Narcosatánicos diabólicos
Por Marco González Ambriz
“Una ola de homicidios ha consternado a la Ciudad de México, que vive días de terror sin precedente. Una poderosa organización malévola, quienes se autonombran como “narcosatánicos”, esparcen la droga maldita y asesinan inocentes en rituales diabólicos. Una cocaína mortal ha sido producida para enloquecer y asesinar a quienes la consumen. Toda la policía persigue a esta poderosa y siniestra mafia.” Cualquier aficionado al cine popular mexicano supondría que la anterior sinopsis debe pertenecer a uno de los innumerables videohomes de narcos que se han producido en los últimos veinte años, o en todo caso a alguna aventura ochentera de Mario Almada o Sergio Goyri, tipo AR-15 comando implacable o El homicida.
El hecho de que pertenezca a una sexicomedia con Alfonso Zayas indica que para finales de los ochenta este género ya daba muestras de agotamiento, obligando a los productores a disfrazar la fórmula que les había servido desde mediados de los 70 con elementos policiacos. Pero el mayor indicio de que la mejor época de los cómicos albureros ya había quedado atrás -préstenme atención que esto es importante- es que el texto que reproduje al principio de este escrito no es solamente el que viene en la contraportada del DVD, sino la perorata del narrador que a lo largo de toda la película nos contará los antecedentes de lo que estamos viendo, los motivos de los personajes y hasta el desenlace de la historia. Ya para 1989, año en que se filmó Narcosatánicos diabólicos, había quedado claro que la colaboración entre Alfonso Zayas y el veteranísimo Gilberto Martínez Solares no tendría ni de lejos la relevancia de la dupla que este último formó con Tin Tan en los años 50.

- Chicas, deleitense la pupila: Rosario Escobar y Alfonso Zayas en Narcosatánicos diabólicos
En 1982 El ratero de la vecindad, el fallido remake de El rey del barrio, había dado muestras de que la cosa no iba por ahí. Siete años más tarde, Gilberto Martínez Solares y su hijo Adolfo ya ni siquiera se molestaban en elaborar guiones con un mínimo de profesionalismo. En esta y las otras comedias albureras que filmaron por esas fechas (la demencial Tres lancheros muy picudos, La negra Tomasa), los Martínez Solares parecían reconocer que las películas de Zayas serían taquilleras a pesar de tener una pésima manufactura y en consecuencia dejaron de esforzarse por hacer un trabajo digno. Si el narrador sólo soltara el rollo de los narcosatánicos no habría bronca, pero sin decir agua va cambia de tema y nos cuenta que “un conocido personaje nuestro ha instalado una clínica sexual donde atiende mujeres ardientes de una forma muy organizada. Este hombre posee una capacidad sexual que resulta inexplicable y misteriosa.”
El mentado garañón es, por supuesto, Alfonso Zayas, quien en ese momento se encuentra dándole por su culpa a Rosario Escobar, la que probablemente fuera la más sensual de todas las encueratrices que pasaron por las armas del cómico. Escobar interpreta a Aída, una de las pacientes de la clínica (“Tú eres mi bracero sexual de la vecindad”), y en otra muestra de un libreto escrito con las patas, ella se pone a enumerar las cláusulas del contrato que tiene con Zayas mientras se pone el liguero y se dispone a irse a su casa. Como si se tratara de romper un récord para incluir la mayor cantidad de diálogos explicativos en el menor tiempo posible, los guionistas hacen que a los pocos minutos Zayas mencione que él también tiene su propio contrato, y que está a punto de vencerse. Obviamente se trata de un pacto con el Diablo (Roberto El Flaco Guzmán), que es lo que ha permitido vivir durante dos mil años y tener un vigor sexual que conquista a todas las mujeres.

- Roberto El Flaco Guzmán en Narcosatánicos diabólicos
No se trata de un argumento muy original pero combinándolo con la subtrama de la secta de los narcosatánicos podría prestarse para algo curioso. Lo increíble es que la historia del pacto diabólico de Zayas y la de los narcosatánicos sólo se unen de forma circunstancial. Los ineptos policías encargados de capturar a esta peligrosa organización son César Bono y Tun Tun, quienes hacen su aparición en la película después de que un tipo consume el perico fatídico y se avienta por la ventana tras una gesticulación digna del cine mudo. A falta de algo más gracioso que decir, César Bono y Tun Tun se la pasarán insultando a las mujeres que deberían proteger (“Pinches viejas putas”), regañando a sus subordinados (“No se vayan a picar la feria, si se quieren picar algo píquense las nalgas”) y sobre todo recriminándose mutuamente (“Tenías razón, soy un pendejo, pero tú eres un hijo de tu pinche madre”).
El cine mexicano nunca se ha caracterizado por su eficiencia para relatar investigaciones policiacas y una película tan descuidada como Narcosatánicos diabólicos obviamente no sería la excepción a la regla. Hay varias escenas donde César Bono y Tun Tun localizan a los narcosatánicos, quienes al parecer son sólo cuatro, lo cual es sólo un pretexto para chistes visuales, muy Viruta y Capulina, en donde ellos terminan cayéndose en una coladera abierta, tirando a dos trabajadores de una escalera o sobreviviendo de milagro a una explosión. La única escena inesperada de esta subtrama, cuando los policías sorprenden a los narcosatánicos en Plaza Universidad entregándole su mercancía a una viejecita que resulta ser un karateka travestido (“Pinche viejita casi me mata, ¡tiraba unos chingadazos!”), se echa a perder gracias a una deficiente puesta en escena, con emplazamientos de cámara que no logran ocultar que César Bono ha sido suplantado por un stuntman.

- 80s Fashion Alert: Lina Santos y Roberto Ballesteros en Narcosatánicos diabólicos
Hay un diálogo entre Elena (Lina Santos), la reencarnación de los amores anteriores de Zayas, y su esposo Ricardo (Roberto Ballesteros), que es como un resumen de la fragmentada estructura narrativa de la cinta. En este escena Elena le cuenta a Ricardo que conoció a un tipo muy extraño que dice conocerla de tiempo atrás, refiriéndose al obsesivo cortejo de Zayas, mientras su esposo, quien supuestamente es un tipo muy celoso, prefiere hablar de la nota roja (“¿Ya viste lo de los narcosatánicos? Están gruesos, ya llevan varias víctimas”). Como Roberto Ballesteros siempre hace el papel de villano está de más decir que su interés por los crímenes de los narcosatánicos tiene un trasfondo siniestro. De todas las formas que había de resolver este conflicto los guionistas eligieron la más simple, con una explicación apresurada del narrador (“La clínica sexual fue cerrada para siempre”), que viene a rematar una poco divertida colección de flashbacks que se remontan a la Revolución y a la Independencia, tan miserables que sólo les faltó Juan del Diablo para que estuvieran al nivel de los melodramas históricos de Televisa.
Me van a decir que en los 80 también hubo muchas comedias gringas que fueron exitosas pese a ser una colección de sketches (Loca academia de policía, Los locos del golf, El pelotón chiflado). Es cierto, sólo que en esa época también se hicieron películas con estas características que ahora están merecidamente olvidadas (Dos pícaros con suerte 2 y 3) porque a pesar de acumular payasadas y cómicos no dejaban de ser rutinarias, que es justamente lo que pasa con la trama de Narcosatánicos diabólicos. Un argumento más contundente es que en las sexicomedias lo que cuenta es la calidad de los filetes (entiéndase encueratrices) y lo ingenioso de los albures. El primer requisito parece cumplirse con la presencia de Rosario Escobar, Jacaranda Alfaro y Jeanette Mass, sólo que el avorazado Zayas se las cuchiplancha en los primeros treinta minutos y a partir de ese momento sólo se da besos de piquito con Lina Santos, que estaba buenérrima pero nunca enseñó tanto como sus compañeras de reparto. En cuanto a las frases de doble sentido, éstas son reemplazadas por puras leperadas, dejando a estos cómicos sin su mejor arma para hacernos reír. La neta es que el único chiste memorable es uno que se avienta el Flaco Guzmán casi al final de la película.
César Bono y Tun Tun en Narcosatánicos diabólicos:
NARCOSATÁNICOS DIABÓLICOS
Dirección, Edición: José Juan Munguía; Guión: Ignacio Solares, Gilberto Martínez Solares, Adolfo Martínez Solares; Producción: Adolfo Martínez Solares; Fotografía: Armando Castillón; Elenco: Alfonso Zayas (Roberto Fierro / Totontli), Lina Santos (Elena / Adelita / Rosita Alvírez), Roberto Ballesteros (Ricardo / Hipólito), Jacaranda Alfaro (Katherine), César Bono, René Ruiz Tun Tun, Rosario Escobar (Aída), Roberto El Flaco Guzmán (El Diablo), Jeanette Mass, Lizbeth Oliver (la secretaria de Roberto)
México, 1989, 82 min.
Cinefagia en Facebook
La unica vez que todos estos comicos estuvieron pero bien fue en el Milusos y tambien en Lagunilla mi barrio, de ahi puras idioteces…
Don marco
En vez de hacerle perder el tiempo leyendo mis alabanzas hacia su forma de comentar películas y decirle que extraño un poco una publicación más recurrente de chatarra cinematográfica como pasaba en la R.C de antaño… Mejor lo invito a perder el tiempo pegandole una ojeada sin compromisos a un blog personal que mantengo hace un par de añitos, dedicado a comentar y revisar con un toque de humor las películas más basurientas y exóticas que me voy encontrando por ahí.
pd: A riesgo de sonar medio “rodillas peladas”, quiero confesarle que la creación del esperpento que linkearé a continuación, está inspirado en parte por la lectura de sus comentarios y revisiones de películas bizarras hechas en la antigua revista cinefagia.
Los comentarios y los conocimientos sobre cine no son del nivel de los suyos pero algo de esfuerzo se hace, espero le guste.
http://cinediondo.blogspot.com/
Saludos
Don Fofo