Sed de sangre (Thirst / Bakjwi). Park Chan-wook y la transubstanciación de los géneros.
Por Marco González Ambriz
Para un director tan atrevido como Park Chan-wook incursionar en el cine de vampiros podría interpretarse como un retroceso. Después de todo la filmografía vampírica es tan abundante que con tal de ofrecer algo nuevo los productores han recurrido a todo tipo de variantes. Las hay de kung fu (The Legend of the 7 Golden Vampires), blaxploitation (Ganja and Hess), road movie (Near Dark), teen movie (The Lost Boys), para sordomudos (Deafula), porno (Dracula Sucks) y Corín Tellado (Twilight), además de las infaltables parodias. Para destacar en un medio tan saturado Park Chan wook y su co-guionista, Jeong Seo-gyeong, eligieron como protagonista a un sacerdote católico (!) que se ofrece como voluntario en un experimento médico y recibe por error -quiero creer- una transfusión de sangre de vampiro (!!).
Podría suponerse que semejante premisa conducirá de forma inevitable a un relato donde la crisis de fe del padre Sang-hyeon (Song Kang-ho, de Joint Security Area y Memories of Murder) será el detonante para una serie de reflexiones metafísicas sobre la moral cristiana y la ausencia de Dios, todo narrado con la sobriedad de Ingmar Bergman en Luz de invierno. Quien crea eso es porque no ha visto las películas anteriores de Park Chan-wook. En su primera parte la historia, en efecto, explora las dudas del padre Sang-hyeon. De hecho, él se ofrece como voluntario para encontrar la vacuna contra un virus mortal tras una serie de eventos que le hacen pensar que al rezar y ofrecer apoyo espiritual a sus fieles no está haciendo lo suficiente para aliviar el sufrimiento del mundo. Su transformación en vampiro lo alejará del sacerdocio pero él tratará en lo posible de apegarse a sus principios morales, por ejemplo, negándose a matar para alimentarse.
Este conflicto está presente a lo largo de toda la película pero es evidente que para Park Chan-wook esto es sólo el preámbulo para el asunto que realmente le interesa. A lo largo de la cinta hay varias escenas donde el protagonista acude con su consejero, el padre Noh, incluyendo una clara referencia a la incredulidad del apóstol Tomás, y a fin de cuentas las convicciones religiosas de Sang-hyeon lo llevarán a tomar una decisión crucial. No obstante, aunque esto sería material de sobra para cualquier otro cineasta, Park Chan-wook consideró que al relato le hacían falta varias vueltas de tuerca y por lo tanto seleccionó el argumento de Thérèse Raquin, la novela naturalista de Émile Zola publicada por primera vez en 1867, para darle sabor al caldo. No se trata sólo de alusiones vagas, guiños sólo para entendidos: en cuanto Sang-hyeon conoce a Tae-ju la historia retoma cada uno de los giros argumentales creados por Zola casi siglo y medio atrás.

- Song Kang-ho en Sed de sangre
Esto lleva a la película por derroteros ya trabajados por el cine negro norteamericano. Así, Tae-ju es la femme fatale que conducirá al inocente Sang-hyeon por la senda del crimen, nada más que el vampirismo le da a Park Chan-wook más elementos con los que divertirse. El entusiasmo del director llega a ser tan grande que hay un momento donde la cinta amenaza con salirse de madre. Son tantas las aristas que produce esta mezcla de seres fantásticos y naturalismo decimonónico -el humor negro, lo onírico, el amour fou- que a la mitad de la proyección el espectador bien puede preguntarse si Park Chan-wook sabe lo que está haciendo. Estamos hablando de un cineasta que a lo largo de su carrera se ha preocupado por hacer comprensible la irracionalidad del ser humano, ya sea con delirantes planes de venganza (en la trilogía de la ídem) o con una chica que se cree robot (en I’m a Cyborg But That’s OK), adoptando para ello un estilo tan deschavetado como sus personajes.
Ya en cintas como Oldboy o Sympathy for Lady Vengeance había quedado claro que a Park Chan-wook le tiene sin cuidado que le acusen de barroquismo, aunque en el caso de la trilogía de la venganza sus desplantes formales estaban anclados en la monomanía de sus protagonistas. En Sed de sangre, por el contrario, la difusión temática acentúa lo desmesurado de la puesta en escena, en particular la escena donde varias personas se reúnen a jugar mahjongg y la cámara los embiste cada vez que mueven una ficha o dicen algo. Estos movimientos fluidos son mejor aprovechados cuando los vampiros -porque hay más de uno- se persiguen mutuamente por los tejados de la ciudad, más aún porque el cine coreano desde hace ya varios años ha demostrado que tiene la capacidad de crear efectos especiales tan convincentes como los de cualquier producción de Hollywood.

- Kim Ok-bin y Shin Ha-kyun en Sed de sangre
Por otro lado, el cine de Corea del Sur tampoco puede permitirse malgastar millones de dólares en una sola escena, razón por la cual los directores de esas latitudes son más juiciosos a la hora de incluir efectos especiales en sus relatos. Estamos acostumbrados a ver blockbusters donde las acciones se interrumpen para que los expertos de la informática nos brinden espectáculos de luz y sonido que apabullan a los actores y cortan el flujo de la historia (ejemplos recientes: Percy Jackson, Furia de titanes). En Sed de sangre, por el contrario, las ilusiones que nos hacen creen en los poderes sobrenaturales de los vampiros son menos ostentosas y por lo tanto más persuasivas. Esto último es decisivo para que la película retome su curso en los últimos treinta minutos. Es gracias a esta moderación en el uso de los efectos que la escena final funciona como el director lo planeó, logrando conjuntar en un amanecer los ingredientes dispares de las dos horas previas, hasta rematar con la imagen, inesperadamente adecuada, de dos pares de zapatos.
Trailer de Sed de sangre (Thirst):
SED DE SANGRE
(Thirst / Bakjwi)
Dirección: Park Chan-wook; Guión: Jeong Seo-gyeong, Park Chan-wook, inspirado en Thérèse Raquin de Émile Zola; Producción: Park Chan-wook, Ahn Soo-hyun; Fotografía: Chung Chung-hoon; Música: Cho Young-ook; Edición: Kim Jae-beom, Kim Sang-bum; Elenco: Song Kang-ho (Padre Sang-hyeon), Kim Ok-bin (Tae-ju), Kim Hae-sook (Señora Ra), Shin Ha-kyun (Kang-woo), Park In-hwan (Padre Noh), Oh Dal-su (Yeong-doo), Song Young-chang (Seung-dae), Mercedes Cabral (Evelyn), Eriq Ebouaney (Immanuel)
Corea del Sur, 2009, 133 min.
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excelente reseña!!!!
Como decía Pedro Vargas: muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.
Hola¡ Excelente crítica. Me gustó mucho la película, es una propuesta que recobra el sentido del ser vampirizado, con toda su complejidad existencial, acentuada por la lucha del sacerdote vampiro por tratar de no matar.