Por Eduardo Sánchez Villagrán

Ve a la segunda parte de este texto

La huella de Jodorowsky siempre ligada al escándalo, acá en "El Topo"

 

De todos modos Juan te llamas

La llegada de Luis Echeverría al gobierno federal significó un giro radical en la participación estatal dentro de la industria fílmica mexicana. El Estado financia gran cantidad de películas, muchas con supuestas tendencias de libertad de expresión, con la llamada “apertura democrática”, eslogan recurrente en el gobierno entrante para aliviar la tensión y los conflictos heredados por su antecesor, por lo que se abrieron las puertas del sindicato cinematográfico y nuevos valores  propondrían un cine de denuncia, con afinidades izquierdistas y alejada de la vieja guardia.

Un caso poco conocido fue cuando los productores nacionales buscaron librar una batalla con la censura del Banco Cinematográfico, “instancia que revisaba los guiones, mientras que la Dirección de Cinematografía cortaba las escenas que no se plegaban al reglamento vigente. Por lo que El topo de Alejandro Jodorowsky (1970) sufrió el recorte de casi 30 minutos”.

Las palabras altisonantes o leperadas en el cine se hacieron comunes desde Mecánica nacional de Luis Alcoriza (1971), donde la abuelita del cine nacional, Sara García, mentaba madres por doquier; aunque dos años antes, El cambio de Alfredo Joskowicz (1969) resaltaba en la cinta con un “eres un hijo de tu rechingadísima madre”.

 

El tragicómico sepelio de la abuelita mienta-madres en "Mecánica nacional"

La supuesta libertad de expresión durante el período fue muy cuestionada, una vez que el hermano menor del primer mandatario, Rodolfo Echeverría, asumía el cargo de presidente del Banco Cinematográfico con presupuestos considerables para filmar, muchos cineastas vieron una oportunidad para  presentar un proyecto ajeno a la línea presidencial, sin embargo, sus arriesgadas intenciones fueron poco fructíferas.

La supervisión cinematográfica estuvo a cargo de Hiram García Borja, titular de la Dirección General de Cinematografía, quien de acuerdo a la Ley de la Industria Cinematográfica, instauró la política de supervisión de guiones para dar autorización a su filmación, mientras que el Banco Cinematográfico pedía como requisito que el proyecto tuviera la aprobación del organismo encargado, ya que de lo contrario, no contaría con el presupuesto.

Estos criterios fueron muy cuestionado por los detractores al sistema de gobierno, aunque el propio García Luna se curaba en salud declarando: “El único motivo de censura es el mal gusto, sabemos bien que hace falta un cine de crítica social de todas sus manifestaciones; pero ese debe plantearse con talento, con buen gusto, con audacia, en fin, con inteligencia.” (sic.)

El misticismo indígeno-chabacano encuerador de "Auandar Anapu"

En 1974, el cineasta Rafael Corkidi se inconformó ante las autoridades cinematográficas, ya que su filme Auandar Anapu tenía que ser  mutilada para poder explotarse comercialmente, al final una salida “decorosa”: se autorizó para proyectarse sólo en salas de arte donde “puede ser mejor vista y comprendida”.

El caso de las cintas Apolinar, de Julio Castillo (1971) y Pubertinaje, de Antonio Alcaraz (1971) permanecieron prohibidas hasta el sexenio siguiente, lo mismo sucedió con Nuevo mundo, de Gabriel Retes (1976), producción que trastocó el mito guadalupano.

 

Isela Vega y el impúdico cojedero clerical de "La viuda negra" escandalizó a la purísima Pésima Musa...

Las apariencias engañan

El sexenio lopezportillista, sin duda, será recordado como uno de los más vergonzosos en la historia del cine nacional, no conforme con desmembrar la estatización del cine apenas tres años atrás.

Diversos recursos se utilizaron para ejercer la censura, siendo el caso más sonado el de La viuda negra, de Arturo Ripstein (1977), cinta que narra los amoríos de un cura con su ama de llaves. Basada en la obra teatral Deberían haber obispas, del dramaturgo Rafael Solana, se le consideró poco apta, por lo que la decisión fue simple: vetarla.

En una entrevista con la entonces titular de la naciente Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía, Margarita López Portillo, declaró lo siguiente: “Es una película bien hecha, muy buena, pero tiene tal cantidad de …para el pueblo, por su agresividad, creo que sería éste el primero en rechazarla. No es una película que yo contenga,  es una que no creo que el pueblo esté capacitado para verla, por la cantidad de agresión que tiene el filme. Si en el próximo sexenio la quieren enseñar, que la enseñen, yo por mi parte prefiero guardarla” (dixit.). Fue estrenada hasta 1983, tras infringirle un par de recortes.

Las apariencias engañan (1978) y María de mi corazón (1979) de Jaime Humberto Hermosillo, tuvieron que esperar seis y cinco años respectivamente para ver la luz.

Ve a la cuarta y última parte de este artículo.

Mira el trailer de María de mi corazón, de Jaime Humberto Hermosillo: