La horda (La horde)
Por José Luis Ortega Torres
Hay películas que llegan a los cinéfagos precedidas por la fama de ser “lo nuevo” y más in del cine de terror. Además, la globalización de la información vía web y la posibilidad de hacerse de una copia de cada nueva cinta de moda las convierte, de inmediato, en productos consumibles y en varios casos, rápidamente desechables. Pocas películas están destinadas a pasar a la historia como verdaderos filmes de culto en esta era de cascadas informáticas donde lo “inaccesible” es un término caído en desuso. En lo que va del 2010 han sido dos las películas que han liderado la moda del nuevo cine de terror macizo: por derecho propio ya comentada The Human Centipede, enfermo experimento no del mad doctor de la cinta, sino de Tom Six, el cineasta holandés capaz de poner de cabeza a todo cinéfago que se precie con un filme más morboso que sangriento, pero quizás por ello más perturbador y, por extensión, exitoso. La otra es La horde, nuevo ejemplar del más reciente cine de terror francés.
Francia no se destacó durante décadas por su cine de género, salvo contados casos del terror sleaze setentero de Jean Rollin y sus fantasías sanguino-lésbicas, algunos títulos perdidos como Baby Blood al inicio de los noventa y hasta la llegada, con todas las de la ley, de Alexandre Aja y su Haute tension (2003) y las posteriores À l’intérieur (2007) y una auténtica joya como lo es Martyrs (2008), y algunos otros no tan logrados, como Frontière(s) (2007). Justo por ese destacado repunte durante la última década del fantástico galo es que ya se ha convertido en referente obligado cuando se habla de la nueva ola de terror sangriento, principalmente en su vertiente de “filmes de sobrevivencia”, que es el común denominador de los títulos referidos y que, en el fondo, es el mismo que permea en La horde, sólo que ahora en su variante de zombies, el más favorecido de los géneros clásicos resurgidos a últimas fechas, pero alejado por completo de la zombedia propia de Fido o Zombieland.

La horde ha ganado su fama con base en una supuesta renovación del género de muertos vivientes, la cual es pura finta porque, como ya veremos, se trata de una puesta en escena de tópicos clásicos pero adaptados a los modernos tiempos de la vertiginosa sociedad X-box en la que vivimos. Ahora bien, de ninguna manera esto es descalificativo de esta película vertiginosa, muy poderosa y llena de acción. Estamos frente a casi dos horas de adrenalina donde el survivor se impone al terror puro evitando hacer de La horde un filme repetitivo, porque esta ópera prima del tándem de directores -y también coguionistas- Yannick Dahan y Benjamin Rocher no es más que una versión posmo de La noche de los muertos vivientes, con todo y referencias (algunos creídos dicen “homenajes”, otros más petulantes lo llamarían “intertextualidades”), más o menos obvias para quienes son asiduos al género.
Pero cuidado, en ningún momento hemos dicho que se trate de un fusil descarado, ni mucho menos nos ponemos en el lado de los que absolutamente han abominado la cinta. La horde comienza con un planteamiento más propio del thriller policiaco de venganzas: un agente ha sido muerto por una pandilla criminal, la unidad a la que pertenecía decide ir en busca de los asesinos, una banda de africanos liderada por el sanguinario Markudi, que se encuentra agazapada en un edificio de los suburbios parisinos, donde el operativo sale mal y tres de los seis agentes terminan muertos. A partir de ahí el filme gira en una espiral sin retorno. Captores y capturados descubren que “algo” sucede afuera: sombras rápidas pasan en medio de rugidos y una oscuridad profunda los envuelve. Pronto una criatura los ataca de manera brutal, sorprendente, veloz y sin miramientos sobre amigos o enemigos. Una lluvia de plomo es incapaz de detener al atacante porque éste ya estaba muerto, pero ha vuelto a reanimarse con la ya clásica e irrefrenable hambre de carne humana que dictan los cánones del género. El conflicto está dado: dos grupos antagónicos, criminales y policías, deben unir sus fuerzas para salir de esa trampa en busca de ayuda y explicaciones a lo que sucede, mientras que afuera, el horizonte se pinta de macabros destellos rojos, en tanto que en un fantástico y amenazador top shot los cautivos pueden ver, desde la azotea del edificio, a una informe masa de zombies que se esparcen por las calles y que poco a poco se acercan.

En términos generales nos encontramos ante una película que en el fondo no innova en nada, de hecho, como ya mencionamos, pone en escena “actualizaciones” de escenas ya vistas en la seminal obra de Romero, y que en La horde se irán dosificando a lo largo de la historia, pero que nunca dejan de hacerse presente -cfr. Además del obvio escenario de enclaustramiento allá en una granja desolada, acá en un edificio asegurado-, como el recurso del noticiero televisivo que observa el grupo en su aislamiento para saber que sucede en el exterior, sugerencias menos perceptibles como el acceso a automóviles que no pueden utilizar y otras más en el sentido del discurso, como emparejar el destino final de personaje de color Adewale, uno de los dos principales personajes de La horde, con el melancólico desenlace de Ben en La noche de los muertos vivientes.
Ahora, si este nuevo producto zombie galo es, en esencia, tan parecido al más grande clásico del género ¿en dónde radica, entonces, su poder de seducción en el público, principalmente el más juvenil? En la simple y llana forma, que es donde brilla con derecho propio, situándose un paso más allá de lo que hasta ahora se ha visto en el tema: en el papel activo de los humanos en riesgo y no de los monstruos vueltos a la vida, que ya desde el fenómeno zombie-infeccioso de filmes como Exterminio (aka. 28 días después) y la saga Resident Evil dejaron de ser torpes y tambaleantes masas semi-amorfas, para dar paso a figuras monstruosas salvajes, veloces y de cierta inteligencia. En cambio, en La horde los humanos que luchan por su vida son capaces de pelear cuerpo a cuerpo y con el sólo poder de sus puños con estos monstruos, otrora intocables, apelando a que en el inconsciente del público viven ya de manera permanente los juegos de video en primera persona donde uno es capaz de dar y soportar las más grandiosas madrizas que se puedan uno imaginar.

Es ahí donde está el secreto de la obra de Dahan y Rocher, en la constante descarga de adrenalina que sacude cada escena de este sangriento action film, porque acá los zombies no provocan miedo, sino que sirven para exaltar la heroicidad del espectador por medio de la identificación con el duo de personajes masculinos principales: primero, a nivel de honestidad viril con Adewal, y después, de pura testosterona con Ouessem, el policía que enfrenta su destino trágico con el machete en una mano y los tompeates bien amarrados en la otra, además de tener enfrente a una hembra todo terreno como Aurore, fuerza desatada capaz de ponerle en la madre a fuerza de kick boxing al zombie que se le ponga enfrente.
De eso se trata, en resumidas cuentas, este sorprendente filme de zombies: de un recuento de golpizas a mano limpia, cientos de balazos por minuto, corretizas desesperadas y un final que no da esperanza alguna con tan sólo el uso de un plano cerrado al rostro de Aurore y sonidos ambientales en off que presagian lo peor (o una secuela), elementos suficientes para hacer de La horde una cinta vertiginosa, ágil, poderosa, sangrienta y sí, muy violenta; pero nada terrorífica.
LA HORDE
Dirección: Yannick Dahan y Benjamín Rocher; Guión: Arna Bordas, Yannick Dahan, Stéphane Moïssakis, Benjamín Rocher, Nicolas Peufaillit; Producción: Raphaël Rocher; Fotografía: Julien Meurice; Música: Christopher Lennertz; Edición: Dimitri Amar; Con: Claude Perron (Aurore), Jean-Pierre Martins (Ouessem), Eric Ebouaney (Adewale), Aurélien Recoing (Jiménez), Doudou Masta (Bola), Antoine Oppenheim (Tony), Jo Prestia (Greco), Yves Pignot (René)
Francia, 2009 - 90 min.
Participaciones: Festival de Cine Fantástico FrightFest, Londres, Gran Bretaña 2009; Muestra Internacional del Arte Cinematográfico de Venecia, Italia 2009; Festival Internacional de Cine de Cataluña – Sitges -Nominación al Premio a Mejor Película-, España 2009; Festival de Cine Fantástico de Gérardmer -Premio del Jurado SCI FI-, Francia 2010; Festival de Cine de Keswick, Gran Bretaña 2010; Festival de Cine de Horror y Fantasía de Haapsalu, Estonia 2010; Fantasporto. Festival de Cine Fantastico de Oporto -Premios a Mejor Fotografía y Mejor Guión-, Portugal 2010
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