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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Magna exposición en París sobre el universo Fellini

Federico Fellini PARÍS (AFP) – El cineasta italiano Federico Fellini y su universo onírico son celebrados en París en una gran exposición que abre sus puertas este martes en el museo Jeu de Paume de París, tras cuatro años de trabajo.

Titulada Fellini, el gran desfile, la muestra -que constituye un gozoso festejo de El Maestro (1920-1993) y de su mundo felliniano- “es la primera gran exposición mundial consagrada al cineasta que no está centrada en sus dibujos”, afirma el comisario, Sam Stourdzé.

La exposición en el Jeu de Paume, un hermoso museo situado en el jardín de las Tullerías, es totalmente visual, reuniendo unas 400 piezas, entre ellas fragmentos de películas, vídeos, fotografías, carteles, dibujos, revistas y entrevistas filmadas, muchas de ellas inéditas.

“Necesitó un trabajo de investigación muy meticuloso, que llevó cuatro años”, explicó el comisario, que se ufana de haber encontrado elementos inéditos, como fotos en color de algunos de sus filmes en blanco y negro, que no se conocían.

En el centro de la muestra, en cuya organización participaron también la Cinemateca francesa y el Instituto cultural italiano de París, está, por supuesto, su obra maestra, La dolce vita (1960), una radiografía de la sociedad romana, que celebra su 50º aniversario el próximo año. Ese filme, donde Anika Ekberg surge como una Venus de la Fontana de Trevi, provocó la ira del Vaticano, que acusó a Fellini de blasfemo. Pero en el Festival de Cannes, fue coronado por el Jurado, uno de cuyos miembros era el escritor estadounidense Henry Miller.

Según el comisario, la ambición de la exhibición, que cierra el 17 de enero próximo, es iluminar “el proceso de creación del cineasta”, descifrar “la construcción de sus imágenes”. Quiere adentrarse y descubrir las obsesiones y fantasmas de Fellini, y “las fuentes que alimentaron su imaginación”, que fueron principalmente la niñez, las mujeres, el inconsciente, agrega. Los recuerdos de infancia en la pequeña ciudad de Rimini, en el Adriático, que fue el escenario de sus primeros sobresaltos sexuales, fueron para Fellini un verdadero laboratorio de imágenes, demuestra la exhibición.

La exposición revela también a Fellini trabajando, soñando, interrogándose sobre la creación, reflexionando sobre el cine. Detrás de su reflexión intelectual, surge el cineasta eminentemente popular que fue Fellini, que adoraba el music-hall, la calle, el circo, la magia, las fotonovelas, los desfiles -de prostitutas, de payasos-, el rock and roll, y que nos dejó imágenes encantadas de todos estos mundos.

La exhibición intenta, por vía de las imágenes, adentrarse en el misterioso imaginario de aquel cuyo nombre entró para siempre en el lenguaje al convertirse en un adjetivo, felliniano, que evoca su universo onírico, exhuberante, extravagante.

Demuestra sobre todo cómo Fellini estuvo en constante evolución durante sus 40 años de trayectoria en el cine, que comenzó en 1945 como asistente de Rosselini, en uno de los filmes emblemáticos del neorrealismo italiano, Roma ciudad abierta.

Además de la exhibición en el Jeu de Paume, Fellini es objeto de un homenaje en la Cinemateca francesa, Tutti Fellini, que ha programado hasta diciembre del 2009 una retrospectiva integral de la obra del cineasta, que nos dejó tantas imágenes de antología en filmes inolvidables como La Strada, Amarcord, 8 y 1/2.

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