Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Infestation

Por José Luis Ortega Torres


infestation01Una de las paranoias clásicas del cine de ciencia ficción de los años 50 es que a causa de un desastre nuclear algunas especies zoológicas crecieran en proporciones desmesuradas y terminaran por hacerle pagar a la jodida especie humana su desacato a las leyes de la naturaleza desapareciéndola por completo. Claro que eso nunca sucedió, ni en la vida real y ni siquiera en el cine, pues siempre se encontraba de último minuto la manera de volver al orden a las especies sublevadas. El ejemplo más recurrente del gigantismo animal sería el gorila (King Kong, Mighty Joe Young…), sin embargo, tras él vienen otros que nos parecen comunes a golpes de repetición, como los reptiles al estilo Godzilla, e inclusive, otros mucho más psicotrónicos que se convirtieron en las delicias del cinéfago habitual de los cines de segunda corrida, allá por los tiempos de nuestros padres, quienes seguramente enloquecieron con los cangrejos subdesarrollados de Attack of the Crab Monsters.


Pero, de entre toda la fauna conocida, son los insectos los que ha provocado un mayor número de aproximaciones a esa mezcla de cine de desastre y ciencia ficción gracias a distintas variaciones entomológicas que van desde la mariposa multicolores de Mothra, las hormigas de Them!, la Tarántula que da nombre a su propia película, la mantis de The Deadly Mantis y hasta los alacranes gigantes que se pasean por el Hemiciclo a Juárez de nuestra Alameda Central en su invasión a la ciudad de México en The Black Scorpion. Todas ellas muestras fehacientes de un irracional terror post atómico a mutaciones que hoy sabemos no tenían ningún sentido.


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Recordadas más por la candidez de los back projections y la animación stop motion, aquellos filmes que en su momento se convirtieron en joyas de autocinemas, con el paso del tiempo derivaron en obras poco apreciadas por el desconocimiento de generaciones que no tenían manera de acceder a ellos. Es entonces que filmes de reciente factura como Infestation se convierten casi de facto en productos de moderno culto que con su propuesta vintage viene a renovar tópicos tan naif como el del gigantismo de insectos, pero si además de apostar por la nostalgia se tiene la capacidad de contar una historia que podría no ser muy novedosa con una correcta solvencia de medios estéticos y narrativos, pues ya se está del otro lado.


Infestation es el segundo largometraje de Kyle Rankin y el primero en solitario —su anterior experiencia es una comedia teen con Shia LaBeoulf codirigida con Efram Potelle, su regular compañero de andanzas que en esta Infestation ocupa el rol de productor y supervisor de efectos visuales—, donde demuestra que gusta de abordar la ciencia ficción desde una perspectiva inteligente y con un dosificado sentido del humor que le sirve como recurso de transición entre distinto moods genéricos más que como simple pastelazo para lograr la risa fácil del público, algo que viene trabajando de su celebrado cortometraje They Came to Attack Us, que obtuvo el Premio de la Audiencia en el Festival de Cine de Slamdance del 2002.


Los aciertos de Infestación son varios y se suceden desde su perturbador inicio, donde lo único que vemos es un plano fijo donde en primer instancia se observa un cuerpo humano cubierto por completo de algo que parece telaraña, mientras que al fondo y un tanto desenfocado se percibe que algo paso ahí. Un algo que no se sabe que es, pero aun así se presenta amenazador. Corte e incia un flashback donde nos es presentado Cooper, un joven que casi es atropellado por un auto momentos antes de entrar al edificio donde trabaja. O trabajaba, pues en ese momento es llamado a la oficina de su jefa para ser despedido. De repente un fuerte zumbido desmaya a ambos.


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Al despertar, Cooper se da cuenta que está envuelto en un capullo y que de la nada debe luchar cuerpo a cuerpo con un escarabajo que es de su misma talla y que todos a su alrededor parece han sido sus víctimas. Al despertar a su jefa ésta le pide que salgan por Sara, su hija que estaba por ingresar al edificio. La encuentran desmayada en el interior de su auto y, al despertar, sólo alcanza a ver como un gigantesco insecto volador se lleva a su madre. Pronto, más a fuerza que de ganas, debe de unirse a Cooper para iniciar un viaje de supervivencia en una ciudad donde no parece ya haber supervivientes al ataque de una horda de insectos gigantes.


Decíamos que el primer acierto parte del inicio mismo y es justo porque todo sucede de repente, sin mayor explicación, obviando el error común de intentar darle una explicación científica que valide la premisa de la película. Kyle Rankin, en su doble papel de director y guionista, salta ese vericueto porque, a fin de cuentas ¿Qué explicación lógica podría dar a un ataque de insectos gigantes? Parece no importarle la entomología ni mucho menos la paranoía de la guerra fría para darle sentido a su película, sino que busca su validación ante el espectador no por medio del discurso, sino de la puesta en escena y la ruptura de lugares comunes: en contraposición a lo que marca el género no contamos en Infestation con un héroe viril que haga las veces, además, de científico intelectual que descubre cómo acabar con la plaga, sino que todo se sostiene de un Cooper débil, pusilánime, asustadizo y parlanchín que no hace mucho por ocultar su miedo, como tampoco su atracción hacia Sara, una psicóloga fuerte y analítica que está decidida a encontrar a su madre en el nido de los insectos.


Así, juntos esta pareja de roles invertidos despertarán a un puñado de gente con los que se echarán al camino para llegar a pie —porque el ruido pone sobre aviso a los insectos— a la casa del padre de Cooper, un militar retirado y algo paranoico que esconde un bunker debajo de la sala. Dentro del grupo se encuentran sujetos prácticamente de todas las razas, por lo que parece que el director quiere componer una tropa compacta donde cada uno utilice sus habilidades en pos de la salvación común pero, también ese estereotipo pronto será dinamitado al sacrificar al macho alfa dominante que se auto colgó la categoría de líder, evitándole al público que sufriera los desplantes del héroe-todo-terreno.


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Atinadamente Infestation se convierte en una road movie de acción sancochada con escenas de humor ligero que motivan la risa franca justo en los momentos de tensión más álgida (cfr. El hacha de utilería decorativa con la que uno de los hombres busca defenderse del ataque, pero que termina desarmándose en el intento) y a la vez construye un relato romántico entre la pareja protagónica que, sí bien parece sacado de la manga, es justificado muy atinadamente con un flashback que nos lleva nuevamente al inicio de la cinta: la persona que estuvo a punto de atropellar a Cooper es Sara, pero él no la recuerda.


La acción del filme se mantiene intacta porque durante su desarrollo atinan a incluir nuevos escenarios y personajes de peso para la trama, como el mismo padre de Cooper, que no es solamente el punto referencial del viaje que han iniciado, sino que se convierte en un actor más de la lucha contra los insectos y, lo que en un principio se plantea como fin de los personajes —llegar al refugio—, se queda corto cuando las motivaciones de cada uno de ellos cambien a causa de razones más válidas que la de la subsistencia misma: Sara es atrapada por los insectos y llevada al nido, ahí buscará a su madre; Cooper, enamorado pero sin olvidar sus miedos personales, irá en su búsqueda seguido de Hugo, un negro enorme y fuerte pero con raciocinio de niño, quien al haber perdido a sus padres no le queda nadie más que él y, al final, el propio padre de Cooper, que ya ha aceptado que no se avergüenza de su hijo y buscará demostrárselo de la manera más convincente y propia de un militar de honor.


Pero ojo, Infestation es más que un abanico de sentimentalismos disfrazados de action movie, pues no debemos olvidar que en principio se trata de una película de horror light que no escatima en algunos momentos de buen gore y transformaciones de humanos infectados en híbridos de pesadillas que acosan a nuestro grupo de supevivientes que, poco a poco irán desapareciendo de diversas formas: desde el asesinato pactado entre hijo y padre si uno de ellos es infectado o el desesperado suicidio provocado por el miedo en una situación de crisis extrema: el director ha sabido muy bien como perfilar los distintos estados de ánimo del ser humano ante una situación de peligro que desconoce y se aventura en hacer una hipótesis de cómo es que cada miembro del grupo social reaccioanria de acuerdo a sus principios: desde los rebeldes que creen poder controlar la situación con base en la fuerza bruta hasta las fogosas mujeres carentes de afecto que creen que el sexo es una buena arma para sobrevivir en todo momento.


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Pero lo que hace más grande a esta nueva joya de las B-movies es que Kyle Rankin respeta su planteamiento inicial de no inventar excusas para el hecho desestabilizador de la cinta, negándole así al espectador cualquier sugerencia de explicación, logrando cautivarlo por ese desconcierto creado por el suspense y encaminándolo a un final abierto, lógico y de sabor agridulce que pone a Infestation muy por encima de ejemplos más ambiciosos, pero sin duda fallidos, como la más o menos reciente Eight Legged Freaks, que sucumbe en su escena final ante la excusa de las sustancias radioactivas como causa de las arañas mutantes, rutinario pretexto que se viene usando en el cine fantástico desde hace, nada más, seis décadas.


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INFESTATION

Dirección y Guión: Kyle Rankin; Producción: Jeff Balis, Bruce Davey, Rhoades Rader, T.J. Sakasegawa; Fotografía: Thomas Ackerman; Música: Steven Gutheinz, Edición: David Finfer; Con: Christopher Marquette (Cooper), Brooke Nevin (Sara), Kinsey Packard (Cindy), E. Quincy Sloan (Hugo), Wesley Thompson (Albert), Linda Park (LeeChee), Deborah Geffner (Maureen).

Estados Unidos, 2009 – 91 min.


Participaciones: FantAsia Film Festival. Montreal, Canadá 2009; Film 4 Fright Fest. Londres, Gran Bretaña 2009.

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