pecados-de-mi-padreBUENOS AIRES (Lucila Sigal, para Reuters) – El hijo del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, quien se autodefine como pacifista, pidió perdón a víctimas de la violencia de su padre y dijo que espera que su ejemplo ayude a la reconciliación en el país sudamericano.

Juan Pablo Escobar es Juan Sebastián Santos Marroquín desde 1994, cuando un año después del asesinato de su padre a manos de la policía colombiana debió exiliarse del país y elegir una nueva identidad para intentar sobrellevar el peso del apellido de uno de los narcotraficantes más famosos de la historia.

Marroquín, quien es arquitecto y vive desde entonces en Buenos Aires junto a su mujer, su madre y su hermana, decidió contar su historia en el documental Pecados de mi Padre que recorre la vida de su familia y el cual será develado el jueves en el Festival de Cine de Mar del Plata, en Argentina.

El filme muestra la carta en la que pide perdón a los hijos del que era ministro de Justicia Rodrigo Lara y del candidato a presidente Luis Carlos Galán, que su padre mandó a matar.

Esa carta dio sus frutos. En el 2008, Rodrigo Lara hijo decidió viajar a la capital argentina para conocer a Marroquín y meses más tarde se reunió con él y los tres hijos de Galán en Colombia, un país al que había prometido no volver nunca más.

“El pedido de perdón que yo hago a las familias Galán y Lara no es exclusivo para esas familias. Es para todas las familias colombianas que sufrieron el rigor de la violencia producida por el narcotráfico y concretamente por la que pudo haber ejecutado mi padre”, dijo Marroquín a Reuters.

Este hombre de 32 años, de hablar pausado, está seguro de que el documental Pecados de mi Padre, que en Colombia será estrenado el 10 de diciembre, “va a abrir un debate sobre la reconciliación, el perdón y el diálogo”.

La historia de las familias Escobar, Lara y Galán la considera una pequeña muestra de lo que ocurrió en Colombia. “La convicción es tan fuerte que estoy exponiendo mi vida frente a las cámaras y frente al mundo asumiendo un compromiso (…) Realmente no alberga otro sentimiento más simple que la paz, para que la sociedad pueda definitivamente mirar al futuro y no estar eternamente vinculada al pasado”, afirmó.

El y los hijos de las víctimas del capo del Cártel de Medellín coinciden en que el encuentro sirvió para liberarse de rencores y avanzar hacia la reconciliación y el perdón.

“Este encuentro nos ayudó a liberarnos de esos sentimientos en gran parte por la actitud de Sebastián (…) de reconocer la responsabilidad de su padre en el asesinato de mi papá y de pedir perdón”, comentó Claudio Galán a Reuters vía correo electrónico.

“Esperamos que este encuentro y este documental sirva en algo para que logremos avanzar” hacia un futuro de paz, dijo.

El director de la película, el argentino Nicolás Entel, narró que su plan inicial había sido filmar un documental sobre la vida del hijo de Escobar Gaviria, pero que inmediatamente se le ocurrió la “idea absurda” de esta reunión.

“La responsabilidad de que ese encuentro ocurra no es mía, es de ellos”, dijo a Reuters el director, quien contó que el filme implicó cinco años de trabajo y más de 100 viajes.

UNA VIDA DE EXCESOS

Marroquín recuerda a un padre cariñoso, que le cantaba canciones del Topo Gigio, le mostraba los colores de las flores y le leía cuentos. Cuando era niño, su padre montó un zoológico privado con más de 200 animales exóticos en el campo inmenso de la hacienda Nápoles, una muestra de su estilo de vida.

“Sentía que tenía el privilegio de haber nacido en Disneylandia y disfruté como un niño de toda esa magia, que no sabía de qué estaba construida pero yo la disfruté con mucha inocencia”, dijo Marroquín.

“Mi papá era una persona absolutamente opuesta a la que públicamente es conocida (…) Manejaba separadamente todas las cuestiones de su trabajo con la familia. Muchas veces te enterabas por la prensa de las decisiones que tomaba”, agregó.

Pero Marroquín dijo que los años dorados duraron poco y que el valor del dinero del narcotráfico empezó a ser relativo y recordó una anécdota en la que estaban escondidos en una casa de Medellín con 2 millones de dólares pero nada para comer.

“Quiero contribuir para que no se repita la historia. Hay un error sustancial de percepción frente a lo que significa la vida de quienes están vinculados al narcotráfico, que es más parecida a una tragedia que a una telenovela”, relató.

En 1984, al día siguiente del asesinato de Lara, Marroquín, su madre y su hermana amanecieron en Panamá. Su padre dejó de vivir en la casa familiar y, cuando podían verlo, viajaban con los ojos vendados para que no reconocieran sus escondites.

El hijo de Escobar confiesa que no supo a qué se dedicaba su padre hasta los 12 ó 13 años y cuenta que en uno de esos breves encuentros pudo manifestarle su desacuerdo con la “violencia indiscriminada e innecesaria” que ejercía.

“Me queda la tranquilidad de haberle manifestado mi posición cuando tuve la edad suficiente como para enterarme de sus acciones (…) Pero era un hombre al que no lo paraba nada, no lo pudo parar todo un país, con la ayuda de Estados Unidos, ni sus enemigos, ni su madre, no lo iba a parar un niño”, dijo.

Al ser consultado sobre cómo ve hoy la figura de su padre, expresó: “No sabría decirte si en realidad él fue el más grande o si con él se cumplió una de las leyes del marketing, que es mejor ser el primero que ser el mejor”.

MI BUENOS AIRES QUERIDO

Tras la muerte de Escobar el 2 de diciembre de 1993 en el tejado de una casa en Medellín, él, su madre y hermana buscaron lugar donde exiliarse ante el peligro de sus vidas en Colombia. Ante la imposibilidad de conseguir un país que les diera refugio, la familia decidió cambiar su identidad.

En 1994 emprendieron un viaje a Mozambique, pero la perspectiva allí era sombría y decidieron volver a Buenos Aires, por donde habían pasado en su periplo hacia África y en donde habían obtenido una visa de turista por tres meses.

Su vida transcurrió en un calmo anonimato hasta que en noviembre de 1999 estalló un escándalo en Buenos Aires cuando Marroquín, su madre y su novia fueron acusados de asociación ilícita, lavado de dinero y falsificación de documentos por parte de un “contador que intentó chantajearnos”, relató.

Después de siete años fueron sobreseídos, pero Marroquín estuvo preso 45 días y su madre 18 meses.

El dinero de mi padre “está en manos del Estado colombiano, están todas las propiedades absolutamente confiscadas. A nosotros no nos devolvieron ni el llavero de la casa (…) La mitad de nuestra vida en Argentina, o sea siete años, nos pasamos respondiendo dónde está la plata”, dijo Marroquín.

Según la revista estadounidense Forbes, Escobar Gaviria llegó a tener una fortuna de más de 3.000 millones de dólares.

A pesar de todo, su vida en Buenos Aires transcurre con tranquilidad, vive con su mujer y su perro, tiene planes de tener un hijo y dice que su lugar está fuera de Colombia.

“No tengo nada extraordinario más que la libertad para disfrutar y la salud para trabajar y luchar”, afirmó, mientras en su celular sonaba el tema Imagine de los Beatles [En realidad es de John Lennon en su etapa solista. N. del E.]