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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Necesitamos hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin)

Por José Luis Ortega Torres

De repente surgen filmes que se convierten en un golpe bajo para la audiencia. Películas que de principio se alejan del mainstream para lograr una sólida creatividad artística a partir de historias nada complacientes con el tema que buscan desarrollar, y que puestas en escena consiguen crear momentos de reflexión a partir de la experiencia fílmica. Luego, que películas con estas características se cuelen entre el maremágnum de estrenos mucho más convencionales y el boca a boca los coloque como indispensables de ver, es una anomalía. Necesitamos hablar de Kevin es una de estas anomalías. Y se agradece.

Con guión (a partir de la polémica novela de Lionel Shriver) y dirección de la prácticamente desconocida en México Lynne Ramsay (Ratcatcher, 1999;  Morvern Callar, 2002), Necesitamos hablar de Kevin es un filme que se estructura a partir de distintos momentos en la vida de Eva Khatchadourian y la relación con su hijo Kevin, un adolescente patológicamente malvado. Por decirlo de alguna manera, él es una “mala semilla” desde su nacimiento y el filme narra cómo éste arrastra hacia el abismo la vida de su madre, a partir de una relación estrecha y dominante que nulifica la personalidad de Eva, quien sabe que algo no está bien en el chico, pero que a medio camino entre la desesperación y el miedo, lo deja pasar.

La historia, aunque comienza en un instante del pasado de Eva, nos lanza a un vaivén de flashbacks de momentos determinantes que tiran pistas al espectador de cómo su vida se va tornando insoportable. Lo que en principio se pretende una relación de pareja estable y hasta cierto punto idílica, da paso al caos ante un embarazo a todas luces no deseado que desestabiliza a la mujer poniéndola en una situación que no comprende. Situaciones como esa son perfectamente descritas en escenas sin diálogos innecesarios, sino a partir de una sutil puesta en escena donde las acciones, llevadas en silencio por Eva, demuestran sus distintos estados: sentada, por ejemplo, sola y abatida en medio de un vestidor y rodeada de alegres mujeres encinta.

Es justo la mise-en-scène lo que hace que la cinta se inserte muy pronto en el inconsciente del espectador a partir del manejo de heterogéneas texturas, movimientos de cámara y desasosegantes cromatismos que diferencian los diversos tiempos de la cinta. Así, para el pasado más lejano, justo al inicio de la cinta, se utiliza el ralentí, los planos cenitales, la fotografía luminosa y a partir de entonces una ominosa presencia del color rojo  para lograr engarzarse directamente con un presente donde este mismo color filtra la luz hacia su rostro –desde las ventanas de su cuarto–, trasladándonos hacia una actualidad decadente donde una lánguida Eva descubre que su casa y automóvil han sido anónimamente manchados con pintura roja, detalle del guión que se convierte en un simbolismo algo rutinario, pero sin duda funcional para lograr detalles visuales y de psicología del personaje reveladores: el parabrisas de su auto, igualmente sucio de pintura, distorsiona no sólo la mirada de Eva hacia el exterior, sino también en viceversa.

Si bien NHdK es un filme donde corren las acciones con una cronología no lineal, éstas se mantienen perfectamente coherentes en el entendimiento del público por un cuidadoso juego con la edición, logrando grandes momentos en el montaje (en su concepto intelectual) por medio de transiciones no sólo visuales, sino también auditivas, con recursos sonoros que nos trasladan entre los diferentes tiempos sin perder la unidad de acción. Ramsay dosifica la información desmenuzándola para lograr una identificación con el momento preciso de Eva que le interese exaltar: su cansancio ante el constante llanto de Kevin recién nacido, sus primeros intentos de jugar con él con una pelota –roja– ante la penetrante mirada del bebé; el yerro que la hace esconderse en el supermercado –entre latas… rojas–; su desconcierto frente a un pediatra seguro de que todo estará bien mientras examina al niño –en jersey rojo–; su espera en la sala de un hospital –vestida de rojo– el día que le rompió un brazo; y después, en el presente, cuando el desconsuelo de ella en un estacionamiento –en medio de dos automóviles rojos– le haga huir de la gente pero ser reconocida por un chico en silla de ruedas. Eva está destrozada en todo momento, y el complemento a esa personalidad desarticulada no será su gentil marido, sino el chico que la mantiene asustada, dominada y permanentemente desconcertada y a la expectativa. Él es una personalidad de patología destructiva desde el inicio de su vida.

A pesar de esa no-cronología NHdK tiene un punto de inflexión determinante y bien reconocible en el estallido de odio de Kevin a tres días de cumplir los 16 años, evento que marca el destino trágico de Eva y gatillo que desata sus memorias y determina su presenta, sin embargo Lynne Ramsay evita regodearse en ese evento utilizándolo sólo como excusa argumental para tirar hacia atrás viendo no las consecuencias del hecho en sí mismo –aunque las roza en el tiempo actual del filme–, sino los antecedentes que lo explican como derivado del proceso de maduración de una personalidad –torcida, sin duda– hasta desembocar en un cauce macabro, pero natural; no obstante la realizadora no lo juzga ni somete a análisis morales, teológicos ni psicológicos: lo expone como una llana consecuencia.

Sí, estamos ante el nacimiento de un ser monstruoso, un nuevo émulo de Eric Harris y Dylan Klebold –otro de tantos que surgen cíclicamente del negro útero del dudoso american dream– en una nueva Columbine, pero no ante un filme que busque diseccionar su mente ni las implicaciones sociológicas de sus actos, sino ante el retrato íntimo del ser que le dio vida y que no se explica de dónde proviene tanta maldad ¿es intrínseca a ella?, ¿es su culpa que exista?

Si bien los simbolismos se hacen presentes, existen a partir del proceso de duelo de Eva y se convierten en la representación física de su proceso de aceptación, más nunca de comprensión: la casa será restablecida en su blancura al mismo tiempo que ella se deshace de su errónea posición de culpabilidad asumida y comience a marcar un distanciamiento prudente de los hechos (un abrazo que no anuncia comprensión ni mucho menos perdón), y si bien aún no termina de comprenderlos, sabe que su renacimiento está caminando de frente, y firme, hacia un fundido a cegadores blancos que no anuncia el fin, sino un nuevo comienzo.

NECESITAMOS HABLAR DE KEVIN

(We Need to Talk About Kevin)

Dirección: Lynne Ramsay; Guión: Lynne Ramsay y Rory Kinnear, basados en la novela homónima de Lionel Shriver; Producción: Jennifer Fox, Luc Roeg, Robert Salerno; Producción ejecutiva: Steven Soderbergh, Tilda Swinton; Fotografía: Seamus McGarvey; Música: Jonny Greenwood; Edición: Joe Bini; Elenco: Tilda Swinton (Eva Khatchadourian), John C. Reilly (Franklin), Ezra Miller (Kevin, adolescente), Jasper Newell (Kevin, niño), Rock Duer (Kevin, bebé), Ashley Gerasimovich (Celia).

Gran Bretaña  –  Estados Unidos,  2011  –  112 min.

Participaciones: Festival de Cine de Cannes, Francia 2011; Festival de Cine de Telluride, Estados Unidos 2011; Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2011; Festival de Cine de Reikiavik, Islandia 2011; Festival de Cine de Londres –Premio a Mejor Película–, Gran Bretaña 2011; Festival de Cine de Atenas, Grecia 2011; Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro, Brasil 2011; Festival Internacional de Cine de Busán [Pusan], Corea del Sur; Festival Internacional de Cine de Gante –Premio Canvas de la Audiencia–, Bélgica 2011; Festival de Cine de Mill Valley, Estados Unidos 2011; Festival Internacional de Cine de Los Hamptons, Estados Unidos 2011; Festival de Cine Noches Negras de Tallin –Premio del Jurado– Estonia 2011; Festival Internacional de Cine de Morelia, México 2011;  Festival Internacional de Cine de Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos 2011; Festival Internacional de Cine de Chicago, Estados Unidos, Semana de Cine de Ámsterdam, Países Bajos 2011; Festival Internacional de Cine de Liubliana, Eslovenia 2011; Festival del Instituto de Cine de Los Ángeles – AFI Fest, Estados Unidos 2011; Festival Internacional del Arte de la Cinefotografía – Camerimage, Bydgoszcz, Polonia 2011; Festival Internacional de Cine de Gotemburgo, Suecia 2012.

 

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1 Comment

  1. Me parece que no presenciamos el nacimiento de este monstruo porque realmente no se explica de donde viene ese comportamiento. Básicamente nace malo y realmente no parece que mientras crece se vaya haciendo peor, eso sí, su maldad tiene mayor alcance.

    Emparentarlo, como lo haces, con los chicos del Columbine, me parece más sensacionalista que real porque la película no se plantea ser un estudio sobre este tipo de asesinos, y por lo tanto no explica que hay detrás de Kevin. En sí, el filme no tiende la trampa pero el espectador puede ser proclive a engancharse en ello. ¡Ojo!, porque la onda de los casos reales es totalmente diferente a la de Kevin.

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