El Muletas al 100
Por Marco González Ambriz
Raydel López Uriarte, por mal nombre El Muletas, es un narcotraficante que antes de ser detenido en febrero de este año tuvo una carrera criminal tan sanguinaria como pintoresca. Participó en 350 homicidios, era el que surtía de cadáveres al Pozolero, Los Tucanes de Tijuana le hicieron un corrido relatando como logró escapar de un restaurante a pesar de estar rodeado de policías, poseía armas recubiertas en oro con su nombre escrito con diamantes y, lo más increíble, tenía su propio ejército: las Fuerzas Especiales del Muletas, unos 200 sicarios uniformados con el logo de Jackass, su programa favorito, que bajo sus órdenes secuestraban, torturaban y decapitaban a los enemigos de El Teo, líder del cártel de los Arellano Félix.
A los videohomeros siempre les ha gustado retomar a personajes como El Muletas para sus películas, aunque, eso sí, con las debidas precauciones: hay casos de filmaciones interrumpidas por tipos armados, inconformes por la forma como el director había retratado a sus patrones en películas anteriores. Los mismos narcocorridos con frecuencia contienen alusiones a estos personajes, el que se oye durante los créditos finales de El Muletas al 100 dice cosas como “su nombre no se los digo, porque no está permitido”. Sea por cautela o por simple cálculo comercial, los videohomeros también tienen la mala costumbre de tomar sólo un par de elementos de los casos reales de nota roja como pretexto para volver a contar la misma historia de traición y venganza que ya hemos visto muchas veces en este género.
El Muletas al 100 es un ejemplo de esto último. De todo lo que mencioné en el primer párrafo lo único que se incluye en la película es su apodo, locaciones en Tijuana, la plaza donde operaba, y un personaje al que todos llaman “el patrón”, que representa nada menos que al Tres Letras. Por lo demás estamos ante un argumento ya muy visto en este tipo de producciones. El guión, a cargo del también director y editor Alonso Lara, narra cómo las cuentas pendientes entre el Muletas y Aristeo, otro integrante del cártel, resultan en un levantón que está a punto de provocar la ruptura entre “el patrón” y el comandante Arroyo, el jefe de la policía que les brinda protección. Para relatar esto Lara se apega al estilo tradicional del videohome de narcos: hay muchas reuniones entre los delincuentes, en billares, en autos, en amplias residencias (de preferencia junto a la alberca, haciendo hincapié en el lujo que les rodea), así como varias balaceras.
Ahora bien, estas balaceras son frecuentes pero en ellas normalmente participan sicarios anónimos, pistoleros a los que nunca habíamos visto antes y que sólo aparecen a cuadro para caer abatidos por las balas instantes más tarde. Por eso, aunque en teoría podría decirse que El Muletas al 100 tiene acción de sobra, la verdad es que el desarrollo de la historia es bastante lento, con muchos diálogos y con poco suspenso. Podrían salir otros cien extras baleados con los infaltables estopines sin que esto se traduzca en mayores emociones, por la sencilla razón de que a esos personajes ni los conocemos, que vivan o mueran es algo que al espectador le vale tres kilos de verdolaga. Además esta misma escena se repite tantas veces -en El Muletas al 100 hay al menos cuatro ejemplos de ello- que no hace sino resaltar lo rutinario de las secuencias de acción.
Más allá de la irremediable decepción por no ver en pantalla casi nada de las hazañas del verdadero Muletas, queda también la sensación de que la película pudo ser mejor con sólo hacerle algunos ajustes al libreto. Por ejemplo, el levantón ya mencionado es en realidad una treta que tiene la intención de culpar al Muletas y hacerlo caer de la gracia de “el patrón”. Al inicio de la película vimos al Muletas y sus hombres, con el rostro cubierto, realizando una acción similar por órdenes de su jefe. Si el director nos mostrara la escena del secuestro principal, con un grupo de enmascarados irrumpiendo en un gimnasio y llevándose a su víctima, sin hacer más aclaraciones, el espectador podría suponer que, en efecto, El Muletas podría ser el responsable. Sin embargo, justo antes se había visto a los verdaderos culpables planeando este plagio, por lo que no hay tal confusión.

- Cristina Mendívil en El Muletas al 100
Hay otras subtramas que se desperdician. En los primeros treinta minutos se insiste mucho en que El Muletas está encaprichado con Mara, una escort a la que contrató por una semana. Más tarde la presencia de la chica en un rodeo desencadena un pleito entre El Muletas y un junior. Pasan los minutos y Mara va desapareciendo de la trama, con lo que el personaje más bien parece una excusa para sacar a Cristina Mendívil en bikini. Al menos ella tiene cierto peso en la historia, el papel que hace Ana Rosa Martínez es tan secundario que estoy seguro que era sólo un pretexto para que la actriz luciera su figura con minifaldas, pantalones entallados y un top rojo escotado. Con un atuendo muy diferente sale el veteranísimo Bernabé Melendrez, interpretando al comandante Arroyo, otro personaje que pudo ser más interesante si la rutina no le hubiera ganado la partida al director. De entrada Arroyo aparece como el típico policía incorruptible del videohome, cuando más adelante se revela que no es así y que en realidad tiene tratos con el cártel este dato se menciona de pasada, como si fuera algo sin importancia.
El director da indicios de querer hacer algo diferente con la puesta en escena. El lenguaje cinematográfico de El Muletas al 100 le sigue debiendo mucho a las películas de Mario Almada de hace treinta años pero al menos hay una cierta voluntad por parte de Alonso Lara para hacer que los actores se muevan sobre el eje de la cámara, junto con top shots recurrentes, con lo que se consigue un estilo menos plano que el de otros videohomes de narcos. No obstante, El Muletas al 100 confirma que a los videohomeros no les preocupa demasiado que sus encuadres, en perpetuo medium shot, parezcan poco imaginativos en comparación a lo que hacen sus colegas gringos del straight-to-video. Cualquier de las incontables películas de terror estrenadas directamente en DVD en Estados Unidos maneja un lenguaje audiovisual más atractivo: con close-ups, paneos, cámara en mano y planos subjetivos. Eso y el afán de ajustarse dentro de lo posible a los hechos reales, como puede apreciarse en las cintas que retoman casos de asesinos seriales, hace que esas producciones, también muy modestas, sean preferibles a un videohome como El Muletas al 100.
Trailer de El Muletas al 100:
EL MULETAS AL 100
Dirección, Guión, Edición: Alonso O. Lara; Producción: Juan Manuel Romero; Fotografía: Alfredo Arellano; Música: Gabriela Díaz; Elenco: John Solís (El Muletas), Bernabé Melendrez (Comandante Arroyo), Jesús Pérez (Paco), Oscar Saldívar (Escorpión), Cristina Mendívil (Mara), Roberto Carbajal (Aristeo), Héctor Romero (Ricardo), Ana Rosa Martínez (Jennifer), Luis Ramos El Pariente (Chico), Tomás Pérez (Primo), Irma Merino (madre de Ricardo), Paola Lavenant (Leslie), Adi Moreno (Janet)
México, 2009, 106 min.
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