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Caballo de guerra (War Horse)

Por: Marco González Ambriz

Corren los caballitos, los grandotes y los chiquitos, y al concluir la guerra la fábrica de pegamento los espera. En los albores de este drama barato despuntan las mañas del peor Spielberg: una grúa eleva la cámara de Janusz Kaminski sobre una ladera de la idílica campiña inglesa, la batuta de John Williams conmina a los atrilistas a exprimirle toda la melcocha a sus instrumentos, el actor protagónico trepa la escarpada pendiente para presenciar maravillado al potro recién nacido. Lo que sería un remate cursilón para una de esas intrascendentes películas televisivas sobre un muchacho y su mascota (perro, gato, marrano, lo mismo da) es en Caballo de guerra sólo la advertencia de que el director no se andará por las ramas para enternecer al público de zafios que lo ha convertido en el cineasta más exitoso de la historia.

El guión de los mediocres Lee Hall y Richard Curtis adapta una novela infantil de Michael Morpurgo que ya había sido llevada al teatro. La novela está contada desde el punto de vista de Joey, un caballo que es vendido al ejército británico al estallar la Primera Guerra Mundial y que añora regresar a la granja de Devon donde lo espera su dueño Albie. La obra de teatro ganó premios por la extraordinaria coreografía empleada para simular la presencia de los equinos sobre el escenario. Estos dos elementos, el punto de vista del animal y la réplica de los caballos, se pierden de inmediato en la versión cinematográfica. En Caballo de guerra Spielberg se inspira en los directores clásicos de Hollywood, con John Ford a la cabeza, pero sus limitaciones lo conducen sin remedio a una puesta en escena anticuada, repleta de reaction shots enfáticos, trátese de interminables dolly-ins cuando los actores se admira del jamelgo estelar o de detalles tan superfuos como el lagrimón que suelta Emilie tras escuchar la enredada metáfora de su abuelo.

-Eres la yegua más hermosa que he visto. - Soy macho, imbécil.“-Eres la yegua más hermosa que he visto. – Soy macho, imbécil.”

Sin el hilo conductor que es la perspectiva de Joey la película se reduce a una aburrida cadena de personajes que a fin de cuentas no le aportan nada a la historia, como los reclutas alemanes o el granjero francés. Cuando Caballo de guerra llega a ser entretenida es porque se le va de las manos al director. Antes de que Joey engrose las filas del ejército británico, por ejemplo, hay una escena donde Albie y Joey intentan arar un campo pedregoso. La tarea parece imposible porque Joey no es la bestia indicada para esa tarea. El padre de Albie, un alcohólico redomado, debía comprar un percherón para una labor tan difícil pero al ver a Joey en subasta pudo más su antojo por poseer un pura sangre. De cualquier manera Albie se dispone a intentar el arado cuando de improviso aparecen todos los lugareños para presenciar su hazaña. El manejo de actores de Spielberg es tan torpe y la música de su compinche Williams tan grotesca que bien puede suponerse que Albie es el tonto del pueblo y nadie quiere perderse su último fracaso.

Durante la Primera Guerra Mundial los alemanes decían que los soldados ingleses eran leones guiados por asnos, refiriéndose a sus oficiales. Una vez terminado el primer episodio de Caballo de guerra, el del potro en la granja, puede dar inicio el segundo: el de los asnos que serán los nuevos dueños de Joey. Tras la excesiva despedida que Albie le dedica a Joey, tan emotiva como si le estuviera diciendo adiós a su novia, siguen varias apolilladas conversaciones sobre el honor y la gallardía de los oficiales de la caballería inglesa. Por fin, cuando el espectador ya está bostezando, viene una escena de acción que nos recuerda al mejor Spielberg, el de Cazadores del arca perdida. Pero como el director cree que está erigiendo un sobresaliente discurso antibélico el emocionante ataque al campamento alemán se interrumpe para dar paso a más homilías sobre lo terrible que es la guerra, sazonadas con el chantajismo emocional que es la marca de fábrica del director.

Una vez que la película llega a la guerra de trincheras hay la oportunidad para otra secuencia bien filmada y que cumple con su cometido. El ataque de los soldados ingleses a las líneas enemigas remite al espectador a las escenas de batalla de Rescatando al soldado Ryan, aunque sin alcanzar el mismo nivel. Es un destello de seriedad entre la manipulación sentimental que Spielberg emplea en el resto de la cinta. En cierto momento el director nos muestra a Albie, ya en el frente, examinando el dibujo de Joey que le enviara por correo su segundo dueño, aquel bondadoso capitán que prometiera devolver al corcel sano y salvo. Nada más queda imaginar el sketch que montaría Monty Python con una situación semejante: mientras sus compañeros atesoran fotografías de sus novias el héroe contempla con devoción un dibujo del caballo que dejó en la granja. Saquen sus propias conclusiones porque yo no me atrevo.

Uno de los detalles menos afortunados del libro de Morpurgo era que Joey resultaba políglota. El autor le otorgaba al caballo la capacidad de entender todos los idiomas (inglés, francés, alemán, etc.) para subrayar el hecho de que en ambos bandos había soldados bondadosos y que habían sido arrastrados a la guerra por circunstancias más allá de su control. Con su habitual simpleza, Spielberg no encontró mejor forma de trasladar esto a la pantalla que pedirle a sus actores que hablaran inglés con acento extranjero. De esta forma, por ejemplo, el granjero y su nieta pronuncian sus diálogos en fgancés, como hiciera Jacques Cousteau en aquel pésimo doblaje de la televisión mexicana de antaño. Cuando dos soldados, uno inglés y el otro alemán, se encuentran en tierra de nadie para ayudar a Joey y el británico se sorprende de lo bien que el otro habla el idioma de Shakespeare el espectador no puede sino soltar la carcajada. Definitivamente Jean-Pierre Jeunet supo combinar mejor el horror de la Primera Guerra Mundial con una historia sentimental, sin ser cursi, en Un long dimanche de fiançailles.

Trailer de Caballo de guerra (War Horse):

CABALLO DE GUERRA
(War Horse)
Dirección: Steven Spielberg; Guión: Lee Hall, Richard Curtis, basado en la novela de Michael Morpurgo; Producción: Kathleen Kennedy, Steven Spielberg; Fotografía: Janusz Kaminski; Música: John Williams; Edición: Michael Kahn; Elenco: Jeremy Irvine (Albert Narracott), Peter Mullan (Ted Narracott), Emily Watson (Rose Narracott), Niels Arestrup (abuelo), David Thewlis (Lyons), Tom Hiddleston (Capitán Nicholls), Benedict Cumberbach (Mayor Stewart), Celine Buckens (Emilie)
EE.UU., 2011, 146 min.

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5 Comments

  1. Por fin, yo nada más veía como por todos lado le echaban porras a esta película, que me podría atrever a decir que es la peor y más cursi de Spielberg …y más evidentemente manipuladora y chantajista…. y probablemente la más aburrida.(a menos que no haya visto alguna por ahí). Tan cursi que casi da diabetes verla. Lo del acento extranjero es algo que me caga, que bueno que lo resaltaste.

    También, como dices, lo único que disfruté, fue la primera batalla, muy bien filmada a mi parecer.

    Siento alivio al saber que no soy el único amargado en haber detestado esta película jaja

    ¡saludos!

  2. Aggh¡¡ Spielberg parece una mezcla entre Walt Disney y el tio Gamboin, como dan hueva sus peliculas, a diferencia de eso que hacia en los 70′s, Duel, Jaws y Encuentros cercanos. Hook quizas sea su peor filme….

  3. Ya, soy tu fan desde este momento. Alguien sensato. Nunca me he dormido en una película… en esta estuve a punto.

  4. Si no es nada nuevo el gusto de Spielberg por la cursileria superficial y hueca. Incluso en el mismo EU la pelicula no fue tan ovacionada como piensan, aun con sus nominaciones a premios de carton. Mexico es un pais telenovelero, asi que no sorprende que este tipo de jalada “emocional” le “llegue” a muchos aca.

  5. estaba en mis planes de verla pero con este review paso. Me dejé llevar por el trailer que a mi gusto pintaba interesante estéticamente hablando…

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