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Permiso para matar (Brooklyn’s Finest). Antoine Fuqua y la delgada línea azul.

brooklyns-finest-posterPor Marco González Ambriz

En sus veinte años como director Antoine Fuqua ha hecho lo mismo musicales (Lightning in a Bottle) que cintas de acción (Shooter, Tears of the Sun), incluyendo un conato de blockbuster de flojera épica (Rey Arturo). Sin embargo, su trabajo más conocido sigue siendo Training Day, el thriller policiaco de 2001 con el que Denzel Washington ganó el Oscar como mejor actor protagónico. Tal vez por eso Fuqua decidió regresar al género con Brooklyn’s Finest, que cuenta con un reparto atractivo y con los lujos de producción habituales en Hollywood, pero que adolece de un predecible guión elaborado por el debutante Michael C. Martin.

La única experiencia previa de Martin como guionista es un episodio de la serie Sleeper Cell y aunque no puede haber ninguna duda que el libreto de Brooklyn’s Finest pasó por las manos de varios script doctors, algo que es normal en Hollywood, queda la sensación que los problemas de la película empezaron con el escritor. Siguiendo la moda por las historias entrelazadas, al estilo de Crash y Babel, Brooklyn’s Finest conjuga tres líneas argumentales en poco más de dos horas de proyección. En la más sugerente Don Cheadle interpreta a un policía encubierto que tras una estancia en la cárcel ha logrado convertirse en el brazo derecho del narcotraficante Casanova Phillips (Wesley Snipes, pagando su deuda con lolita). En otra Ethan Hawke es un policía de narcóticos con problemas financieros que se ve tentado por las cantidades que pasan por sus manos. En la tercera Richard Gere es un patrullero que está a pocos días de retirarse y también al borde del suicidio.

Richard Gere e Ethan Hawke en Permiso para matar
Richard Gere e Ethan Hawke en Permiso para matar

A cada historia le corresponden unos cuarenta minutos, más o menos, lo cual equivale a un episodio de cualquiera de las innumerables teleseries gringas de detectives (The Shield, Law & Order, Criminal Minds, Castle, más las que se acumulen esta semana). En Brooklyn’s Finest el director puede permitirse niveles de sexo y violencia que en televisión nunca salvarían la censura, lo que disfraza un poco la escasa originalidad del libreto pero a la vez nos hace recordar otras cintas que ya habían contado las mismas anécdotas con mejores resultados. Sin pensarlo demasiado puedo mencionar títulos como Deep Cover, Armored o Bad Lieutenant. Hay en Brooklyn’s Finest un tono fatalista que también sería difícil encontrar en la pantalla chica (la excepción tal vez sea The Wire, que no he visto) y que le da a la cinta sus mejores momentos. Cuando Fuqua retrata el desencanto de los policías ante las politiquerías de sus superiores el espectador puede constatar que el cine norteamericano siempre ha estado dispuesto a ejercer la crítica hacia las instituciones de su país, algo que no puede decirse de otras cinematografías que presumen de “contestatarias y disidentes”.

No sé si atribuirlo a la poca sustancia del guión de Michael C. Martin o al hecho de que un día antes de ver Brooklyn’s Finest padecí la ineptitud -narrativa, escénica, etnográfica- de Rubén Imaz en Familia tortuga. Cualquiera que haya sido la razón debo decir que encontré en este trabajo de Antoine Fuqua otra virtud a veces olvidada del cine hollywoodense, me refiero a la voluntad de sus directores de desplegar todas las técnicas a su alcance y no estoy hablando de efectos especiales o de desplantes escenográficos. A diferencia de tantos cineastas con ínfulas artísticas, que usan un encuadre lo mismo para un barrido que para un fregado (vgr. Ripstein y sus planos secuencia), Fuqua emplea en Brooklyn’s Finest una gran variedad de emplazamientos y movimientos de cámara de acuerdo a las necesidades de cada escena en particular. Hay reencuadres para enfatizar ciertos diálogos, tracking shots interrumpidos por planos de detalle, dolly-ins consecutivos para establecer vínculos entre personajes. La toma más lucidora es también la más simple: uno de los policías irrumpe en el departamento de unos narcotraficantes mientras la cámara permanece en la entrada, las acciones se comunican con el sonido fuera de cuadro.

Don Cheadle y Wesley Snipes en Permiso para matar
Don Cheadle y Wesley Snipes en Permiso para matar

Es un estilo que para muchos puede ser ampuloso, en franca contraposición al naturalismo de los diálogos y las locaciones. A Fuqua la retórica exaltada de Training Day le rindió buenos dividendos y es natural que el director quiera repetir lo que le funcionó en el pasado, en especial cuando el guión está pidiendo a gritos el melodrama. A este llamado acuden Don Cheadle, que es tan buen actor que transmuta el folletín en tragedia, Ethan Hawke, que con la edad ha mejorado bastante, y un reparto que incluye a Wesley Snipes repitiendo su papel de New Jack City y a Ellen Barkin haciéndole de vagina dentata. He leído buenos comentarios sobre el trabajo de Richard Gere en Brooklyn’s Finest, algo que me extraña porque yo lo noté tan inexpresivo como en casi todas sus películas. En Desaparecidas, donde tuvo un papel similar, estuvo más convincente. De cualquier forma, sería injusto señalar a Gere como responsable de que Brooklyn’s Finest naufrague porque de eso ya se encargó el escritor, orquestando un desenlace que tiene de sangre lo que le falta de lógica, con un cúmulo de coincidencias que refuta todo el realismo previo.

Trailer de Permiso para matar (Brooklyn’s Finest):


PERMISO PARA MATAR
(Brooklyn’s Finest)

Dirección: Antoine Fuqua; Guión: Michael C. Martin; Producción: Elie Cohn, Basil Iwanyk, John Langley, Avi Lerner, John Thompson; Fotografía: Patrick Murguia; Música: Marcelo Zarvos; Edición: Barbara Tulliver; Elenco: Richard Gere (Eddie Dugan), Don Cheadle (Tango), Ethan Hawke (Sal), Wesley Snipes (Casanova Phillips), Shannon Kane (Chantel), Brian F. O’Byrne (Ronny Rosario), Will Patton (Hobarts), Ellen Barkin (Agente Smith), Lili Taylor (Angela)

Estados Unidos, 2009  -  132 min.

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