Celda 211
Por José Luis Ortega Torres
Dramas carcelarios hay muchos. Son, de hecho, un subgénero en sí mismo, por lo que sus códigos están perfectamente establecidos y son fácilmente reconocibles para el espectador, lo que se convierte en una arma de doble filo si sus resortes no son correctamente tensados para provocarle la angustia necesaria para la identificación de a) el “dónde”, es decir, el escenario meramente físico y agreste propio de una prisión, b) el “por qué”, que se refiere a las causas del encierro de el o los personajes implicados y c) el “cómo” va a soportar el personaje central las situaciones límite que se expongan.
Es a partir de estos elementos que se desarrollará, de manera más o menos clásica, la historia de un personaje puesto de frente a decisiones extremas que no tendría por que experimentar, de no ser porque vive un evento ajeno a su cotidianidad, pero donde al final del camino tortuoso, sabemos que se encontrará la redención de su buen nombre y su reincorporación a la sociedad. Celda 211, filme español dirigido por Daniel Monzón, se convirtió en la sorpresa del cine español de la temporada 2009, mérito que se debe, amén de su buena factura técnica, a que rompe de manera directa con los cánones que rigen el camino del héroe carcelario lópez-velardiano que “…vuela sobre el pantano sin ensuciar su plumaje…”, porque Monzón es capaz no sólo de hundir a Juan Oliver, su protagónico, en la absoluta degradación, sino que no conforme con eso, lo mancha de pies a cabeza, pero no de fango, sino de sangre.
Oliver es un joven y nuevo funcionario de prisión que sin deberla ni temerla, se encontrará -en su visita a la cárcel un día antes de su incorporación oficial al cargo- herido en la cabeza y en medio de un violento motín encabezado por el brutal Malamadre, reo de esos que no tienen nada que perder porque la vida entera se la deben a las paredes que lo mantienen alejado de la sociedad y que, no obstante, se manifiesta por mejorar las condiciones de vida y derechos suyos y del resto de los reos, quienes intentan aún conservar migajas de la dignidad humana que ellos mismos han dejado escapar con el lento paso de los años de encierro.

Es así que Juan, desconocido por todos los internos, deberá hacerse pasar por uno de ellos para ganarse la confianza del pendenciero Malamadre, con el único afán de sobrevivir en el epicentro mismo del huracán de terror que se ha desatado, pues a diferencia de ellos afuera tiene motivos para vivir. Correctamente nos es presentado el personaje como un tipo inexperto y algo tímido, es decir, el cliché primario de estos dramas carcelarios: el hombre débil que debe sacar fuerzas de flaqueza en la más demente adversidad. No obstante, no estamos ante la figura meditabunda de un Tim Robbins en Sueños de fuga, pero tampoco ante la fría brutalidad todopoderosa del Edward James Olmos de Santana, americano yo; sino ante algo mucho más aguzado: una fuerza primigenia que reacciona por el puro instinto de sobrevivencia.
Así, en un par de minutos, Juan deberá hacerse pasar por “el nuevo” y sufrir algunos maltratos propios de la novatada ante Malamadre, si es que quiere salir con vida de la ratonera, para lo cual debe de pensar una fracción de segundo más rápido que el líder de la revuelta y así ganarse su confianza. Sin embargo, Daniel Monzón poco a poco va tendiendo las redes de un argumento que es mucho más complejo de lo que parece, al contarnos, en atinados y cortísimos flashbacks -cortados con un timing preciso para evitar rodear por información innecesaria-, la mañana previa a la llegada de Juan a la prisión: está idílicamente casado con una bella joven que está embarazada, motivo individual que moverá al personaje hacia su lucha personal por lograr salir de la confusión. Mientras, de manera paralela, se incluye una línea que sirve como bomba de tiempo para la explosión de la masacre al interior del penal -provocando la elevación del suspense narrativo- cuando cuatro prisioneros etarras sean tomados como rehenes por Malamadre, quien tomará sus vidas como moneda de cambio para negociar sus exigencias, motivo grupal que también afectará a Juan para poder o no, cumplir con su objetivo primario.

Es esa lucha encarnizada por la sobrevivencia al precio que sea, la que pone al personaje en un caos de unas cuantas horas -toda la acción transcurre en, a lo sumo, día y medio- que modificará sus expectativas no sólo en su propias decisiones, sino que también dejará al descubierto el papel de las instancias coercitivas -la obvia brutalidad policía encarnada en Utrilla-, legales -los ministros de justicia que no atinan a negociar debidamente- y del cumplimiento de las normas políticas y sociales. Es ahí, cuando enfrentado a una realidad dolorosa, Juan comience a mimetizarse con esos hombres olvidados de las leyes, de quienes aprenderá que la vileza no necesariamente está únicamente al interior de las rejas. De esta manera estamos ante un proceso inverso de toma de conciencia del personaje, pues en lugar de ser llevado por el derrotero de la justicia a raja tabla, el director nos permite ver como la violencia y la sangre lo transforma no sólo en su expresión física, sino también en lo intelectual.
Así, de ver a un Juan Oliver trajeado y limpio al inicio de la cinta, tenemos hacia el último tercio de ésta a un “Calzones” -sobrenombre que le adjudica Malamadre- de ropa desgarrada y ensangrentada, cuya enclenque figura luce finalmente imponente y poderosa, tanto que ha pasado ya a ocupar el primer plano de la cinta, situándolo en escenas clave en tiros de cámara que lo hacen ver por encima de la rapada cabeza de Malamadre, quien poco a poco a cedido ante los “encantos” de Juan: capacidad de análisis de la situación, violencia que él mismo desconocía y un valor surgido de la desesperación que le hacen ganar el respeto de cada uno de los reos.

Por supuesto que en Celda 211 existen algunos de los clichés básicos que sirven para dar movimiento a la acción, como la presencia del mencionado Utrilla, policía corrupto y sumamente violento que disuelve a madrazos una manifestación a las puertas de la prisión dónde es atacada Elena, la esposa de Juan, que alertada por los noticieros ha ido a buscarlo. La delación de ese mismo policía, quien intenta cobardemente salvar su vida a cambio de desenmascarar a Juan, y el golpe dramático que termina por hundir a éste joven burócrata en ciernes para dar paso al nacimiento de una fuerza deseosa de venganza, cuando por medio de una grabación se dé cuenta de que sus motivos en el exterior ya no existen y ahora sea uno más de esos mismos hombres que le rodean.
Ahora bien, esta mutación en el personaje de Juan Oliver es únicamente posible gracias a la presencia de Malamadre, quien funciona como un espejo donde se reflejan las pulsiones más primitivas del joven, las que finalmente se desatan y, en sentido inverso, servirá también para que el criminal respete su vida al descubrir su verdadera personalidad como un tributo a una honestidad de acción que va mas allá de la simple usurpación de identidad. Juan es leal y honesto a él, a Elena y al propio Malamadre, a quien termina por aconsejar a favor de su causa.

Daniel Monzón ha construido un cuadro de amistad viril digna del John Woo de The Killer, otro retrato de polos opuestos donde criminal y “hombre de ley” tienen más puntos en común de los que a simple vista se pueden notar, porque mas allá de sus respectivas actividades, son hombres íntegros con sus causas y, principalmente, consigo mismos. Celda 211 es un filme poderoso en la medida de que las convenciones sociales se han dinamitado, al igual que los clichés genéricos para dar rienda suelta a un filme ágil donde los personajes y situaciones corren en sentido diametralmente opuesto al simple ejercicio melodramático para plasmar una cruel metáfora sobre el conocimiento interno y el fortalecimiento del espíritu a través de la tragedia.
Juan Oliver y Malamadre son las dos caras de una misma moneda, cuya integridad moral supera los cánones básicos de sujeción a simples convenciones sociales, elevándose de esa forma a un plano de entendimiento sublimado como lealtad y congruencia a los principios regidores de cada uno de ellos como individuos. Ambos hombres se han mimetizado al final del camino en una sola entidad intelectual donde el cuerpo de uno de ellos resultará, a futuro, innecesario, porque las enseñanzas legadas a sangre y fuego al sobreviviente de la masacre, lo han hecho ya trascender más allá de un encierro físico donde paredes y rejas poco significan.
CELDA 211
Dirección: Daniel Monzón; Guión: Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón, basados en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul (2004); Producción: Álvaro Agustín, Juan Gordon, Emma Lustres, Borja Pena, Vérane Frédiani, Franck Ribière; Fotografía: Carles Gusi; Música: Roque Baños; Edición: Mapa Pastor; Con: Alberto Ammann (Juan Oliver), Luis Tosar (Malamadre), Carlos Bardem (Apache), Marta Etura (Elena), Antonio Resines (Utrilla), Luis Zahera (Releches), Manolo Solo (director de la cárcel), Joxean Beongoetxea (el Profe)
España – Francia, 2009, 110 min.
Participaciones:
Muestra Internacional del Arte Cinematográfico, Venecia, Italia 2009; Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2009; Festival Internacional de Cine de Cataluña – Sitges, España 2009; Festival Internacional de Cine de Beauvais, Francia 2009; Festival de Cine Europeo de Les Arcs, Bourg-Saint Maurice, Francia 2009; Festival de Cine de Gotemburgo, Suecia 2010; Festival Internacional de Cine de Hong Kong 2010
Premios:
Premios Goya a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado, Mejor Actor Principal (L. Tosar), Mejor Actor Revelación (A. Ammann), Mejor Actriz de Reparto (M. Etura), Mejor Edición y Mejor Sonido (Sergio Bürmann, Jaime Fernández, Carlos Faruolo), Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España 2010; Premios a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (L. Tosar), Mejor Edición y Mejor Música, Círculo de Escritores Cinematográficos de España 2010; Premios Fotogramas de Plata a Mejor Película Española y Mejor Actor de Cine (L. Tosar), Entrega de Premios de la Revista Fotogramas. Madrid, España 2010; Premios ACE a Mejor Actor en Cine (L. Tosar) y Mejor Actor de Reparto en Cine (C. Bardem), Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York. Estados Unidos 2010; Premio Sant Jordi a Mejor Película Española. Radio y Televisión Española [Corporación de Radio y Televisión Española], Barcelona 2010; Premios a Mejor Actor Protagonista en Cine (L. Tosar), Mejor Actor Secundario en Cine (C. Bardem) y Actor Revelación (A. Ammann), Unión de Actores de Madrid [Fundación Actores Artistas de España] 2010; Premio a Mejor Álbum de Banda Sonora de Obra Cinematográfica, Academia de las Artes y las Ciencias de la Música. Madrid, España 2010.
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A mi en general me gustó, pero las escenas con las esposa, todas, se me hicieron horribles y forzadísimas…. e inverosimil su presencia en el motín fuera de la cárcel…. pero la escena que me indigno, fue donde la vemos comprar jitomates en el mercado…¿eso qué? solo como para pegar una secuencia a otra dentro de la cárcel.
De ahí en fuera todo lo que ocurre dentro muy interesante y los personajes bastante padre y bien actuados
Saludos
Saludos Omar e Iván!
Pues sí, creo al igual que ustedes que la parte más débil de la cinta es la presencia femenina en tiempo presente como contrapunto al universo cabrón-viril de la prisión. Me gustan mucho los flashbacks iniciales que dan cuenta de la situación familiar de Oliveir, porque le dan sustento a sus acciones posteriores (hay un motivo para querer salir de ahí a toda costa), sin embargo había que dar el paso a la situación trágica -SPOILER pa’ quien todavía no la ven, se abstengan-: la golpiza a ella que desencadena el cambio de carácter de él, lo que era fundamental. No es lo mismo querer salir porque afuera lo están esperando a querer venganza porque han provocado que afuera ya nadie lo esté esperando.
Pero en general, bien. Me sigue pareciendo una muy buen action-drama carcelario. Ojo al cine español contemporáneo, sigue pegando duro.
CHAU!
La construcción y desarrollo de personajes es magnífica. Ambos protagónicos, Malamadre y Olivier, son polidimensionales y correctos. En especial el primero está llamado a ser uno de los antagonistas más memorables del celuloid.
Sin embargo, hay algunas escenas en donde se rompe -o está a punto de romperse-, la verosimilitud de la película. Uno de estos momentos es cuando Olivier, impaciente por conocer el estado de su esposa, le solicita a Malamadre el Walkie Talkie. Además de que se lo exige como que muy al chile (A un convicto y asesino a sangre fría), habla con el funcionario con demasiada familiaridad (y ninguno de los reclusos se pregunta la razón).
Otro es el hecho de que el negociador enviado por la presidencia entre a negociar sin saber la suerte de Utrilla. ¿Cómo mandan a un nuevo negociador sin saber que pasó con el que enviaron antes?
Por último, y para evitar spoilers, sólo diré el final está perfectamente bien resuelto ya que el director ha sabido darle al espectador los datos suficientes para comprenderlo.
Grande Jose Luis querido! =)
Maravilloso el comentario! A mi sinceramente me entretuvo muchisimo esta pelicula…. es entretenida!! Ahora, creo que para crudeza, hay que ver CARANDIRU… ejem, les paso el dato a Ivan y Omar.. =) Otra muy buena fue DAS EXPERIMENT. Que buena pelicula! =)
En fin, creo que Celda 211 cumple en el sentido que esta bien armada, que hay dinamismo de principio a fin.. los personajes son en su mayoria, creibles.. yo compre lo que me vendieron! =) Hay calidad.. aunque le busquemos el pelo al huevo.. España la rompio con esta pelicula.. hubo pasion, carajo! No me digan que no..
Saludos Jose Luis! Que comiences bien la semana! =)