Masacre en Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974)
Por José Luis Ortega Torres
“Es poco frecuente encontrarte con un film de terror
de una calidad así y de un tratamiento cinematográfico
que hermana originalidad y eficacia
… es casi una obra maestra”
—Enric Ripoll-Freixes
Revista Avui, Barcelons, 5 de octubre de 1976
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Si la década de los sesenta dio un clásico del terror contemporáneo con la ya comentada Night of the Living Dead, los setenta habrían de legar otra innegable joya, The Texas Chainsaw Massacre, obra realizada en condiciones similares -aunque con distintos objetivos en mente- a la ópera prima de Romero: al margen de los grandes estudios y con un presupuesto irrisorio comparado con los estándares de la producción comercial, situación que envolvió al filme, desde su origen, con un halo de película maldita debido más que al tema (en principio otra película de terror más) a las duras condiciones de rodaje, siendo éstas más cercanas al infierno que al glamour de Hollywood.
El perpetrador de esta joya de serie B responde al nombre de Tobe Hooper y es originario de San Angelo, Texas, donde nace en 1944. Siendo adolescente consigue una pequeña cámara y filma una versiones caseras de The Curse of Frankenstein y The House of Usher y su primer cortometraje semi profesional en 16 mm titulado The Abyss. Ya en su juventud y mientras estudia imagen y sonido en la Universidad de Texas se emplea como editor en una emisora de televisión local, donde posteriormente realiza algunos cortometrajes culturales para el Ministerio de Educación, y entre los años de 1963 y 1965, dirige su primer trabajo en 35 mm titulado The Heister “…una comedia en Technicolor sobre tres ladrones y sus problemas para conservar el botín…” [1]
A pesar de los esfuerzos será hasta 1972 que filma su ópera prima, Eggshells (An American Freak Illumination) con la ayuda de un joven amigo suyo llamado Kim Henkel quien funge como actor principal y guionista. La historia es un alegato protagonizado por hippies en contra de la guerra de Vietnam y los efectos de ésta sobre los soldados que regresan a casa. A pesar de que la película obtuvo un premio en el Festival de Cine de Atlanta de ese año con buena recepción de la crítica y de que cumplió con una decorosa corrida en circuitos universitarios, resultó un rotundo fracaso, pues nunca encontró distribución comercial.

La decepción pesó demasiado en el ánimo de Hooper y Henkel al grado que pasaría más de un año sin que volvieran al negocio del cine. Sin embargo, por la mente del joven director rondaba la idea de cambiar de registro si es que quería recuperar algo de la inversión y ganar unos cuantos dólares, y decidió que el género ideal para lograr su objetivo era el terror. Filmar una película de este género resultaría barata y lo suficientemente contundente para que el público la recomendara, llenando así las salas. Lograr el impacto masivo se convirtió en el objetivo primordial de Hooper.
Después de desechar varios intentos de guión que no le convencían del todo, por azares del destino ve una función de Psicosis de Hitchcock e impactado decide ahondar más en la vida de Ed Gein, mítico asesino serial, que inspirara el filme del Amo del suspenso. Una vez recopilada información sobre su vida, los grotescos crímenes de que era responsable y sus macabros rituales necrófilos -como utilizar la piel de sus víctimas para confeccionar máscaras y pantallas de lámparas-, comienza a desarrollar con la ayuda de Henkel un guión titulado Chain saw, que rápidamente cambió su título por el más explícito de Leatherface -Cara de cuero-.
Los problemas comenzaron con la búsqueda del financiamiento. Si bien el estado de Texas contaba con una comisión estatal fílmica, ésta no se encargaba de financiar, sino de contactar a posibles inversores en proyectos interesantes. Ese fue el primer paso en el largo peregrinar del guión de Leatherface. Primero le es mostrado a Warren Skaaren, director ejecutivo de la Texas Film Commission quien a su vez los pone en contacto con un tal Bill Parsley, que interesado, decide invertir 60 mil dólares a cambio del 50 % de los derechos de la película, para lo cual forma la empresa MAB Inc.

Por su parte, los creadores Hooper y Henkel fundan a su vez la empresa Vortex, que se dedica a reclutar el equipo necesario y a los actores, ofreciéndoles como paliativo a los bajos salarios, un porcentaje de la recién fundada productora, dándoles derechos sobre las ganancias que produjera la cinta, es decir, los convertía en accionistas. Entre estos y otros jaloneos, en julio de 1973, en una población perdida del estado de Texas llamada Round Rock y a 40º centígrados se inició el rodaje.
Pero si el proceso de producción fue un calvario, el rodaje en sí mismo resulto ser el infierno, comenzando por las constantes fricciones entre la actriz Marilyn Burns y el resto del equipo, merced a sus cada vez mayores desplantes. Ella interpretó al personaje de Sally Hardesty, que podríamos decir era el papel principal. De la Burns se decía que era la amante en turno de Parsley y que éste había decidido producir el filme como un vehículo para su lucimiento, e incluso “se atribuía las siglas de MAB, la productora de Parsley, a las iniciales de su nombre, Marilyn Ann Burns”. [2]
Una vez editada la copia en master de 16 mm., formato en que fue filmada, era necesario obtener una copia en 35, para poder acceder a una distribución comercial, pero una vez obtenida ningún distribuidor quiso hacerse cargo de colocarla debido a que hubo quien la consideró un producto malsano. Esta situación no los hizo desesperar, de hecho las cosas fueron tomadas con la calma suficiente como para tener el valor de rechazar una oferta de la Columbia Pictures, que les compraba la película en 25 mil dólares, con la advertencia de que era menester recortar algunas escenas demasiado truculentas.

Mientras esto sucedía en las oficinas de la major, una copia en 16 mm. comenzaba a hacer carrera en circuitos de cineclubes universitarios en funciones de media noche. Quienes la veían no dejaban de hablar de la película como la última novedad en cuanto a terror se refiere, haciéndole tremenda publicidad de primera mano, dando con ello mayor relevancia de lo que cualquier producto independiente pudiese tener en la época, creando un ambiente de expectación alrededor de la ya titulada formalmente The Texas Chainsaw Massacre.
La cinta inicia con una advertencia que indica que lo que ha continuación presenciaremos es la pesadilla de cinco jóvenes que buscando diversión, encontraron la muerte. Acto seguido un sonido indefinible acompaña una pantalla en negro que en pequeños insertos muestra pedazos de cadáveres en descomposición. El sonido da paso a una voz en off -que pronto descubrimos viene del noticiero de un radio- que nos informa acerca de las profanaciones de tumbas que se están sucediendo en Texas. La cámara abre el plano hasta dejarnos ver una macabra estatua conformada con los restos de dos cuerpos pútridos.
18 de agosto de 1973. Sally y su hermano inválido Franklin; Jerry, novio de ella, y sus amigos Pam y Kirk, viajan por carretera al desértico estado de Texas para verificar que la tumba del abuelo de los hermanos se encuentre intacta. El sol es inclemente y provoca malestar en sus personas. La incomodidad latente adquiere forma en el cuerpo de un vagabundo que pide aventón y los chicos, despreocupados, le hacen lugar en la camioneta. Comienza a hablar de sí mismo diciendo que ha sido matarife de un rastro, cuando ve la navaja de Franklin se la arrebata para cortar su propia mano ante la mirada estupefacta de todos, luego toma una fotografía de Franklin sin su consentimiento y de inmediato la quema para después herirlo en un brazo. Cuando lo bajan de la camioneta no se percatan de que con su propia sangre hace una extraña marca en un costado del vehículo. Señal premonitoria: la carne se corta fácilmente. El cuerpo nunca ha sido tan vulnerable. La trampa se abre.

Con poca gasolina para continuar, llegan a una casa abandonada propiedad del abuelo difunto de los hermanos. Allí, mientras las dos parejas de novios recorren la casa en todos sus niveles, el resentido inválido, incapaz de transportarse en su silla no hace más que renegar de su suerte y maldecir a sus amigos, hasta que se percata de una extraña figurilla en el suelo y un macabro adorno que cuelga del destartalado marco de la puerta, ambos fetiches elaborados con huesos humanos.
Para estas alturas del filme, Hooper ya ha roto las barreras de cualquier producto de cine de terror facturado para la época. El ambiente malsano comienza a adquirir dimensiones poco exploradas hasta entonces, merced en parte a la fotografía “sucia”, el formato de 16 mm y la estética, a momentos de estilo documental con cámara en mano, que sitúan al público como un espectador impávido que se encuentra a pocos metros de las víctimas, igualmente indefenso, provocando un perpetuo estado de ansiedad, y sobre todo a las mesuradas, pero contundentes, dosis de violencia y suspenso.
Otro de los acertados detalles que hacen del público presa fácil del miedo es la adecuada banda sonora -principalmente el espeluznante sonido de la sierra mecánica- “como contundente arma para erosionar el tejido nervioso del espectador”, [3] …pero sobre todo y redundando, el aspecto visual. Más allá de la antiestética cinematográfica y el estilo feísta con que Hooper planeó la puesta en escena, es la presencia del grupo de psicópatas la que incomoda. Principalmente Leatherface, ese monstruoso ser gigantesco que esconde su rostro con una máscara de piel humana que él mismo se ha confeccionado con la zalea de sus víctimas.

Salido del mismísimo infierno, este ser que únicamente se comunica con cavernosos sonidos guturales blande una sierra mecánica como única arma. Vestido con un mandil de carnicero, su centelleante primera aparición no deja lugar a dudas de su papel: ingresa rápidamente a cuadro con un mazo en la mano y golpea brutalmente la cabeza de Kirk, asesinándolo cual si fuera una bendita res. Más adelante lo veremos colgando por la espalda a Pam en un gancho de carne y persiguiendo a Sally a todo lo largo del bosque con su sierra en la mano y rugiendo desaforado, previo asesinato del inválido Franklin ante los ojos de su hermana. La escena pareciera corresponder a un cartoon donde se muestran en cuadros alternos los gritos nerviosos de la víctima y la risa implacable del agresor, pero a pesar de su “…figura esperpéntica y cómica, sólo nos retrae de la risa más gozosa la densidad del asco y la tensión sin freno de la situación narrativa” [4]
Hacia el final de la cinta, una de las secuencias climáticas es la cena que celebra la familia de asesinos, una vez capturada Sally, incluyendo a un cadavérico abuelo cuya edad es incalculable, pero que es tan añejo como el mal en el mundo -de hecho, tal vez eso representa-, la chica es torturada emocionalmente pues el vagabundo de la camioneta y el cara de cuero -que resultan hermanos- la agreden sin herirla, hasta que le cortan un dedo para que el abuelo beba con fruición, y no sin cierta carga sexual, la sangre que de éste brota.
Para lograr la inquietud y ansiedad de estas escenas es necesario elogiar el trabajo de montaje a cargo de Sally Richardson y Larry Carroll, que logra intercalar de manera adecuada y con el tempo ideal los planos y contraplanos de la víctima y sus agresores en medium shots, para continuar con una sucesión de planos que culminan con el detalle del ojo de ella -que llena la pantalla con una mirada desorbitada-, representación del miedo en estado puro y que se representa gráficamente cuando después de huir de sus captores corra por la carretera perseguida por Leatherface y su hermano, quien es arrollado por un camión. Sally logra subir a una camioneta y se aleja de ese infierno mientras vemos al Cara de cuero dando vueltas enfurecido blandiendo su sierra.

En definitiva, La masacre de Texas resultó ser un filme explosivo. A partir de él la gente comenzó a preguntarse que hay más allá de las cosmopolitas ciudades estadounidenses. La película permanecería requisada, pero cuando por fin mereció ser exhibida fue con clasificación R, de restringida, salvándose de la maldita X, pero eso sí, soportando todo tipo de animadversiones y pésimas críticas. No obstante, su corrida por el extranjero fue un balde de agua helada para las buenas conciencias de la crítica gringa.
Prohibida en un primer momento por la Comisión de Censura de la Gran Bretaña, fue gracias a tres prestigiados críticos que logro exhibirse. Alexander Walker del diario Evening Standard publicó que se trataba de “La más genuina muestra de horror gótico que haya producido el cine norteamericano”, por su parte Derek Malcom del The Guardian lo calificó de “Un documento sociológico para mantenerse en guardia” y finalmente Nigel Andrews del Financial Times escribió que se trataba de “Un filme excepcionalmente interesante y significativo”. La flema inglesa había digerido el platillo de Hooper en sus justas dimensiones, entendiéndolo mejor que el público de los Estados Unidos. Finalmente la cinta se presentó en el Festival de Cine de Londres con notable aceptación. [5]
No fueron menos importantes otros recorridos por circuitos extranjeros, baste señalar que se presentó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes y posteriormente en el Festival de Avoriaz, donde consiguió el premio a mejor película. Años después, en 1980, obtuvo el reconocimiento en su patria cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York decidió ingresar a su colección de patrimonio permanente una copia de tan singular cinta de horror donde lo verdaderamente espeluznante es que no encontramos ningún elemento demoníaco, ni brujerías o entes del espacio, únicamente la insanidad del ser humano.
NOTAS:
1. Romo, Manuel. La Matanza de Texas. Midons editorial, col. Cult Movies, Valencia, 1998, p. 41
2. ibid, p.p.27
3. Costa, Jordi. “El cine gore, la mutilación es el mensaje”, en Dirigido, núm. 197, diciembre 1991, p. 64. España
4. Sánchez-Biosca, Vicente. “Estrellas del Apocalipsis. En torno a algunos mitos del cine de terror”, en Archivos de la Filmoteca, núm. 18, octubre 1994, p.p. 131 – 132. España
5. Notas recopiladas por Rubén Lardín en Las diez caras del miedo. Midons editorial, col. Serie B, Valencia, 1996, p.p. 157
MASACRE EN TEXAS
(The Texas Chain Saw Massacre)
Dirección: Tobe Hooper; Guión: Tobe Hooper y Kim Henkel; Producción: Tobe Hooper, Kim Henkel y Louis Peraino; Fotografía: Daniel Pearl; Música: Tobe Hooper y Wayne Bell; Edición: Larry Carroll y Sallye Richardson; Con: Marilyn Burns (Sally Hardesty), Allen Danziger (Jerry), Paul A. Partain (Franklin Hardesty), William Vail (Kirk), Teri McMinn (Pam), Edwin Neal (autoestopista), Gunnar Hansen (Leatherface)
Estados Unidos, 1974 - 83 min.
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