Vampiros (John Carpenter’s Vampires / Vampires)
Por José Luis Ortega Torres
John Carpenter es, junto con Wes Craven, uno de los dos artífices del cine de terror comercial yanqui que se ha mantenido bien establecido con el paso de las décadas y siempre aportando títulos de valía dentro del género, a diferencia de, por ejemplo, la irregularidad de Tobe Hopper, el cambio de registro de Sam Raimi hasta antes de Arrástrame al infierno y el resurgimiento de George A. Romero por vía de la nueva oleada de cine zombie que vino a reivindicarlo como el padre de los cadáveres ambulantes.
La segunda mitad de la década de 1990 fue particularmente provechosa para el cineasta neoyorquino, ofreciéndonos títulos de terror psicológico como In the Mouth of Madness (En la boca del miedo, 1994), Village of Damned (El pueblo de los malditos, 1995), remake del clásico homónimo de Wolf Rilla de 1960 y Escape from L.A. (Escape de Los Ángeles, 1996), puesta al día de su propia Escape from N.Y (Escape de Nueva York, 1981), esta vez con mejor presupuesto, recursos técnicos y de efectos especiales para un filme de acción en el que Kurt Russell retoma su personaje del mercenario Snake Plissken. Pero será en 1998 que Carpenter retome uno de los mitos clásicos del género en John Carpenter’s Vampires (Vampiros), para darle un giro que en aquel momento resultó refrescante para el género que ya venía soportando los embates de las variaciones adolescentes que habían edulcorado a este ser de la noche a grados paródicos, en gran parte por culpa de lo iniciado por Buffy, la caza vampiros, en su versión televisiva, todo un éxito teen que se transmitió un año antes. Todos los fanáticos del terror sabíamos que con Carpenter a la cabeza, el más mínimo atisbo de humor es impensable.
Así queda asentado por Rafael Aviña, crítico mexicano gustoso de la moronga fílmica, que le dedica algunas páginas (y la foto de portada, además) de su libro El cine de la paranoia [p.p. 105 - 106]:
“Vampiros rebasa la simple parodia sanguinolenta en un relato donde permea una clara intención irónica que muestra un gran respeto por las fórmulas genéricas… el vampirismo es visto como metáfora del asesinato en serie, sin descuidar el relato gótico que rompe con ese relamido cine de vampiros demodé como lo demuestra la maravillosa secuencia del motel lynchiano; una orgía de sangre digna del mejor Herschell Gordon Lewis”

Al igual que los mejores relatos fílmicos sobre vampiros, esta película encuentra su punto de origen en la literatura, el guión de Don Jakoby se basa en la novela Vampire$ de John Steackley. Ya desde los inicios de la cinta podemos ver que se trata de una agradable mixtura del relato clásico de vampiros con las herramientas necesarias para hacerlo vistoso a una nueva generación de espectadores que como bien señala Aviña, estábamos algo hastiados de la figura del vampiro andrógino. De inicio se trata de un western, lo notamos a primera vista cuando un grupo con pinta de pistoleros se acercan a una cabaña perdida en el desierto de Nuevo México para dar cuenta de los forajidos que allí se guarecen.
Sólo que la verdadera historia inicia con un grupo cazadores de vampiros que llegan ante un nido para exterminarlo. No sólo es el argumento el que se permite esta licencia genérica, sino también la estética planteada por Carpenter, que más que acercarse al universo tenebroso de la casona maldita nos lleva a una árida cabaña fotografiada en tonos amarillentos que refuerzan la imagen desolada que presenta hacia el exterior. En medio de esas paredes de madera desvencijada el primer enfrentamiento deja como saldo nueve vampiros destruidos. Vampiros de segunda, pues el amo del nido no fue encontrado.

Durante esta primera batalla podemos encontrar nuevos elementos que alejan este filme del romanticismo manido de anteriores cintas vampíricas, pues el ritual previo a la cacería no es el místico, sino el práctico, ataviándose todos los miembros de modernas armas que incluyen desde ballestas hasta ametralladoras. Ya no es más el científico naturalista Van Helsing dominado por el choque de sensaciones fascinación/odio contrapuestas frente a la figura del vampiro, ahora es un Jack Crow -James Woods- cuya misión de exterminarlos es, antes que nada, una cruzada personal tanto como un encargo de instancias superiores.
Jack Crow es hijo de un matrimonio convertido en vampiros. Él mismo, siendo niño, tuvo que asesinar a su padre para sobrevivir, desde entonces la iglesia lo adoptó e instruyó para que se convirtiera en el verdugo de los monstruos como líder de un grupo de cazadores formado y patrocinado por el Vaticano. Después de acabar con el nido y ya en un hotel de paso, mientras celebran una orgía, hasta sus puertas se presenta Valek, el amo vampiro, para hacer una carnicería -la referida por Aviña- y acabar con todo el grupo, incluido el sacerdote Giovanni, amigo y guía espiritual de Crow y del grupo. A ese ataque sobreviven Katrina, una de las prostitutas y Tony Montoya, fiel amigo de Crow, quien no es atacado por Valek, pues lo ha reconocido.

De aquí se desprenden dos rasgos interesantes: uno, que devuelve al vampiro su imagen de seductor y animal sexual -que por aquellos años se había perdido- cuando vampiriza a Katrina, primero mordiendo su muslo y después haciéndole un cunilingus que le proporciona a la chica tremendo orgasmo, según se ve en la escena. El segundo, da fuerza al personaje de Montoya, el amigo que aun sin estar de acuerdo con los procedimientos del líder, vive para cubrirle sus espaldas, incluso a sabiendas de que está condenado a morir, rasgo también característico de los westerns crepusculares, clásicos por su derramamiento de sangre y la amistad viril.
Así, con los elementos propios de un universo fílmico que Carpenter no desconoce -recordemos que Assault on Precint 13, Escape from New York, e incluso, Big Trouble in Little China son, de hecho, estilizaciones de westerns en clave de cine fantástico, como también lo será su posterior Ghosts of Mars del 2001- sumados a nuevos conceptos acerca del vampirismo, el director resuelve la trama de manera fluida e inteligente, plagada de secuencias gore por demás extremas que en nada desmerecen a la historia, que también incluye nuevos tópicos a la filmografía vampírica.

Entre los nuevos logros cabe mencionar la sugerente escena donde los vampiros surgen de la tierra y no de ataúdes, adquiriendo con ese simple rasgo la fuerza de un mal natural, superior en antigüedad y poder a la raza humana, una de las pocas escenas nocturnas, pues varias de las escenas clave se dan bajo la sofocante luz del sol, incluidos ocasos y amaneceres. Se justifica además la presencia de Valek culpando de ello a la iglesia, pues se descubre que fue un sacerdote renegado acusado de herejía, quien al ser víctima de un mal exorcismo se convirtió en un vampiro condenado contra su propia voluntad a vagar por siempre.
La religión católica fue quien desató la peste. Los todopoderosos crucifijos, letales para Bela Lugosi, Christopher Lee, Germán Robles y las piernudas vampiresas némesis de Santo, no sirven de nada contra los vampiros modernos, de hecho Valek necesita, más que nada, la Cruz de Berziers para adquirir el poder de caminar bajo el sol, y quien lo ayudará a conseguirla será un cardenal católico renegado, como él lo fue. Aunque claro, no puede faltar algo de moralina, después de todo se trata de un filme de Hollywood: además del semimuerto Montoya, el casto padre Adam -sustituyendo a Giovanni- será quien ayude a Crow, no sin antes ganarse su confianza siendo blanco de numerosas golpizas y provocaciones, pero que al momento climático se muestre como el fiel servidor de Cristo, acabando con el cardenal apóstata y enfrentándose a los monstruos.

Después de la lucha entre las dos fuerzas en medio de un pueblo fantasma, donde es obvio saber quien será el vencedor, Crow descubre que Montoya fue vampirizado por Katrina días atrás y aun así le fue fiel. Por gratitud lo deja huir, advirtiéndole que algún día lo encontrará y lo matará. De momento se despide de él como su igual dándole un abrazo. El relato de vampiros que John Carpenter muestra en forma de western crepuscular, termina ciñéndose a los tópicos de este viril género: los amigos se separan sabiendo que ya no están en el mismo bando y que un nuevo encuentro los habrá de enfrentar, y entonces, sólo uno sobrevivirá.
Carpenter logra con Vampires una renovación del género que hoy en día, a 12 años de haber sido filmada, nuevamente se va diluyendo, cediéndole terreno nuevamente a la vampirología andrógina de consumo rápido y nulo interés a posteriori. Nuevas mitologías azucaradas como Crepúsculo o Vampire Diaries poco o nada aportan al género y terminan por opacar esfuerzos loables como los de True Blood, serie que pareciera beber, por lo menos un poco, de las constantes dejadas por John Carpenter como lección de correcta mixtura de géneros.
VAMPIROS
(John Carpenter’s Vampires / Vampires)
Dirección: John Carpenter; Guión: Don Jakoby, basado en la novela Vampire$, de John Steakley; Producción: Sandy King, Don Jakoby; Fotografía: Gary B. Kibbe; Música: John Carpenter; Edición: Edward A. Warschilka; Con: James Woods (Jack Crow), Daniel Baldwin (Anthony Montoya), Sheryl Lee (Katrina), Thomas Ian Griffith (Jan Valek), Maximilian Schell (cardenal Alba), Tim Guinee (padre Adam Guiteau), Gregory Sierra (padre Giovanni), Thomas Rosales (Ortega)
Estados Unidos / Japón, 1998 - 108 min.
Participaciones: Festival de Cine Fantástico. Múnich-Berlín-Frankfurt-Stuttgart, Alemania 1998; Festival de Cine Ambulante de Rennes, Francia 1999; Festival de Cine de Turín, Italia 1999; Premios a Mejor Actor (J. Woods), Mejor Maquillaje y Mejor Música. Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror de los Estados Unidos, 1999.
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Hay que recordar que el cine de tema vampírico (al igual que el de zombies) es cíclico: cada cierto tiempo surge algún título que de alguna manera viene -paradojicamente- a “dar vida” al género. ¿Alguien recuerda en los ochentas “Fright night”, “Vamp” o “Near Dark”? títulos que mostraban al vampiro como entes modernos, discotequeros o errantes en las carreteras. Los Vampiros de Carpenter, e incluso, Del Crepusculo al amanecer, vienen a continuar este ciclo.
Me permito recomendar una cinta de bajo presupuesto llamada Shelf Life (2003), que vuelve a dar un giro interesante al tema de los chupasangre. El dvd lo pueden encontrar en México con el nombre de Inhumano, eso sí, ignoren la portada que esta como para sacarle la vuelta.
Saludos Luis!
Ojalá pronto encontremos una nueva joya del vampirísmo a contracorriente de los “vampis” anodinos que nos endilgó Stephanie Meyer. Acá en Cinefagia nunca hablamos de las películas de la saga Crepúsculo, pero sí puedo decir que vi la primera de ellas y al termino, lo único que sentía era estupefacción: ¡cómo es posible que un filme de vampiros pueda ser tan tremendamente aburrido! …podría ser una cinta de vampiros fresa, melosa u humorística, pero JAMÁS aburrida. No hay acción, no hay movimiento, no hay tensión. No hay nada. En fin, una pena incluirla en la vampirología fílmica, pero ni modo.
Buscaremos la cinta que mencionas, Shelf Life, que desconozco. Gracias por la recomendación
CHAU!
Stephanie Meyer logró -tanto en las letras como en el celuloide-, lo imposible: que extrañaramos a Anne Rice y sus vampiros manfloros.
En cambio, con esta película, Carpenter le dió una refrescante actualización al género mostrando a la criatura, ya no como un aristócrata atormentado, sino como todo un depredador , una fiera que no duda a la hora de destripar a su presa o que puede dormir, sin ningún recato, en una guarida escavada en la tierra -subrayando su condición de alimaña-.
En especial, me parece acertada -aunque no totalmente lograda a nivel guión-, su explicación acerca del origen de los vampiros como un error del ritual católico.
Este tema da para mucho, ya que ¿Qué es la eucarístía católica -tomad y comed todos de él…-, sino una alegoría a la antropofagia y al vampirismo?
Muy buena crítica, J.L.
Saludos
ODV
Luis: Supongo que ya viste “Déjame entrar” (busca el texto ene ste mismo sitio), de no ser así, te has perido d elo que algunas mentes llaman la mejor pelúiucla de vampiros jamás hecha. Aunque considero exagerado ese mote, lo cierto es que dicha película resulta tan refrescante como adicitiva, y la novela lo es más.
Saludos
No he leido la novela, pero efectivamente, la pelicula resulta adictiva, aunque tampoco estoy muy seguro que sea la mejor cinta de vampiros. Por cierto, hay otra pelicula que aborda el tema de una forma, digamos, minimalista: Adicción, de Abel Ferrara, muy recomendable si es que se busca un enfoque distinto al de los vampiros chic.
Qué chido que rescataste esta película de Carpenter. Recuerdo haberla disfrutado a lo grande en el cine Ermita (que todavía hacía intermedios), a unos pasos de Metro Tacubaya. Me parece que el personaje de Jack Crow merecía una secuela, y no esa cosa de origen dudoso que sería Vampiros: Los Muertos, con Bon Jovi y Diego Luna, si bien recuerdo.
Chido texto!!!
Vaya con Dios, Slayer.
Saludos Jorge!
Pues sí, desgraciadamente recuerdas bien. Vampiros: Los muertos apesta, no fue una buena secuela en ningún aspecto, con todo y que el propio Carpenter fungió como Productor Ejecutivo. Creo que él es el primero en querer borrarla de la memoria colectiva.
¡Gracias por los comentarios!