Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Viernes 13 (Friday the 13th, 1980)

Por José Luis Ortega Torres

Una de las cintas de terror gore de mayor impacto durante la década de los ochenta es, sin lugar a dudas, Friday th 13th (1980), producto de la hábil mente de Sean S. Cunningham, quien después de probar el fracaso con filmes de comedia deportiva adolescente —Manny’s Orphans (1978), Here Come the Tigers (1978)— pretende retornar al camino del terror extremo en la línea de The Last House on the Left, filme que le produjo a Wes Craven.

Con apenas unas ideas esbozadas y sin el capital necesario para emprender una producción, emplea su nombre y el éxito de la película de Craven para promocionarse. Contrata una plana entera de la prestigiada revista Variety para colgar el anuncio: “Del productor de La última casa a la izquierda ya llega Viernes 13[1]. A partir de esa maniobra comenzaron a llegar ofrecimientos de potenciales inversionistas interesados en un proyecto que prometía ser redituable.

Durante un campamento de verano, el pequeño Jason Voorhees muere ahogado en el lago por el descuido de una pareja de centinelas que están haciendo en amor. Un año después un par de adolescentes son asesinados y el campamento de Crystal Lake es cerrado definitivamente. Veinte años más tarde el campamento es reabierto y un grupo de jóvenes asiste con el único fin de pasarla bien entre alcohol y sexo, pero serán asesinados a lo largo de la noche por un misterioso sujeto.

Cuando los productores y socios tuvieron en las manos el material sabían que contaban con un producto diferente, y lo confirmaron cuando al momento de su estreno la película se convirtió en un suceso del box office. De inmediato se colocó a la cabeza de las más taquilleras, dándole por vez primera carta de naturalización en los grandes mercados a los filmes gore desde la trinchera del horror teenager.

“El éxito del público fue debido a la labor de marketing de la distribuidora, la poderosa Paramount. Una vez que tuvieron en sus manos el material definitivo decidieron no tratarlo como otra serie B más, sino ponerlo en circulación con todo el apoyo posible, como si se tratara de una serie A en toda regla”. [2]

Realmente, el éxito logrado se debió a la fiebre juvenil que se desató por la misteriosa figura de un serial killer de peso completo, Jason Voorhees, una figura mítica que en varios momentos recuerda al Michael Meyers del Halloween de Carpenter, pero que a diferencia de éste, siembra Crystal Lake con un generoso número de cadáveres de una forma por demás explosiva en gore, elemento que Carpenter prefirió sustituir por las dosis de misterio propias del terror clásico. Aunque la vuelta de tuerca final nos habrá de presentar una muy grata sorpresa, que potencia más el terror ya explícito en toda la cinta. Los efectos especiales del mago Tom Savini cumplieron con todas las expectativas de salvajismo que se pretendía mostrar, situación que hizo que la crítica de inmediato desgranara sendas críticas, siempre negativas, llegando incluso a nominarla al premio Razzie a la peor película de ese año, además de colocarle la ignominiosa “X” de clasificación para su estreno en contadas salas.

Técnicamente la cinta no es del todo indigna, sobre todo si atendemos a la estructura básica que se hacía necesaria para la presunción del gore: primeros planos que hacen disfrutable el trabajo de Savini, además del adecuado uso de los planos subjetivos en los crímenes, lo que identifica al espectador con el asesino. Dos puntos de vista de críticos españoles parecen responderse mutuamente: Fernando Alonso Barahona apunta que “Friday 13th (…) es un ejemplo de maquinaria bien engrasada: un guión inexistente, unos personajes absurdos y sangre por doquier…” [3], aunque reconoce un esfuerzo de edición que mantiene el suspenso en la acción para lograr la catarsis final con el impacto del golpe asesino.

En tanto, Jesús Palacios deja en claro “…Que los personajes son estúpidos… ¿y qué? Los van a matar. El gore no es ni tiene que ser un espectáculo para todos los gustos…” [4]. Como quiera que sea, Viernes 13 se convirtió en una de las franquicias más largas de la historia del cine. De inmediato se maquinó una secuela en 1981, Friday the 13th. Part II, dirigida por Steve Minner, continuación directa de las andanzas de Voorhees, igualmente atacada por los censores y que logró un ingreso en taquilla aún superior al original. El propio Minner se encargaría de dirigir un tercer capítulo, con mucha mayor dosis de sangre, filmada en salpicante tercera dimensión. Las secuelas continuarán con una cuarta, quinta, etc., etc., parte, hasta llegar a Jason X, en el 2002 y el divertidísimo crossover de Freddy vs. Jason dirigido en el 2003 por el hongkonés Ronny Yu y, en la fiebre de remakes inútiles, no podía faltar el refrito homónimo filmado en el 2009 por Marcus Nispel y que en definitiva no mejora en nada al original.

Notas:

1 Valencia, Manuel y Eduardo Guillot. Sangre, sudor y vísceras. Ed. La Máscara, Valencia, 1996, p. 147.

2 Ídem.

3 Barahona, Fernando Alonso. 100 películas de terror. Centro de Investigaciones Literarias Españolas e Hispanoamericanas, Barcelona, 1992, p. 192.

4 Palacios, Jesús. Goremanía. Alberto Santos Editor, Madrid, 1999, p. 271.

Viernes 13

(Friday the 13th)

Dirección: Sean S. Cunningham; Guión: Victor Miller y sin crédito en pantalla Ron Kurz; Producción: Sean S. Cunningham; Fotografía: Barry Abrams; Música: Harry Manfredini; Edición: Bill Freda; Con: Betsy Palmer (sra. Pamela Voorhees), Adrienne King (Alice Hardy), Jeannine Taylor (Marcie Cunningham), Robbi Morgan (Annie), Kevin Bacon (Jack Burrel), Harry Crosby (Bill), Laurie Bartram (Brenda), Ari Lehman (Jason Voorhees).

Estados Unidos, 1980  —  95 min.

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