Viernes 13 (Friday the 13th, 2009)
Por Mauricio Matamoros
El caso de Viernes 13 (Friday the 13th, en el inglés original), la saga fílmica, es uno curioso, me parece. Porque de ser su primer capítulo una aburrida y pobre historia de venganza asesina, se convirtió en una saga que, aunque poco interesante, divierte de cierta forma a quienes gustamos de ver excesos gore y splatter en la ficción fílmica, y muy rentable durante casi dos décadas.
Tanto fue su éxito que en cosa de unos años (me parece que de la primera a la sexta entrega), en México y otros países hispanos, su título en español pasó de Martes 13 a Viernes 13, trastocando así incluso una superstición y costumbre centeneria de nuestra cultura: Qué rápido crea nuevos patrones Hollywood, sin duda.
Y pues fue así que el viernes 13 de febrero de 2009, tras prácticamente 30 años de que inició tal saga con la original dirigida por Sean Cunningham en 1980, los involucrados han buscado ‘renovar’ esta franquicia con un supuesto remake que, tras verlo, entendemos claramente la pobre propuesta de la original reflejada en su nueva versión.
Para tan ociosa tarea, el productor Michael Bay (quien ya ha comenzado a conocerse por esta clase de trabajos) le encargó la dirección a Marcus Nispel, quien realizó lo propio hace unos años con el remake a The Texas Chainsaw Massacre (producida también por Bay). A juicio de quien esto escribe, aquél remake no estuvo del todo malo y lograba ser salvaje en su momento (finalmente un filme de horror y violencia de esta clase lo que busca es impactar), y eso es a razón de que la película original de Tobe Hooper es un gran filme.

Con Viernes 13, el remake, por el contrario, nos encontramos con un filme chato y poco impactante al momento. Ya desde aquella secuencia en la que una de las futuras víctimas —medio en broma y medio en serio— le dice a otro cadáver potencial que se cuide y que use condón, sabemos entonces que no estamos exactamente frente a un filme de esta índole. Ese tipo de advertencias poco caben en este subgénero fílmico. Si recordamos e interpretamos un poco, desde The Texas Chainsaw Massacre y Halloween (e incluso desde la madre de los slasher films: Bay of Blood, del maestro Mario Bava) toda la galería de cadáveres jóvenes son a razón de sus ‘pecados y sexualidad poco cuidada’; si hay prevención y cuidado, entonces no puede haber filme.
Y en ese aspecto otro exceso es básico: la sangre y las mutilaciones. A mediados de los años 80 del pasado siglo, cuando la saga de Viernes 13 estaba en su apogeo, un artista plástico hizo de dicha serie fílmica uno de su óleos: Tom Savini, especialista en efectos de maquillaje, tomó la figura del mismo Jason (el asesino de esta saga, perdón, no lo había mencionado) y el de sus víctimas para realizar una serie de apreciaciones sobre la tortura y el cuerpo humano, que bien podrían estar al lado de la obra de Goya en un museo.

Así, Savini creó nuevos patrones para la sangre en el cine e hizo escuela. Eso, parece que los productores del nuevo remake no lo tomaron en cuenta y lo tiraron todo por el excusado.
Quienes no están muy acostumbrados a este tipo de cine y vean el remake, tal vez queden impactados por la violencia presente en éste; pero quienes sí conocemos este tipo de filmes, sabemos que en los últimos años nos han tratado de vender gato por liebre. Ya desde las exageradamente publicitadas películas de Hostal, sabemos que este cine ha entrado en una especie de letargo, en el que sus propuestas gráficas no llegan a los excesos que vimos en mucho cine de la mencionada década del pasado siglo. Así, los esperados excesos de este filme se pierden entre claroscuros y escenas que claramente no llegaron al final esperado.

Origen y destino: la nueva generación de víctimas en remakes inútiles, bellos pero prescindibles, as always...
No sé qué piensen ustedes, si es que llegan a ver este filme, pero me parece que el cine hollywoodense cada vez se autocensura más. Y saben qué es lo peor, que este filme es el número 12 en la saga de Friday the 13th (a pesar de tratarse de un supuesto remake), así que podemos irnos preparando ya para el número 13.
Viernes 13
(Friday the 13th)
Dirección: Marcus Nispel; Guión: Damian Shannon y Mark Swift, basados en un argumentos original de ambos en coautoría con Mark Wheaton; según los personajes creados por Victor Miller para el filme homónimo de 1980; Producción: Michael Bay, Sean S. Cunningham, Andrew Form, Brad Fuller, alma Kuttruff; Fotografía: Daniel C. Pearl; Música: Steve Jablonsky; Edición: Ken Blackwell; Con: Jared Padalecki (Clay Miller), Danielle Panabaker (Jenna), Amanda Righetti (Whitney Miller), Travis Van Winckle (Trent), Aaron Yoo (Chewie), Julianna Guill (Bree), Derek Mears (Jason Voorhees)
Estados Unidos, 2009 — 97 min.
Cinefagia en Facebook
Cierto y deprimente todo lo que mencionas. Cada vez que quieren vender un producto gore, sólo vemos versiones mediocres de los que ya nos habían mostrado los ochenta.
El problema ahora es que todo lo quieren hacer clasificación B, para venderle a los adolescente y las visiones de guionistas, directores, artistas plásticos y hasta actores, se ven truncadas desde el principio y hasta el final. Que si no puedes órganos sexuales, que si no es posibles que mutiles desde este ángulo por la posible insinuación sexual (¡Pero si ese el punto!), que la sangre no puede ser de este color o esta consistencia, que no puedes darle esta línea a esta actriz porque la vamos a usar como niñera en esta otra película, etc.
Sobre lo último, también creo que parte del problema está en la elección del elenco. Ahora, esperan atraer audiencia con la presencia de todo un batallón de rostros conocidos, de güeyes de veintitantos haciendo el papel de mocosos de dieciséis, con el problema de que tenemos entonces o puro galancito y diva que no están ya dispuesto a hacer ciertas cosas frente a la cámara porque sus nombres se pueden mancillar o algo así y además tienen más peso que el guionista o el director, si estos tuvieran las pelotas para hacer algo osado.
Así tenemos una lista remakes de cuarta, que no saben hacer otra cosa que vender palomitas a los adolescentes que no saben de lo que se están perdiendo.
Y hablando del susodicho de The Texas Chainsaw Massacre no sé… yo simplemente no pude tragarme a Jessica Biel ni gritando llena de horror ni volviéndose victimaria y cortando el enorme brazo de Leatherface.
Por cierto, creo que también hay que hablar de todos los abortos que han salido de rehacer las películas de Hershell Gordon Lewis. ¿Cuántas van? ¿Como cuatro?
Híjole, Diletante
A las secuelas a las pelis de HGL ni siquiera le he entrado, porque me imagino que han de estar de auténtica guacara… por lo chafa. Aunque no podría asegurarlo, mientras no las vea. Pero estamos, sin duda, de acuerdo en el poco nivel de talento y de agallas de los realizadores de esta bola de remakes (el remake a Masacre tras verlo en cine, primero lo vi en copia de Morgan, me pareció muy intenso y, precisamente, ver correr a Biel con ese par de piernotas y gluteos mojados me impresionó -aunque no hubo desnudo, creo que la explotación del sexo en esteaspecto, como parte esencial del género, estuvo bien logrado-). Y el gran problema es que las jóvenes generaciones se están creyendo que estás producciones son buenas, y como las películas van dirigidas a ellos -como mencionas- llevan sus elencos televisivos de niños bien, a los que no pueden llegar a torturar como entiempos pasados.
Queda en nuestras manos denunciar esto.
Saludos
Algo anda muy mal con una cinta gore cuando los protagonistas parecen haber sido sacados de una revista de modas. En la actualidad, es verdad, este tipo de peliculas estan direccionadas hacia un público adolescente poco exigente, alienado por el internet y los videojuegos.
El problema es que al parecer la industria esta en manos de jovenes adultos de estas caracteristicas, donde lo “cool” es actuar con actitudes adolescentes, drogarse porque es “cool” y lucir cual planet shampoo porque es “cool”, y hacer peliculas donde pesa mucho, pero mucho mas, la forma que el contenido. No es que las peliculas de Viernes 13 hayan sido muy profundas, pero al menos en esa epoca, al parecer irrepetible, la cosa era hacerlas mas divertidas.