Zona de miedo (The Hurt Locker)
Por: Marco González Ambriz
The Hurt Locker subvierte la fórmula del thriller hollywoodense desde el prólogo, donde un escuadrón antibombas del ejército norteamericano, al mando del sargento Matt Thompson (Guy Pearce), es llamado para desarmar un aparato explosivo en Bagdad. Siguiendo el procedimiento habitual, Thompson envía un robot para hacer una revisión preliminar de la bomba, pero cuando éste falla él tiene que ponerse el pesado traje protector y acercarse al artefacto, mientras sus subordinados vigilan los alrededores en busca de movimientos sospechosos. Los insurgentes iraquíes, que sólo necesitan un teléfono celular para hacer estallar la bomba, la activan en el momento justo y Thompson queda fuera de combate.
Su reemplazo es William James, interpretado por el mundialmente desconocido Jeremy Renner, y tras la salida de Thompson él será el verdadero protagonista de The Hurt Locker. Ya desde ahí se nota la voluntad del guionista Mark Boal y la directora Kathryn Bigelow de frustrar las expectativas del público que reconoció a Guy Pearce y asumió que sólo un actor famoso podría ser la estrella de una película de guerra. Es más lógico que el papel sea para un actor ignoto, esto le da mayor credibilidad a la historia, pero al desechar sin miramientos a un tipo como Guy Pearce los realizadores también están poniendo sobre aviso al espectador. The Hurt Locker es una película donde ningún personaje está a salvo y este es un factor crucial para generar suspenso.
Cada vez que James y sus compañeros, Sanborn (Anthony Mackie) y Eldridge (Brian Geraghty), acuden a desarmar una de las muchas bombas que han sido la principal arma de la guerra de Iraq la tensión es constante porque no hay ninguna garantía de que llegarán con bien a la siguiente escena. Para filmar esto Bigelow y el director de fotografía Barry Ackroyd usaron cuatro cámaras en mano, obteniendo así material suficiente para que los editores Chris Innis y Bob Murawski pudieran ensamblar secuencias donde cada elemento es potencialmente mortal: el diseño y la ubicación de las bombas son distintos en cada caso, hay tiradores que aparecen de la nada, taxistas que pueden o no estar coludidos con la insurgencia, etc.

Jeremy Renner en Zona de miedo
Otro rasgo de The Hurt Locker que va en contra del modelo hollywoodense imperante es la ausencia de un antagonista claramente definido. Una cinta más convencional tendría a un actor como Alfred Molina o Ben Kingsley fingiendo un acento árabe y ordenando los ataques desde su cubil, soltando carcajadas maléficas hasta el momento en que el heroico sargento Thompson llega para cobrar justicia… pero en este caso Thompson no está en condiciones de hacer eso y tampoco hay un pérfido imitador de Saddam Hussein al que baste con capturar o matar -de preferencia lo último- para acabar con la revuelta. Para escribir el libreto Mark Boal se basó en su experiencia como reportero al lado de los soldados del Explosive Ordnance Disposal del ejército gringo, de ahí que en la película los protagonistas nunca puedan estar seguros de las intenciones de la gente que los rodea: cada uno de los curiosos que los miran desde los edificios cercanos pueden ser parte de la guerrilla, problema que se agrava por la falta de traductores e información confiable.
Además los soldados del escuadrón están conscientes que forman parte de un ejército que no está diseñado para ese tipo de conflictos. Hay una escena temprana donde Eldridge mira los tanques estacionados en la base y se pregunta con qué fin los enviaron ahí: ¿para combatir a las tropas del Pacto de Varsovia en caso de que se materializen en Iraq? A diferencia de Transformers: la venganza de los caídos, que contó con el apoyo del Pentágono, The Hurt Locker se filmó sin el visto bueno del ejército yanqui. Esto no significa que la película sea un panfleto pacifista ni mucho menos, su protagonista tiene una capacidad sobrehumana para mantener la calma en situaciones límite, lo que le ha permitido desactivar cientos de bombas, y además es leal con sus compañeros, pero por otro lado el sargento James es un inadaptado que se pasa las reglas de seguridad por el arco del triunfo, es obsesivo al grado de poner en peligro a sus subalternos y no parece preocuparse demasiado por el hijo pequeño que le espera en Estados Unidos.
Algunos críticos se han quejado de lo difícil que es entender al personaje tal como lo interpreta Jeremy Renner, aunque me parece que esto fue una decisión de la directora. Hay una escena donde James, Sanborn y Eldridge se relajan en el cuarto del primero tras un día particularmente difícil, embriagándose y jugando a ver quién resiste el puñetazo más fuerte, hasta que Sanborn encuentra una caja que contiene fragmentos de las bombas que ha desactivado James. Cuando este último intenta explicar su fascinación por los explosivos Sanborn lo interrumpe para recordarle que las bombas se fabrican con los mismos ingredientes que venden en cualquier tlapalería. Hacia el final hay un monólogo donde James le aclara a otro personaje por qué se ofrece como voluntario para hacer un trabajo tan peligroso, pero su razonamiento es confuso y el espectador tiene que sacar sus propias conclusiones.
Una queja más válida es la de los veteranos de Iraq que se molestaron por las libertades los realizadores se tomaron para que la película fuera más emocionante. Por ejemplo, el hecho de que los escuadrones del EOD trabajan en grupos de nueve integrantes, no tres como se ve en The Hurt Locker, o que en la vida real éstos nunca perseguirían al enemigo por los callejones de Bagdad, para eso están los soldados de infantería. A los veteranos tampoco les gustó la escena donde James y sus hombres conocen en despoblado a un grupo de mercenarios ingleses, lo cual pronto se convierte en una emboscada. Esto, como buena parte de The Hurt Locker, es pura invención, pero Kathryn Bigelow lo narra tan bien que uno termina aceptándolo.
Al menos los militares tienen razones legítimas para sentirse incómodos con la película, en particular por la forma como los críticos han alabado su realismo (“overflowing with crackling verisimilitude” – Kenneth Turan, Los Angeles Times), del otro lado tenemos a la profesora Martha P. Nochimson, quien apenas ayer publicó un grotesco artículo en Salon.com tachando a Bigelow de machorra y poniendo como ejemplo de directora feminista ¡a Nora Ephron! Una de las lectoras de Salon lo resumió a la perfección: “con feministas como Nochimson, ¿para qué queremos misóginos?”.
Trailer de Zona de miedo (The Hurt Locker):
ZONA DE MIEDO
(The Hurt Locker)
Dirección: Kathryn Bigelow; Guión: Mark Boal; Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier, Greg Shapiro; Fotografía: Barry Ackroyd; Música: Marco Beltrami, Buck Sanders; Edición: Chris Innis, Bob Murawski; Elenco: Jeremy Renner (William James), Anthony Mackie (Sanborn), Brian Geraghty (Owen Eldridge), Guy Pearce (Matt Thompson) Ralph Fiennes (líder de los mercenarios), David Morse (Coronel Reed), Evangeline Lilly (Connie James)
EE.UU., 2008, 131 min.
Cinefagia en Facebook
Mmmm… La película es notable, pero ese “truco” de despacharse al actor conocido y descubrir que tendremos en realidad otro protagonista no es exactamente una novedad. Lo hizo Hitchock en Psicosis. Y lo hizo cuando la película estaba mucho más avanzada que The Hurt Locker. El resultado es el mismo: nadie puede estar a salvo.
“poniendo como ejemplo de directora feminista ¡a Nora Ephron!”
Jajajajajajajajajajajajaja