Forced Entry. Shaun Costello, Harry Reems y el síndrome post-Vietnam.
Por Marco González Ambriz
Las películas porno de los 70 que mezclaron sexo explícito y violencia tuvieron un claro antecedente en los nudie roughies de la década previa, por lo que Forced Entry no puede considerarse original incluso si aceptamos que se haya filmado en 1971, como afirman algunas fuentes. De ese mismo año, o incluso antes, datan cintas como Girl in a Basket y Bad, Bad Gang, ambas con la actriz protagónica Rene Bond siendo sometida a todo tipo de vejaciones. La aportación del actor, guionista y director Shaun Costello, en este caso trabajando con el seudónimo Helmuth Richler, fue más bien aprovechar lo que era entonces un tema de candente actualidad: el llamado “síndrome post-Vietnam”.
Actualmente conocido como Post Traumatic Stress Disorder, este es un trastorno provocado por eventos traumáticos. Fue detectado en buena medida gracias a las actividades de la organización Vietnam Veterans Against the War, que reclutó a dos prominentes psiquiatras, Robert Lifton y Chaim Shatan, para diseñar terapias de grupo que ayudaran a los ex-combatientes a superar este problema. En 1973 Robert Lifton publicaría el libro Home from the War. Vietnam Veterans: Neither Victims nor Executioners, basado en esas sesiones. El prólogo de Forced Entry abre con una nota periodística sobre el síndrome post-Vietnam, seguida de imágenes de archivo tomadas de los documentales de propaganda del Viet Cong y una cita del mismo Lifton. Esto le da a la película un tono distinto al de otras producciones XXX que usaban la violencia como un elemento adicional y no como una ocasión, por muy oportunista que fuera, para ejercer la crítica social.
Este tono nihilista queda definitivamente establecido cuando entramos a la parte propiamente narrativa (o diegética, si nos queremos poner teóricos) de Forced Entry. Una toma subjetiva, en close-up, de una cámara fotográfica da paso a un grupo de personas que examinan algo que yace en el suelo. El espectador pronto adivina que se trata de policías y peritos trabajando en la escena de un crimen, sospecha que se confirma cuando la cámara muestra el cadáver de un tipo, muerto de un tiro en la cabeza. El actor que hace el papel de víctima es nada menos que Harry Reems, famoso por su papel de doctor en Garganta profunda, y la vocación transgresora de Shaun Costello se hace patente en su decisión de poner el título de la película sobre la imagen de los sesos desparramados del difunto.

- Harry Reems en Forced Entry
Mientras los créditos de técnicos y actores aparecen en pantalla se ve a una mujer que conduce su auto por las calles de Nueva York, hasta detenerse en una gasolinera. El dueño del negocio es de nueva cuenta Harry Reems, dando a entender que el truculento preludio es en realidad un flash forward y que estamos presenciando los últimos días en la vida de este anónimo sujeto. Con una treta elemental el tipo le saca a la mujer su dirección, con fines claramente perversos. El departamento donde ella vive no está lejos, por lo que el dueño de la gasolinera decide caminar hasta ahí. En el trayecto reaparecen los stock shots de Vietnam, lo que indica que el protagonista es veterano de guerra. Sus intenciones se van aclarando cuando un plano detalle muestra el cuchillo que trae en la mano.
Lo que sigue es la mejor parte de la película, donde los escasísimos recursos con los que contaba Shaun Costello se conjugan con la temática para rebasar, así sea temporalmente, los límites de un largometraje porno underground. Cuando la mujer (la actriz Jutta David, en una de apenas dos participaciones en el cine XXX) entra al departamento empieza a llamar a un tal David, quien resulta ser su esposo (y es interpretado por el mismo Shaun Costello). La pareja hace el amor sin sospechar que el nuevo admirador de la mujer los está espiando a través de la ventana. Hay algo de suspenso en esta secuencia: mientras las cosas van subiendo de tono al interior del departamento Harry Reems está afuera tratando de forzar la entrada, para entonces el espectador ya sabe que el tipo también está cargando un revólver. Al mismo tiempo las imágenes de Vietnam funcionan como un macabro contrapunto a la acción principal.
Era innecesario que Costello indicara el contraste entre la sana sexualidad de la pareja y las oscuras intenciones del intruso poniendo música clásica cuando la cámara está dentro del departamento y austeras percusiones cuando se enfoca en Reems, pero ya desde el prólogo había quedado claro que la sutileza no era el punto fuerte del director. Una serie de imágenes de caos urbano, con algo que parece un altercado y la presencia de uniformados, se une al sonido de una patrulla para ahuyentar al perturbado ex-combatiente. Sin embargo, el peligro para la mujer no ha desaparecido, ya que en la siguiente escena Harry Reems regresa al departamento y, encontrando a su víctima sola, la amenaza con el cuchillo y la obliga a felarlo. La tosquedad de Costello se vuelve a apoderar de la pantalla, con acercamientos que graban en la retina del espectador cada milímetro del escroto de Harry Reems, hasta culminar con el lente de la cámara salpicado por su eyaculación. La infortunada mujer trata de huir pero su atacante la atrapa y la degüella sin miramientos.

- Shaun Costello y Jutta David en Forced Entry
Para narrar lo anterior Costello emplea 38 de los 83 minutos que dura la película, con un eficiente uso de la estética semidocumental, el llamado cinéma vérité, que fue ganando terreno a lo largo de los 60 hasta conquistar todo tipo de géneros. En el cine de terror, por ejemplo, podemos rastros de este estilo en cintas como Basket Case, de Frank Henenlotter, y Martin, de George Romero. La textura del celuloide de 16 milímetros, lo imperfecto del sonido directo, la cámara en mano que acompaña de cerca al protagonista, el mal estado de las imágenes de archivo en blanco y negro, son elementos que le dan una incontestable sordidez a Forced Entry. Esta sensación se intensifica cuando el psicópata usa el mismo método para cazar a su siguiente víctima, sorprendiéndola mientras se baña, arrastrándola hasta la cama para sodomizarla y finalmente matarla a puñaladas. La actriz que interpreta a la segunda víctima, Laura Cannon, hace un buen trabajo fingiendo estar aterrorizada y la escena es con mucho la parte más dramática de Forced Entry, aunque ya ha sido superada por Gaspar Noé en Irreversible. Como dato curioso puede señalarse que Laura Cannon era en esa época la novia de Harry Reems y que de hecho ella prefería el sexo anal.
Es obvio que el objetivo de Shaun Costello no era repetir la fábula de que el crimen no paga, ya que en ningún momento la historia se enfoca en el policía que le sigue los pasos al violador, a diferencia de otras películas porno de temática similar como Expensive Tastes. Tampoco le interesaba usar el tema para enunciar un confuso sermón sobre la forma como la sociedad estadounidense recibió a los veteranos de Vietnam, como en Rambo. Si Costello hubiera llevado la historia hasta sus últimas consecuencias, haciendo que el espectador se cuestionara si Forced Entry era una condena o una celebración de su protagonista, la película tendría que considerarse un clásico del porno transgresor. Por desgracia Costello sabotea esta posiblidad con la última secuencia de la cinta.
En ella vemos a una chica que maneja una camioneta y se detiene a recoger a otra joven que está pidiendo aventón a un lado de la carretera. Las dos son hippies, por lo que entre ambas se establece una amistad instantánea basada en su amor a las drogas y su miedo al jabón. Otra cosa que las dos chicas tienen en común es el ser poco atractivas. Cuando se detienen a cargar gasolina en el mismo negocio que ya hemos visto en dos ocasiones es evidente que su rechazo hacia los valores tradicionales será una afrenta intolerable para el desequilibrado sujeto que las atiende. Siguiendo con su rutina el tipo toma sus armas y sigue a las chicas, vigilándolas mientras ellas ponen en práctica sus ideales de amor libre con un acto lésbico. No pudiendo soportar ni un segundo más de este espectáculo inmoral, por no decir nada del olor a pachuli, el violador sale de su escondite y amenaza a las chicas, que responden de forma inesperada. A pesar de que para esa fecha ya había sucedido la masacre de Kent State, Shaun Costello se atrevió a postular que el amor libre podía derrotar a la violencia irracional, poniendo a Harry Reems a parir chayotes y echando a perder la que pudo haber sido la película más nihilista de la historia del porno.
Trailer de Forced Entry:
FORCED ENTRY
Dirección, Guión, Edición: Shaun Costello; Producción: John Klugerman, Shaun Costello; Fotografía: Jayson Black; Elenco: Harry Reems (el violador), Jutta David (primera víctima), Shaun Costello (David), Laura Cannon (segunda víctima), Ruby Runhouse (hippie), Nina Fawcett (hippie)
EE.UU., 1973, 83 min.
Cinefagia en Facebook
Sumamente interesante reseña. Las referencias a otros textos y géneros también ayudan demasiado para entender mejor y aprender más sobre el cine. No es por lambiscón, pero eres el que mejor escribe en esta página. Buscaré esta película en la red porque ya me harté del porno de rubias pechugonas con las típicas secuencias del médico o el mecánico caliente. Saludos.
Me gustaría saber si este tipo de películas pueden obtenerse de manera física en la ciudad de Monterrey..