Una vida mejor (A Better Life)
Por José Luis Ortega Torres
Hace unos días cometí un error en el twitter de Cinefagia que me valió un buen número de #fail cuando postée la noticia de la nominación al Óscar de Demian Bichir por la “inédita en México” Una vida mejor. La culpa fue mía por no consultar primero la base de datos de estrenos de Cinefagia, la que arrojó como fecha de su estreno comercial (previa presentación en el FIC Morelia) el 21 de octubre del 2011, o sea que hasta antes del conocimiento de las nominaciones la película pasó, por completo, desapercibida. Aún hoy, en su “sonado re-estreno”, creo que poca gente ha acudido a verla.
Realizada por un director poco inspirado como el neoyorkino Chris Weitz, cuya mejor cinta hasta ahora era About a Boy (a menos que alguien prefiera La brújula dorada o Crepúsculo: Luna nueva), Una vida mejor parte de una premisa común en el cine de temática aspiracional: un padre jodido se parte el lomo trabajando para darle a su hijo justamente eso, una vida mejor. La cosa no es para nada sorprendente ni mucho menos, pero su punch para con la Academia de Hollywood es que se cuenta mayormente en español, se ubica en Los Ángeles y es entre indocumentados mexicanos.
Técnicamente la cinta tiene una buena factura y no es de extrañar que en plenos procesos políticos previos a unas elecciones presidenciales donde se necesita urgentemente el voto del sector latino (pero muy particularmente de la mano de obra mexicana), no es de extrañar que la historia avance por la vía melodramática dulzona y chapucera, donde un ilegal mexicano apenas si se entiende con su hijo –quien no quiere hablar español– no tanto por lo generacional, sino por la inconformidad del vástago, su falta de identificación nacional –tema mucho mejor explotado en el cine chicano real– escasez de oportunidades y la develación funesta de que el american way of life es para ellos, en realidad, un largo empedrado.
Una vida mejor es una cinta que hace las delicias de los gringos presentando personajes bidimensionales: o sufren o… sufren; diálogos que señalan al mexicano temeroso de su suerte, como esa donde mister Carlos Galindo –Bichir– dice que prefiere estar “agachadito, calladito”, cuando se rehusa a comprar la camioneta de su compadre; pero que al final, cuando se anima a tomar las riendas de su destino, una nueva fatalidad parece sumirlo, quiebre argumental que nos lleva a la situación esperada: el auto afirmación del adolescente –por su parte vagamente tentado por asumirse como pandillero en lugar de “hombre de bien”– a partir del reconocimiento de sus raíces patrias –para lo único que sirve, por cierto, la escena de las charreadas– y la separación de su padre.
Una vida mejor no es una mala película, simplemente resulta acartonada y pueril en la visión miope de una historia que quizás en manos de realizadores chicanos/migrantes conocedores del problema real de la situación de los indocumentados mexicanos propusieran para esta misma premisa una mejor resolución desde sus distintos ángulos; por ejemplo, Lourdes Portillo seguro le hubiera dado otro peso a Anita, la maid hermana de Carlos; Gregory Nava tal vez hubiera enfatizado la rigidez/solidaridad de la familia como unidad social; o bien nos hubiéramos topado con el reclamo laboral del olvidado cineasta Jesús Salvador Treviño.
Quizás lo que más se deba de reprochar es el grado de manipulación acomodaticia que impone estamentos por nacionalidad: hasta abajo el lumpen villano que empuja a Carlos a la desgracia, un salvadoreño que “muerde la mano” de quien lo ayuda; en medio el mexicano pujante –que aunque se vista de owner, mojado se queda– repatriado y echado voluntariamente de nuevo al desierto en un camino más bien circular; y hasta arriba de la pirámide, el gringo que impone su justicia y mira de reojo las causas y conflictos, justo como un realizador del todo alejado de la frontera y su particular universo.
UNA VIDA MEJOR
(A Better Life)
Dirección: Chris Weitz; Guión: Eric Eason, basado en una historia de Roger L. Simon; Producción: Jami Gertz, Paul Junger Witt, Stacey Lubliner, Christian McLaughlin, Chris Weitz, Laura Greenlee; Fotografía: Javier Aguirresarobe; Música: Alexandre Desplat; Edición: Peter Lambert; Elenco: Demián Bichir (Carlos Galindo), José Julián (Luis Galindo), Joaquín Cosío (Blasco Martínez), Dolores Heredia (Anita), Gabriel Chavarría (Ramón), Chelsea Rendón (Ruthie Vázquez).
Estados Unidos , 2011 – 98 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Morelia, México 2011; Festival Internacional de Cine de Tokio, Japón 2011; Nominación al premio a Mejor Actor, Gremio de Actores de los Estdos Unidos, 2011; Nominación al premio Óscar a Mejor Actor –D. Bichir–, Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, Estados Unidos 2012.


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Te falto mencionar la actuación de Bichir. ¿Es tan buena como dicen?
¡Saludos Lonje!
Sí me faltó anotarla, pero fue con toda la intención.
CHAU!
JLO
Te comento algo: la siguiente de tus frases:
“donde un ilegal mexicano que apenas si se entiende con su hijo –quien no quiere hablar español– no tanto por lo generacional, sino por la inconformidad del vástago, su falta de identificación nacional –tema mucho mejor explotado en el cine chicano real– escasez de oportunidades y la develación funesta de que el american way of life es para ellos, en realidad, un largo empedrado.”
No tiene sentido, puesto que le falta un verbo o le sobra un “que”.
Sé que tenías prisa por denostar la película y por enumerar la mayor cantidad de defectos en ella, pero por lo menos, fíjate en la redacción.
Saludos
¡Saludos Omar!
Muchas gracias por tu anotación, en efecto, le sobró un “que”. Corregido está.
No dejes de leernos.
JLO
Y a ti te sobran comas compa. Saludos