Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

2033

2033-posterPor Marco González Ambriz

No es necesario quebrarse la cabeza para entender por qué el cine de ciencia ficción hecho en México tiene una escasa tradición donde predominan el humor involuntario de los luchadores enmascarados y la miseria de títulos como El planeta de las mujeres invasoras. A las carencias estructurales de nuestra industria fílmica -mercado interno desaprovechado, nula distribución en el extranjero- hay que añadirle la competencia de las películas foráneas, que en el caso de la ciencia ficción tienen la ventaja adicional de un diseño de producción y unos efectos especiales que los cineastas mexicanos ni en sus sueños húmedos pueden lograr.

Cualquier intento por practicar el género en este país debe ser visto con una mezcla de simpatía, porque hay que tenerlos grandotes para medirse con Star Trek o Avatar cuando se tiene un presupuesto de tres pesos, y recelo, porque las buenas intenciones no bastan para evitar el ridículo. En el caso de 2033 hay un elemento adicional que hace temer lo peor. La premisa plantea que para ese año México es gobernado por una dictadura militar que ha prohibido la religión, por lo que los héroes de la historia serán obviamente un grupo de creyentes que combatirán al régimen inspirados por su fe. Al oír eso uno piensa automáticamente en los bodrios de Paco del Toro (Cicatrices, La Santa Muerte), sólo que en clave futurista, y aunque Francisco Laresgoiti y Jordi Mariscal, director y guionista respectivamente de 2033, no caen tan bajo, la verdad es que su película es igual de prescindible.

Claudio Lafarga en 2033
Claudio Lafarga en 2033

El principal problema de 2033 es que en el libreto todo son lugares comunes. La deuda con cintas como Logan’s Run, THX-1138 o Fahrenheit 451 es tan grande que la película nunca adquiere una personalidad propia. El argumento sigue el esquema de los títulos mencionados, con un protagonista que forma parte del sistema hasta que una serie de circunstancias lo hacen cuestionar sus creencias, por lo que finalmente decide unirse a la oposición. Además 2033 es la primera parte de una trilogía, por lo que el relato no tiene un desenlace. Sus noventa minutos de duración se van en presentar a una serie de estereotipos que cualquier aficionado a la ciencia ficción reconocerá de cintas previas, situados en un ambiente desdibujado y con una falta de ritmo que exaspera.

Ya que el relato no presenta ninguna novedad podría esperarse que los realizadores al menos se esforzaran por crear una visión plausible de lo que sería la sociedad mexicana dentro de un cuarto de siglo. Podrían divertirse imaginando modas y estilos musicales o al menos hacer referencia a alguna situación actual. La mayor aportación de 2033 en ese sentido son las computadoras que usan los personajes, que son como el iPad pero en grande. Fuera de eso sólo hay un esbozo de lo que podría ser un antro en esa época y algunas imágenes del D.F. con añadidos arquitectónicos creados digitalmente. También se puede mencionar una escena temprana con un montón de extras que usan túnicas blancas muy en el estilo de la ciencia ficción de los 60, aunque luego resulta que se visten así porque trabajan en la industria farmacéutica del Dr. Simi Stam y ese es sólo su uniforme.

2033-2En un género donde el aspecto visual es tan importante la pobreza estilística de 2033 es aún más notable. Los toques futuristas no alcanzan a disimular lo rutinario de la puesta en escena. Abundan las escenas donde los personajes recorren pasillos, suben y bajan escaleras o discuten alrededor de una mesa. 2033 repite uno de los peores vicios del cine mexicano de cualquier género, que es resolver todo en base a diálogos. Nada mejor para ilustrar esto que el ataque de los rebeldes, que por la falta de dinero queda reducido a un breve montaje noticioso. Si esto ya es aburrido lo es todavía más por la necesidad de alargar el sencillo relato para que dure 90 minutos. Algo que podría contarse fácilmente en media hora se prolonga para meter escenas que repiten cosas que ya habíamos visto hasta el cansancio (p.ej. la drogadicción de Pablo), flashbacks que explican detalles que ya habían quedado claros o momentos tan triviales como aquel donde al héroe le enseñan a limpiar un escusado.

Creo que los menos culpables del pobre resultado son los actores. Pedirles que hagan algo interesante con personajes tan indefinidos sería como exigirles que revivan a un cadáver. Claudio Lafarga se pasa casi toda la película a cuadro y ni así logra que Pablo tenga vida propia. Que diga que le fue bien, porque Marco Antonio Treviño se las ve negras para hacer algo decoroso con el sacerdote heroico, aunque sin duda la más perjudicada por el libreto fue Sandra Echeverría, a ella le tocó el papel más intrascendente de una película donde éstos sobran.

Tal vez por todo lo anterior el mensaje religioso de 2033 me pareció irrelevante. A diferencia de El libro de los secretos, que es una aceptable aventura de ciencia ficción hasta que aparece el subtexto aleluya, 2033 es mediocre por donde se le mire. Sólo los que ya estén convencidos que los problemas del país se resolverían regresando a los valores tradicionales podrán identificarse con lo que sale en la pantalla. Es el problema del cine con moraleja, sobre todo cuando es tan torpe como esta cinta, que aleja a más gente de la que convence.

Trailer de 2033:

2033
Dirección:
Francisco Laresgoiti; Guión: Jordi Mariscal; Producción: Yvette Gurza; Fotografía: Luis David Sansans; Música: Daniel Hidalgo; Edición: Carlo Puente; Elenco: Claudio Lafarga (Pablo), Marco Antonio Treviño (Padre Miguel), Raúl Méndez (Goros), Sandra Echeverría (Lucía), Luis Ernesto Franco (Milo), Miguel Couturier (Stam), Ariane Pellicer
México, 2009, 90 min.

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9 Comments

  1. ¡Otra hija bastarda más de “Matando Cabos”! Primero la forma, presumir el presupuesto y suponer que la película se engrandecera por el contraste con su contexto fímico y después el resto. Y así le está yendo en críticas.

    Revelador el árticulo que escribió Rafael Aviña el domingo en “El Ángel” con respecto a “2033″:

    “…Lo curioso es que el año 2033 en que se desarrolla la historia recien estrenada ya había sido planteado por otra película mexicana. Se trata de “Infiernofinis/Comando de la Muerte” (1989), dirigida por el eficaz Alfredo Gurrola, un sarcástico relato de acción y ciencia ficción posapocalíptico, ambientado justo en ese año y que planteaba una especie de desenfadada e irónica parodia de “Rambo”, “Depredador”, “Mad Max” y “Dos Tipos de Cuidado”. De hecho, por encima de aquellos relatos Serie B intergalácticos a la mexicana, en esa línea que va de “La Nave de los Monstruos” y “Gigantes Planetarios” a “Santo Contra la Invasión de los Marcianos” o”Superzan y el Niño del Espacio”, otras cintas mexicanas se han aventurado en plantear historias atemporales o de un futuro cercano, como lo sería “Katuwira” (1997), de Iñigo Vallejo.

    Pero, sobre todo, dos antecedentes importantes de “2033″ se localizan en “La Montaña Sagrada” (1972-1975), de Alejandro Jodorowsky, que mostraba a una Ciudad de México sumida en el caos, con granaderos represores, imágenes religiosas alucinantes, como esos centenares de Cristos fabricados en yeso y la utilización de la arquitectura contemporánea para crear una sensación de modernidad (el ladrón escalando las Torres de Satelite). Al igual que “El Ombligo de la Luna” (1985), de Jorge Prior, participante en el Tercer Concurso de Cine Experimental: una historia ambientada en un hipotético futuro, con una ciudad en crisis que rastrea en sus raíces, asolada por la violencia, bandas de traficantes y catástrofes. Ahí, un hombre y dos mujeres recorren el país en busca de un nuevo Aztlán a bordo de una Harley Davidson y una camioneta que lleva tatuada sobre el techo una enorme figura de la Virgen de Guadalupe”.

    • Otra que tal vez podría considerarse que tiene una estética atemporal es El camino largo a Tijuana, aunque sea fallidona. En cualquier caso las películas que mencionas tienen un estilo propio, porque La nave de los monstruos será kitsch, cutre y lo que quieras pero no se puede negar que con ver cualquier escena inmediatamente la reconoces. El problema de 2033 es que es genérica hasta decir basta y en comparación a cualquier película de serie B gringa se sigue viendo barata. Es como uno de esos churros que produce el canal Syfy para rellenar el horario, sólo que sin escenas de acción porque a los productores de 2033 no les alcanzó el dinero para sacar a unos cuantos extras dándose de trompadas.

  2. Eso sin mencionar que todo el trasfondo de la historia guarda varios paralelismos (obvios, inquietantes, y bastante discutibles) con lo ocurrido durante la Guerra Cristera: Un regimen militar que abole la iglesia, y esta en respuesta se subleva. Solo que aquí el asunto es mucho más simplificado, esquematizado y reducido. Los matices son borrados y solo hay absolutos: buenos bien santos y malos muy demoniacos.

    ¿Es 2033 un reflejo de los tiempos que vivimos en México (de Panismo y moralina rampantes)? O ¿simplemente se trata de un caso de oportunismo descarado?

    • Desde mi punto de vista el problema no es tanto que 2033 tenga una intención religiosa, se puede hacer muy buen cine con esa temática y uno como espectador puede apreciarla desde un aspecto estético o narrativo sin que esto signifique que tenga que aceptar las ideas que contiene. Además creo que hay que mostrarse respetuoso con las creencias ajenas incluso cuando los fieles son poco tolerantes con los que somos ateos o agnósticos. Si el guionista de 2033 realmente se hubiera inspirado en la Guerra Cristera me parece que la película sería mucho mejor, hay muchas anécdotas de esa época que podrían retomarse para una historia como ésta. Un ejemplo: en su libro autobiográfico, Fiera infancia y otros años, Ricardo Garibay cuenta como él de niño acudió a una escuela “escondida”, es decir católica cuando la educación religiosa estaba prohibida en México, y que en cierta ocasión uno de sus compañeros avisó de la presencia de un inspector del gobierno, quien presumiblemente iba a clausurarla. Los niños se escondieron en un túnel que formaba parte del edificio y recogieron piedras con la intención, muy cristiana, de matar al inspector. No hubo necesidad porque el empleado del gobierno callista había ido a la escuela para ver si aceptaban ahí a su hijo. Incluir una escena así en 2033 habría sido mucho más barato que la tarugada esa del helicóptero y daría una idea de lo difícil que es cambiar las mentalidades por decreto.

  3. Ah cabrón… respetuoso? qué pasó con el Marco que escribía en el inframundo?… ja, ja, ja. Saludos!

    • Ese wey maduró y ya no escribe tantas tonterías como hace diez años… al menos eso es lo que quiero pensar.

      Cuando hacía el Inframundo venía saliendo de la carrera de Historia, donde te exigen una redacción tan académica (es decir árida, burocrática, insípida) que al tener mi propio sitio web me fui al otro extremo, a mentar madres y escribir lo primero que se me venía a la mente. Eso puede ser divertido durante un tiempo pero uno acaba dándose cuenta que mantener siempre el mismo tono, además de ser aburrido, impide hablar de otros temas que requieren otro enfoque. Me pasaba que le recomendaba alguna comedia romántica a una amiga y ella nomás se me quedaba viendo, como diciendo “¿ me estás recomendando una película sin orgías ni destripados?”

      Lo de respetar creencias ajenas también es algo que se aprende con los años. Cuando uno está más chavo cree que le va a cambiar la forma de pensar a los demás y se mete en discusiones que no llegan a ningún lado. Ahora prefiero desviar la conversación, así no tengo que andar explicando que probar un negativo es imposible (los que tienen que demostrar que Dios sí existe son los creyentes).

  4. Es una película verdaderamente horrible desde todos los aspectos: que van desde un pésimo guión que no se sostiene ni con pinzas, interpretaciones sobreactuadas como novelas de TVazteca, diseño de vestuario que parece de película de El Santo o Capulina, una fotografía espantosa, muy fea de verdad, errores de continuidad, de edición. El personaje principal Pablo, es absolutamente caricaturesco. Su cambio de carácter se da casi de una escena a otra sin justificación alguna.
    Mas que risa, esta película me provoca una tremenda lástima por lo que pasa con el cine mexicano comercial.

    De verdad es una pena que este tipo de películas reciban apoyos, ( porque se ve que gastaron mucha lana) para hacer una porquería como ésa.

    • La neta sí, 2033 es como esos churritos gringos de serie B que en su país de origen se estrenan en DVD y aquí, por alguna misteriosa razón, las sacan en pantalla grande. Se puede comparar con las películas cristianas de Paco del Toro (Cicatrices, La Santa Muerte) en lo rutinario de la puesta en escena, lo acartonado del guión, lo obvio de la moraleja y todos los defectos que ya mencionaste.

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