Por José Luis Ortega Torres

carrie_01_miniA mediados de la década de 1970, el cine de terror en los Estados Unidos se colocó en sitios privilegiados del box office gracias a que supo dar un salto cualitativo tanto en niveles de producción –alejándose de series B o Z de penosa manufactura– al ser dirigidas por realizadores experimentados, y presentando actores reconocidos en su elenco, además de contar historias novedosas que buscaron distanciarse de los temas de aquel primer lustro de tono realista –violencia social, misoginia, desencanto hippie–, cómo genéricos –slashers, rape & vengeance y demás grindhouse al uso–, apostando por elementos netamente fantásticos que iban de lo demoniaco como en El exorcista –primer gran filme de terror de serie A en reventar el box office– y nuevas vetas hasta entonces inexploradas, como el poder de la mente en Carrie, extraño presentimiento (Carrie) dirigida en 1976 por el entonces ya reconocido Brian De Palma.

En la primavera de 1973, un desconocido profesor de literatura de una escuela de Maine, en Portland publica su primera novela, Carrie, enmarcándola en el género de terror. A partir de allí, el nombre de Stephen King se convirtió en icono de la nueva generación de literatos estadounidenses, siendo uno de los más prolíficos del fin del siglo XX.

Al igual que en el caso de El exorcista, las ofertas para hacer la película no se hicieron esperar. United Artists se llevó el proyecto y lo pone en manos de De Palma, con la adaptación de Lawrence D. Cohen. Para la versión en guión fue menester eliminar varios pasajes de la historia y cambiar algunas otras por conveniencia de la fluidez en pantalla y el rápido desarrollo de los personajes principales, llevando la cinta por los caminos autorales del director, quien subraya fehacientemente el carácter malsano del fanatismo religioso.

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En Carrie (1976), de Palma da muestras del ritmo de la cinta y el carácter onírico que en ella prevalece desde la secuencia correspondiente a los créditos. Después de un partido de voleibol donde Carrie White hace que su equipo pierda, se nos ubica en el interior del vestidor femenino por medio de un largo travelling en cámara lenta que presenta el universo de las jóvenes adolescentes: alegría y travesuras inocentes, aderezado con una dulzona melodía en primer plano –que evita el sonido directo–, construyendo un tierno sueño adolescente y al mismo tiempo un delirio fetichista: jóvenes ninfas correteando desnudas y despreocupadamente.

Pero no es más que eso, una visión, una trampa, como casi todos los arranques de De Palma. El travelling finaliza presentando a una solitaria niña que se baña normalmente. En un plano de sencillez narrativa el director nos da la primera pista sobre la personalidad de esta chica, quien pronto sabremos es la Carrie del título: por  su muslo desnudo escurre un hilo de sangre, está en su primera menstruación. La chica grita asustada –aunque no la escuchamos porque continúa la música en primer plano, pero su mueca de terror es desgarradora– y sale corriendo de la regadera pidiendo ayuda a sus compañeras. Violentamente, De Palma rompe con la cámara lenta y la música para hacer al espectador presa de la desesperación y el miedo de Carrie, que desconoce el hecho natural por el que atraviesa, mientras que las dulces adolescentes se transforman en una jauría de desalmadas criaturas que se burlan cruelmente de ella.

Carrie se refugia en cuclillas junto a la pared de los baños, emplazada la cámara en picada, dándole aún más carga emotiva a su condición desvalida, recursos que el director utilizará constantemente a lo largo del filme, situando a su personaje siempre replegada a paredes y en encuadres apenas cortados al ras de su cuerpo, aislándola del medio ambiente o en segundos planos, por detrás de las figuras dominantes, principalmente la de su madre, Margaret White, e incluso llega a ubicarla hasta en un tercer plano de importancia, como se puede apreciar en la escena del salón de clases, donde el joven Tommy Ross aparece en close up sonriendo por la “crítica” que Carrie hace a un poema escrito por él.

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Pero volvamos al momento del surgimiento: Es justo en las regaderas, ante el colapso de la chica, que una lámpara explota inexplicablemente. Ese evento traumático da paso al origen de una nueva Carrie: en posición fetal y desnuda “nace” a través de desconocidos poderes. Minutos después del incidente, donde es defendida por la señorita Collins, profesora de educación física, vemos a Carrie en la oficina del director, quien ni siquiera sabe su nombre. La niña que ha sido ignorada y carece de personalidad quedó atrás. A partir de este momento, grita su nombre en la cara del director y demuestra nuevamente su poder.

Ella posee el don de la telequinesia, pudiendo manipular los objetos con el poder de su mente. “Signo de que el diablo ejerce en ella”, asegura su dura madre, que la encierra en un closet a rezar. La relación dominante y áspera que Margaret ejerce en su hija también es puesta en escena por medio de planos/contraplanos en picada y contrapicada que hace obvia la sumisión a la madre, pero avanzada la cinta se estabilizará esa planificación de encuadres  hasta colocarse ambas a la misma altura, como muestra de la evolución que alcanza la chica.

El hilo de la historia parte hacia dos caminos, uno trazado por Sue, quien pretende hacer un bien a Carrie como forma de resarcir el mal que le han hecho y ayudarla a socializar en la escuela. El otro, es obra de Chris, una antipática joven que pretende vengarse de ella, pues la acusa de ser la responsable de haber sido expulsada del cercano baile de graduación. Sue insiste en que el popular Tommy lleve a Carrie al baile. Ella aceptará, desafiando a su madre, que enloquece al sentir en carne propia los poderes de su hija. En el baile la pesadilla para la tímida chica la hará cobrar venganza de quienes han sido sus verdugos por años.

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Para este clímax, Brian De Palma recurre nuevamente al recurso con que abre la cinta. El baile, el resultado de la votación y la coronación se presentan en cámara lenta y con fondo musical, a manera del sueño largamente acariciado de la apocada chica, que por fin se ha convertido en realidad, pero el despertar es violento. La premeditada dilatación del tiempo real tornándolo onírico, cumple la función de hacer más brutal y cruel el despertar de Carrie. Cuando la sangre la baña y vemos su rostro de angustia –similar al de las regaderas– súbitamente se pasa a la velocidad normal de la cinta para dar paso a su despiadada revancha.

Es en estas escenas cuando el personaje de Carrie es situado en plano abierto y la cámara la sigue a lo largo del salón con un travelling que describe la magnificencia de sus poderes, dejando muerte a su paso en un brillante uso del split screen (o pantalla dividida, que tan bien ha utilizado por décadas De Palma), donde se magnifica la presencia de su figura envuelta en llamas, como ángel justiciero en medio de estruendosas imágenes apocalípticas.

Al final, una licencia del guionista le permite a Brian De Palma mostrar uno de los planos más inquietantes de su filmografía, el cadáver de Margaret crucificado al marco de una puerta –más dramático que el simple infarto por el que muere en la novela. En el epílogo sabemos que Sue fue la única sobreviviente, y con ella De Palma prepara una vuelta de tuerca proporcionando un susto final digno de ser recordado, y que impondría la nueva moda de los desenlaces sorpresa en las películas de terror.

La aceptación a nivel industrial y público, no se hizo esperar y, al igual que con El exorcista, la crítica se mostró favorable ante un filme de terror inteligente, nominando a Sissy Spacek (Carrie) y Piper Laurie (Margaret) al premio de la Academia por mejor actriz protagónica y mejor actriz de reparto.

CARRIE, EXTRAÑO PRESENTIMIENTO

(Carrie)

Dirección: Brian De Palma; Guión: Lawrence D. Cohen, basado en la novela homónima de Stephen King (1974); Producción: Brian De Palma, Paul Monash; Fotografía: Mario Tosi; Música: Pino Donaggio; Edición: Paul Hirsch; Con: Sissy Spacek (Carrie White), Piper Laurie (Margaret White), Amy Irving (Sue Snell), William Katt (Tommy Ross), Betty Buckley (señorita Collins), Nancy Allen (Chris Hargensen), John Travolta (Billy Nolan), P.J. Soles (Norma Watson) .

Estados Unidos,  1976  -  98 min.

Fecha de estreno en México: 13 de octubre de 1977

Participaciones: Festival de Cine Fantástico de Avoriaz -Gran Premio del Festival y Mención Especial a la Actriz Sissy Spacek-, Francia 1977; Nominación a los Premio Óscar a Mejor Actriz (S. Spacek) y Mejor Actriz de Reparto (P. Laurie). Academia de Artes y ciencias Cinematográficas de Hollywood. Estados Unidos, 1977; Nominación al Premio Globo de Oro a Mejor Actriz de Reparto (P. Laurie), Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood, Estados Unidos 1977; Premio a Mejor Actriz (S. Spacek), Sociedad Nacional de Críticos de Cine de los Estados Unidos, 1977; Fantasporto. Festival Internacional de Cine de Oporto, Portugal 1981; Festival de Cine Estadounidense de Deauville, Francia 2007.