Por Rodrigo Vidal Tamayo
Para unos cuanto irresponsables conscientes (como el que esto escribe), la paternidad no sólo no es una opción, es algo impensable e inmoral. La sola idea de traer al mundo a alguien que no seremos capaces de cuidar como se debe nos provoca cierto escozor. Lamentablemente la mayoría de los irresponsables lo son debido a una inconsciencia supina. Y entre estos últimos, los punks son conocidos por su estilo de vida irreverente, socarrón y (auto) destructivo.
Claro que esto último aplica únicamente a los punks de boutique, aquellos que se visten con ropas desgarradas, estoperoles y cabellos multicolores por lo bien que se ven, o para usarlo como pretexto para cometer fechorías. Al fin y al cabo son punks. Esta idea es la que ha permeado entre la sociedad, dejando mal aparado a los punks verdaderos, aquellos que viven y luchan por una ideología (con la que podemos o no comulgar), se informan y procuran promover una cultura de la misma. Son estos últimos los que han fabricado uno de los mejores estilos musicales de los últimos años.
El cine ha sido uno de los mayores promotores de los punks sin sesos con películas como Dudes (Penelope Spheeris, 1987) o SLC Punk! (James Merendino, 1998) en dónde los personajes punks se ven bastante bien pero piensan con los genitales. Y como olvidar el ya mítico documental The Decline of the Western Civilization (Spheeris, 1981) en donde parte de la escena punk dura –hardcore– es retratada de manera amarillista y poco amistosa, dejándolos como poco menos que criminales. Sería hasta este siglo, con el documental American Hardcore (Paul Rachman, 2006) que por fin se contaría una historia veraz sobre uno de los pocos bastiones de libertad creativa que quedan (aunque tristemente la innovación, brilla por su ausencia).
La mayoría de los verdaderos grupos punks cantan sobre las injusticias del sistema, el oprobio del sistema, o sobre cómo el sistema los mantiene oprimidos (¿ven lo que decía sobre la innovación?). Ninguno menciona el momento en el que tienen que pasar a formar parte del sistema: cuando tienen una familia. ¿Cómo poder enfrentarse a la realidad cuándo tienen que pagar cuentas, pañales, doctores, una casa? ¿Cómo criar a un vástago bajo las “buenas costumbres” cuando tus canciones hablan sobre corromperlas? ¿La paternidad es una traición a los ideales? La respuesta a esta última pregunta, según el documental The Other F Word, es no; aunque tienes que ajustarlos.
De una manera un tanto acartonada, producto de la –supongo– edición, el documental retrata la vida familiar de grandes luminarias del punk estadounidense. En pantalla podemos ver la vida parental de personajes legendarios como Lars Frederiksen –guitarro y voz de Rancid, una de las bandas más grandes que ha dado el punk–, Fat Mike –bajista y cantante de los, éstos sí, míticos NOFX, y tal vez la persona más famosa dentro de aquella escena–, y Jim Lindberg –ex vocalista de Pennywise, tal vez la última gran banda de hardcore melódico–. Es éste último el detonante de la película, pues su libro Punk rock dad sirvió como inspiración para la realización del documental.
Menciono que el documental es un tanto acartonado puesto que teniendo a tan grandes personalidades, se centra en la persona de Jim Lindberg para, a partir de él, mostrar como algunos punketos famosos han tenido que rendirse al sistema a cambio de poder darles a sus familias una vida decente. El caso de Lindberg es excepcional, pues fue el amor por su familia lo que lo llevó a abandonar su grupo, y esa es la historia central de la película. Lo único genial de todo el metraje es que a los fans nos queda claro que la salida de Lindberg de Pennywise era más que necesaria, incluso uno mismo la solicita a media película, aunque eso haya, si no terminado, sí mermado a uno de nuestros grupos favoritos.
Sin embargo, los demás rockeros no dejan en claro los sacrificios por los que ha tenido que pasar, exceptuando el caso de Duane Peters –vocal de U.S. Bombs– quien tiene una historia tan triste que hasta parece guión de telenovela (con todo respeto para Duane), y se nota metida en el documental únicamente para dar un toque trágico y desviar la atención de la incapacidad del editor para lograr una historia con un ritmo decente. Fat Mike parece actuar sus partes, aunque el cinismo que caracteriza a su banda siempre está presente. Las partes de Lars Frederiksen sólo sirven para mostrar que la discriminación es el pan nuestro de cada día en los suburbios gringos. La historia de Art Alexakis –líder de los para mí desconocidos, Everclear– resulta tan llena de clichés que aburre mientras transcurre, y su final merece la horca para el director. Alguien, por cierto, debería darle unas nalgadas a Mark Hoppus –guitarrista y cantante de Blink 182– junto con su hijo, por ser de lo más anodino de toda la cinta.
A pesar de lo anterior, la película merece ser vista por dos razones. La primera, observar el conflicto que supone a gente rebelde lidiar con el dilema de presentarse o no como una autoridad. Esta situación pone en perspectiva incluso los ideales propios, pues la paternidad cambia por completo la manera de ver el mundo. Ya no se trata de luchar por dichos ideales, ahora se trata de demostrar a los hijos que el mundo puede no ser tan malo, que los tatuajes a veces no son una buena idea y que las palabrotas no siempre son bienvenidas.
La segunda razón es para descubrir que la lucha contra el sistema va menguando con la edad, pero no así el deseo de mejorar. James Lindberg lo deja muy claro: “Tal vez la manera de cambiar al mundo no sea escribiendo una canción punk, tal vez el mundo cambie más rápido criando mejores hijos”. No se ustedes, pero dentro de mi irresponsabilidad, la conciencia dice amén.
The Other F Word (que sin problemas podría traducirse como La otra palabra con p) es tal vez el canto del cisne del hardcore melódico estadounidense, que no ha podido renovarse y sus grandes bandas están alcanzando su senilidad. Después de ver cómo el dilema personal de escoger entre una vida musical y el proteger a su familia puede, incluso, destrozar bandas, queda claro que el punk no está muerto, simplemente está durmiendo de cansancio después de un día de cuidar a los hijos.
THE OTHER F WORD.
Dirección y Guión: Andrea Blaugrund Nevins; Producción: Cristian Crocker-Reilly; Fotografía y Edición: Geoffrey Franklin; Testimonios: Lars Frederiksen, Fat Mike, Jim Lindberg, Duane Peters, Art Alexakis, Mark Hoppus.
Estados Unidos , 2011 – 98 min.
Participaciones: SXSW Festival – Festival Interactivo de Música y Cine South by Southwest en Austin, Estados Unidos 2011; Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, República Checa 2011; Festival de Cine de Woodstock, Estados Unidos 2011; Festival Internacional de Cine de Gante, Bélgica 2011; Festival de Cine de Tallgrass, Estados Unidos 2011; Festival de Cine Estadounidense de Wroc?aw, Polonia 2011.

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3 comments
gema says:
May 21, 2012
Hola, donde se puede ver la movie???
Rodrigo Vidal Tamayo R. says:
May 22, 2012
Hola, yo la ví en youtube. No hay visos de que la traigan a México, así que es
la mejor opción.
gema says:
May 23, 2012
Ok. Gracias.