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Sector 9 (District 9). Ciencia ficción y racismo en 2009.

district9-posterPor Scott Ashlin

Versión original: 1000 Misspent Hours and Counting
Traducción: Marco González Ambriz

En 2005 Microsoft, Universal y la 20th Century Fox anunciaron un plan conjunto para llevar a la pantalla grande el videojuego Halo. La compañía de software tendría el control creativo del proyecto, Universal se encargaría tanto de la producción como de la distribución en Estados Unidos, y Fox tendría los derechos para los mercados foráneos. Peter Jackson se integró al equipo como productor ejecutivo en diciembre de ese año, trayendo consigo la empresa de efectos especiales Weta Workshop que hiciera un espléndido trabajo en King Kong y la trilogía de El Señor de los Anillos, y las tres compañías productoras tenían un guión aceptable para el primer trimestre de 2006.

Encontrar al director llevó un poco más de tiempo. Aunque Guillermo del Toro fue tomado en cuenta, al final el trabajo recayó a un cineasta sudafricano prácticamente desconocido de nombre Neill Blomkamp, quien hasta ese momento se había desempeñado principalmente como realizador de comerciales. Todo parecía estar saliendo bien durante varios meses, hasta que Universal, Fox y Microsoft empezaron a discutir por cuestiones financieras, llevando a los estudios a cancelar su acuerdo, y más tarde a responsabilizarse mutuamente por las sumas considerables que ya se habían gastado en la preproducción. El proyecto de Halo fue oficialmente suspendido a fines de 2006, pero Microsoft retuvo a Jackson, Blomkamp y Weta, manteniéndolos ocupados con un trío de cortometrajes hechos con la finalidad de apoyar la campaña publicitaria para la segunda secuela del juego. No obstante, Halo quedó atrapada en el purgatorio hollywoodense de las películas en desarrollo, y ahí permanece hasta la fecha.

Cortometraje Alive in Joburg, con subtítulos en español:

Algo muy bueno resultó del fiasco de Halo, hay que decirlo. Desanimado por cómo su intento por darle su primera gran oportunidad a un joven talento se había malogrado, Peter Jackson dejó claro de una vez por todas que es un tipazo al ofrecerle a Blomkamp acceso a Weta y treinta millones de dólares para hacer la película que se le diera la gana. Lo que es aún más notable, con esa cantidad Blomkamp montó una ambiciosa extensión de Alive in Joburg, el corto de seis minutos que había hecho en 2005. En esencia, Alive in Joburg tomó la premisa de Alien Nation -una raza de extraterrestres que habían sido usados como esclavos por otra especie escapa a la Tierra e intenta asimilarse- y la convirtió en un breve pero inquietante meditación sobre el difícil estado de las relaciones raciales y étnicas en Sudáfrica, todo bajo la guisa de un falso documental. Sector 9, el largometraje resultante, a su vez contiene elementos de un seudo-documental, pero las entrevistas y las imágenes de archivo se entrelazan con una narrativa cinematográfica más convencional sobre un hombre completamente gris que recibe una lección sobre los mecanismos de la opresión mucho más rigurosa de lo que él pudiera haber imaginado.

En 1982, los extraterrestres llegaron a la Tierra. Contra lo que el cine de ciencia ficción nos ha enseñado, su nave -un enorme vehículo que recuerda vagamente un hongo- no arribó a Washington o Moscú, y tampoco en una ciudad de segundo orden como Londres, Tokyo o Beijing. Cuando la nave extraterrestre se detuvo, lo hizo sobre Johannesburgo. Tampoco sería correcto decir que los alienígenas aterrizaron. Un análisis posterior del video grabado en ese momento reveló que un módulo de un tamaño considerable se separó de la parte inferior de la astronave y descendió a la ciudad, pero la nave misma permaneció silenciosa e inmóvil en el cielo sobre Johannesburgo durante meses hasta que las autoridades se impacientaron y mandaron a un comando a bordo de helicópteros para hacer labores de reconocimiento. En el interior los soldados encontraron alrededor de un millón de crustáceos humanoides (es decir bilateralmente simétricos, bípedos y cefalizados) de estatura ligeramente superior a la de un hombre adulto, viviendo en condiciones horrendamente parecidas a las de los barcos negreros.

District 9

De inmediato, un evento sociopolítico sin precedente en la historia de la mundo se convirtió en una igualmente inaudita crisis humanitaria. El módulo que se había separado de la nave a su llegada a Johannesburgo era al parecer su centro de comando, sin el cual ninguno de los sistemas primarios podía funcionar. Además, había señales de que los alienígenas eran una especie eusocial en el que unos cuantos individuos dominantes dirigían las acciones de la gran mayoría de sus compañeros. Era difícil, por decir lo menos, reconciliar la sofisticada tecnología de los visitantes con su inteligencia limitada y casi total falta de iniciativa. En caso de que existiera una casta de pensadores entre los extraterrestres era obvio que ninguno había sobrevivido para darle la bienvenida a los humanos que entraron en la nave. Los seres tendrían que recibir trato de refugiados y ser evacuados de su nave inoperante.

En ese caso, quien quiera que haya estado pilotando la nave durante su aproximación final a la Tierra eligió el lugar equivocado para el último tramo en el viaje desde las estrellas. La minoría afrikáner que tenía el control de Sudáfrica a principios de los 80 ni siquiera podía tratar a otros seres humanos con un poco de melanina adicional en la piel con la dignidad que merece cualquier ser consciente, ¿que harían con un millón de camarones erguidos anatómicamente incapaces de hablar cualquier lenguaje humano? Para ser justo con los habitantes de Joburg, los extraterrestres no eran precisamente ciudadanos ejemplares. Eran indiferentes a los derechos de propiedad, las leyes o la autoridad civil, y aunque no mostraban ningún talento para la organización o la solución de problemas que fueran más allá de sus necesidades inmediatas, su instinto de supervivencia les confería una desafortunada aptitud para el robo, el allanamiento de morada y la violencia a pequeña escala. Al ser mucho más fuertes que el hombre promedio las consecuencias de estos actos eran severas. Por un tiempo las autoridades municipales confinaron a los extraterrestres a los barrios negros, pero sus habitantes demostraron ser tan incapaces de convivir con los recién llegados como sus compatriotas blancos. Una ola de disturbios raciales llevaron a un nuevo tipo de apartheid, con los alienígenas reunidos en su propio distrito.

District 9

Dos décadas tras haber sido establecido, el Sector 9 sigue siendo un lugar tan disfuncional como al principio. Gangsters nigerianos al mando del despiadado Obesandjo (Eugene Khumbanyiwa) controlan la precaria economía del distrito, haciendo un buen negocio con el contrabando de armas, la prostitución y la comida para gatos, que es adictiva para los alienígenas. Aunque el apartheid ya no se aplica a los sudafricanos de color, los extraterrestres siguen siendo ciudadanos de cuarta, sujetos a un control tan estricto que deben incluso obtener permiso del gobierno para reproducirse. Existe un movimiento a favor de los derechos extraterrestres en el país, pero es débil en comparación al odio que casi todos los humanos, sin distinción de razas, sienten por los prawns. A fin de cuentas, el gobierno de Sudáfrica concluye que ha llegado la hora de sacar a los extraterrestres de Johannesburgo y pone en marcha un plan para trasladarlos a lo que es evidentemente un campo de concentración. Un desalojo de tal magnitud requerirá una enorme inversión en equipo y en personal, además de la capacidad organizativa para llevarlo a cabo.

Para ello el gobierno ha solicitado la ayuda de una corporación llamada Multinational United. MNU contará con el apoyo del ejército sudafricano y la policía de Johannesburgo, pero también ha contratado a una empresa de seguridad privada que aportará a su propio equipo de mercenarios, bajo el mando del ex-oficial de fuerzas especiales Koobus Venter (David James). Hay dos factores que complican la iniciativa de desalojo. En primer lugar, la gente de Pretoria no tiene intención volver a ser los parias internacionales que fueron en los 80. MNU tendrá que cumplir con las formas legales y el perfil público de la reubicación del Sector 9 deberá ser inmaculado. Piet Smit (Lous Minaar), el jefe de la compañía, designa a su yerno Wikus van de Merwe  (Sharlto Copley, y nunca creerán que su única experiencia previa como actor fue una sola escena en Alive in Joburg) en el puesto crucial de coordinador de la operación, haciéndolo responsable de servir las órdenes de desalojo a los habitantes del Sector 9, de forma rápida, eficiente y con un mínimo de violencia.

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La segunda complicación es menos obvia pero tiene implicaciones mucho más serias. La nave alienígena estaba repleta de un arsenal de armamento superior a su contraparte terrestre, desde cañones gauss portátiles hasta trajes blindados, mismo que fue confiscado (en parte, al menos) en 1982 cuando los extraterrestres fueron llevados a la Tierra. Este increíble armamento no le sirve de nada a sus nuevos dueños humanos, debido a que su diseño incluye características biométricas que sólo pueden ser activadas por el DNA alienígena. Multinational United ha estado a la vanguardia de las investigaciones para burlar estas medidas de seguridad, sin que al parecer hayan logrado ningún avance. Lo cual lleva a uno a suponer que la vida de los extraterrestres en el nuevo campamento manejado por MNU será similar a la rutina de Auschwitz. Sin embargo, el insignificante Wikus van de Merve sufrirá un accidente que pondrá de cabeza los planes de sus superiores…

Lo que más me gusta de Sector 9 es que es por mucho la película moralmente más confusa que he visto en un cine en años. No es sólo que Wikus van de Merwe se aleje del prototipo de héroe cinematográfico, ni siquiera se le puede catalogar como antihéroe. Es un tipejo egoísta, ignorante, racista y cobarde, con escasa inteligencia o imaginación, que cae en una situación grotesca que sobrepasa con mucho su capacidad para entenderla y que falla casi todas las pruebas de valentía, decencia o compasión hasta que por fin se le presenta una en la que el fracaso sencillamente no es una opción. Lo conocemos mientras se prepara para participar en un monstruoso crimen contra la humanidad (y no hay duda que el desarraigo de los extraterrestres lo es, aunque sus víctimas no sean humanas) y vemos lo orgulloso que está de que se le haya tomado en cuenta para encabezarlo. Vemos a Wikus destruir una incubadora extraterrestre no autorizada como si fuera algo divertido, no por sadismo sino por una infantil incomprensión de las dimensiones morales de lo que está haciendo. Cuando Wikus busca a un extraterrestre en particular, suponiendo correctamente que éste debe saber algo sobre lo que le está pasando, lo hace como la parte ofendida, sin tomar en cuenta que el accidente fue consecuencia de su propia falta de escrúpulos.

Sharlto Copley en Sector 9
Sharlto Copley en Sector 9

Van de Merwe nunca se muestra agradecido cuando el extraterrestre le ofrece ayudarlo, tampoco considera que su nuevo amigo tenga cosas más importantes de qué ocuparse. De hecho, Wikus está siempre dispuesto a abandonar o traicionar al alienígena si es que ponerse de su lado representa un peligro para él, a pesar de que es sólo hasta que los dos irrumpen en las instalaciones de MNU que su compañero decide que la curación del humano no es una prioridad. Y cuando Wikus finalmente se comporta como un héroe lo hace forzado por las circunstancias, sus motivos son la misma cobardía y el egoísmo que lo han impulsado hasta entonces. En cierto momento exhibe síntomas de valor, pero la condición misma nunca se manifiesta en él. De cualquier manera, es imposible odiar a Wikus van de Merwe. Es despreciable, sin duda, pero tiene algunas características que lo redimen, sobre todo la genuina devoción que siente por su esposa Tania (Vanessa Haywood). En última instancia Wikus es tan ínfimo que no inspira odio sino lástima.

Otras ambigüedades igualmente incómodas pueden encontrarse a todo lo largo de Sector 9. Koobus Venter, por ejemplo, no es el villano que aparenta a primera vista. Puede ser completa e irremediablemente malvado, pero a pesar de tener un papel importante en la narración está claro que él es sólo un empleado de MNU. Venter es un matón a sueldo, el tipo de hombre al que alguien como Wikus acude cuando le falta la calidad moral para hacer el bien y el valor para hacer el mal. Los hombres como Venter hacen el trabajo sucio para que los hombres como van de Merwe puedan beneficiarse del sistema sin sentirse culpables. Cuando Wikus se enfrenta a Koobus se está enfrentando al aparato que hace posibles sus propios privilegios, y los de su esposa, su madre, sus compañeros de trabajo y todos los habitantes de Sudáfrica que ocupan lo alto de la pirámide social. Y ya que estamos hablando de paralelos con la Sudáfrica real, vale la pena examinar cómo es que Sector 9 trata a sus personajes negros.

District 9

En la que tal vez sea la decisión más audaz de la película, hay una leve pero inconfundible alusión al hecho de que en este mundo ficticio el apartheid en Sudáfrica terminó en gran parte gracias a la llegada de los extraterrestres, un grupo al que tanto blancos como negros podían odiar por igual. Un estado de cosas que tristemente recuerda la oleada de inmigrantes que huyen del derrumbe social, político y económico del vecino Zimbabwe, que atraviesan la frontera hacia la estable y relativamente próspera Sudáfrica para ser tratados como una plaga infrahumana por los nativos negros y blancos. Pero, al mismo tiempo, los negros en Sector 9 reciben un trato condescendiente de sus colegas blancos. Wikus le habla al policía Thomas (Kenneth Nicosi) como si fuera un niño pequeño, mientras que su asistente Fundiswa (Mandla Gaduka) es el único civil en el desalojo que no tiene un chaleco antibalas. El racismo en Sector 9, en otras palabras, tiene varias capas, lo que nos lleva al problema de Obesandjo y su pandilla nigeriana.

Esto puede pasar inadvertido para los espectadores norteamericanos (que a lo sumo podrán sentirse incómodos por los paralelos entre los seguidores de Obesandjo y los africanos primitivos del Hollywood de principios del siglo XX) y hay que tomar en consideración el uso que hace Blomkamp de los nigerianos en el contexto de la película. La superstición de Obesandjo, el aspecto más criticable de los nigerianos en Sector 9, está evidentemente diseñado para recordar los experimentos de MNU, y tiene sus raíces en varias creencias tradicionales africanas. El problema es que la versión específicamente nigeriana de esas tradiciones está en proceso de extinción, lo que hace muy improbable que alguien como Obesandjo las tomaría en cuenta. Más aún, Blomkamp ha declarado que para esta subtrama se inspiró en reportes originados en Tanzania que hablaban de rituales paganos donde los albinos eran devorados para ganar poderes sobrenaturales. Dejando de lado lo confiables que puedan ser esos reportes, Tanzania no es Nigeria. Es un paso en falso que ya de por sí es desafortunado en una cinta que nos advierte sobre los peligros del racismo y la xenofobia, y que es peor por el simple hecho de que Sector 9 se filmó en Sudáfrica, donde la comunidad nigeriana ocupa el mismo lugar que los argelinos en Francia, los turcos en Alemania o los mexicanos en Estados Unidos. La falta de tacto del director no puede pasarse por alto.

No obstante, Sector 9 es un ejemplo de lo que la ciencia ficción puede hacer. Nos presenta una realidad alterna que es totalmente creíble, usándola para examinar el mundo en que vivimos. Desde el punto de vista visual es absolutamente verosímil y casi no puedo creer lo bien que se ve a pesar de haber costado sólo una fracción de lo que Michael Bay empleó en la deleznable Transformers. También tiene extraordinarios efectos especiales como herramientas al servicio de su tema principal, más que como un fin en sí mismo. La decisión de Blomkamp de hacer a los extraterrestres tan inhumanos como fuera posible dentro de la misma estructura corporal, dotándolos al mismo tiempo de una cultura completamente ajena a la nuestra, es excepcional, ya que obliga al espectador a superar los mismos prejuicios de Wikus van de Merwe para acercarse al verdadero héroe de la historia. Con demasiada frecuencia, las alegorías raciales que hacen un llamado a la tolerancia se basan en la idea de que en el fondo todos somos iguales, una aseveración bastante dudosa. Sector 9 adopta una posición más estricta: debemos tratarnos con respeto sin importar lo grandes que puedan ser nuestras diferencias.

Trailer de Sector 9 (District 9):

SECTOR 9
(District 9)
Dirección
: Neill Blomkamp; Guión: Neill Blomkamp, Terri Tatchell; Producción: Carolynne Cunningham, Peter Jackson; Fotografía: Trent Opaloch; Música: Clinton Shorter; Edición: Julian Clarke; Elenco: Sharlto Copley (Wikus van de Merwe), Louis Minaar (Piet Smit), David James (Koobus Venter), Kenneth Nkosi (Thomas), Mandla Gaduka (Fundiswa Mhlanga), Vanessa Haywood (Tania), Eugene Khumbanyiwa (Obesandjo)
EE.UU. – Nueva Zelanda, 2009, 112 min.

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1 Comment

  1. Es interesante como uno automaticamente se siente de lado de los oprimidos (si uno los detecta, y mientras seamos tan sólo terceros). En particular me sentí por momentos empático con los extraterrestres, pero finalmente son tan asquerosos que no podría tenderles la mano. Al final uno se siente como Wikus van de Merwe, y uno cree que tiene que defender lo que es suyo, valiendole madre el projimo, siendo egoista y discriminador.
    Al salir de la sala, reflexione, ¿bueno en que capa de la discriminación estoy?

    Aunque perdí por momentos el tema de la discriminación, por que la neta los efectos esta buenos (los pedasos de carne saltan a la camara), además que en parte uno busca la antitesis de la Guerra de los Mundos.

    Finalmente solo quiero decir que si no queremos que nos pisen, ya basta de ser ojete con el otro.