ejército, que quiere exterminarlo a él, quien paulatinamente ya se ha transformado, pero ella se empeña en intentar salvarlo, aunque no sabe cómo. Finalmente Joey la ataca hambriento, pero Brenda logra escapar entrando a una iglesia de donde no hay escapatoria, y es ahí, en las escaleras del altar, donde Joey le pide sus sesos como “prueba de amor”. Brenda, que a pesar de verlo transformado en zombie aún lo ama, accede y los entrega como prueba de que siempre estará con él. Ken Wiederhorn nos restriega en la cara una malsana boda cúspide de un amor, nunca mejor dicho, más allá de la muerte.
Continuará…
EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES II
Aka. LA DIVERTIDA NOCHE DE LOS ZOMBIES
(Return of the Living Dead II)
Dirección y guión: Ken Wiederhorn; Producción: Tom Fox, William S. Gilmore; Fotografía: Robert Elswit; Música: J. Peter Robinson; Edición: Charles Bornstein; Elenco: Michael Kenworthy (Jesse Wilson), Thor Van Lingen (Billy Crowley), Jason Hogan (Johnny), James Karen (Ed), Thom Mathews (Joey), Suzanne Snyder (Brenda), Marsha Dietlein (Lucy Wilson).
Estados Unidos, 1987 – 89 min.
[1] Valencia, Manuel y Eduardo Guillot. Sangre sudor y vísceras. La Máscara, Valencia, 1996, p. 189.

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