Por José Luis Ortega Torres
La sumisión del individuo a través del ejercicio del poder impuesto por una fuerza grupal es algo que parece interesarle al cineasta sueco Ruben Östlund. Ya en su anterior largometraje de ficción, Involuntario –vista en el 29 Foro Internacional–, Östlund dejó ver en un puñado de historias cómo es que una personalidad puede ser nulificada al estar en alguna situación que rompe por completo su estado de confort, y sobre de eso mismo gira el argumento de Play. Juegos de hoy, a partir de una situación real que se vivió en los suburbios suecos.
Un grupo de pubertos emprendieron casi medio centenar de asaltos sobre otros chicos a partir de una trampa en que decían que tal o cual objeto de la víctima pertenecía al hermano menor de un miembro de la pandilla, por lo que ahora querían recuperarlo. A partir de ahí el grupo de asaltantes iniciaban un desgastante juego de presión sicológica teniendo como principal arma el miedo que paulatinamente hacían sentir a su víctima. Todo eso es puesto en pantalla por el cineasta sueco quien echa mano de su amplia experiencia en el terreno del documental para poner en escena el recorrido de algunas cuantas horas en la vida de tres chicos subyugados por una pandilla de adolescentes algo mayores, quienes lentamente tejen su trampa al grado de la humillación total.
La cámara, muy discreta en su manejo, se convierte en un testigo presencial único que capta de primera mano las acciones y reacciones de ambos grupos de chicos, siempre sin inmiscuirse demasiado para evitar romper con su vocación documental y con ello traicionar la tensión que paulatinamente se eleva al grado de llevar al espectador a una sincera incertidumbre por el destino de los chicos, tanto de los acosados, como de los acosadores; todos ellos piezas clave en la interacción que no es otra cosa que un microcosmos que el realizador pretende denunciar: una sociedad variopinta y multicultural estancada en fricciones raciales a partir de la inevitable inmigración.
Ahora bien, lo que parece ser un intento de reflexión sobre problemas latentes no sólo en Suecia, sino en prácticamente toda Europa, resultó contraproducente para Östlund, quien ha sido acusado de crear un filme de alto contenido racista, y es que la elección del cast puede no ser demasiado afortunada si uno –como al parecer el propio realizador– se deja llevar por lo estereotipos socio-racistas: las víctimas dos pequeñines arios, suecos de pies a cabeza, y un asiático que resulta dramáticamente patético por su predisposición a la cobardía –se caga, literalmente, del miedo–; en contraparte, los malos resultan una bandita de jóvenes negros con vestimenta hip-hopera, rudos, malhablados y gandallas hasta con sus mayores: el típico malora de las teleseries gringas.
Es ahí donde radica la debilidad del filme y eso es una lástima, pues la tensión que se acumula a partir de un guión bien desarrollado, con logradas explosiones de violencia que transmiten el miedo no sólo de los tres protagonistas, sino también la apatía de aquellos que atestiguan sus acciones en el tranvía y autobuses, e incluso que se someten voluntariamente a sus humillaciones –rasta-man–, se diluye en su poder de inquietar al espectador cuando el director cede lentamente ante los lugares comunes mencionados.
No obstante resulta mucho peor cuando Östlund intenta balancear la situación y pone a uno de los chicos asaltantes en situación de desventaja frente a un adulto, el padre de alguna de sus víctimas, y una mujer intente defenderlo con el cliché de “respetemos a las minorías”. De esta manera Play. Juegos de hoy es un filme que resulta frustrante, pues se convierte en un globo lleno de helio: es atractivo, muy bien terminado, impecable en su forma y sí, nos da un par de horas de entretenimiento; pero nunca perderemos de vista que sólo es una esfera rellena de un gas volátil y neutro que solamente distorsiona, hasta lo ridículo, la voz de quien lo inhala.
PLAY. JUEGOS DE HOY
(Play)
Dirección: Ruben Östlund; Guión: Erik Hemmendorff y Ruben Östlund; Producción: Erik Hemmendorff y Philippe Bober; Fotografía: Marius Dybwad Brandud; Música: Saunder Jurriaans y Daniel Bensi; Edición: Jacob Secher Schulsinger; Elenco: Kevin Vaz, Yannick Diakité, Abdiaziz Hilowle, John Ortiz, Nana Manu, Anas Abdirahman, Sebastian Hegmar.
Suecia-Dinamarca-Finlandia, 2011 – 118 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Gijón –Premio a Mejor Director–, España 2011; Festival Internacional de Cine de Tokio –Premio a Mejor Director–, Japón 2011; Festival Internacional de Cine de Dublín –Premio Especial del Jurado de la Crítica–, Irlanda 2012.

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2 comments
Panama says:
May 26, 2012
¡Y que si funciona! Si Östlund dice la verdad, si su objetivo era provocar el debate y hacer que los suecos se replanteasen su mirada hacia la inmigración jugando con los prejuicios y los falsos estereotipos, entonces es un genio. De hecho, Play se pasó por primera vez en el barrio de Hisingen, en Gotemburgo (una ciudad en la que se mezclan más de 200 nacionalidades), ante un público colegial, trasladando sus reflexiones y preguntas a unos chavales que podrían verse perfectamente reflejados en la pantalla. Y, sorprendentemente, el teatro que se exhibió la película la mantuvo para que otros colegios pudiesen llevar a sus escolares. Otros dirán que Ruben se aprovechó de un tema delicado para pegar el pelotazo. En mi opinión, la provocación es parte del cine, y cuando está justificada se convierte en una parte “esencial” del mismo.
Ricardo minijuegos says:
May 29, 2012
Hoy dia los chicos estan mucho con las tecnologias es la parte mala de ser adicto o comenzar a utilizar mucho las personas se cierran socialmente y no disfrutan de los amigos de su edad o no salen a divertirse afuera