Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Ichi el asesino (Koroshiya 1 / Ichi the Killer)

Por José Luis Ortega Torres

ichi01Sí hay algún cineasta que en el umbral del siglo XXI se ha ganado a pulso el título del último autor maldito y enfant terrible de la cinematografía mundial, ese es Takashi Miike. Cineasta en toda la extensión de la palabra, cuenta -si es que él mismo lleva la cuenta- con más de un centenar de filmes entre pecho y espalda, balanceándose lo mismo entre películas de arte -La gente pájaro de China-, juveniles -Andromedia-, de terror macizo -Una llamada perdida-, yakuzas -Fudoh-, que paroxismos cuasi-animados -Yatterman-; pero otorgándoles a todos y cada uno de ellos la magia de su cine. Algo así como el ingrediente secreto que nos hace paladear cada una de sus obras como auténticamente suya.

Nacido en 1960 a las afueras de Osaka, en el pequeño poblado de Yao, Miike soñó en ser piloto profesional de motociclismo, sin embargo, ingresó a los 18 años a la Yokohama Academy of Broadcasting and Film, escuela que escogió porque no era necesario presentar ningún examen para ser admitido. Destacado por ser un alumno indisciplinado y que rara vez asistía a clases, consiguió colocarse como asistente de producción en una televisora local y posteriormente ingresó al mundo del cine bajo la supervisión directa del célebre Shoei Imamura, de quien fue primer asistente en las filmaciones de Zegen (1987) y Kuroi Ame / Black Rain (Lluvia negra, 1989), mismo cargo que desempeñó para directores como Hideo Onchi y Kazuo Kuroki.

Su trabajo como director inicia en 1991 para el llamado mercado del “V-Cinema”, películas filmadas directamente en video y debuta profesionalmente en 1995 con un modesto filme rodado en 16 mm., llamado Shiunjuku kuro shakai: China mafia senso / Shinjuku Triad Society, película realizada para un estreno comercial limitado en espera de que alguna compañía la comprase y comercializara en video. Sorprendentemente el debut de Miike atrajo la mirada de la crítica, llegando a ser nominado al premio a mejor nuevo director por la Academia Japonesa.

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Si bien el reconocimiento en su país no se hizo esperar, fue hasta 1999 cuando el mercado internacional volvió la mirada hacia él cuando Odishon / Audition y Dead or Alive, comenzaron un recorrido por diversos festivales especializados, dejando a más de uno con la boca abierta ante estos dos filmes tan diferentes entre sí (el primero un thriller de suspenso, el segundo una historia policíaca, mezcla de yakuzas y ciencia ficción), pero que al mismo tiempo hacían reconocibles las virtudes de un cineasta dueño de un universo personal.

Formalmente, Miike ha sabido crear un estilo cinematográfico que bebe de la sapiencia de sus primeros maestros. Largas tomas en planos fijos, delicados travellings descriptivos de un ambiente desolado y tranquilo y close ups a los rostros inmutables de sus personajes, caracteres que pasan por el mundo con una fuerte carga de sentimientos reprimidos que estallan en inesperados momentos de sadismo, tortura, patologías sexuales y violencia en busca de eterna venganza, momentos donde Miike se desata: edición velocísima, encuadres rebuscados que rompen con la naturalidad del discurso visual para explotar al máximo las posibilidades surrealistas de lo puesto en escena, movimientos rápidos de cámara, ruptura del tempo cinematográfico y, en ocasiones, hasta viraje de color y textura del grano.

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Estas constantes temáticas y formales son reconocibles como el “estilo” Miike y se dan cita en lo que es una de sus obras cumbre: Koroshiya 1 / Ichi the Killer, película con la que visitó varios festivales durante el año 2003 y que terminó, de una vez y para siempre, de encumbrarlo como un cineasta de primer nivel. Basada en el manga del mismo nombre, Ichi the Killer es una violenta cinta que nuevamente retoma la ya muy sobada premisa de venganza entre bandos yakuzas, pero llevada a la pantalla con la habilidad necesaria para hacer de ésta, una muestra refrescante de los estilemas vistos en más de un centenar de filmes.

Cuando el jefe Anjo desaparece, sus soldados yakuza comandados por el psicópata llamado Kakihara (impresionante Tadanobu Asano) se dan a la tarea de buscarlo por los bajos fondos de la mafia con expeditivas formas de interrogatorios, donde el cruel Kakihara expone uno a uno sus métodos favoritos para infringir dolor, habilidades aprendidas hace años, cuando el jefe Anjo se encargó de tomar bajo su cuidado a Kakihara y enseñarle el arte de dar y recibir dolor. Así, su protegido se convirtió en una máquina de tortura ataviada de piercings y que se distingue fácilmente de entre mil hombres por esa macabra herida que se extiende desde la comisura de sus labios hasta los pómulos, y que porta consigo largas agujas de acero cómo únicas armas de guerra.

Pero antes de que Kakihara llegue a sus víctimas, una máquina de matar aun superior a él se le adelanta. Un hombre capaz de destruir en minutos a toda una banda y descuartizar cada uno de los cuerpos de sus rivales en un baño de sangre y vísceras, una mortal figura que nadie conoce, pues quien lo ha visto indudablemente se encuentra muerto. Solamente es conocido como “1″ (Ichi, en japonés) y Kakihara comienza a obsesionarse con la figura de ese misterioso hombre.

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En Koroshiya 1, Takashi Miike muestra en secuencias paralelas los avatares de ambos personajes. Por un lado Kakihara y su brutal muestrario de torturas que incluyen ganchos, aceite hirviendo y sus inseparables agujas metálicas, entre otras cosas que va improvisando según el momento. Por el otro, el mundo de un hombre traumado, atormentado por los recuerdos de una violación que no pudo impedir y que en lugar de eso le excitó; un hombre que prácticamente es un retardado con la edad mental de un niño y la inocencia que eso conlleva, pero que en realidad es un experimento de lavado cerebral que responde instintivamente a los impulsos de la violencia inducida por un yakuza rival, convirtiéndose así en el asesino número uno -traducción literal del título- que, armado con unas poderosas navajas en sus botas, se encarga de repartir letales patadas de karate cercenando miembros, rebanando cuellos y hasta partiendo en dos los cuerpos de sus enemigos en un orgiástico baño de sangre y vísceras que Miike no escatima en presentar a cuadro.

Las dos son, en realidad, personalidades complementarias. Tan violento uno como el otro, aun cuando uno de ellos todavía sea capaz de llorar de arrepentimiento ante la ola de violencia desatada a su alrededor (Ichi) y el otro sea incapaz de experimentar nada que no sea placer al destrozar cuerpos ajenos. Son tan complementarios que Kakihara experimenta una atracción demente (de roces eminentemente homosexuales) hacia Ichi, con quien ansía el momento del encuentro final: duelo de dos bestias desatadas cuyas pulsiones reprimidas por fin encontrarán desfogue en por medio de una serie de penetraciones salvajes por vía de navajas y agujas fálicas, dando paso a las naturales eyaculaciones sangrientas. No es tan descabellada la analogía, pues tal vez sea Ichi el único ser en este mundo capaz de infringirle el dolor máximo que tanto anhela para sí el sádico Kakihara.

Ichi el asesino

(Koroshiya 1 / Ichi the killer)

Dirección: Takashi Miike; Guión: Sakichi Satô, basado en el manga homónimo de Hideo Yamamoto; Producción: Akiko Funatsu, Dai Miyazaki, Yuchul Cho, Elliot Tong; Fotografía: Hideo Yamamoto [no confundir con el autor del manga, por favor N. del A.]; Música: Karera Musication, Seiichi Yamamoto ; Edición: Yasushi Shimamura ; Con: Tadanobu Asano (Kakihara), Nao Omori (1 -Ichi-), Shinya Tsukamoto (Jijii), Alien Sun (Karen), Sabu (Suzuki), Shun Sugata (Takayama), Toru Tezuka (Fujiwara), Yoshiki Arizono (Nakazawa).

Japón – Hong Kong – Corea del Sur,  2001  -  129 min. (v.o. íntegra)

Participaciones: Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2001; Festival Internacional de Cine de Vancouver, Canadá 2001; Festival de Cine de Londres, Gran Bretaña  2001; Festival Internacional de Cine de Estocolmo, Suecia 2001; Festival Internacional de Cine de Róterdam, Holanda 2002; Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas, Bélgica 2002; FantaFestival, Roma -Premios a Mejor Efectos Especiales-, Italia 2002;  Festival Internacional de Cine Fantástico de Neuchâtel -Premio del Jurado -, Suiza 2002; Festival de Cine de Horror de Upsala, Suecia 2002; Festival Internacional de Cine de Helsinki, Finlandia 2002; Festival Internacional de Cine de Cataluña – Sitges, España 2002; Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, España 2002; Festival de Cine de Gérardmer, Francia 2003; Fantasporto. Festival Internacional de Cine de Oporto, Portugal 2003; Festival de Cine FantAsia, Montreal -Premio Fantasia Ground-Breaker-, Canadá 2003.

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