La propuesta (The Proposal)
Por José Luis Ortega Torres
Cuando uno coge de la estantería del videoclub un estreno protagonizado por Sandra Bullock ya sabe a qué le tira. Nadie le hará caso si al final del visionado dice “¡…esperaba otra cosa!”, porque, una película con Sandra Bullock ES una película DE Sandra Bullock. En pocas palabras, ella es, en sí misma, una pequeña parcela en el subgénero de las chick flicks, donde la veremos hacer pequeñas muecas apretando la boca, jugar con los ojos apuntando al cielo para verse más coqueta. Y ahí estará, sufriendo la primera media hora de la película, para después ponerse a jugar con el galán en turno la siguiente media y así, hasta descubrir que se enamoró de él quien-sabe-en-que-momento para después casi perderlo y recuperarlo en, como no, la última media hora de la película, cerrándose ésta con un inocente y tierno beso.
Qué nadie diga que espera algo distinto de la señorita Bullock. Personalmente me divierto bastante con Mientras dormías, al grado de considerarla un placer culpable; veo la segunda media hora de Miss simpatía cada que sale por TV -sí, sólo la que corresponde a sus jugueteos- y me emociono al verla manejar un autobús cual microbusero del ramal Pantitlán en Máxima velocidad, pero me aburro sobremanera cuando la hace de seria en cosas como 28 días o Alto impacto. La Bullock nació para ser la heroína de Barbara Cartland, pero con elevadas dosis de humor rosa.
Así que en La propuesta, nada podría (ni debería) variar, pero aún así ahí estamos, viéndola en una placentera tarde de fin de semana aplatanados en la sala, sorprendidos de que aún a pesar de mostrar lo ya mostrado hasta el cansancio, una película de estas características siga funcionando en taquilla. Sorprendente, porque en plena era donde la verdadera estrella de la película es un robot, alien o cualquier otro monstruo CGI y el ingreso en dólares es medible en proporción directa a los efectos especiales que se desplieguen, el hecho de que la sola presencia de una star -en el más hollywodesco sentido del término- se imponga y sea capaz de garantizar el éxito de una sobada fórmula es algo poco visto.

“Una película de estas características”, escribo arriba, pero ¿cuáles son esas características? Ah, muy simples: Margaret Tate es una émula caricaturizada de la pétrea Meryl Streep de El diablo viste a la moda, pero en versión editora de una de las firmas editoriales más importantes de los Estados Unidos. Obviamente es odiada por todos a su alrededor por representar a la mujer sin entrañas que no teme despedir a quien le resulte ineficaz, y que trae de asistente-criado a Andrew Paxton, el típico joven que sueña ser un gran editor y ver, además, publicado su libro por la poderosa empresa.
¿Conflicto? Sí, imberbe: ella, canadiense, está a punto de ser deportada por no tener sus “papers” en regla. Es, en pocas palabras, una ilegal más en el país de las barras y las estrellas y, para evitar la deportación en vísperas de un gran negocio, decide tomar por marido al joven Paxton, para lo cual debe viajar con él hasta Alaska a conocer a su familia en el nonagésimo cumpleaños de la abuela, con el fin de despistar al agente de migración que le pisa los talones.
Lo que sigue es lo previsto: ella descubrirá el encanto natural de él, sin mencionar que el chico es en realidad un heredero renegado de su fortuna y que románticamente busca consolidarse como hombre al publicar su libro y alejarse del brazo paterno. Pero la solitaria mujer no sólo se enamorará del Paxton-individuo, sino también del Paxton-colectivo al reencontrarse con el amor de una familia, carencia afectiva que sufre desde sus sweet sixteen, edad en que quedó huérfana, hecho que la convirtió en la arpía deshumanizada que se pretende.

Y así nos vamos siguiendo en automático un guión endeble donde los esquemáticos personajes recitan sus parlamentos de manera poco convincente: los reclamos del padre por un hijo que no acepta su destino de heredero, la abuela ladilla que le cuenta a la Bullock la historia de amor de los bisabuelos que se enfrentaron al prejuicio social, el conflicto de la novia-nativa del pueblo que dejó ir el amor nomás por miedosa… etc., y además las situaciones tópicas de rigor: ella pierde su celular ridículamente para quedar incomunicada de la salvaje sociedad capitalista a cambio del (casi) paradisiaco pueblecito; su chungo enfrentamiento con un perrito jodón que bien pudo haber sido el de Loco por Mary y, el colmo de la originalidad, se encuentra en cada esquina con el multiusos personaje que parece fugado de alguna película de Mel Brooks y que, para más señas, es latino y se sospecha inmigrante ¡qué horror! y se llama Ramón, ¡fuchi!
Como toda chick flick que se precie, tiene mensaje alentador: el amor lo puede todo, te hace bueno si no lo eras o te recuerde que siempre lo has sido. Variantes del subgenerito, ninguna. Pero como de alguna forma habría que venderse la nueva (es un decir) película de Sandra Bullock hubo que recurrir a ¿cómo no se les había ocurrido antes? ¡Encuerárla!

…claro que no se trataba de encuerarla de manera grotesca y descarnada como a Meg Ryan en En carne viva, chistecito que casi le cuesta la carrera por acabar de un tajo con su papel de sempiterna good girl, justamente de… ¡oops! chick flicks, ¡NO! ¡Sandra Bullock, no! La cosa era hacer divertida una tramposa escena de enseño-no enseño, donde las partes pudendas se tapan en todo momento pero que sí deja ver que a sus 45 años es una MILF en toda regla, hipótesis que se comprueba cuando el pequeño Paxton decide hacerla su mujer y someterla, delante de todos ahora sí, a un matrimonio lleno de amor de fin de semana donde ella pierde todo rasgo de su fortaleza femenina para convertirse, como en todas las comedias rosas que se precien, en la mujer absorbida por la convención social del matrimonio-bien-habido, al cabo y qué, eso a las mujeres consumidoras de chick flick les encanta, y a sus maridos les complace.
LA PROPUESTA
(The Proposal)
Dirección: Anne Fletcher; Guión: Peter Chiarelli; Producción: David Hoberman, Todd Lieberman, Vitaly Versace; Producción ejecutiva: Sandra Bullock; Fotografía: Oliver Stapleton; Música: Aaron Zigman; Edición: Priscilla Nedd-Friendly; Con: Sandra Bullock (Margaret Tate), Ryan Reynolds (Andrew Paxton), Mary Steenburgen (Grace Paxton), Craig T. Nelson (Joe Paxton), Betty White (abuela Paxton), Malin Akerman (Gertrude), Oscar Núñez (Ramón)
Estados Unidos, 2009 - 108 min.
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si, tienes razon, la mayoria d las peliculas de Sandra son muy predecibles, sin embargo, si tienes ganas d ver algo con ese tono, pues ya sabes q escoger algo de ella es bueno, y aunq sean bastante predecibles, pasas un buen rato en familia.
Por mi parte te dire q es d mis actrices favoritas, y d las pocas q podemos poner en la sala con toda la familia, y q sabes q no llegara un momento incomodo con esenas injustificadas d xxx.