Por: Marco González Ambriz

Era inevitable que el cuarto largometraje de Michel Hazanavicius obtuviera premios y nominaciones en los principales certamenes cinematográficos, así como el reconocimiento de la crítica, por dos razones. La primera es que si hay algo que le gusta a la industria fílmica es congratularse, reafirmar la importancia del séptimo arte y celebrar su glorioso pasado es para productores y organizadores de festivales algo tan natural como respirar. Incluso los críticos, de quienes cabría esperar un mayor escepticismo, difícilmente se resisten a las películas que les asegura que pasarse media vida en una sala de proyección es la actividad más provechosa que pueda imaginarse. La segunda razón para el éxito de El artista es que es, en efecto, un espectáculo muy agradable y tan inofensivo como un algodón de azúcar.

Las dos cintas anteriores de Hazanavicius, OSS 117: Le Caire, nid d’espions (2006) y OSS 117: Rio ne répond plus (2009), eran una afectuosa parodia de las imitaciones de James Bond que proliferaron en la década de los sesenta. En México tuvimos las raquíticas aventuras de Alex Dinamo mientras que en Italia se rodaron títulos como Lightning Bolt o Secret Agent Fireball (ambas de 1966). El representante galo de esta tendencia fue, precisamente, el agente 0SS 117. Además de recrear el estilo visual y narrativo de esas películas Hazanavicius se permitía algunos apuntes satíricos sobre el colonialismo francés. Es de suponer que esto último fue una aportación del coguionista Jean-François Halin, ya que El artista, que fue escrita íntegramente por Hazanavicius, rehúye cualquier tipo de alusión a situaciones políticas o económicas, pese a que está ambientada en la época de la Gran Depresión.

El artista narra el efecto que tuvo la llegada del cine sonoro en la trayectoria de dos actores de Hollywood, George Valentin (Jean Dujardin) y Peppy Miller (Bérénice Bejo). En 1927 George Valentin es una de las grandes estrellas de la industria y está lejos de imaginar la importancia que la inminente aparición del sonido sincronizado tendrá en su carrera. Al mismo tiempo Peppy Miller es una aspirante a actriz que en la premiere de A Russian Affair, la más reciente película de Valentin, llama la atención de los fotógrafos, logrando ingresar a los estudios Kinograph como extra y más tarde como actriz en pequeños papeles. Mientras que Valentin se niega a aceptar que el cine sonoro sea algo más que una moda pasajera Miller se ve beneficiada por éste y para 1929, el año en que el mercado de valores se desploma, los papeles se han invertido. Ahora George Valentin está en el olvido mientras que Peppy Miller es una de las actrices más famosas de su generación.

Dado que Hazanavicius decidió respetar lo más posible la estética del Hollywood de hace ochenta años la melodramática historia de El artista incluye también romance, comedia, un perrito amaestrado que salva la situación, números musicales y, por supuesto, un final feliz. Además se presenta en blanco y negro, en el formato de 1.33:1 que se usaba en aquella época y con intertítulos en vez de diálogos. En realidad el cine de las primeras décadas nunca fue silente, en las funciones más lujosas había una orquesta completa y en las modestas el acompañamiento corría a cargo de un conjunto más reducido o de un pianista. El artista respeta esta convención con una banda sonora compuesta por Ludovic Bource, con estilos que van desde lo jazzístico hasta lo abiertamente melodramático, y también se utilizan fragmentos musicales ya conocidos, incluyendo soundtracks de películas que influyeron al director. Esto último provocó la queja de Kim Novak, quien participara en De entre los muertos (Alfred Htichcock, 1958), una de las cintas a las que se hace alusión, a lo que Hazanavicius debió responder que ellos tenían autorización para usar la música.

Visualmente El artista también está repleta de referencias a películas admiradas por el director. Un set de tres pisos sirve para establecer un simbolismo un tanto primario, contrastando la trayectoria ascendente de Peppy con la decadencia de George, a la vez que recuerda a Spione, el thriller dirigido en 1928 por Fritz Lang. El desgaste en el matrimonio de George con su esposa Doris se resuelve con una elipsis que está calcada de Ciudadano Kane. En el papel principal Jean Dujardin nos recuerda a Douglas Fairbanks, Errol Flynn, Gilbert Roland y, por supuesto, Rodolfo Valentino. Una convención del cine silente que Hazanavicius prefirió no respetar fue la coloración monocromática, técnica que se empleaba para darle a cada escena una atmósfera particular. Se usaba, por ejemplo, el azul para las escenas nocturnas, el naranja en las domésticas, el rojo para los incendios.

Tampoco es que sea indispensable ser un experto en el cine de hace ocho décadas para disfrutar El artista, Hazanavicius encontró la forma de concentrar varios de los aspectos más atractivos de esas películas en un experimento que es muy accesible para el público contemporáneo. En El artista se pasa de un género a otro de manera fluida, con actores tan carismáticos como Jean Dujardin o Bérénice Bejo, que no por ser la esposa del director desmerece en un elenco que incluye a John Goodman o al veterano James Cromwell. El juego metacinematográfico que propone Hazanavicius es ingenioso pero menos innovador de lo que podría pensarse. En la historia de cine abundan las películas que hacen referencia a prácticas de la industria o que se mofan de sus lugares comunes, desde The Cameraman (1928) hasta Barton Fink (1991), y en cualquier caso el canadiense Guy Maddin nos ha ofrecido, desde 1988, reelaboraciones mucho más interesantes del cine en sus primeras décadas.

Trailer de El artista (The Artist):

EL ARTISTA
(The Artist)
Dirección, Guión: Michel Hazanavicius; Producción: Thomas Langmann; Fotografía: Guillaume Schiffman; Música: Ludovic Bource; Edición: Anne-Sophie Bion, Michel Hazanavicius; Elenco: Jean Dujardin (George Valentin), Bérénice Bejo (Peppy Miller), Uggie (el perro), John Goodman (Paul Zimmer), James Cromwell (Clifton), Penelope Ann Miller (Doris), Missi Pyle (Constance), Beth Grant (mucama de Peppy), Ed Lauter (el mayordomo)
Francia – Bélgica, 2011, 100 min.