Por: Marco González Ambriz
Los productores de cine porno son igual de codiciosos y oportunistas que sus colegas de Hollywood. En el género no hay estreno exitoso al que no le vengan pisando los talones una multitud de secuelas. Resulta por lo tanto extraño que los títulos más sonados de los setenta, la década donde el porno llegó a considerarse “chic”, debieran esperar alrededor de diez años para extender sus relatos. Garganta profunda 2 salió en 1986, igual que la segunda parte de Detrás de la puerta verde, y la continuación de El diablo y la señorita Jones se retrasó casi una década. La excepción es Debbie Does Dallas, con un intervalo de apenas tres años entre sus dos primeras entregas.
Gerard Damiano, el creador de Garganta profunda y El diablo y la señorita Jones, no dirigiría una secuela hasta 1984. En ese año Damiano hizo Return to Alpha Blue, su primer trabajo en video y la continuación de Satisfiers of Alpha Blue, de 1980. En 1984 Damiano también firmaría Throat 12 Years After, cuyo título hacía alusión a la película que lo lanzó a la fama pero que en realidad no tenía nada que ver con la Garganta profunda de Linda Lovelace. El diablo y la señorita Jones 2 retoma al personaje de Justine Jones en el infierno, sólo que el tono que le imprime el director Henri Pachard es de farsa. El guión, firmado por Pachard en colaboración con Ellie Hayward, hace repetir a Justine la misma petición angustiosa con la que cerraba El diablo y la señorita Jones en 1973 sólo que ahora la condena de Georgina Spelvin, en el papel principal, ha cambiado.
En el infierno imaginado por Henri Pachard el sexo es fácilmente asequible, lo que está prohibido es el orgasmo. Con tal fin Lucifer (Jack Wrangler) y su abogado (R. Bolla) han instalado una alarma que les notifica cada vez que uno de los condenados está a punto de poner los ojitos en blanco, para que sus demonios los interrumpan y el averno siga siendo un lugar de castigo. En la primera escena Justine Jones rompe esta regla sirviéndose del famoso apéndice de Cyrano de Bergerac, por lo que es conducida hasta la presencia de Lucifer. Justine, lejos de amedrentarse, aprovecha la oportunidad para quejarse de los baños, la comida, etc. En la discusión que sigue, mientras el abogado del diablo hace sus rondas, Justine establece un pacto con Lucifer que le permitirá regresar a la Tierra para retomar sus actividades lúbricas. Como su cuerpo ya ha muerto ella deberá ocupar el de alguna otra mujer.
En un principio le asignan el de Roxanne (Jacqueline Lorians), la escort más cotizada de Nueva York, pero al monitorear la nueva estancia de Justine en la Tierra Lucifer se pone cada vez más celoso. En el cine hay una larga tradición de comedias que tienen como premisa un pacto con el maligno, en México se produjeron títulos como Un día con el diablo (1945) y El diablo no es tan diablo (1949). Para la secuela de El diablo y la señorita Jones Henri Pachard usó la misma fórmula de esas películas, con Lucifer fracasando en sus intentos por acotar la lascivia de Justine. Cuando la pone en el cuerpo de la soldado Parts (Joanna Storm), pensando en los regaños que le esperan, Justine toma el control de la situación y la recluta, que ahora es reputa, se dirige de inmediato a las regaderas donde sus compañeros de armas la reciben con las bayonetas caladas.
De nada le sirve al diablo trasladar a Justine a una fodonga distribuidora de topers porque la mujer deja atrás el abrigo y los lentes de fondo de botella para convertirse en Anna Ventura, vendedora estrella de juguetes sexuales. A decir verdad, no hay nada demasiado ingenioso en El diablo y la señorita Jones 2. La película está llena de referencias facilonas a personajes históricos como Cleopatra, María Antonieta, el marqués de Sade y el duque de Windsor, situación que se agrava por la manía que tienen los escritores de subrayar los chistes que ellos creen particularmente ingeniosos (“Don’t shriek, Sheik“). Por suerte para ellos el papel de Lucifer es representando por un excepcional Jack Wrangler, ícono del cine erótico gay que a partir de 1978 trabajó en el porno heterosexual y que más tarde sería un reconocido escritor, productor y director de teatro musical.
Es gracias a Wrangler, y en menor medida a Georgina Spelvin y R. Bolla, que El diablo y la señorita Jones 2 se sostiene como una comedia más o menos entretenida. A partir de que Spelvin es reemplazada por las otras actrices en el papel de Justine Jones la película baja de nivel. En 1983 Jacqueline Lorians tenía 21 años de edad y estaba hecha un avión, pero como actriz era mediocre. Joanna Storm y Anna Ventura también estaban en su punto en aquella época, aunque sus escasos diálogos indican que Henri Pachard sabía de las limitaciones de ambas. En el porno moderno es una pérdida de tiempo detenerse a examinar las actuaciones porque en los treinta minutos de duración que tiene cada escena de sexo sólo se escuchan gruñidos y jadeos. En los setenta había películas porno que contaban una historia y los actores tenían que decir frases completas de corrido. Esto cambió en cuanto llegaron los videocassettes y los espectadores pudieron usar el control remoto para saltarse lo que no les interesaba, que era justamente las partes donde los actores hablaban. El diablo y la señorita Jones 2 es un buen ejemplo de lo que se perdió en esa transición.
El diablo y la señorita Jones 2
The Devil in Miss Jones Part II
Dirección: Henri Pachard; Guión: Henri Pachard, Ellie Hayward; Producción: James Bochis; Fotografía: Larry Revene; Música: Barry Levitt; Edición: Ted Ryan; Elenco: Georgina Spelvin (Justine Jones), Jack Wrangler (Lucifer), R. Bolla (El abogado del diablo), Jacqueline Lorians (Roxanne), Joanna Storm (Private Parts), Anna Ventura (Eve Schwartz), Samantha Fox (Hermana Angela), Bobby Astyr (Arnold), Ron Jeremy (Iago), Sharon Mitchell (María Antonieta)
EE.UU., 1983, 81 min.

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