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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Buda explotó de vergüenza (Buda as sharm foru rikht / Buddha Collapsed Out of Shame)

Por  José Luis Ortega Torres

buda01Si uno llegara al múltiplex sin la menor idea de qué ver una tarde de  viernes y de repente se topara con el cartel de Buda explotó de vergüenza -el montaje intervenido que se está manejando para su distribución en México-, sin duda que le ganaría el cruce de sentimentalismo y candor que proyecta, desde el ángulo superior derecho, la carita de Nikbakht Noruz, simpática niña iraní de unos cinco cinco años de edad, y se dejaría llevar sin mayor reclamo al interior de la sala para conocer qué es lo que nos contará. Porque, para ganarse al público con historias de conflicto minimalista pero desbordadas de piedad y afecto, nada mejor que un melodrama iraní. Y si viene avalado por el prestigio internacional que supone el apellido Makhmalbaf, pues se convierte en evento de riguroso vistazo festivalero.

Hace no mucho releí la crónica que publica el crítico Antonio José Navarro sobre el Festival de Donostia – San Sebastián del 2008 en la revista española Dirigido [ núm. 382, octubre 2008, p.p. 62 - 68 ], que ya “…se está convirtiendo en una (molesta) costumbre que algún miembro de la familia Makhmalbaf (…) exhiba en el certámen donostiarra su «última» película…” (op.cit. p. 64), haciendo referencia a El caballo de dos piernas, de Samira Makhmalbaf, y retomo la frase para alegar un poco más: tal parece que se hace estrictamente necesaria la presencia de una cinta de Medio Oriente para legitimar ­-y también mitigar- la conciencia artie de los snobs dedicados a parlotear sobre las bondades intrínsecas del cine afgano-iraní de forma un tanto vacua. Comparando este fenómeno con otro de similar exotismo fílmico: se trata de una ola de musulmán “curious” que es el equivalente en el género dramático a lo que significó el boom del terror asiático a inicios el siglo XXI.

Porque no nos engañemos, el cine de género (melo)dramático iraní se sostiene de premisas básicas y repetitivas que son símiles del fantasma femenino greñudo y doliente: figuras igualmente abatidas, pero en su variante infantil que, o luchan (empíricamente) por conseguir una reivindicación de género en medio de una idiosincrasia sociocultural y religiosa, de conocidas costumbres misóginas, donde el derecho al trabajo y la educación les están vedadas -cfr. Barán, Osama-, o bien, sufren por pequeñas cotidianidades de la vida islámica que resultan inverosímiles para el público medio occidental -p.e. un poco de dinero extraviado en El globo blanco, el constante intercambio de un par de zapatos entre dos hermanos en Niños del cielo, o la señal televisiva en Las tortugas pueden volar-, pero que, en su contexto, alcanzan niveles de exacerbación melodramática perfectamente calculada para lograr un discreto lagrimeo en el auditorio.

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El común denominador del cine iraní desde mediados de la década de 1980, se encuentra también presente en Buda explotó de vergüenza: la pequeña Baktay, quiere ir a la escuela, como su amigo Abbas, para lo cual necesita un cuaderno y un lápiz. Las peripecias de la pequeña por conseguir los utensilios escolares y lo que procede después de ello es lo que mueve a la cinta de Hana Makhmalbaf, cineasta precoz que a los 9 años acaparó la atención en el Festival de Locarno por el cortometraje The Day My Aunt Was ill, y que a los 14 le fue prohibida la entrada a la exhibición de su propio documental Joy of Madness, en el Festival de Venecia por estar clasificado para mayores de edad. Con esos antecedentes, y el apellido a cuestas, a los 18 años filma ésta, su ópera prima, siempre bajo la tutela de su reconocido padre, el autor iraní Mohsen Makhmalbaf.

La película está construida con una economía de medios que resulta suficiente y adecuada para la narración de la historia sin mayores aspavientos, respetando siempre ese tono documental del que hacen gala este tipo de dramas como otra forma de abofetear el rostro de quienes ven en su cine un reflejo social -que lo tiene, desde cierta perspectiva, como en cualquier cinematografía nacional o autoral, que plasma subjetivamente lo que más le place de acuerdo a un interés específico-, pero que en términos de argumento de ficción resulta un tanto previsible.

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Escenas documentales sobre las detonaciones que el bárbaro régimen talibán ejerció sobre las ancestrales figuras de Buda enclavadas en las montañas de Bamiyán, nos sitúa en uno de los sitios más inhóspitos del planeta. Ahí, hombres, mujeres y niños luchan diariamente por sobrevivir habitando cuevas y careciendo de casi todo. El escenario rústico y agreste está puesto para contraponer a él los deseos de Baktay por estudiar, para lo cual necesita un cuaderno -más como un símbolo que le abrirá las puertas de la cultura como modelo de superación-, que cree poder comprar si vende cuatro huevos sacados de su propio gallinero.

El drama también está servido: en el momento en que vemos a la entrañable niña caminando por el mercado sosteniendo con sus manitas la frágil mercancía, sabemos que la tragedia es inminente y adivinamos su resultado. Pero esto es tan sólo el prólogo porque, cuando Baktay por fin se haga del cuaderno, comenzará otro pequeño viacrucis. Esto es un drama iraní, no lo olvidemos.

Los reclamos sociales no dejan de hacerse presentes en Buda explotó… y Hana los pone en escena por medio de un grupo de niños que juegan a la guerra y se asumen como talibanes enviados de Dios, para exterminar la impureza de su raza, es decir, acabar con la inmoralidad que representan las mujeres para su pueblo. Resulta aterrador, aquí sí, ver cómo un puñado de niños perfila su futuro de soldados fanáticos intimidando a Baktay al grado, incluso, de someterla a una cruel representación de muerte por lapidación con su respectiva bolsa de papel cubriéndole la cabeza.

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Decíamos al inicio que el rostro de Nikbakht Noruz en el cartel invita por sí solo a ver la película. No nos equivocamos, es ella la que sostiene el peso de la trama y da avance a la historia con una ternura que desarma al más amargado. No importa cuántas veces hayamos visto el mismo esquema argumental de las cintas de esta franja geográfica porque, a final de cuentas, siempre logran conmovernos porque ¿tramposamente? toman a los sectores sociales más desprotegidos de su ya de por sí raquítica sociedad para darles un -creemos nosotros, occidentales imberbes- inmerecido castigo. Así veremos como la pequeña seguirá sin encontrar su lugar como individuo social en ciernes al enfrentarse a un rechazo general, sistematizado ya como una realidad nacional que parece de orden natural.

Para Baktay, como para casi cada uno de sus compatriotas, niños o adultos, la muerte, real o simulada, parecería ser la única manera de evasión, como desesperadamente le grita su amigo Abbas en un cruel juego de guerra (donde los niños, antes soldados talibanes, ahora representan a los yanquis) que es, por mucho, el reflejo de una dolorosa realidad.

BUDA EXPLOTÓ DE VERGUENZA

(Buda as sharm foru rikht / Buddha Collapsed Out of Shame)

Dirección: Hana Makhmalbaf; Guión: Marzieh Meshkini (Marzieh Makhmalbaf); Producción: Maysam Makhmalbaf; Fotografía: Ostad Ali; Música: Tolib Shakhidi Edición: Mastaneh Mohajer; Con: Nikbakht Noruz (Baktay), Abbas Alijome (Abbas), Abdolali Hoseinali (niño talibán)

Afganistán * / Francia,  2007  -  84

NOTA: [ * ] Diversas fuentes hemerográficas y algunos festivales de cine acreditan de manera oficial a Irán como país coproductor de la cinta por el hecho de que la compañía productora Makhmalbaf Film House tiene como sede la ciudad de Teherán, capital iraní. Sin embargo, es la propia compañía productora quien refiere como países productores a Afganistán  y Francia, información que damos por válida.

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Participaciones en festivales

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2007 Festival Internacional de Cine de Toronto. Canadá

2007 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. España

2007 Festival Internacional de Cine Euroasiático. Almaty, Kazajstán

2007 Festival Internacional de Cine Flandes. Gante, Bélgica

2007 Festival Internacional de Cine de Roma. Italia

2007 Festival de Nuevo Cine de Montreal. Canadá

2007 Festival Internacional de Cine TOKYO FILMeX. Tokio, Japón

2007 Festival Internacional de Cine Rencontres. París, Francia

2007 Festival Internacional de Cine de Kerala. India

2007 Festival Internacional de Cine de Sarlat. Dordoña, Francia

2008 Festival Internacional de Cine de Hong Kong

2008 Festival Internacional de Cine de Berlín. Alemania

2008 Festival de Cine de Derechos Humanos. Londres, Inglaterra,  Gran Bretaña

2008 Festival Internacional de Cine B-EST. Bucarest, Rumania

2008 Festival Internacional de Cine de Washington DC [Filmfest DC]. Estados Unidos

2008 Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. República Checa

2008 Festival Internacional de Cine ERA Nuevos Horizontes. Breslavia [Wroc?aw], Polonia

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Premios y reconocimientos

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2007 Premio Especial del Jurado y Premio TVE Otra Mirada. Festival Internacional de Cine de San Sebastián

2007 Premio Especial Paolo Ungari de UNICEF. Festival Internacional de Cine de Roma

2007 Premio Daniel Langlois. Festival de Nuevo Cine de Montreal

2007 Premio Mujer e Igualdad. Festival Internacional de Cine de Tesalónica. Grecia

2007 Premio Discovery. Festival de Cine de Sarlat

2008 Premio Oso de Cristal Generación Kplus a Mejor Ópera Prima y Premio de la Paz. Festival Internacional de Cine de Berlín

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1 Comment

  1. Hola, José Luis.

    El jueves de la semana pasada -con mucho mi peor día en lo que va del año- llegué a la Cineteca con la intención de verla, pero entonces reparé en el Afiche, leí la mini-reseña y concluí que si entraba a verla… saldría llorando o con ganas de asesinar a alguien, así que decliné. De un tiempo a esta parte, me he vuelto una cobarde a lo que a filmes sobre niños de aquellos lares del mundo se refiere. Pero me quedé con ganas de verla y tengo entendido que estará pronto en cartelera comercial (por ahí, perdida entre los blockbusters veraniegos), a ver si me animo.

    Un besito

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