Por: Marco González Ambriz
Cualquier duda sobre la salud mental de Mel Gibson se disipa en la primera escena de Get the Gringo. En ella el actor revive sus mejores épocas, las de Mad Max: se ve un auto que atraviesa un paisaje desértico a toda velocidad seguido de dos patrullas, pronto aparece la famosa barda que separa a México de Estados Unidos, con lo queda claro que los prófugos son delincuentes que buscan atravesar la frontera para escapar de la justicia gringa. Cuando la toma se cierra, revelando el interior del vehículo, descubrimos que en el interior viajan dos tipos disfrazados como payasos, uno se desangra en el asiento trasero mientras el otro conduce. El que va manejando, por supuesto, es Mel Gibson. En el Fray Bernardino ya le tienen apartado su lugar.
De la persecución motorizada pasamos al drama carcelario. El protagonista, quien al ser interrogado siempre da nombres falsos, es arrestado por las autoridades mexicanas y enchiquerado en un infecto centro de readaptación social conocido como “El Pueblito”. El personaje que interpreta Mel Gibson en Get the Gringo es un desequilibrado que en cualquier lado de la frontera debe permanecer encerrado por su propia seguridad y la de los demás, así que lo llamaré “Mel Gibson”, de esta forma me ahorro circunloquios engorrosos. Lo primero que nota Mel Gibson al pisar la cárcel mexicana es que los reclusos son tratados con amabilidad, lo que más le impresiona es el excelente programa de rehabilitación que le ha dado prestigio mundial a nuestro sistema penitenciario. Los presos con los que convive Mel Gibson gozan de privilegios que ya quisieran los desdichados que purgan sus condenas en Suecia o Dinamarca: hay drogas, armas, prostitución, tráfico de órganos, familias enteras con niños pequeños, etc.
En el cine carcelario hay cintas que van desde la denuncia consciente hasta la explotación morbosa de la violencia, pero a los guionistas de Get the Gringo les interesa más retomar la anécdota del forajido que derrota a dos peligrosas bandas criminales enfrentándolas entre sí. Este argumento se ha usado en películas ambientadas en el Japón de los samurai (Yojimbo), en Estados Unidos durante la Prohibición (Last Man Standing) y en el Viejo Oeste (Por un puñado de dólares). Esta última parece haber sido la inspiración para Get the Gringo: en un momento clave de la película, y uno de los más delirantes del cine reciente, Mel Gibson se hace pasar por Clint Eastwood para atacar a un poderoso narcotraficante. El diseño de producción de Bernardo Trujillo está a la altura de las circunstancias. El holgado presupuesto y la libertad creativa de un proyecto donde todo se vale le permiten a Trujillo un barroquismo que no desmerece ante un guión donde las escenas de tortura (dedos mutilados, toques, tehuacanazo) se alternan con chistes.
En realidad Get the Gringo tiene más puntos en común con las modestas producciones destinadas al mercado del video en las que un héroe de acción ya en plena decadencia (Dolph Lundgren, Wesley Snipes, Jean-Claude Van Damme) le da vida a un policía corrupto / agente de la CIA / delincuente honorable que vence, él solito, a la mafia de Uzbekistán / Laos / Albania. Esas películas son entretenidas cuando están hechas con desparpajo y aprovechan el exotismo de las locaciones. Cabe mencionar que en Estados Unidos Get the Gringo no se estrenó en salas cinematográficas, resultado de los escándalos que han acompañado en los últimos años a su actor principal, por lo que la comparación no es tan descabellada. Además en esas películas de bajo presupuesto las mejores actuaciones las ofrecen los villanos, por lo general actores de reparto que hacen esos trabajos para subsistir pero que aprovechan para divertirse con lo absurdo de las situaciones. Algo similar a lo que hacen aquí Daniel Giménez Cacho y Jesús Ochoa.
Otro rostro conocido que en Get the Gringo tiene una participación importante es el de Dolores Heredia y es que Mel Gibson, al igual que muchos hombres que han estado en la cárcel, encuentra el amor tras las rejas. Ahí también conoce a un chamaco que le servirá de guía en el inframundo penitenciario mexicano, interpretado por Kevin Hernandez, jovencísimo actor salvadoreño que para nada desentona con sus veteranos compañeros de reparto. Los que sí quedan un poco a deber son el guión, sobre todo por la voz en off que rara vez tiene algo interesante que decir, y el director Adrian Grunberg. La puesta en cámara de Grunberg tiene momentos efectivos, como la balacera en cámara lenta que está claramente inspirada en Peckinpah, pero también otros donde la edición videoclipera le gana la partida, como la discusión entre Mel Gibson y un abogado corrupto que está resuelta con dieciséis ángulos de cámara cuando un simple two shot era más que suficiente.
Si les gusta Payback, aquella cinta noventera donde Mel Gibson hacía el papel de un criminal que se vengaba de quienes lo traicionaban, es muy probable que disfruten Get the Gringo. El tono es muy similar y el personaje principal es prácticamente el mismo. Claro que hay una diferencia porque Payback se basaba en una novela de Donald Westlake y Get the Gringo es un guión original donde no todas las ocurrencias funcionan. Otro claro antecedente es Hombre en llamas, donde Denzel Washington visitaba el D.F. para exterminar a los secuestradores de Dakota Fanning. Por último, quiero dejar bien claro que no voy a contar el final de Get the Gringo, donde se descubre que todo es una conspiración sionista, porque no me gustan las reseñas que cuentan el final de las películas.
Trailer de Atrapen al gringo (Get the Gringo):
ATRAPEN AL GRINGO
(Get the Gringo / How I Spent My Summer Vacation)
Dirección: Adrian Grunberg; Guión: Mel Gibson, Adrian Grunberg, Stacy Perskie; Producción: Bruce Davey, Mel Gibson, Stacy Perskie; Fotografía: Benoit Debie; Música: Antonio Pinto; Edición: Steven Rosenblum; Elenco: Mel Gibson (conductor), Kevin Hernandez (niño), Daniel Giménez Cacho (Javi), Jesús Ochoa (Maracas), Roberto Sosa (Carnal), Peter Stormare (Frank), Dolores Heredia (mamá del niño)
EE.UU., 2012, 95 min.

Cinefagia en Facebook
1 comment
Gerardo Mares says:
Jun 29, 2012
Juar, juar, juar…
Buen detalle de la información final… parece una película excesiva y de humor involuntario… y nada más por eso la iría a ver… pero haciéndole caso a Kenny y Stan de la serie South Park, ni madres de regalarle mi dinero a este sujeto que me parece bien retratado en esa serie…
Buena crítica, estimado Marco