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¡Sí Señor! (Yes Man)

yes_man_posterPor: Marco González Ambriz

De nueva cuenta Jim Carrey interpreta a un gris individuo que se enamora de una chica locochona que le enseña a vivir ¡y amar!, sólo que ahora no tiene la artillería pesada de Michel Gondry y Charlie Kaufman para cubrirle las espaldas al trillado argumento. A falta de la inventiva visual y las machincuepas narrativas de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, lo único que le queda a ¡Sí señor! para distinguirse de las otras comedias románticas es una moraleja tan antigua que se dice en latín: carpe diem.

“Vive el momento” es una lección que Hollywood ha repetido una y otra vez, por lo general como subtexto de sus comedias bonitas y positivas. Para reciclarla como la parte principal de una película hay que darle un giro o al menos poblar el elenco de actores tan carismáticos que a uno no le importe escuchar el mismo consejo por enésima ocasión. En el caso de ¡Sí señor! se desperdicia una oportunidad más interesante: la de poner la moraleja de cabeza y hacer una cinta de humor corrosivo. Después de todo, no se requieren grandes dosis de imaginación para darse cuenta que la historia de un anónimo y solitario empleado bancario que asiste a un seminario de autoayuda donde el único requisito es decir siempre “sí” a todo podría servir para señalar los riesgos del optimismo irreflexivo. Sin pensarlo demasiado se me ocurren los siguientes: una congestión alcohólica, una enfermedad de transmisión sexual, cuarenta años de cárcel o dos meses en terapia intensiva.

Tal vez si los guionistas Nicholas Stoller, Jarrad Paul y Andrew Mogel tuvieran más experiencia (sólo Jarrad Paul tiene un historial considerable… como actor secundario) podrían hacer hecho más interesante a partir de un libro del comediante escocés Danny Wallace, quien durante seis meses aceptó todas las propuestas que le hacían (no sé si también las indecorosas) tras conocer en el autobús a un tipo que le recomendó que dijera “sí” más a menudo. Uno de los cambios que los guionistas le hicieron al relato original fue sustituir al anónimo pasajero del autobús por un gurú de autoayuda, pero no para satirizarlo, lo que denotaría cierta sofisticación, sino para convertirlo en el motor de un trivial cuento sobre lo importante de ser espontáneo y no cerrarse ante las nuevas experiencias. Cualquier connotación cínica o subversiva que ¡Sí señor! pudo haber tenido se evapora ante la necesidad de reforzar una moraleja tan simplona.

Zooey Deschanel y Jim Carrey en ¡Sí señor!
Zooey Deschanel y Jim Carrey en ¡Sí señor!

En lugar de criticar a la industria de la autoayuda y su sabiduría de galleta de la suerte, ¡Sí señor! nos dice que esos estafadores tienen razón y que la receta para ser feliz es seguir sus consejos a ojos cerrados, aunque sean peligrosos o poco prácticos. El sermón suplanta a la creatividad, como ya había pasado antes con Mentiroso mentiroso, donde el humor físico que era la especialidad de Jim Carrey terminaba sofocado por la melcocha. La gesticulación anárquica y el desenfado cáustico de Ace Ventura ya quedaron en el olvido, en ¡Sí señor! predomina la falta de entusiasmo y, paradójicamente, de espontaneidad.

La cinta es tan poco adecuada para el estilo que domina Jim Carrey que uno se pregunta cuántos cómicos habrán rechazado el proyecto antes que él lo aceptara. No hay nada en el personaje principal que nos haga pensar en Carrey y no en Steve Carell, por ejemplo. A propósito de Carell, el mejor ejemplo de la falta de originalidad de ¡Sí señor! es la escena donde el protagonista se trepa en una motocicleta para alcanzar a su amada mientras se oye una rola ochentera (“Separate Ways” de Journey), algo que guarda un sospechoso parecido con la escena de Virgen a los 40 donde el protagonista se trepa en una bicicleta para alcanzar a su amada mientras se oye una rola ochentera (“Heat of the Moment” de Asia).

Zooey Deschanel y Jim Carrey en ¡Sí señor!
Zooey Deschanel y Jim Carrey en ¡Sí señor!

Es obvio que una película que deja a su actor principal colgado de la brocha no tendrá mucho que ofrecerle al resto del elenco. Luis Guzmán, Terence Stamp y Danny Masterson están desperdiciados en papeles inconsecuentes y la coestelar Zooey Deschanel, quien interpreta a la chica locochona que etcétera, atraviesa la pantalla sin dejar huella, algo que se está volviendo una constante en su carrera. Deschanel tiene una presencia agradable pero su participación en cintas como El Mundo Mágico de Terabithia o El Fin de los Tiempos ha sido más bien discreta. ¡Sí señor! no será la película que revierta esa tendencia, la actriz cumple con lo que le exige la fórmula de la comedia romántica -fingir interés por un actor casi veinte años mayor que ella, subirse a un escenario para cantar en una banda de rock tipo Austin TV- sin lograr nada memorable.

Sería absurdo pedirle crítica social a una comedia rutinaria como ¡Sí señor! pero hay un par de escenas donde los realizadores, seguramente sin querer, permitieron que la realidad se les colara en su mundo de fantasía. Una de ellas es un síntoma de la torpeza de los guionistas. Para mantener su tono positivo (y ramplón, diríamos algunos) ¡Sí señor! debería evitar cualquier mención de situaciones controvertidas. Sin embargo, para complicar las cosas entre la pareja protagonista los guionistas no tuvieron mejor idea que invocar la Guerra del Terror de Jorgito Bush, en especial las inútiles medidas de seguridad de los aeropuertos. Una vez cumplido con el requisito la película quisiera regresar a su ensoñación, pero a la dura realidad la sacan por la puerta y se mete por la ventana. Resulta que el personaje de Jim Carrey en ¡Sí señor! es un banquero que, como podrán imaginar, aprueba todos los préstamos sin fijarse en las condiciones económicas de quienes lo solicitan, algo que irónicamente es una de las causas de la crisis económica que tiene a los gringos de rodillas.

Trailer de ¡Sí señor! (Yes Man):

¡SÍ SEÑOR!
(Yes Man)
Dirección: Peyton Reed; Guión: Nicholas Stoller, Jarrad Paul, Andrew Mogel, basado en el libro de Danny Wallace; Producción: David Heyman, Richard D. Zanuck; Fotografía: Robert D. Yeoman; Música: Mark Everett, Lyle Workman; Edición: Craig Alpert; Elenco: Jim Carrey (Carl), Zooey Deschanel (Allison), Bradley Cooper (Peter), Rhys Darby (Norman), Danny Masterson (Rooney), Terence Stamp (Terrence Bundley), Fionnula Flanagan (Tillie), Molly Sims (Stephanie)
EE.UU. – Australia, 2008, 104 min.
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