París en la mira (From Paris With Love). ¿John Travolta como héroe de acción? Está pelón.
Por Marco González Ambriz
Luc Besson ha tenido el grandísimo mérito de hacer cine en las antípodas de los aburridos y pretenciosos bodrios que normalmente nos llegan de Francia. Nada más por eso el tipo me resulta simpático. Aunque como director se ha alejado de las películas de acción que le dieron fama, Besson se ha mantenido activo en el género como productor y guionista. Lo primero le ha salido bien porque se ha rodeado de cineastas capaces de llevar a la pantalla sus ideas. Lo segundo no tanto porque Besson, al igual que Guillermo del Toro, es mejor director que guionista. En series como Transporter, Taxi o Banlieue 13 se repiten una y otra vez los mismos tópicos: el infalible asesino profesional, la chica descarriada, los villanos excéntricos y los policías obtusos.
A nivel de guión París en la mira es más de lo mismo. Es una historia muy similar a la de Taken, sólo que en esta ocasión en lugar de un ex-agente de la CIA que investiga la desaparición de su hija tenemos a James Reece, un apocado empleado de la embajada gringa, y a Charlie Wax, un extravagante agente secreto, investigando una red de narcotráfico que los conduce a un complot terrorista. Es el argumento típico de Besson injertado en una buddy movie. La trama es un mero pretexto para que el director Pierre Morel, en su tercer trabajo como director, se sirva con la cuchara grande, poniendo en pantalla efectivas escenas de acción donde el superagente Charlie Wax, con la ayuda ocasional de Reece, despacha a los malosos con puños, pistolas, metralla, bombas y hasta misiles. Los acostumbrados toques de humor palurdo de Besson vienen a completar el cuadro.
Pierre Morel tiene buena mano para las escenas de acción y esto ayuda mucho para disimular lo enclenque del guión. No hay nada nuevo en las balaceras y peleas que filma, pero lo hace bastante mejor que Paul Greengrass y es difícil aburrirse con este espectáculo de acción constante, que sólo se interrumpe de vez en cuando para que Reece tenga interludios románticos con su novia. En este y en sus trabajos previos está claro que a Morel lo que menos le importa es la calidad del libreto, algo que puede ser un plus cuando el desparpajo sublima los excesos de un argumento absurdo, como en Banlieue 13, pero que también puede ser una carga cuando se impone una línea más sobria y en su lugar el director opta por la historieta de acción, como en Taken. A pesar de las alusiones al terrorismo, y de que la cinta guía al espectador por las zonas menos turísticas de París, el tono es más bien ligero, con las improbables hazañas de Charlie Wax aniquilando cualquier pretensión de realismo.

- John Travolta y señora en París en la mira
Otro elemento que arrasa con la verosimilitud de París en la mira es la elección de John Travolta para el papel de Charlie Wax. Travolta tiene experiencia en el género, aunque Swordfish y The Punisher no sean precisamente clásicos del cine de acción, pero con el reciente remake de Rescate en el metro 123 demostró que también puede sobreactuarse cuando el director lo permite. En París en la mira Travolta vuelve a exagerar, tal vez confiando en que Morel emplearía un estilo similar al de John Woo en Face/Off. No es el caso y en consecuencia el personaje de Charlie Wax parece salido de una parodia. Es como si en Kiss of the Dragon saliera Jackie Chan en lugar de Jet Li, o si en Taken el papel de Liam Neeson lo hiciera Steve Carell. Todo indica que a Travolta le dieron el protagónico porque Luc Besson tenía ganas de hacer un chiste a costa de Tarantino. Además Charlie Wax tiene el grave defecto, para ser héroe de acción, de ser invulnerable. Es tan bueno para echar bala, madrear rufianes y librar explosiones que en ningún momento está en duda su integridad física.
El personaje de Reece es menos excesivo y la actuación de Jonathan Rhys Meyers se ajusta mejor a las necesidades de la película. En parte porque Reece es el patiño de Charlie Wax, pero también porque la subtrama de Caroline, sin ser nada del otro mundo, lo hace parecer complejo, sobre todo al lado del mecanizado agente secreto. De cualquier manera Charlie Wax es poco menos que Hamlet en comparación con el archivillano de París en la mira, un musulmán -¡qué original!- que aparece por ahí del minuto 50 y no dice esta boca es mía antes de que los buenos lo manden a disfrutar de las huríes. Para compensar la ausencia del antagonista París en la mira apenas puede ofrecer una serie de truhanes anónimos -chinos, paquistaníes y uno que otro francés- que a Charlie Wax no le saben ni a melón. Taken tampoco tenía un villano central pero al menos los malos eran odiosos, los de París en la mira pasan desapercibidos.

- Jonathan Rhys Meyers y Kasia Smutniak en París en la mira
La cinta incluye, faltaba más, un par de errores técnicos. El primero de ellos es la típica escena donde uno de los personajes recibe un telefonema de un sospechoso y tiene que alargar la conversación para que las autoridades puedan rastrear la llamada. Esto es algo que todos hemos visto en muchas películas de todas las latitudes, y es algo que los guionistas deberían haber desechado hace al menos veinte años. Desde mediados de los 80 las telefónicas actualizaron sus sistemas de conmutación, con lo que las llamadas se pueden rastrear en fracciones de segundo. Ya no es necesario hacerle la plática a un criminal para saber dónde se encuentra. La escena de París en la mira donde Wax y Reece se ponen a debatir sobre la posible ubicación del terrorista que les acaba de llamar, especulando sobre los ruidos que se oían al fondo, es gratuita.
El segundo error tiene que ver con las bombas de los terroristas. En la vida real los bombarderos suicidas son lo bastante inteligentes para armar sus explosivos con un interruptor de contacto continuo (dead man’s switch, en inglés), que hace estallar la bomba al soltar un botón. Esto lo hacen para estar seguros de que el artefacto explosivo funcionará incluso si el atacante es muerto o incapacitado antes de alcanzar su objetivo. El 22 de abril de 2008 dos marines notaron que un camión se dirigía a toda velocidad hacia su base en Ramadi, en el centro de Irak, una táctica que se ha vuelto característica de la insurgencia. Los marines abrieron fuego, matando al chofer, pero como éste probablemente tenía un dead man’s switch, el camión, que iba cargado de explosivos, estalló al instante. Los dos soldados americanos también murieron, aunque evitaron que el ataque suicida se diera más cerca de la base, provocando un daño mayor. Si los terroristas de París en la mira fueran tan previsores como dice la película también deberían haber pensado en esto.
Trailer de París en la mira (From Paris With Love):
PARÍS EN LA MIRA
(From Paris With Love)
Dirección: Pierre Morel; Guión: Adi Hasak, sobre un argumento de Luc Besson; Producción: Luc Besson, India Osborne, Virginie Silla; Fotografía: Michel Abramowicz; Música: David Buckley; Edición: Frédéric Thoraval; Elenco: John Travolta (Charlie Wax), Jonathan Rhys Meyers (James Reece), Kasia Smutniak (Caroline), Richard Durden (Embajador Bennington), Yin Bing (M. Wong), Amber Rose Revah (Nichole), Chems Dahmani (Rashid), Sami Darr (el padrote)
Francia, 2010, 92 min.
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