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Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell)

dragme_01Por José Luis Ortega Torres

Acercarse a la obra cinematográfica de un genio irreverente como lo es Sam Raimi siempre le dejará al espectador, además de un momento de diversión en estado puro, una que otra enseñanza fílmica formal, hecho que hoy en día, pocos cineastas aportan en su obra, sin importar si ésta pertenece al género fantástico o al artie y snob.

Raimi, desde su apoteósica Evil Dead (El despertar del Diablo), ópera prima filmada con tres dólares de presupuesto y en cambio sí con millones de neuronas inteligentes, dejó en claro que presenciábamos el nacimiento de un genio a seguir, apuesta que con el paso del tiempo y filmes tan revitalizantes como Army of Darkness (homenaje al maestro Harryhaussen), Darkman (reinterpretación del cómic noir) o The Gift (cuidado thriller sobrenatural), ha quedado lo suficientemente clara como para decir que su posterior trilogía sobre Spiderman ha sido un divertimento para sí mismo, llevando al personaje Marvel a un terreno de particularidades formales y temáticas que ya se han pulido por completo para crear el “universo Raimi”.

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Su reciente Drag Me to Hell / Arrástrame al infierno parecía, de inicio, un “filme-de-descanso” tan sólo para estar activo en lo que afinaba los detalles para la cuarta parte del héroe arácnido, o la tan esperada revisión (que no remake) de su filme debut. Él mismo se encargó de hacerlo parecer así al decir que su nuevo proyecto se trataba de una sencilla historia de terror que lo acercaría a sus inicios como cineasta. Hoy, visto el resultado en pantalla, no queda más que decir que Drag Me to Hell es ya una de las piezas mayores dentro de la obra del cineasta nacido en Michigan.

Christine Brown es una joven ejecutiva bancaria en pos de la subgerencia de su sucursal, y para lograr vencer a su odioso rival Stu, debe hacer de lado sus buenos sentimientos y negar a una anciana una nueva prórroga bancaria, lo que desata la ira de la vieja, en realidad una gitana de Europa del este que maldice a la bella joven a ser arrastrada al infierno por el Lamia, un antiguo demonio de la mitología gitana. El plato está servido, Raimi nos pone de inmediato en el escenario que todos sus fans conocemos y disfrutamos: la lucha del individuo por sobrevivir a como de lugar y, si bien esta vez no es el mítico Ash (Bruce Campbell) quien debe enfrentarse a demonios kandarianos, sí es una hermosa güerita la que debe de luchar por salvar no sólo su vida, sino también su alma.

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La heroicidad es un tema presente siempre en el universo raiminiano. Los demonios y villanos están presentes como excusa para que el espíritu trascienda las barreras de la maldad humana o sobrenatural con el único objetivo de sobrevivir. Así, al igual que Ash deberá superar el miedo innato en medio de un paraje de desolación, Christine tendrá que dejar en el olvido a la gordita pueblerina que aún vive dentro de ella para tomar acciones decisivas por su sobrevivencia, una vez que se da cuenta de que los exorcismos de Rham Jas y Shaun San Dena son únicamente paliativos temporales a su condición de maldita.

Así, la otrora indefensa güera de rancho, se convierte en una desesperada asesina de gatos y profanadora de tumbas en una evolución propia de los personajes “condenados” a andar el sinuoso camino impuesto por el cineasta. Pero cuidado, porque en su universo las reglas están escritas de derecha a izquierda.

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Aún cuando la trama se sigue lineal durante tres cuartos de la cinta, Raimi es capaz de torcer el hilo creando un McGuffin propio del Amo del Suspenso dándonos pistas falsas sobre el destino de la heroína y creando un nuevo escenario donde los personajes, a pesar de su propia seguridad, desconocen que navegan a la deriva. Ahí está el genio creativo de un hombre que no sólo realiza una película de terror clásica vía maldiciones sobrenaturales, sino que la reinventa dotándola no sólo de su firma plástica ya reconocible en su obra: esa cámara subjetiva siempre por encima de la cabeza de la protagonista que revela una amenaza por encima de ella misma, es decir, superior a su humanidad; planos holandeses que nos hablan de la inestabilidad emocional de Christine; vertiginosos travellings que anuncian el ataque del Lamia y hasta la escena de baile poseso que ya vimos en Evil Dead, pero que no por eso dejaremos de disfrutar.

Mención aparte para la atractiva Alison Lohman (El gran pez, de Tim Burton; Los tramposos, de Ridley Scott; Beowolf, de Robert Zemeckis) como la desesperada Christine, una aburrida oficinista que es capaz de hacer que el grueso del público masculino quiera meterse (sin albur) a la pantalla para darle un apapacho cuando pone una tiernísima cara de compungida frente a tremendo bote de helado de chocolate, y una escena después, nos demuestre las violentas acciones que a sangre fría es capaz de cometer conservando incólume su inocente rostro. Raimi encontró en ella una suerte de Ash femenina que, al igual que el estelar masculino de Evil Dead, será vapuleada mental y físicamente (baste ver la chinga que le ponen en la escena del estacionamiento) conformando paulatinamente a una nueva Christine que, una vez evolucionada, se alejará de sus complejos infantiles para hacer frente a fuerzas antinaturales con un vigor y temple que ella desconoce en sí misma, pero que es el resultado de su propia ira reprimida.

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Drag Me To Hell / Arrástrame al infierno ya lo dijimos, es un filme de terror clásico en su propuesta y, que de estar en manos de algún otro maquilero hollywoodense, sería una película más dentro de la mitología de maldiciones demoníacas. No obstante, se siente innovadora por la contundencia con que está resuelta y por las aportaciones creativas de un director vanguardista que, como  Sam Raimi, entrega un poco de sí mismo en cada una de sus películas porque, y quizá ahí está su secreto, antes que pretencioso auteur es un fan empedernido.

ARRÁSTRAME AL INFIERNO

(Drag Me to Hell)

Dirección: Sam Raimi; Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi; Producción: Sam Raimi, Grant Curtis, Robert G. Tapert, Cristen Carr Strubbe; Fotografía: Peter Deming; Música: Christopher Toung, Edición: Bob Murawski; Con: Alison Lohman (Christine Brown), Justin Long (Clay Dalton), Lorna Raver (Sylvia Ganush),  Dileep Rao (Rham Jas), David Paymer (Jim Jacks), Adriana Barraza (Shaun San Dena), Reggie Lee (Stu Rubin) .

Estados Unidos, 2009  -  99 min.

Participaciones: South by Southwest. Festival Interactivo de Música y Cine. Austin, Estados Unidos 2009; Festival de Cine de Cannes, Francia 2009.

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3 Comentarios

  1. A ir a ver de rigor!!! ya extrañaba un regreso del maestro raimi al género que lo catapultó al olimpo de los directores de culto, espero que sus nuevos proyectos se armen y la fama de Spiderman no lo aleje de sus bases.

  2. IN GORE WE TRUST (no sé por que dije eso pero me pareció que podría sonar interesante) que bueno que aún exista la voluntad de directores tan visionarios como Sam Raimi de seguir en activo, aliviando nuestras abatidas cabezas llenas de terror desgastado y formulas pateticas entregadas en ultimas fechas por los maquileros (como tu acertadamente mencionas) directores hollywoodenses. venga otro abrazo mas pa´celebrar estas joyas cinematográficas.

    (una vez más, disculpen la falta de acentos, pero suelo ser muy huevon para ello, trataré de remediarlo)