El hombre lobo (The Wolfman)
Por José Luis Ortega Torres
I. Historia de un fracaso anunciado
La mitología clásica del cine de terror ha sembrado en la memoria colectiva una serie de figuras monstruosas que desde la época de oro del género en el Hollywood de los años 1930, sirven para darle forma tangible y más o menos antropomorfa a los miedos sociales. De entre ellos, el hombre lobo sería -excepción obvia del vampiro- la más popular de todas y, sin embargo, pese a ser preponderante para el género, son pocas las películas que hacen honor a su figura. Tristemente esta nueva versión del Hombre Lobo no se cuenta en esa minoría.
Las expectativas de una producción de terror serie A siempre son altas, más aún cuando se llevan actores de renombre como Anthony Hopkins y Benicio Del Toro en los roles protagónicos y se cuenta con una historia que por el puro tema de la licantropía ya es atractiva, más aún en estos tiempos en que las figuras del género han alcanzado nuevos públicos por vía de la teen fashion vampírica en productos mainstream como la saga Crepúsculo (o True Blood en TV) y amables zombedias del estilo Zombieland, de ahí que podría suponerse que una actualización del hombre lobo caería de pie en un campo de cultivo más que abonado. Craso error.
Quizá la confianza de tener un producto noble entre manos hizo que el proyecto no se atacara con el rigor que se merecía, pues si bien ya eran sonados los rumores de que “algo” no iba bien en la producción, jamás se esperaron tantos contratiempos: 1) La desatinada elección de un director sin experiencia ya no en el género, sino en el mundo del cine en general, siendo el videoasta Mark Romanek el designado por la producción para llevar el barco a buen puerto. Como breviario cultural, baste decir que Romanek cuenta con sólo dos películas en su haber, la comedia indie Static en 1986 y quince años después Retratos de una obsesión (One Hour Photo, 2002), fallido thriller con Robin Williams teñido de rubio como un desquiciado dependiente de revelado fotográfico que cree haber encontrado la familia perfecta que le hace falta.

Ahora bien, cuando por “diferencias creativas” Romanek se vio desvinculado del proyecto, los productores -entre los que se cuenta el propio Benicio Del Toro- cayeron en un error aun más grande contratando a Joe Johnston, un especialista en efectos visuales ganador del Óscar en 1982 por los Cazadores del arca perdida (Steven Spielberg, 1981), pero que como director es el churrero a quien le debemos Jumanji y Jurassic Park III, entre otras linduras, y cuyo único título memorable es la divertidísima Querida encogí a los niños, aunque todo el concepto, historia y producción de ésta se deben en realidad a la mancuerna de genios de la serie B, Stuart Gordon y Brian Yuzna.
De ahí pasamos a los contratiempos 2) Que ante los tropiezos durante la filmación el estreno de la cinta se vio retrasado hasta tres veces, estando fechado primero para abril y luego para noviembre del 2009, y 3) Que previo al lanzamiento mundial de la película se dieron cuenta después de proyecciones ante focus groups que la cinta era por demás floja, lo que dio como resultado la reescritura de algunas escenas y el añadido de otras completamente nuevas, entre ellas [OJO SPOILER] la pelea final entre Hopkins y Del Toro convertidos en poderosos hombres lobo por la magia de prácticos efectos CGI de los que un principio renegó la producción. De esta forma llega a las pantallas en febrero el 2010 una película demasiado “manoseada” y “quemada” de antemano.

II. The horror… the horror…
Todo lo anterior se podría echar al bote de basura si es que al final del periplo estuviéramos ante un filme poderoso y bien realizado como lo merece la materia prima pero esta puesta al día del filme que inmortalizara a Lon Chaney Jr., en 1941 es, francamente, olvidable.
Joe Johnston dirige medrosamente esta actualización del licántropo obteniendo como resultado un filme lento y endeble, donde un par de actores experimentados como lo es la pareja protagónica se ven desatinados en sus caracterizaciones: por una lado Del Toro intentando bordar más que un personaje propio, una recreación del Talbot abatido con el que se sigue recordando a Chaney Jr., personaje que es el icono del patetismo causado por la maldición que lo acosa. Por otra parte, Anthony Hopkins como Sir John, su maquiavélico padre, exaltado en la sobreactuación, as always…

Pero, lo más lamentable del asunto es la nulificación del mito por vía del exceso. Me explico: Realizada como una película cuya ficción corre contemporánea a su tiempo, El hombre lobo de George Waggner se sitúa en la Inglaterra de fines de 1930, sí en un pueblo místico y semi rural, pero donde ya se ven automóviles de motor y perfectos trajes sastre de corte inglés; lo que apoya definitivamente la teoría que habla de la “figura monstruosa” como un elemento desestabilizador que irrumpe la normalidad de un círculo social perfectamente asentado y con reglas propias que se verán primero abatidas por la amenaza y, posteriormente, reinstaladas por la eliminación directa de la amenaza a manos de alguna instancia represora (llámese religiosa, de fuerza pública o, como en el caso del filme de Waggner, familiar).
Ahora bien, como una de las principales apuestas en la actualización del argumento, este nuevo filme optó por situar la historia en las postrimerías del siglo XIX, lo que se antoja más como un capricho producto de la moda por aquella época que por algún fin que sirva directamente al desarrollo argumental, pues si bien es cierto que los filmes de añoranza crean en el espectador embelezo ante la visualización del diseño de vestuario y de arte victoriano, se debe puntualizar que En el hombre lobo no bastan para crear una atmósfera de terror.

La película arranca lenta, tan cansada como los propios pasos dubitativos de la encorvada figura de Benicio Del Toro. Con el paso de los minutos vemos como pinceladas que pudieron desarrollarse de forma mucho más tenebrosa -p.e. la presencia de una ciencia nueva como la explicación psiquiátrica de la licantropía- se cuajan a los pocos minutos, no teniendo más remedio el director que recurrir al exceso gráfico más que al juego argumental. Imaginen, entonces, lo débil que es la propuesta del guión para la que película deba de sostenerse con pueriles golpes de efectos sonoros que no causan miedo en el espectador, sino un simple susto por tomarlos desprevenidos.
Eso es, en esencia El hombre lobo: una sucesión de trucos de audio y relampagueantes escenas que ni siquiera son dosificadas para crear un suspenso a lo largo de la historia. Rugidos que se repiten escena tras escena y alguno que otro inserto gore que justifica algunas vísceras desparramadas y miembros arrancados de cuajo, que por eso estamos ante una bestia. Así, a trompicones, llegamos a la transformación de Benicio Del Toro en el monstruo prometido a través de prostéticos que queriendo respetar la esencia del personaje a lo largo de los años, fueron diseñados por el maestro Rick Baker -ojo al cameo donde personifica al primer gitano que muere en el bosque- pero que ya predispuestos por lo visto en más de una hora de historia desangelada, nos lleva a creer que lo logrado en estas escenas es demasiado poco.

De tal manera que para ser un remake, El hombre lobo ni siquiera se preocupa en dotar de fuerza narrativa a un guión que se desarrolló hace casi seis décadas, y para el que no se esmeró en desarrollar mayores giros dramáticos: Lawrence Talbot sigue siendo pusilánime al igual que lo era el Larry de Chaney Jr., y es más, la interpretación de éste es aun de mayor credulidad al verse tan patético en su sentimiento de culpa ante las atrocidades cometidas y, más aún, ante la imposibilidad de concretar sus pulsiones sexuales con la consabida Gwen, a quien por cierto hubo de inventársele una historia de amor con el hermano muerto de Lawrence -que no existe en el filme de Waggner-, dándole un tono de triángulo amoroso que tampoco cuaja al no importarle al hermano maldito, ni a ella, una presunta traición sentimental post mortem.
Pero más absurdo y decepcionante resulta aún, llevar una trama que en el original resultaba subversiva al mostrar gráficamente el asesinato del hombre maldito a manos de su propio padre, y de manera por demás cruel -a golpes con el mango de plata en forma de lobo, que en este remake utiliza Hopkins-, a cambio de un chocante balazo de plata asestado por la asustada heroína -convenciones obligan-, mientras que los planos finales restriegan con total desfachatez en la cara del espectador una presunta secuela.

Es sintomático que aún en esta primera década del siglo XXI los mejores ejemplos de la “lobografía cinematográfica” que llegan a la memoria datan de hace más de un cuarto de siglo: Aullidos, de Joe Dante y Un hombre lobo americano en Londres, de John Landis, ambas de 1981 y Lobos criaturas del diablo (aka En compañía de los lobos), de Neil Jordan en 1984; y que para este filme si ya de antemano se pensó no como una historia original sino como un remake resulta lamentable que los responsables ni siquiera atinaron, ante la falta de imaginación, a rehacer la película cuadro por cuadro (como el Psycho de Gus Van Sant) -con todo y que tiene detalles que se repiten de manera nostálgica cfr. el telescopio, el bastón- y en cambio se sacan al vapor y de la manga una lucha a mordidas y arañazos entre dos hombres lobo voladores, lo que tampoco es nuevo, pues se puede ver exactamente lo mismo con Jack Nicholson y James Spader en las escenas finales de Lobo, de Mike Nichols (1994). Como verán, El hombre lobo 2010 no es nada nuevo bajo el sol, y bajo el influjo de la luna, menos todavía.
EL HOMBRE LOBO
(The Wolfman)
Dirección: Joe Johnston; Guión: Andrew Kevin Walker y David Self, basadois en el guión original de Curt Siodmak para el filme The Wolf Man, dirigido en 1941 por George Waggner; Producción: Benicio Del Toro, Sean Daniel, Scott Stuber, Rick Yorn; Fotografía: Shelly Johnson; Música: Danny Elfman; Edición: Walter Murch, Dennis Virkler; Con: Benicio Del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Art Malik (Singh), Hugo Weaving (Abberline), Simon Merrells (Ben Talbot), Geraldine Chaplin (Maleva), Roger Frost (reverendo Fisk), Michael Cronin (doctor Lloyd)
Estados Unidos – Gran Bretaña, 2010 - 102 min.
Fecha de estreno en México: 12 de febrero de 2010
Cinefagia en Facebook
Te olvidaste de mencionar Dog Soldiers de Nel Marshall dentro de la más reciente “lobografía cinematográfica”. Salvo que no la consideres un filme de lobos digno; yo la encuentro muy buena.
Por cierto, de por sí no me llamaba la atención ver esta actualización y una vez leída tu reseña menos aún, esperaré a que esté en descarga directa para revisarla.
Mi estimado Majadero
La verdadera majadería es haber olvidado anotar un filme TAN bueno como lo es Dog Soldiers… Comienzo a creer (¿aceptar?) lo que mi amigo Mauricio Matamoros afirma sobre mi senilidad y el evidente Alzheimer que conlleva. Mea culpa
Gracias por recordármela (…la película, obviously)
JLO
A ustedes los maravillosos críticos de cine muy a menudo se les olvida que este tipo de películas no estan hechas para dejar huella en el espectador, ni en la historia del cine. Viendo todo desde el punto de vista crítico (el cual es acertadísimo en esta reseña), la película en cuestion es poco menos que deplorable… Sin embargo para una tarde lluviosa de invierno en compañía de la pareja en turno, entrar a un cine y verla, sin afán artístico, es una delicia. Me gustó la música, me gustaron los efectos, la ambientación, y desde luego al salir del cine la olvidé para siempre. Este es el nuevo cine desde hace mucho tiempo, productos desechables de entretenimiento instantáneo y fugaz….
Lo siento, mi estimado José Luis, pero no acotumbro equivocarme. Eso sucede cuando uno pasa de los 22 años.
Perdón pero no estoy tan de acuerdo con tu opinión expresada sobre esta pelicula, es cierto que se nota la inexperiencia del director en el campo de terror, sobre todo el el exceso del uso de algo que yo llamo “pastelazo”, usar sonidos e imagenes para sobresaltar al publico pero que luego de un rato aburren (por predecibles) aunado a esto tenemos el hecho de que Johnston tiene en su haber solo churros bastante olvidables pero creo que exageras al decir que el principio es lento, hay suficiente sangre y tripas para mostrar que estamos ante un moustro, una bestia que nada la debe a los hombres-lobo que no son tan malos como en Crepusculo-2 , hay cliches, es cierto, haciendo que la pelicula no alcance la calidad deseada por nosotros los fanaticos pero creó que Johnston se ha ganado el privilegio de la duda para que revisemos sus posteriores trabajos, pues considero que comparando este trabajo con las insoportables versiones nuevas de clasicos medianos de terror como “Viernes 13″ o “Hallowen” , dirigidas por niños que aprendieron cine mirando MTV y nada más, esta muy adelantado o al menos tiene una mejor hechura cinematografica.
Saludos José!
Está chidísimo que no estés de acuerdo con tu servidor, así los comentarios se enriquecen con las opiniones de los lectores. En este caso, efectivamente, al inicio de la cinta se ve corretiza, sangre y la garra amenazadora del monstruo… porque es una película que desde el inicio ya se vende de que demonios va. Más obvio ni Calderón, me cae.
Lo malo es que la película pierde ritmo, y cuando digo que es lenta, no me refiero sólo al principio de créditos, sino a toda la primera parte de la película, algo así como tres cuartos de hora que transcurren en Talbot Hall, salpicados únicamente por algunos detalles medio gore como el ataque al campamento gitano.
Y, ahora soy yo quien no está de acuerdo contigo: a mi parecer el Halloween de Rob Zombie (…la primera parte solamente) está fregona, bien lograda en lo técnico, visual y hasta me atrevería a decir que se lució con el guión -materia en la que Rob es bastante malito, la verdad sea dicha…- al reinterpretar la versión clásica de Carpenter dándole una nueva puesta en escena al mito, mostrando aristas que no se ven en el original. Más que remake, es como una visión alterna del Michael Meyers.
¡Estamos en contacto bro y no dejes de leernos y escribirnos!
JLO
LO ÚNICO QUE ME PARECIÓ BUENO FUE LA AMBIENTACIÓN EN EL SIGO XIX, LO DEMÁS DECEPCIONANTE
Buen día:
Debo decir, que efectivamente, es una historia decepcionante. Lo mejor es Antony Hopkings y esa lucha que se tiene con Del Toro. La ambientación buena, la parte de agregar gitanos (un buen filme de Hombres lobo, creo lo debe tener) y la actuación de Hugo Weaving, es lo más rescatable. A mí en lo personal, me encantan este tipo de temas, hombres y mujeres lobo, pero siento no me hacen honor. Ahora, hay una peli española que toca el tema de hombres lobos con una daga enterrada, ¿sabes de casualidad cómo se llama?
Gracias y esperare una película que me haga justicia.
Dalia