Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

The Hills Run Red

Por José Luis Ortega Torres

the-hills-run-red-01Alrededor del modélico ejemplo de La nuit américaine (Truffaut, 1973), e incluso antes, se han construido una serie de imaginarios colectivos sobre el cine tras bambalinas. Qué es lo que ocurre “off the camera” es lo que más puede exaltar la curiosidad de un público siempre ávido de los “behind the scenes” de los DVD, muchas veces más originales y divertidos que el filme en sí. El “cine dentro del cine”, sin ser un subgénero, sí brinda la oportunidad de echar a volar la imaginación NO sobre el “qué” de una película -argumento, técnica…- sino sobre el “cómo”; pregunta fascinante que todo espectador se ha hecho en más de una ocasión y que siempre se dirige a la forma -y jamás el fondo- en que se factura una cinta.

The Hills Run Red (2009) lleva esa línea argumental hacía los siempre fértiles terrenos del cine de terror indie, donde prácticamente toda semilla tiende a ser cosechada. De entrada tenemos dos etiquetas que nos podrían prejuiciar aún antes del visionado de The Hills… “terror” e “indie”. La primera por la obvia saturación de subproductos que, como éste, se maquilan como bolillos para la venta directa en formatos caseros, lo que de entrada podría sugerirnos que la película no es tan buena como para merecer el semanazo de rigor en las carteleras comerciales. La segunda apunta hacia el lado diametralmente opuesto, haciéndole creer al público neófito que indie es sinónimo de artie o de bueno. Es justo decir que ambos prejuicios debemos pasarlos por alto al momento de poner en el reproductor esta película, dirigida muy correctamente por el desconocido Dave Parker.

El guión, sencillo pero efectivo, nos presenta la historia de Tyler, un aspirante a cineasta que se encuentra obsesionado por un viejo filme de terror llamado, justamente, The Hills Run Red, cuyo mito radica en que era lo más bestial filmado hasta entonces, tanto que el filme fue censurado y destruido, además de que condenó a su realizador, Wilson Wyler Concannon al retiro inmediato, además de su completo olvido. Tyler ha decidido realizar un documental sobre el filme maldito y reivindicar a su creador como un hombre visionario. Para ello se hará acompañar de su novia Serina, su amigo Lalo y de Alexa, la bellísima hija de Concannon, quien de niña participó como actriz del filme y a quien ha ubicado en el presente como stripper de congal barato, adicta a la heroína y el sexo.  Juntos se internarán en un viaje por la zona rural americana en busca de la vieja casa de Concannon, donde Tyler tiene esperanza de encontrar los rollos de The Hills…, a la vez que documenta por medio de entrevistas a los moradores y a la propia Alexa las memorias de lo que para cada uno de ellos supuso la filmación de una película que nadie recuerda.

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The Hills Run Red, el filme que estamos viendo y no por el que está obsesionado Tyler, se convierte primero en un pequeño road movie que insinúa se convertirá en un filme de violación y venganza, cuando unos burdos montañeses -que anteriormente han sido entrevistados por Tyler- pretendan robar el equipo de filmación de los jóvenes y realizar ellos mismos una porno, comenzando por violar a las jóvenes. Sin embargo, en ese preciso momento hace su aparición Babyface, el singular serial killer que convertirá a la cinta en un correcto slasher que irá in crescendo hasta paroxismos de sangre y suplicios propios del moderno torture porn puesto de moda por gente como Eli Roth y James Wan y el francés Pascal Laugier, por citar algunos nombres.

Pero, siendo honestos, ¿Por qué debe sobresalir The Hills… de entre un maremágnum de modernos filmes de terror gore y tortuoso? En primera, por el modelo tomado por Dave Parker, quien ha arrebatado referencias de filmes clásicos como Masacre en Texas y/o Viernes 13 para crear un moderno slasher donde no se busca sorprender (difícilmente se podría hacer algo nuevo con un género tan manido), sino reconstruir un estilo de hacer filmes de terror clásico por medio de referencias culturalmente asimiladas y que permanecen en el conocimiento popular del género, a la vez de mezclarlo con las propuestas del terror más nuevo y propositivo.

De ahí que la idea argumental de poner a un cineasta en ciernes y entusiasta del cine de terror como protagonista de una historia que va sobre la investigación obsesiva acerca de otro cineasta del género (como la imagen de un espejo reflejada en otro espejo, reflejada en…), y la filmación de un a película que tiene como objeto de estudio otra película (¿metaficción = metacine?) no sea para nada gratuita, como tampoco es gratuito que la ficticia The Hills… de Concannon esté fechada como una película maldita realizada en 1982, un año del que se desprenden joyas psicotrónicas de indudable valía para el desarrollo del cine de género como Evil Dead (Sam Raimi) o Basket Case (Frank Henenlotter).

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El trío de guionistas ha sabido crear un argumento que es la conjunción de los aspectos que crearon un léxico propio para el cine de terror en la dorada década de los ochenta y con ello crean el sólido esqueleto de un filme que no tiene desperdicio, e inteligentemente sitúan a la nueva generación de cinéfagos adictos al cine de género, en el único lugar que le interesa: detrás de la cámara.

Es aquí donde el truco de “cine dentro del cine” eleva la película por encima de otros slashers recientes, y es que Parker sabe muy bien cómo diferenciar las dos ficciones entre sí, presentando la The Hills de Concannon con ese agradable aire grindhouse de las películas ochentenas, mostrando desde un falso trailer, hasta secuencias de créditos elaboradas en la mejor tradición del nastie ochentero. Pareciera, realmente, que acompañamos a Tyler en su investigación sobre un filme mítico del que poco a poco nos es presentado su secreto, dándole a la The Hills Run Red que nosotros estamos viendo, un agradable ritmo que nos lleva a presenciar las ya consabidas muertes de los jóvenes a manos de Babyface, quien ha brincado de la ficción de Concannon, a la realidad de Tyler. Muertes que, no está de más decir, no por esperadas dejan de estar bien resueltas, incluso algunas de ellas como ejemplares ejercicios de imaginación perversa (…la joven desmembrada amarrada a los árboles del bosque, parte fundamental de la The Hills de Concannon, por ejemplo).

Sabemos que algo hay detrás de los ataques del Babyface y sabemos también que no todo es miel sobre hojuelas con la bella Alexa, no obstante, lo bien estructurado que está el guión no da lugar a fastidio por parte del espectador, quien paulatinamente se acerca al descubrimiento del misterio entre el director desaparecido y las muertes que rodean a Tyler, las cuales sirven para redondear la verdad sobre el filme maldito que han venido persiguiendo y que se emparenta, irremediablemente, con el último mito del cine sanguinolento: los snuff films.

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Dave Parker se atreve a elevar moderadamente las dosis de terror y sangre yendo desde las clásicas muertes filmadas a la manera del slasher de hace tres décadas, para combinarlo después con las nuevas puestas en escena del moderno cine fantástico de torturas y gore descarado, dándole buenas sorpresas al público como, por ejemplo, esa escena mínima, pero contundente, en que con una sola línea de diálogo nos hace saber que el matarife de esta cinta no es, ni de lejos, un monstruoso bulto retrasado, ni un psicópata venido del infierno. Es, por el contrario, un hombre inteligente que aunque guarde similitudes estéticas con los psycho killers de antaño, se convierte en el ejemplo del icono del cine de terror contemporáneo: el del asesino desquiciado como producto de un entorno familiar -y por extensión, social- pútrido y que busca, a costo de lo que sea, perpetuarse.

THE HILLS RUN RED

Dirección: Dave Parker; Guión: John Carchietta, John Dombrow, David J. Schow; Producción: John Carchietta, Robert Meyer Burnett, Carl Morano, Roee Sharon, Jonathan Tzachor, Charales V. Bender, Ethan Erwin; Fotografía: Ilan Rosenberg; Música: Frederik Wiedmann; Edición: Harold Parker; Con: Sophie Monk (Alexa Concannon), Tad Hilgenbrinck (Tyler), William Sadler (Wilson Wyler Concannon), Janet Montgomery (Serina), Alex Wyndham (Lalo), Ewan Bailer (Sonny), Danko Iordanov (Babyface).

Estados Unidos, 2009  -  81 min.

Participaciones: Festival Internacional de Cine de Cataluña – Sitges, España 2009; Festival Internacional de Cine de Seattle, Estados Unidos 2009; Mórbido. Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror. Tlapujahua, México 2009

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4 Comentarios

  1. Definitivamente, uno de los grandes problemas que trae consigo el ser cinefago de-mente es que se han visto tantas peliculas que a veces el factor sorpresa se nulifica. Como gran asiduo al género de horror y cine fantástico debo confersar que esta pelicula solo me pareció medianamente entretenida, si, mucho gore, si, varios desnudos (tradición que se hereda directamente del slasher ochentero y que muchos filmes de estos tiempos omiten) si, mucho homenaje a Viernes 13 et al. pero nada mas.

    La dirección me parece un tanto plana en el contexto del horror de asesinos maniaticos y las actuaciones pues… como de niños jugando al doctor. No tengo problemas con las peliculas de bajo presupuesto o serie Z, pero en este caso, donde se nota que había algunos dolares (pocos) mas, el resultado me parece muy tibio.

    He leido varias reseñas favorables sobre la pelicula y eso me habla solo de nostalgia. A su favor puedo decir que el film, como esta, pasa por encima de varios bodrios de la tanda de remakes de peliculas de horror los ultimos años: desde la Masacre de Texas del 2003 hasta esa porqueria que es Noche de Graduación.

    Sin embargo, sí se queda conmigo dentro de la colección. Estoy seguro que la volveré a ver algún día de estos.

    • Saludos Luis

      …efectivamente, la nostalgia por el género es un factor fundamental y, aceptémoslo, hasta formativo del “ser” cinéfago. Con respecto a The Hills… y no es por ser “borregos”, si varias reseñas apuntan a que es una película cuando menos entretenida, es porque tiene ese “algo” del que otras películas desde la serie A, hasta la Z, carecen -cfr. el reciente Hombre lobo de Joe Johnston con Benicio del Toro, mediocre y aburrido- y que definitivamente yo no vería una segunda vez, ni conservaré en mi estantería, como sí haremos, de menos tú y yo, con The Hills…

      CHAU!
      JLO

  2. La película me gustó, tiene algo que te atrapa durante los 81 minutos, tan solo ver en acción al asesino (que a diferencia de otros, tiene una fuerza y agilidad envidiable) ya se agradece, y es a partir del personaje de “Babyface” que hace disfrutable el filme y que rompe con lo ya visto durante los últimos años.

    Hay una escena que me parece acertada:

    Babyface escucha atentamente a su prisionera que le canta una canción de cuna esperando que se tranquilice y no le haga daño, él la mira con ternura, pero después de un silencio se acerca en un tono retador y le dice: “puedes seguir cantando, si así te sientes mejor…”; también hay otras escenas que son disfrutables así como varios desnudos y mucho gore…

    Realmente es una buena opción.

    Saludos.

    Mario

    • Saludos Mario!

      Me da mucho gusto que la recomendación no te haya defraudado. Ya sabes, para eso estamos. Si quieres alguna otra, nomás pregúuuuuntame !!!

      CHAU!