Por Marco González Ambriz

Han pasado casi cuarenta años desde su estreno, tuvo cinco secuelas y un par de remakes, hay videos XXX que invocan a Satanás con una intención más trangresora y sin embargo El diablo y la señorita Jones sigue siendo una obra inclasificable dentro del vasto mundo de la pornografía. El despertar sexual de una recatada mujer es uno de los argumentos más trillados en el cine para adultos pero Devil in Miss Jones se distingue de los demás por mantener un tono semejante al de Café Flesh, una de las pocas películas pornográficas que busca repeler más que excitar al espectador. El catolicismo de su director Gerard Damiano sin duda tuvo mucho que ver con esto, aunque las aportaciones de Georgina Spelvin y Alden Shuman no son nada despreciables.

Devil in Miss Jones dura apenas 66 minutos y los primeros quince son insólitos por varias razones. La primera es la ausencia de sexo explícito, con excepción de unos fugaces acercamientos a la vulva de la actriz principal. En el prólogo Georgina Spelvin se dirige directamente a la cámara, repitiendo las típicas frases que las actrices porno usan para expresar lo calientes que están, sólo que el tono en que las dice es de franca desesperación. A continuación vemos a su interlocutor, un tipo enjuto y canoso (el director Gerard Damiano, usando el seudónimo “Alfred Gork”) que no muestra el menor interés en satisfacerla. El resto de la cinta es un largo flashback. La secuencia en el departamento de la protagonista, la solterona Justine Jones, está sorprendentemente bien realizada para ser apenas el segundo largometraje del director, tras una Garganta profunda donde su novatez saltaba a la vista. No hacen falta diálogos para expresar la profunda insatisfacción de Justine, el rostro de Georgina Spelvin lo dice todo. Por eso parece lo más natural del mundo que la mujer se meta en la tina y se corte las venas.

Todavía falta que Justine sostenga una larga conversación en el más allá con Abaca (John Clemens), una especie de emisario de ultratumba, en la que éste le informa que ella tenía un lugar asegurado en el paraíso hasta que decidió suicidarse. Ahora su alma está destinada al infierno pero para cambiar un poco la rutina (o quizá porque Abaca no es un ente celestial sino diabólico) le permitirá decidir con qué pecado desea condenarse. Sin pensarlo demasiado Justine, quien se había conservado virgen hasta su muerte, elige la lujuria y por fin, una vez transcurrida una cuarta parte de la película, puede comenzar la acción. A partir de entonces el sexo será continuo hasta los últimos minutos, donde se regresa al punto de partida. Georgina Spelvin es instruida en las artes amatorias por Harry Reems, tiene experiencias lésbicas, se masturba con diversas frutas, traga semen, es penetrada simultáneamente por Mark Stevens y Rick Livermore, llega incluso a juguetear con una serpiente. Todo esto sin tregua, pasando por corte directo de un acto sexual al siguiente.

Aunque la mayor parte de El diablo y la señorita Jones consiste en sexo ininterrumpido se pueden encontrar en Internet muchas quejas de espectadores contemporáneos en el sentido de que la película es aburrida y hasta deprimente (“I wish they just had lots and lots of sex, and not with other shit“). Esta reacción probablemente se debe a que a lo largo de toda la cinta Gerard Damiano mantiene un tono elegíaco, con la importantísima colaboración de Alden Shuman, cuya música de fondo le impone a las imágenes un sentido melancólico. Puede que Justine Jones haya olvidado que su incursión en los placeres de la carne es sólo un breve preludio a su condenación eterna pero el relato, incluso en sus momentos más arrebatados, conserva en todo momento un regusto agridulce. Tras la escena del suicidio, donde los acordes fúnebres y las disonancias ratifican que la decisión de Justine no tiene marcha atrás, la música podrá suavizarse en algunas escenas aunque sin perder del todo ese matiz de resignación.

Georgina Spelvin ha contado en varias ocasiones cómo a principios de los setenta había aceptado participar en algunas películas pornográficas, softcore y hardcore, debido a su apremiante situación económica. Por Harry Reems se enteró que Gerard Damiano iba a rodar Devil in Miss Jones y éste le ofreció trabajo detrás de cámaras, como cocinera. Poco después le pidieron que le diera la réplica a los actores, por ser ella la única mujer que había en ese momento en el set, y como Spelvin había trabajado en Broadway lo hizo con tal naturalidad que al enfermar la actriz prevista para el papel principal, que en el libreto original era una chica de 19 años, Damiano decidió reescribirlo para convertir a Justine Jones en una solterona. Georgina Spelvin tenía entonces 36 años y estaba lejos del estereotipo de actriz porno. La chica que había sido contratada para el protagónico, por el contrario, tenía 22 años y contaba con las protuberancias indispensables. En realidad fue una suerte que Georgina Spelvin sustituyera a la otra actriz, sobre todo para esos primeros quince minutos que apartan a Devil in Miss Jones del resto del cine porno.

La  transformación de Justine Jones, de solterona reprimida a vampiresa insaciable, probablemente sería menos creíble si el personaje lo interpretara la típica estrella porno. Era mucho más fácil aceptar a Georgina Spelvin como una doncella que al fin descubre el erotismo. Más allá de su aspecto físico, la clave para el funcionamiento de El diablo y la señorita Jones es la capacidad interpretativa de su actriz principal, ya que el objetivo de la película es indagar en el placer femenino, algo anómalo en el cine porno. En las cintas de sexo explícito lo usual es que las mujeres estimulen al espectador, que los productores suponen será siempre masculino, dejando a un lado su propio placer, de ahí lo mecanizado de las poses y las expresiones de tantas actrices. En la película de Gerard Damiano vemos cómo Justine Jones explora el goce erótico en su propio beneficio, con Georgina Spelvin dándole instrucciones a los hombres que la están penetrando, y es a fin de cuentas esta cualidad lo que impide que Devil in Miss Jones sea sólo un chiste, como lo fue Garganta profunda pese a tener una protagonista igualmente resuelta.

Trailer de El diablo y la señorita Jones (Devil in Miss Jones):

EL DIABLO Y LA SEÑORITA JONES
(Devil in Miss Jones)

Dirección, Guión, Edición: Gerard Damiano; Producción: Gerard Damiano, Harry Reems; Fotografía: Harry Flecks; Música: Alden Shuman; Elenco: Georgina Spelvin (Justine Jones), John Clemens (Abaca), Harry Reems (El maestro), Mark Stevens, Rick Livermore, Clair Lumiere, Sue Flaken, Gerard Damiano.

Estados Unidos, 1973  -  66 min.