Por Marco González Ambriz

La adaptación cinematográfica de la vida real del welter Micky Ward se ha estado preparando en Hollywood desde mediados de los noventa, siendo Mark Wahlberg, admirador confeso del boxeador, el principal impulsor del proyecto. En algún momento directores tan reconocidos como Martin Scorsese y Darren Aronofsky estuvieron considerados para encabezar la filmación aunque, como suele suceder en Hollywood, tras arduas negociaciones la tarea recayó en un cineasta que con toda seguridad no era el que los productores hubieran elegido en primera instancia. El director que finalmente se encargó de la cinta fue David O. Russell, quien después de su aclamada Tres reyes (1999) no pudo repetir el éxito con la extravagante Yo amo Huckabees (2004). Desde entonces Russell había sido incapaz de completar otro largometraje, en parte por la fama de “difícil” que se ganó a base de constantes pleitos con los actores a su cargo.

El peleador, como muchas películas que han sido nominadas al Óscar, es una historia de redención que incluye varios de los tópicos que a la Academia le encantan: además de contarnos el inesperado ascenso de un nacido para perder, el guión toca los temas de la drogadicción, las familias disfuncionales, el conflicto entre hermanos, el amor que todo lo purifica y los barrios bravos de los inmigrantes irlandeses. Russell, tal vez queriendo emanciparse de su mala reputación, jamás intenta darle al relato una personalidad propia. A diferencia de un Scorsese o un Aronofsky, que con toda seguridad le habrían inyectado a la cinta rasgos estilísticos para distinguirla de todas las historias anteriores de boxeadores que se sobreponen a sus humildes orígenes, Russell se limita a seguir los cánones del cine hollywoodense de prestigio. Los buenos resultados que El peleador ha tenido en taquilla (una recaudación de más de 80 mdd sólo en Estados Unidos) y por parte de la crítica (muchos especialistas la incluyeron entre lo mejor del año) le dan a Russell la razón, aunque uno no pueda dejar de pensar qué habría hecho otro director con la misma historia.

Por una parte, esto le da a El peleador una puesta en escena fluida, con todos los elementos del lenguaje cinematográfico puestos al servicio de la narración tradicional: plano general cuando Dicky sale de la cárcel y su pequeño hijo corre a abrazarlo, profundidad de campo cuando el padre de Micky lo felicita por invitar a Charlene, zurcido invisible para unir imágenes de archivo con reconstrucciones, grúas, dollies, steadicam, etc. Por el otro lado, el libreto es tan convencional que uno puede predecir cada escena, incluyendo momentos cruciales como la decepción de Dicky Eklund cuando el documental que él suponía una celebración de su carrera boxística resulta ser el deprimente retrato de un drogadicto, la confrontación entre Charlene y las siete hermanas de Micky que no cesan de llamarla “chica MTV” (sinónimo de zorra) o incluso el letal gancho al hígado con el que Ward derrotó a Alfonso Sánchez. Al menos los guionistas tuvieron el buen gusto de omitir las tres épicas peleas que Micky Ward sostuvo con Arturo Gatti, tan espectaculares que le habrían dado a la película un desenlace irreal, al nivel de Rocky y sus ridículas secuelas, a pesar de ser absolutamente verídicas.

La autenticidad que aportan el elenco y el diseño de producción de Judy Becker es insuficiente para superar a un libreto que presenta y resuelve los conflictos de manera un tanto esquemática, al grado que la película se puede usar para ilustrar el pensamiento de Hegel. Así, por ejemplo, para explicar la diferencia entre el estilo de Dicky, un peleador escurridizo, y el de Micky, que es el típico fajador, los escritores hacen que Mark Wahlberg le explique a Amy Adams que en el boxeo no se gana sólo golpeando la cabeza (tesis…), sino que se debe atacar también el cuerpo del contrincante (…antítesis…) para desgastarlo y conseguir la victoria, ya sea por knockout o decisión (¡síntesis!). Otro tanto ocurre con la comparación que se establece entre la familia inmediata de Micky, incapaz de ver más allá de su estrato social (tesis…), el equipo que lo entrena cuando Dicky va a la cárcel y que tiene otras aspiraciones (…antítesis…) pero que en última instancia no pueden darle la motivación que requiere para obtener el título (¡síntesis!). La relación entre las imágenes de archivo que ilustran la caída de Sugar Ray Leonard, la dramatización de los conflictos personales de la familia Eklund y la pelea final entre Ward y Neary cumpliendo la función de happy ending también sigue el esquema de la tríada hegeliana.

La película se sostiene en el trabajo de su reparto, tanto los secundarios, que en Hollywood siempre son una garantía, como los estelares, que en Hollywood a veces fallan porque los productores gustan de usar “estrellas” (Angelina Jolie, Tom Cruise) en lugar de actores hechos y derechos. Los papeles principales de El peleador, por suerte, están a cargo de gente que sí sabe actuar y que además tiene una trayectoria comercial que sirve para darle proyección a la cinta. La industria ha recompesando el trabajo de tres de ellos con sendas nominaciones al Óscar. Las de Christian Bale y Melissa Leo son sin duda merecidas. Bale en particular recupera ese carisma natural que había desaparecido de sus más recientes papeles (vgr. ese gris John Connor de Terminator: Salvation) y nos hace comprender cómo es que un tipo como Dicky Eklund podía manipular a los que le rodeaban. La actuación de Melissa Leo como Alice, la madre de Micky, tampoco deja ninguna duda sobre el poder que la señora tenía sobre su hijo. Ambos se apoyan en vestuario y maquillaje para la construcción de sus personajes pero también en la voz y el lenguaje corporal.

Podría pensarse que a Amy Adams la nominaron sólo por salirse del arquetipo de chica modosita que venía representando en cintas como Encantada o Tenías que ser tú. En realidad lo que hace Adams tiene tanto mérito como lo de Bale o Leo. Gracias a su actuación podemos adivinar que Charlene supone que Micky es casado porque eso ya le ha pasado antes o que ella está acostumbrada a la envidia de las chicas del barrio y por eso no titubea en enfrentar a las hermanas de su novio. Mark Wahlberg ha sido menos aclamado pero esto tiene una explicación en la docilidad del personaje principal, un tipo que sobre el cuadrilátero puede ser temible pero que en su entorno familiar se deja atropellar por su madre y sus hermanos. La disposición de Wahlberg para encarnar a un tipo cuya falta de voluntad llega a  ser exasperante habla de lo importante que era para el actor llevar a la pantalla la vida de Micky Ward. Su actuación, así como la película en general, probablemente sería más interesante si se permitiera ser más crítica con la figura de Ward, como hicieron DeNiro y Scorsese con Jake LaMotta en Toro salvaje, aunque también debe reconocerse que para ser una película biográfica El peleador es menos solemne que otras de su género.

Trailer de El peleador (The Fighter):

EL PELEADOR
(The Fighter)

Dirección: David O. Russell; Guión: Scott Silver, Paul Tamasy, Eric Johnson; Producción: Dorothy Aufiero, David Hoberman, Ryan Kavanaugh, Todd Lieberman, Paul Tamasy, Mark Wahlberg; Fotografía: Hoyte Van Hoytema; Música: Michael Brook; Edición: Pamela Martin; Elenco: Mark Wahlberg (Micky Ward), Christian Bale (Dicky Eklund), Amy Adams (Charlene Fleming), Melissa Leo (Alice Ward), Mickey O’Keefe (él mismo), Jack McGee (George Ward).

Estados Unidos, 2010  -  115 min.