Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Havanyork: un diálogo entre dos mundos

havanyork-posterPor Alberto Acuña Navarijo
loungeymartinis@hotmail.com

Afirmar que el cine documental que se está gestando en México atraviesa un momento efervescente y excitante se ha tornado, en cierto modo, un argumento engañoso. Es imposible negar que anualmente sea el género que está arrojando mayor número de películas producidas y el que merezca las críticas especializadas más favorables. No obstante, gradualmente se percibe viciado. Un cine irresponsable hecho por aspirantes a autores con una vocación filantrópica demasiado cuestionable, que se solaza con la explotación de las miserias humanas, el declive moral y el infortunio de sus personajes siempre ellos lumpenes; pero tratando de guardar distancia y magnificar su condescendencia ante ellos.

Afortunadamente, todavía hay espacio para directores que entienden que las opciones de temas para un documental son vastas, que el género no se limita a tics estéticos (cámara en mano miedosa y desprolija para dejar en claro que lo que se ve a cuadro es real; encuadres muy cerrados para dar esa sensación de intimidad y compenetración con la persona que se encuentra dando su testimonio…) y que este tiene su propia forma de articular argumentos complejos. Gabriel Orozco (Juan Carlos Martín, 2002); Los ladrones viejos: las leyendas del artegio (Everardo González, 2007); Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Yulene Olaizola, 2008); o Los últimos héroes de la península (José Manuel Craviotto, 2008); ejemplifican perfectamente lo anterior. Y en esa tanda se encuentra también Havanyork (Luciano Larobina, 2009).

Havanyork se cuestiona ¿qué tiene en común la cultura Hip Hop (entiéndase aquella que engloba rap, break dance y graffiti todo ello con un discurso contestatario) creada y asimilada en New York (el lugar donde el Sound Sytem jamaiquino conoció al funk y el soul; donde el “toaster” y el “selecter” caribeños se convirtieron en el MC y el DJ; dando lugar a una cultura urbana creada por jóvenes marginados de la sociedad post-industrial del siglo XX) y la emergente surgida en La Habana (la ciudad donde los tambores parlantes de los Yoruba, los Hausa, los Wolof, los Fulani, los Igbo y los Ashanti comenzaron a sonar cuando los tambores de los Tainos, los Arawak y los Garifuna fueron silenciados en el oeste de las Indias)?

havanyork-2Para ello, su director, con un estilo que remite directamente tanto a Scratch –Doug Pray, 2001–, como a Inventos: Hip Hop Cubano –Eli Jacobs Fantauzzi, 2003–(documentales con el que tiene más de un vaso comunicante temática y estéticamente); echa mano de interesantes testimonios de gente sumamente importante para el movimiento como The Last Poets (músicos, poetas, herederos directos de las luchas sociales de los Black Panthers en los años 70’s y una suerte de abuelos de los miembros de la llamada old school: Afrika Bambaataa, Grand Master Flash, Grand Mixer DXT y toda la pandilla de la Zulu Nation);  The Fantastic Aleems (la banda seminal de Jimi Hendrix, antes que este abandonara definitivamente el barrio y se empezara a juntar con pura gente blanca); o Danny Hoch (actor, dramaturgo y activista político) y así entendemos que la relación después de todo no es tan disparatada: independientemente que globalmente, la ideología propia del género es la misma (llámese el que se  hace en las zonas conurbadas de México o en la escena pujante de Tokio); es en la raíz africana donde estriba toda la diferencia: desde tiempos ancestrales, el tambor (elemento clave para el género) fue considerado por los descendientes africanos que se asentaron en América, un instrumento sagrado, considerado así porque con este se llamaba a los muertos o a los santos en los festejos y rituales tribales mientras que se bailaba y cantaban las penas. Hasta ahí, pues, Havanyork resulta revelador.

Quizá, su problema empieza cuando, a pesar de no perder el ritmo, se vuelve muy notorio que su director quiso comerse el mundo con su primera película, desviándose de la pregunta inicial (vamos, el cuestionamiento viene implícito desde el título mismo) A diferencia del cine de ficción, en el género documental, el montaje (no confundir con edición) se vuelve imprescindible; sobre todo cuando se va a abordar un tema que ofrece amplias aristas; y más si, como declaró su propio director, no se es un iniciado en el tema y este le cayó fortuitamente. Si no se corre el riesgo de decir todo y nada a la vez (tipo Y tú, ¿cuánto cuestas? –Olallo Rubio, 2007–)

havanyork2Así, aparece DJ Tony Tone (miembro original de los Cold Crush Brothers uno de los  grupos protagonistas del documental capital Wild Style –Charlie Ahearn, 1983–) explica como el género pasó de ser una opción de experimentación –sampleo y scratching incluidos, que derivó en sub-géneros tan propositivos como el Electro, Trip hop, Jungle o Drum and Bass– a deformarse en el Gangsta rap y como paradójicamente esta deformación fue la inmersión definitiva de la subcultura a los medios masivos de comunicación (Al principio todo tenía que ver con divertirse. La gente estaba deprimida, por lo que todo tenía que ver con hacer fiestas. Entonces esa gente comenzó poniendo sus sueños en las rimas, tipo: ‘Quiero tener chicas, quiero tener dinero y tener un automóvil que vuele’. Así se fue hacia un lado político cuando Chuck D y el resto salieron diciendo: ‘Hay que pelear por el poder’. Y luego se deformó totalmente y se convirtió en: ‘¡Matar! ¡Matar! ¡Matar! ¡Disparar! ¡Disparar! ¡Disparar!’ / En lugar de ofrecer un retrato en la vida en el gueto, este nuevo subgénero glorificaba a los maleantes, con letras que mostraban un mundo donde el dinero era símbolo omnipresente de poder y la violencia el único modo de obtenerlo.).

O los propios The Fantastic Aleems en montaje simultaneo con miembros del colectivo artistico cubano OMNI; hablando de la parte espiritual y metafísica de la música (Todos los planetas cuando giran en sus orbitas crean armonía y música. Y esta música y estos tonos, son parte de nuestro ser. Así que cuando estamos afinados con el universo entonces podemos ver cuáles el ‘Plan Maestro’. Y la música tiene un plan. / Estamos hechos de luz y sonido. Nosotros estamos compuestos de todo el sonido que vibra en todo el universo. La música no es lo que el arte ha enlatado, conceptualizado, aprisionado y ha dicho ‘Esto es música’. La música no tiene esquemas, no tiene límites, no tiene barreras, no tiene prisión, la música es infinita.)

havanyork-3Tópicos interesantes; pero que no coinciden con la citada pregunta iniciática sintiéndose bastardos; sentimiento que se agudiza cuando se decide que la mejor manera de ilustrar ciertas palabras o canciones es con filmaciones en Super 8mm de La Habana (donde inclusive aparece su director y parte de su crew; filmaciones más cercanas al making of que a un complemento cohesivo de la narración) o bien haciendo referencia a una congestionada, rutilante y lumínica New York en montaje desaforado para hacer una analogía muy predecible y hasta ingenua de las abismales diferencias entre ambas ciudades.

A pesar de sus defectos (opera prima al final de cuentas), Havanyork, justo también es decirlo, logra heroicamente integrar (en algunos casos de manera sutil, en otros inclusive subliminal) todos los componentes de la subcultura protagonista; sobre todo a partir de sus entrevistas (inteligentes todas ellas, a diferencia de gran parte de la ola que surgió en esta década en nuestro contexto fílmico, las cuales se transformaron en un despropósito en contra de la propia película); por lo que se vislumbra en Luciano Larobina un nuevo director a seguir. Tal vez un mejor plan de rodaje y guión no le caería mal para un siguiente proyecto.

Sitio oficial: www.havanyork.com

Trailer de Havanyork:

HAVANYORK
Dirección, Guión, Producción
: Luciano Larobina; Fotografía: Emiliano Villanueva Rabotnikof, Luciano Larobina (Fotografía en Super 8mm), Diego Marín (fotografía en time lapse), Naje Lataillade (fotografía adicional en New York); Música: Pablo Valero y Descemer Bueno; Edición: Juan Manuel Figueroa, Haydeé Montaño, Natalia López, Aldo Álvarez;
Compañías productoras: Acitrón, Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE); Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA),  Tribeca Film Institute; Testimonios: DJ Tony Tone, Familia Cuba Represent, The Fantastic Aleems (Taharqa y Tunde Ra), SupaNova Slom, Explosión Suprema, Asho (Ariel Fernández), The Last Poets (Abiodun y Umar), Danny Hoch, OMNI, Amaury Pacheco, Luis Eligio Pérez, Yorubandabo, Kumar, Araña MC, Yosbel, Progre, Zulu Nation (Doc, Eleven, King Righteus), RCA (Joan Linares, Carlos Cantero, Julio Cárdenas), entre otros.
México, 2009, 90 min
Festivales: Festival Internacional de Cine Documental de Barcelona, España. 2009: Nominado al Premio Docúpolis 2009 a Mejor Documental (Luciano Larobina). Festival Internacional de Cine de Morelia, México 2009: Estuvo nominada al Premio a Mejor Largometraje Documental (Luciano Larobina). Festival Internacional de Cine de Sao Paulo, Brasil, 2009: Estuvo nominada al Premio a Mejor Nuevo Director (Luciano Larobina). Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México, 2010: Ganó Mención Especial del Premio Mayahuel a Mejor Documental Mexicano (Luciano Larobina) ex aequo con Perdida (Viviana García Besné). Festival Internacional de Cine de Varsovia, Polonia, 2010: Está seleccionada en la Sección Oficial (Luciano Larobina).

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2 Comments

  1. Aunque, en efecto, tiene sus virtudes, a mí la cinta terminó por hartarme. Demasiado rollo, poca música. Pero, claro, el documental que yo esperaba ver no fue el que vi. Problema mío, lo entiendo.

    Buen texto.

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