Sleep Dealer
Por José Luis Ortega Torres
Uno de los preceptos básicos de la ciencia ficción es la capacidad del autor de vislumbrar el futuro y crear nuevas realidades a partir de eso. Otro sería aventurarse a pensar en avances tecnológicos que interactúan o modifican el cotidiano de la humanidad. Ambas características están presentes en Sleep Dealer, interesante coproducción gringo-mexicana dirigida como ópera prima por Alex Rivera, quien se adentra en los terrenos de la ciencia ficción para proponer una interesante reflexión acerca de la problemática migrante entre ambos países, temas y estética ya desarrolladas en sus anteriores cortometrajes Why Braceros? (1997) y The Sixth Section (2003), semillas de lo que hoy conforma su filme debut.
El arranque de la película nos sitúa en Santa Ana del Río, una olvidada población de Oaxaca, en un futuro indeterminado donde los Estados Unidos han hecho de México su patio trasero, montando bases militares y construyendo presas que escatiman con el agua, vendiéndosela a los residentes nacionales en sumas estratosféricas de dólares. Ahí Memo, aprendiz de hacker, vive con su familia soñando con un mejor futuro en el vecino país del norte como un trabajador más, ante la reticencia de su padre, quien atravesó la amarga caída de México en la ignominia sin perder su identidad nacional, misma que busca sembrar en sus hijos.
Memo logra construir una antena “hechiza” con la que logra captar señales de onda corta que le llevan hasta su humilde cuarto las voces desconocidas de hombres y mujeres que han escapado de su realidad en busca del sueño americano, materializado en ese futuro descrito por Alex Rivera como el acceso a mecanismos cibernéticos conocidos como nodos, “enchufes” con los que pueden conectarse a un mundo de realidad virtual donde, a diferencia de las fantasías imperialistas del primer mundo globalizado de Matrix, el acceso a esta virtualidad no los convierte en Mesías de profecía, sino en obreros virtuales de trabajos que, para variar, son rechazados por los estadounidenses, (la clásica “pizca”, la construcción…) donde serán aún más explotados que en la de por sí jodida realidad.
Como en todo mundo que se pretenda cyberpunk los suburbios caóticos y miserabilistas son parte del imaginario colectivo, Rivera hace de Tijuana la ciudad más peligrosa del mundo, lugar que mantiene cerrada sus fronteras desde años, por lo que “cruzarse ‘pal otro lado” no es más que una leyenda de los ancianos que tenían la rupestre idea de atravesar el Río Bravo o el desierto para alcanzar el american dream hasta que la tecnología abrió además de nuevas fuentes de empleo legal, pero esclavizante, nuevas formas de explotación sobre los paisanos, que esos sí, aún pasando décadas, continúan siendo mano de obra barata y de la cual quien sea puede aprovecharse. Ahora ya no se trafica en las calles con obsoletas drogas o armas, lo nuevo so los nodos, para lo cual ya hay una jauría de coyotecs, tipos que por unos cuantos dólares hacen los implantes quirúrgicos que transportarán a la nueva generación de explotados, los cybraseros, que trabajarán conectados a una computadora madre durante doce horas por turno, con el consecuente riesgo de enloquecer, caer muertos por un corto circuito, o quedar ciegos permanentementes.
Rivera se amarra a estos tópicos para crear un futuro decadente que más que cuento de ficción parece una atinada premonición de un futuro oscuro para México y sus clases más desprotegidas por nuestras leyes, los campesinos, en una historia donde no se polemiza mucho en discursos políticos, pues aunque se haga una referencia muy explícita al EZLN por medio de una ficticia fuerza guerrillera opositora de ambos gobiernos que lucha por la restitución del agua a sus legítimos dueños (con los rostros convenientemente cubiertos por pasamontañas), el contexto político-social sólo se utiliza como telón de fondo para dos historias complementarias: la de Rudy, militar chicano que debió destruir el presente de Memo en Oaxaca cuando la señal de su antena interfiere con satélites militares yanquis y lo envien a investigar un posible asalto guerrillero a una presa y desemboque en el asesinato del padre de Memo; y poco después en la historia del joven y su relación con Luz, una coyotec aspirante a escritora que se dedica a vender los recuerdos extraídos de su memoria por vía de los nodos y ofertados por la web.
De hecho, la historia se va más por ese lado romántico construyendo una relación emotiva entre ambos personajes solitarios mientras recorren los bajos fondos tijuanenses, creando una empatía entre dos almas necesitadas de amor en un mundo cada vez más deshumanizado (¡ese gordo nortec-ño perpetuamente conectado en éxtasis!), hasta que Memo descubre que Luz lo ha contactado porque los recuerdos de ella con él son bien pagados por Rudy, quien poco a poco y a través de esas experiencias ajenas, reconstruye la realidad social y familiar de Memo, además de las necesidades de toda una comunidad, y de como él no es más que un peón en el tablero de los intereses de los consorcios, la tecnocracia, la televisión que emite reality shows de cacería de disidentes y el ejército, lo que le lleva a cuestionar sus actos y la consecuencia de ellos.
Siendo sinceros Sleep Dealer pierde algo de su fuerza primaria en el desarrollo de ambos conflictos, más aun cuando el trío de personajes se unen en busca de resarcir los daños provocados por el militar, y si bien la construcción de un futuro desesperanzado para el lado de la frontera en que nos tocó vivir está bien diseñado sacando partido de locaciones reales en Tijuana y la ciudad de México (inconfundible para los defeños los alrededores de la terminal de autobuses TAPO) la anécdota propia de la ciencia ficción parece un tanto innecesaria como pretexto en el discurso del martirologio del individuo en la búsqueda del bien común como la manera de expiación de las culpas personales.
Pero también es digno de admiración el hecho de que con apenas dos millones y medio de dólares de presupuesto (según la IMDB) Alex Rivera —también artista multimedia— se atreva a realizar una historia de este corte con toda la seriedad que se requiere para lograr un filme respetable y meritorio donde las odiosas comparaciones con la saga Matrix no van más allá de los obvios encuadres donde vemos como el cybrasero es conectado a la máquina por nodos en la nuca, detalle que, por cierto, tampoco es invención de los Wachowski pues ya la bizarra maestría de Cronenberg nos había enseñado algo similar en eXistenZ, dónde los humanos también acceden a mundos de realidad virtual existencialista por medio de enchufarse de forma morbosamente literal por vía de cárnicos plugs de obvias connotaciones sexuales.
SLEEP DEALER
Dirección: Alex Rivera; Guión: Alex Rivera y David Riker, basados en un argumento original del primero; Producción: Anthony Bregman; Productores asociados: Álvaro Curiel, Jessica Levin, Mark Russell, Sandra Solares; Fotografía: Lisa Rinzler; Música: tomandandy; Edición: Julie Carr, Madeleine Gavin, Alex Rivera, Jeffrey M. Werner; Con: Luis Fernando Peña (Memo), Leonor Varela (Luz Martínez), Jacob Vargas (Rudy), Tenoch Huerta, Giovanna Zacarías, Emilio Guerrero, Jake Koenig, Ursula Tania
Estados Unidos – México, 2008 — 90 min.
Participaciones: Festival de Cine Sundance —Premio Alfred P. Sloan a la Mejor Ópera Prima, Premio Waldo Salt a Mejor Guión y Nominación al Gran Premio del Jurado—, Estados Unidos 2008; Festival Internacional de Cine de Berlín —Premio Cinematográfico de Amnistía Internacional—, Alemania 2008; Festival Internacional de Cine de Helsinki, Finlandia 2008; Festival Internacional de Cine de Río de Janeiro, Brasil 2008; Festival Internacional de Cine de Chicago, Estados Unidos 2008; Festival Internacional de Cine de Fantasía de Neuchâtel —Premios Narciso a Mejor Película en Competencia Oficial Internacional y Mejor Película Internacional—Suiza 2008; Festival de Cine Febio, República Checa 2009; Festival de Cine Imagine, Holanda 2009; Macabro. Festival de Horror en Cine y Video, México 2010.



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José Luis querido de mi corazón! =) Cómo anda el Festival? Che… con semejante pedazo de película como SLEEP DEALER, seguramente todo debe estar yendo de maravilla.
Esta pieza es digna de ser recordada, la p.m! La estética.. el contraste… PERFECCIÓN! Una pequeña gran joyita! =)
Besos, abrazos José Luis!!!
Che, no escribo pero ando leyendo tutti… eh?! jaja! Ah, y no sabés como estoy esperando SOMOS LO QUE HAY… esta es una de las pocas que vengo esperando con ansias…
Saludos Opinóloga!!!
Que alegría verte de nuevo por estas páginas. Qué te cuento, que el Macabro terminó, pero nos dejó muy buenas cosas en el recuerdo, iniciando por “Somos lo que hay” y continuando con la retrospectiva maravillosa en 35 mm de Svankmajer, nuevos filmes serbios (lástima, no presentaron “A Serbian Film”) que de otra manera no se hubieran visto en pantalla grande; terror colombiano -no muy bueno, debo decir, pero sirvió para conocerlo-, la presencia de Ken Foree, con quien estuve platicando un rato y hasta tomándome fotos… ja, ja! Además de una copia casi terminada del documental “Retrato de un vampiro”, sobre la obra y los años finales de un cineasta de culto mexicano, Juan López Moctezuma, director entre otras de la cult-movie “Alucarda”, y su peculiar relación con un par de fanboys de su cine.
Buenas cosas de las que poco a poco iremos reseñando. Yo, por lo pronto continúo trabajando, viendo un montón de cosas (más de las que puedo escribir!!!) y visitando religiosamente tu blog para ponerme al día.
CHAU OPI, besos desde México!
Sí, una cinta más que decente. Como dices, la fuerza se diluye hacia el final y la “solución” del conflicto es un tanto ingenua, pero la fuerza de la premisa es innegable y su visión premonitoria de ese México del futuro es notable.
La observación más de a neta de Sleep Dealer es que se inspiro en la escena subterranea de cortometrajistas de la ciudad de Tijuana, un movimiento que tiene años, que la neta ha sido ignorado por la banda de la capital. Sleep Deealer les vuela los mismos temas, conceptos, locaciones, imagenes y hasta la misma música. me cae que por alla se invento toda esa onda banda.
El comentario que haces me trae a la mente todas esas EXCELENTES películas latinoamericanas que nunca nos molestamos en conocer. Antes teníamos el pretexto de que no se exhibían aquí, que si el VHS o el DVD, pero ahora con lo fácil que es hallar este material en internet se acabaron las excusas. Todavía con el cine francés, coreano o alemán podemos escudarnos en la barrera del idioma, con lo que se hace en Chile, Perú, Argentina, o simplemente en otras partes del país, ni eso.
?hola?
muy interesante la buscare aunque no creo ke en ningun negocio de cine “comercial”-balgame la redundancia la alle
si es tan buena como equilibrium ya esta del otro lado recuerdo la del jardinero alla por los 80′s
siempre me agustado el genero lastima que en latino america esta obcecionados con la violencia y las historias que no aterrizan
sigue posteando y no te hacerques al deshumanizante genero del terror
?