Por Rubén Martínez Pintos

Con el éxito mundial del ítalo-western a finales de los sesentas, el paso lógico fue que varios realizadores seguieran la pauta marcada por estas cintas. El héroe sonriente del western era una imagen anticuada, ahora se trataba del antihéroe sin afeitar y con ropa cubierta de tierra. Las historias eran sobre venganzas o ambiciosos villanos buscando oro a toda costa. Un intento de seguir la ola del spaguetti western en nuestro país seria El Tunco Maclovio, con dirección de Alberto Mariscal. Cinta claramente inspirada por estas películas del país de la bota, El Tunco no es una mera imitación pálida del genero, es su propia cinta… con sus altas y bajas. Mariscal y el guionista Jose Delfos no están tan interesados en los despliegues de acción, más bien en lo que rodea a la violencia misma de estas historias, el antes y el después, y como afecta a los que viven por y para ésta.

El Tunco (Julio Alemán) es un pistolero de mirada cansada y semblante desgastado. Su habilidad con el revolver es conocida y es por ésto que se le llama para cumplir con un trabajo para una poderosa mujer de hacienda, Laura Montaño, un personaje que nunca vemos, pero cuya sombra sobre la historia es pesada. La encomienda para el Tunco es simple: acabar con Julián (Juan Miranda). Pero las cosas son mucho más complejas de lo que parecen conforme entran más personajes a cuadro. La hija de doña Montaño, Sara (Barbara Angely) pareja sentimental de Julián, y mano de hierro en la hacienda de su madre, no será precisamente una aliada para el Tunco. Sumemos la misteriosa figura de Juan Mariscal (Mario Almada) alguien que parece saber bastante del pasado del Tunco, y tenemos ya a una serie de figuras en camino de colisión.

La dirección de Mariscal es bastante sobria, careciendo de los excesos operáticos que uno espera en estos platos de spaguetti. Este plato no tiene mucha salsa de tomate, en raras ocasiones vemos al protagonista desenfundar su arma, y cuando esto sucede termina más rápido de lo que nos da tiempo de procesar lo que vimos. Definitivamente la dirección y edición de la cinta siguen teniendo sus raíces en principios muy tradicionales del western. Mientras Leone y otros directores italianos situaron las cámaras detrás de la cintura de sus antihéroes, permitiendo al espectador ver con lujo de detalle como utilizaban sus revólveres, la acción aquí es más apegada al western estadounidense. Una toma de frente de una mano disparando una colt / corte al enemigo cayendo al suelo / y repetir. Es más abrupto y deja menos tiempo para paladear lo sucedido. Esto funciona a veces a favor y a veces en contra de la cinta, en algunos momentos resulta difícil saber quién le disparo a quién, hasta que vemos los cuerpos caer.

La presentación de la película se apega bastante a la de sus contrapartes italianas, un oeste sucio, polvoso y bastante rústico. La banda sonora tampoco pierde tiempo en tratar de dar un aire a la Morricone o Nicolai. Aunque por momentos pareciera romper las cacofonías spaguettiescas y salta de lleno y sin reparos a temas más bombásticos y propios de algún comercial de cigarros. El tema principal de la cinta cumple, sin ser particularmente memorable.

La historia del Tunco se desenvuelve más como una tragedia griega, donde los personajes son víctimas de circunstancias a veces fuera de su control, y donde las emociones humanas mas viscerales se apoderan del buen juicio de varios de los personajes. El Tunco desea dejar el mundo de la violencia, evitando las confrontaciones en la mayor medida posible. Su encuentro con un joven ladronzuelo, Marcelo (Julian Bravo) lo motiva aún más a dejar los caminos de la bala fría. En el rol principal el señor Julio Alemán interpreta al Tunco con la seguridad y presencia que un buen actor protagónico debe tener. Aires de Django y el Man with no name sin duda soplan cerca de él cuando lo vemos cabalgando en las primeras escenas, pero conforme se desarrolla la historia, Alemán le da al personaje matices muy propios. De igual manera se merece atención el papel interpretado por Mario Almada, quien aun operando dentro de los confines de su figura fílmica de hombre recio y de habla seca, logra darle más humanidad a su personaje de la que uno se imaginaría. El papel le va como anillo al dedo, sin duda. El resto del reparto varía en calidad, pero incluso las actuaciones más grises –como la de Barbara Angely– no desentonan en la atmósfera de la historia. Su personaje tampoco es precisamente un punto fuerte del guión, la vemos como una figura de gran autoridad ante figuras masculinas, sólo que luego la vemos cabalgando casi en topless. Cualquiera familiarizado con el western, sin importar su formato o presentación, no deberá sorprenderse de esto. La figura de la mujer en el western siempre termina de un modo u otro como aperitivo visual de la audiencia masculina, para bien y para mal.

Lo aparentemente elemental de la premisa se revuelve un poco por la forma en la que ésta es contada. La primera mitad toma tiempo en agarrar ritmo y de repente la segunda se pone a explicarnos las cosas con bastante lujo de detalles. Estos cambios de ritmo descontrolan un poco y hacen que la cinta pierda fuerza en la historia que esta contando.

El Tunco Maclovio es un proyecto admirable del cine mexicano por seguir una corriente fílmica explosiva y llena de posibilidades. Si bien no acierta en todos sus disparos, la cinta no deja de ser una entrada respetable en el universo del western hecho en México y un recordatorio de que, lamentablemente, figuras con el peso escénico de un Julio Alemán, y sí, el mismo Mario Almada, ya no se encuentran con facilidad en el cine nacional de estos días. Pero ese ya es otro tema.

Cartel con el título de exhibición en España, "Deuda de muerte"

EL TUNCO MACLOVIO

(En España: Deuda de muerte)

Dirección: Alberto Mariscal; Guión: José Delfoss; Producción: Óscar J. Brooks; Fotografía: Rosalío Solano; Música: Ernesto Cortazar Jr.; Edición: Carlos Savage; Elenco: Julio Alemán (Maclovio Castro El Tunco), Mario Almada (Juan Mariscal), Bárbara Angely (Sara Montaño), Nora Cantú (prostituta), Juan Miranda (Julián Mocada), Julián Bravo (Marcelo Pavón), Eric del Castillo (Yuma), Juan José Laboriel (Clemente).

México,  1969  –  95 min.