Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Død Snø (Dead Snow)

Por José Luis Ortega Torres

dead-snow1I. ¿Antropología zombie?

La mitología del cine de terror gira alrededor de figuras emblemáticas y, salvo modernas aportaciones como el serial killer -humano o sobrenatural-, todo lo que se ha desarrollado gira en torno de ellas: el vampiro, el licántropo, el fantasma, la momia y el zombie. Las postrimerías del primer decenio del siglo XXI trajeron consigo la renovación del mito vampírico, fenómeno cíclico que cumple su rigurosa cita hollywoodense cada determinado tiempo, como bien dejan en claro ejemplos como Los muchachos perdidos (1987);  Entrevista con el vampiro (1994) e Inframundo (2003), o la vertiente romántico-adolescente de ejemplos como Crepúsculo (2008) o la TV-serie True Blood (punto y aparte Déjame entrar, absoluta obra maestra).

Rascando un poco, nos encontraremos con que aún pasadas décadas entre cada película, uno de los comunes denominadores del cine de colmillos y gargantas sonrosadas, es lo chic del vampiro, su apostura donjuanesca y lo cool que es la no-vida eterna, muy por el contrario de la maldición que Polidori, LeFanu o Stoker se encargaron de esgrimir. ¡Ser vampiro es poca madre!

El vampiro, entonces, se convirtió en la élite del monstruoso panteón imaginario de los mitos del terror clásico y, en contrapartida, los zombies han jugado el nada honroso papel de los parias. A contracorriente de la virilidad erótica del vampiro (o la cachondez lésbica de la hembra), los zombies representan lo pestilente, lo pútrido, la pérdida no solo de la vida humana, sino también la nulidad de su personalidad.

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En tanto que el vampiro pasa la eternidad haciéndose sabio y manteniendo el cuerpo incorruptible así pasen centurias; el zombi se embrutece, pierde agilidad motora y lucidez intelectual. Su cuerpo hiede y se desprende a pedazos y mientras el vampiro puede beber elegantemente el néctar de la vida en cálices de oro y joyas si así les place, su pariente pobre -a fin de cuentas las dos son razas de no muertos- debe de conformarse con su primitiva pulsión de carne cruda arrancada groseramente con garras y dientes.

Pero ojo, que aunque no lo parezca el zombie ha visto una evolución en sus maneras, que aunque no han mejorado sustancialmente sus modales, sí cuando menos les otorga cierta dignidad a sus despojos. En el discurso, George A. Romero es quien le imprime, quizás a su pesar, un halo de politización a su figura, por él se dice que son una alegoría de los caídos en Vietnam y para otros críticos metidos en drogas, los zombies no son más que la representación mala leche de los hambrientos tercermundistas. Cada quien su santo.

Lo que no podemos negar es que del zombie despojado de su voluntad por culpa de un mad doctor iniciado en el vudú haitiano, como el Bela Lugosi de White Zombie (1932), y los infectos protozombies rabiosamente ágiles de Exterminio / 28 días después, media un abismo. Ya el mismo George A Romero decidió ser el antropólogo oficial de la raza zombie al documentar, por así decirlo, la evolución del monstruo, donde ya se ha mostrado que puede inclusive puede alcanzar habilidades de discernimiento, como en Day of the Dead (1985), e incluso capacidad de asociación por un fin común más allá de la carne en Land of the Dead (2005). De ahí en adelante, todo es posible.

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II. Zombies Nazis Must Die! …they not ?

El 2009 fue un excelente año para el cine de zombies. Paradójicamente podríamos decir que estos cadáveres animados gozan de buena salud gracias a títulos como Doghouse, [REC]², Last of the Living, Zombieland, Pontypool y esta joyita noruega llamada Død snø, la cual, de momento comenzó a levantar un buen número de comentarios positivos por donde quiera que se le encontrara programada, especialmente algunos festivales cinematográficos especializados en el género.

Segundo largometraje del treintañero Tommy Wirkola, Dead Snow (en inglés) es una bocanada de aire freso al género partiendo de esquemas clásicos como el grupo de humanos a merced de las bestias y aislados dentro de una cabaña perdida en medio de la nada, pero dándole algunos puntos extra a la narración con un sentido del humor fiestero y decididamente en clave de homenaje a los grandes maestros del cine de terror moderno, por medio de la cinefilia (¿cinefagia?) de uno de los personajes, un joven adulto contemporáneo (¡ja!) que creció viendo el cine del multicitado Romero y valientes jóvenes destructores de esquemas, como en su momento lo fue Sam Raimi, nombre que se cita con reverencia en el primer tercio de la cinta.

Un grupo de jóvenes estudiantes de medicina guiados por Vegard deciden ir a esquiar a Øksfjord, en los nevados montes noruegos. Ahí Sara, novia de Vegard, espera al grupo en su cabaña para pasar las vacaciones en medio de un paisaje maravilloso. Al llegar, la cabaña está sola y no hay señales de la chica, por lo que su novio decide ir a buscarla montado en su motoneta para nieve, en tanto que el resto del grupo se queda armando la fiesta en la cabaña.

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Como lo dictan los cánones, un misterioso hombre se hace presente para contarles a los chicos la maldición que pesa sobre el lugar: durante la Segunda Guerra Mundial, un batallón nazi al mando del standartenführer Herzog ocupó la región cometiendo toda clase de crímenes contra los pobladores, torturas, violaciones y asesinatos incluidos. Casi al término de la guerra los moradores se sublevan, por lo que los nazis huyen a las montañas llevándose una gran cantidad de riquezas producto de sus robos. Ahí morirán todos congelados. O casi.

Dead Snow es una acertada combinación del survival montañés donde un grupo de jóvenes deben de sobrevivir a como de lugar a un amenaza (léase rednecks, mutantes caníbales, monstruos de la antinaturaleza, etc.), que en este caso se traduce como el batallón de Herzog vueltos zombies sin mayor explicación, tal vez ese sea el inicio de los aciertos del novel Wirkola quien, a la manera de los mejores ejemplos de la zombigrafía universal, no pierde el tiempo explicando lo inexplicable y nos avienta de lleno a una montaña rusa de emociones y gore.

Los jóvenes encontrarán un pequeño cofre con monedas de oro y otras reliquias de valor, y es ahí cuando los carroñeros comienzan a acecharlos, dándonos a entender que al tomar ese tesoro, sin quererlo, han echado su propia suerte. Esa misma noche Chris desaparece misteriosamente, sólo para dar pie a que su cabeza aparezca arrancada y de la mano del primer zombie de muchos que asolan la cabaña, el siguiente en morir es Erland, el cinéfago que gusta de citar los clásicos del género cual biblia exorcizadora. Su cabeza es arrancada de cuajo y partida en dos ante la atónita mirada de sus amigos, no sin antes alcanzar a advertirles el canon básico de los zombie films: pase lo que pase no dejes que te muerdan.

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A partir de este momento, los personajes se sitúan en una caída libre donde la resistencia es lo único que cuenta. Los dos chicos restantes servirán voluntariamente de cebo mientras sus respectivas novias intentan llegar al auto para ir por ayuda, en tanto Vegard lucha solitariamente al interior de la montaña contra otros zombies al darse cuenta que su novia a muerto a manos de ellos. El resultado será el que todos esperamos, una masacre donde la sangre y las tripas se dejan caer gustosas como contrapunto macabramente estético a un fondo níveo, donde resalta más.

Es sorprendente, para bien, que de un país del que se conoce poca filmografía y menor aún la que se trata de cine de género, encontrar que han sabido tomar las bases clásicas de una de los monstruos míticos, acaso el más maleable dada su ya mencionada falta de personalidad propia, para trabajarlos de una forma correcta y bien delineada. Dead Snow presenta un tipo de zombie más ad hoc con las nuevas formas que los videojuegos del tipo Resident Evil han propuesto, convirtiéndolo en un ser más bestial que pusilánime y con la inteligencia necesaria para cumplir un objetivo.

Que Tommy Wirkola haya vestido a sus monstruos con un uniforme nazi no debe de verse, de ninguna manera, como una provocación política, como por ahí he escuchado ciertos debrayes, sino simplemente como una opción lógica para el desarrollo de la trama, es decir, que si hubieran estado en una isla del caribe, la anécdota del cofrecito del tesoro hubiera servido con piratas, terminando en un rip-off barato de la primera parte de Piratas del Caribe.

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No le demos más vueltas a algo que tampoco es tan difícil de digerir: Dead Snow es un muy entretenido filme de terror B para amantes del género que, como Wirkola, pueden ver dos metros más delante de la rutina básica del zombie come-cerebros y propone un filme lleno de acción y gore donde los zombies nazi pueden correr a toda velocidad sobre la nieve y, al mismo tiempo, son capaces de tirar mazazos a la cabeza de sus víctimas, secuencia climática resuelta por un vertiginoso travelling lateral -impresionantes, también los tiros perpendiculares a las presencias zombies, logrando captar los perfiles de los monstruos que potencian la amenaza-, porque eso sí, la película está resuelta con una técnica narrativa que lo sitúa muy por encima de subproductos que no hacen demasiado por reivindicar al género que se admira, limitándose burdamente a poner a cuadro -que no en escena- vísceras de cerdo diseminadas sin sentido. Ahí se notan dos cosas: el conocimiento y admiración de Wirkola por el género fantástico y el respeto por mantenerlo vigente en una nueva era donde los mitos clásicos parecen reavivar el gusto del público masivo por estos filmes.

DØD SNØ (Dead Snow)

Dirección: Tommy Wirkola; Guión: Stig Frode Henriksen, Tommy Wirkola; Producción: Tomas Evjen, Terje Stroemstad; Fotografía: Matthew Bradley Weston; Música: Christian Wibe; Edición: Martin Stoltz; Con: Vegar Hoel (Martin), Stig Frode Henriksen (Roy), Charlotte Frogner (Hanna), Lasse Valdal (Vegard), Evy Kasseth Røsten (Liv), Jeppe Laursen (Erlend), Jenny Skavlan (Chris), Ørjan Gamst (Herzog)

Noruega,  2009  –  91 min.

Participaciones: Festival de Cine Sundance. Park City, Estados Unidos 2009; Festival de Cine Noches Fantásticas de Berlín, Alemania 2009; Festival Internacional de Cine de Seattle, Estados Unidos 2009; Festival Intenacional de Cine de Karlovy Vary, República Checa 2009; Festival Internacional de Cine Fantástico FantAsia, Canadá 2009; Festival de Cine de Atenas, Grecia 2009; Festival Internacional de Cine de Bangkok, Tailandia 2009; Festival de Cine de Calgary, Canadá 2009; Festival de Cine Visiones Nocturnas, Helsinki, Finlandia 2009

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5 Comments

  1. Jajaja soy un asiduo seguidor de la revista desde su anterior formato y, sobre todo, de esta genia sección. Me atrevo hoy a escribir porque me parece que Dead Snow es una película que le hacía falta al género, no porque descubra hilos negros (cosa actualmente imposible) sino porque le devuelve frescura como dices José Luis. Reí enormemente en algunas escenas y degusté con gran placer las muertes así como las batallas de los zombies con los sobrevivientes. Mención aparte la escena donde los dos últimos se piensan suficientemente valentones para acabar con el General creyéndolo inferior y un grito bestial los devuelve a su inevitable destino jajaja de humor negrísimo jaja. Y ya entrados en esto del cine de aquellos lares nórdicos, ojalá pudieras revisar y comentar sobre SEVERANCE que personalmente se me hizo estupenda y llena de diversión igual que D.S. tu punto de vista sobre ella me sería una buena charla.

  2. Algunas escenas me recordaron mogollon a Braindead y a Shaun of the Dead (cuando muere el cinefilo por ejemplo). En general me encantó, muy bestia y divertida y el guión lleno de las típicas frases del género.

  3. dead snow es una basura de pelicula, Y PUNTO.

    de nada sirve hacer un comentario sobre la pelicula adornandolo con bonitas frases, cuando la peliocula que se comenta sencillamente es intragable. no ocurre nada hasta mas de la media hora, y lo que ocurre despues es predecible, falto de imaginacion e innecesario.

    saludos

  4. A mi me ha parecido original y sobresaliente. Nada más que decir (es innecesario adornarlo con peores frases).