Estafa de Amor (The Brothers Bloom). Donde Rian Johnson se pasa de listo.

brothers-bloom-posterPor Marco González Ambriz

A los que piensan que Wes Anderson es un cineasta sobrevalorado cuyas películas sólo podrían mejorar en manos de un productor inmisericorde que eliminara personajes excéntricos, acontecimientos improbables y escenarios locochones yo les recomendaría Estafa de amor sin pensarlo dos veces, pero sólo a los que me caen mal. Sucede que en su segundo largometraje el director Rian Johnson nos viene a demostrar lo disciplinado que es Wes Anderson en comparación a este mazacote de film noir, aventuras, drama, comedia y romance, donde nada es lo que parece, todo puede suceder y por lo mismo nada es relevante.

El prólogo, narrado en verso por el mago profesional y actor ocasional Ricky Jay (El gran truco, El mañana nunca muere), prácticamente reta a los abogados de Wes Anderson a entablar una demanda por plagio. En éste conocemos a los hermanos Stephen y Bloom, un par de huérfanos cuya rebeldía los hace mudar constantemente de padres adoptivos hasta que, por puro rencor hacia los niños “burgueses” que no quieren jugar con ellos en el parque, se les ocurre un plan para estafarlos. El ambicioso plan, en quince partes, termina abruptamente, lo cual no es obstáculo para que los hermanos, en especial Stephen, decidan que su verdadera vocación es el abuso de confianza.

Mark Ruffalo y Adrien Brody en Estafa de Amor
Mark Ruffalo y Adrien Brody en Estafa de Amor

Dicho prólogo se desarrolla con los hermanitos Bloom vestidos con saco de sepulturero y sombrero hongo, con jazz en la banda sonora y con un gatito sin piernas que se desplaza metido en un patín. Johnson mantiene el mismo nivel de extravagancia durante un buen rato, retomando la historia en Berlín, donde los hermanos, ya crecidos e interpretados por Mark Ruffalo -Stephen- y Adrien Brody -Bloom-, acaban de realizar su más reciente engaño con ayuda de su asistente, la especialista en armas y explosivos Bang Bang (Rinko Kikuchi, la sordomuda en Babel). Según explica Bloom a una admiradora, Stephen es quien planea los timos, y lo hace con la dedicación y la paciencia de un novelista ruso. Mientras hablan se filtra en el cuarto la música de una fiesta contigua, nada menos que el soundtrack compuesto por Nino Rota para La dolce vita.

La deuda con Fellini se extiende a la siguiente escena, que transcurre en medio de un zoológico donde el apesadumbrado Bloom le informa a Stephen que está harto de la vida que llevan y que ya no piensa trabajar con él. La conversación concluye cuando un camello se bebe la botella de whisky que Bloom había arrojado en un arranque de furia. ¿Así o más sardónico? Como en todas las películas de criminales donde uno de los protagonistas anuncia su retiro las circunstancias, en este caso la insistencia de Stephen, obligarán a Bloom a hacer un último trabajo. En este caso la víctima es la atolondrada millonaria Penelope (Rachel Weisz), una solitaria dama que colecciona hobbies (guitarra, banjo, origami, malabarismo) y por lo visto también la ropa que las divas europeas de los 60 (Marianne Faithfull, Anouk Aimeé, Anna Karina, etc.) tuvieron que tirar porque ya no les quedaba.

Rachel Weisz toca el banjo en Estafa de Amor
Rachel Weisz toca el banjo en Estafa de Amor

Estafa de amor está permeada por detalles de escenografía, encuadres o situaciones que recuerdan al cine europeo sesentero. En esto Rian Johnson también recuerda lo que hizo Steven Soderbergh con La nueva gran estafa, por suerte sin llegar a los mismos excesos de autocelebración hollywoodense aunque con resultados igual de inconsecuentes. Las referencias a otros cineastas son tan reiteradas que la historia pasa a un segundo término. Cuando Penelope trata de introducirse en un castillo para obtener un incunable esto parece sólo un pretexto para que se vista como heroína de Feuillade y termine en una farsa a lo Blake Edwards. Algunos críticos han descrito a Bang Bang como un Harpo Marx pirómano.

A media película Rian Johnson, quien por cierto también escribió el libreto, le pide al espectador que se involucre con sus personajes, que tema por la seguridad de los hermanos cuando aparecen en escena unos mafiosos rusos y que se emocione con el romance de Bloom y Penelope. Al mismo tiempo el director sigue metiendo chistes visuales a cargo de Rinko Kikuchi y escenas que guardan un sospechoso parecido con clásicos del cine negro. Cuando los protagonistas discuten sus opciones sobre un yate que navega hacia la costa mexicana uno ya no sabe si en serio o si es sólo un homenaje a La dama de Shanghai. El relato se desmadeja completamente al final, cuando Johnson decide volcarse de lleno hacia los bajos fondos del film noir, sólo que para entonces el espectador está harto de adivinar si los hermanos Bloom y Penelope realmente están en peligro o si se trata sólo de una boutade.

Rinko Kikuchi es Bang Bang en Estafa de Amor
Rinko Kikuchi es Bang Bang en Estafa de Amor

Como una vedette que hace quince cambios de vestuario para que el respetable no se fije en sus lonjas, Rian Johnson se mueve de un escenario a otro, llevando a sus personajes a Rusia, Praga, Tokyo, Tampico y Nueva Jersey. Las locaciones son atractivas pero esto no hace sino resaltar lo rebuscado de la trama. La única ventaja de este vagabundeo es que le permite a Penelope hacer gala de sus aptitudes para las lenguas extranjeras; cada vez que los hermanos necesitan que alguien les traduzca del francés, checo o ruso la millonaria lo hace como si tal cosa. Esto sería mucho más ingenioso si en la escena donde conocemos sus aficiones se mencionara que Penelope también había estudiado idiomas.

Dicen que Brick, la opera prima de Rian Johnson, es superior a Estafa de amor. Brick también es bastante artificiosa, es un híbrido de teen movie con film noir, donde Joseph Gordon-Levitt interpreta a un estudiante que investiga un crimen en su preparatoria, pero por lo que he leído parece que las limitaciones de presupuesto obligaron al director a jugar con menos elementos. Tal vez esto explique lo desmedido de Estafa de amor. No sería la primera vez que un director divaga al sentirse libre de restricciones en cuanto a diseño de producción, efectos especiales, elenco y escenarios.

Trailer de Estafa de Amor (The Brothers Bloom):

ESTAFA DE AMOR
(The Brothers Bloom)
Dirección, Guión
: Rian Johnson; Producción: Ram Bergman, James D. Stern; Fotografía: Steve Yedlin; Música: Nathan Johnson; Edición: Gabriel Wrye; Elenco: Rachel Weisz (Penelope Stamp), Adrien Brody (Bloom), Mark Ruffalo (Stephen), Rinko Kikuchi (Bang Bang), Robbie Coltrane (El Curador), Maximilian Schell (Diamond Dog), Ricky Jay (narrador), Zachary Gordon (Bloom niño), Max Records (Stephen niño)
EE.UU., 2008, 114 min.

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4 Comentarios

  1. Hablando de cine estilo wesandersoniano para personas que leen la Nylon: “Bunny and the Bull”. http://www.youtube.com/watch?v=0L9VlgJitmA

  2. Para complementar el último párrafo del texto:

    Ayer vi Brick y la neta sí está mucho mejor que The Brothers Bloom. Es muuy artificiosa y eso es algo que puede causarle molestia a los que busquen un tipo de cine más realista, pero si uno acepta que un grupo de adolescentes suburbanos podrían comportarse como personajes de film noir, con el típico detective insolente que sobrevive a diez madrizas hasta resolver un crimen, con femme fatale, con mafiosos en pugna (aunque sean pubertos llenos de barros), con Richard Roundtree (de la versión original de Shaft), etc. la verdad es que se la pasa uno bastante bien con este homenaje. Lo que más me gustó de Brick es el paralelo que establece entre la vida nocturna de las ciudades del film noir clásico y el soleado aburrimiento de las comunidades suburbanas.

  3. Cualquier valor crítico que pudo haber tenido tu texto se cae estrepitosamente cuando basas tus juicios en meras especulaciones cito:

    “Dicen que Brick, la opera prima de Rian Johnson, es superior a Estafa de amor. Brick también es bastante artificiosa, es un híbrido de teen movie con film noir, donde Joseph Gordon-Levitt interpreta a un estudiante que investiga un crimen en su preparatoria, pero por lo que he leído ”

    Cuando te tomes en serio el criticar películas por haberlas visto, y no por lo que has escuchado, entonces valdrá la pena leerte.

  4. Tan me lo tomo en serio que no acostumbro escribir sobre cintas que no he visto, a diferencia de algunos críticos profesionales. Cuando iba a las funciones de prensa me tocó ver a varios críticos de renombre roncando en las butacas en plena proyección y al día siguiente, mirabile dictu, salían sus reseñas en el periódico. Mi conclusión es que ellon son tan fregones que hasta dormidos pueden analizar una película.

    Yo no tengo tanta experiencia como ellos y por eso al hacer alusión a Brick dejé claro que me estaba basando en opiniones de otras personas, algo que me parece válido por mi formación profesional. Estudié la carrera de historia, donde es de lo más normal apoyarse en el trabajo de otros historiadores, y tal vez por eso me parece tan raro que los críticos de cine, profesionales (como los que roncan en las funciones de prensa) o aficionados (como yo), tengan tantos escrúpulos para citar a sus colegas, como si quisieran hacer creer que nunca han leído un texto sobre cine y que sus puntos de vista de ninguna manera han sido influidos por otras personas. Al tomar en cuenta opiniones ajenas sobre Brick me cercioré que fueran de críticos que considero confiables, y cuando vi la película por mi cuenta pude confirmar que su descripción de la opera prima de Rian Johnson se ajustaba a los hechos. Si tuviera la intención de engañar al lector habría redactado el último párrafo de otra manera.

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